Lecciones del carajo

Lecciones del carajo

Por Félix Mansilla*
De esto hace por lo menos dieciocho años. Yo era apenas un crédulo que observaba el mundo desde abajo y de a poco elegía quién ser y cómo aprender para actuar en eso que mis viejos —y todos los mayores— decían: para cuando seas grande. Siempre decía que quería ser un veterinario de pájaros, algo que sonaba bien y nadie discutía. Sabía todas las clases de aves y recuerdo aquella vez que mi viejo paró en el camino a la estancia “La Juanita” para dispararle a un carancho que cayó como huevo podrido sin morir, en un boulevard de eucaliptos típicos de estas pampas polvorientas. Insistí para llevarlo. Quedó aleteando en la caja de una Chevrolet roja modelo ’73 con jaula blanca anti-vuelco y unas llantas Mangels.

Mi viejo la había comprado a cinco mil pesos/dólares a mediados de la década del noventa. Cuando juntó tres mil, me llevó hasta su mesa de luz, me mostró el fajo de billetes y me dijo que le faltaba poco para llegar a tenerla en el fondo de casa, que no diga nada a nadie. Después, yo creía que iba en una de las que manejaba Chuck Norris en Walker Texas Ranger. Cuando llegamos a la estancia los perros del puestero rodearon la camioneta. Mi viejo me miró y dijo algo así como “qué olfato tienen estos bichos”. Así y repetidamente fue in crecendo mi infancia.

Por eso, albergo hoy los recuerdos como fotos viejas a color guardadas en una caja de zapatillas Topper celestes, como las que usaba Vilas en los ochenta. Un tesoro testimonial.

En medio de esa marea de pasado está la señorita Irma: una maestra morocha, grandota con cara de mala cuando seria, pero que escondía detrás del ‘cuco’ a una mujer hecha y derecha, frontal y cariñosa. Cuando comencé primer grado ella era directora y fumaba Jockey suave. Usaba un saco a cuadritos, una pollera del mismo tono que sus medias y zapatos marrones claro que se los sacaba para hacernos meditar. Siempre recuerdo esas escenas, cuando hacía una introducción para que su acción descalza no pareciera de locos.
También recuerdo cuando izábamos la bandera y ella proponía hablar de los temas de lo que estaba pasando en el mundo. Como si fuera ayer, la fila de guardapolvos blancos y mochilas de colores se mezcla con las palabras de uno de los de séptimo grado, Polvorita, cuando respondió a la pregunta de cómo llegar a que se solucionen los conflictos entre países, o algo así. Con la voz enconada para que escuchemos todos, dijo que mediante la palabra y el diálogo. Ella pidió un aplauso y todos entramos a los salones con una lección de vida simple, pero tan certera como todos los libros que podamos leer en una vida, a los tirones.

Tiempo después, dejó la dirección para continuar —igual que como cuando era la directora— dando clases a los de séptimo grado, en el salón de uno de los rincones que daba al frente del arenero del lado de la calle del canal. Todas sus palabras jamás se oxidarán en ninguno de todos los que fuimos sus alumnos, porque a pesar del paso de los años todas ellas reviven en todos.

Ella decía que para muchos era ‘el cuco’. Impartía justicia y ejemplo con largos sermones de traspiés cotidianos y anécdotas del pasado, porque conocía a la mayoría de nuestros padres y sabía la situación por la que cada uno de nosotros atravesaba. Siempre defendió mi curso, considerado el peor de todo el colegio por revoltosos y salvajes. Así, el tiempo pasó y siempre está en mi recuerdo una lección de lengua en un recreo con mucho sol y su guardapolvo viejo pero honrado. “La coma reemplaza al verbo”, dijo y ejemplificó: “Félix, pesado”. Ahí entendí que esa raya vertical en el renglón podía sustituir el verbo ser en presente y definir una esencia.

Sigo revolviendo en la memoria y aparecen más momentos que de alguna forma hoy repercuten en mí. Como cuando en un viaje a Tandil me vio cabizbajo sentado en una piedra y me dijo que así nunca iba a conseguir que una chica se interese en mi. O aquella vez que los chicos de su clase nos cultivaron la imaginación describiendo una casa en medio de la montaña, con pinos, picos nevados y un río que bajaba desde donde se asomaba el sol. Fue así. Después de que leyeron la imagen, entraron el cuadro. Pareció un truco de magia. Estaba tal cual lo había(mos) imaginado.

También recuerdo cuando escribí mi primera oración, en primer grado. La señorita Viviana la vio y corrió a la dirección. Al rato la portera Susana me mandó a buscar. Empecé a no entender qué pasaba y veía todo como en los dibujos animados, solo piernas, medias y zapatos docentes. La consigna había sido llenar las viñetas de un padre que miraba serio a un chico que había roto un vidrio. Puse: “Eso no se hace carajo”.

Cuando llegué a la dirección, entre risas y la complicidad de las demás profesoras, Irma me dijo que carajo no era una mala palabra, sino la punta del barco donde iban a parar los que se portaban mal, pero que no la podía escribir en la tarea, que cuando fuera grande lo iba a entender mejor. A más de veinte años de aquel recuerdo aun recuerdo que todas las maestras se rieron y me dieron un beso. Ella me felicitó porque fui el primero en escribir. A Victoria también, por ser la primera en leer de todo el curso. Y en eso creo que influyó esa forma tan cercana de hacer aprender.

También me acuerdo que le gustaba que le cantemos canciones a capela y una vez Magalí desafinó una que dice “pueden pasar tres mil años”. Ella, gustosa de la buena música, se quejaba de que no le tocaran Yesterday en el órgano de su casa. Otra de las cosas por las que la recuerdo en esos años en el cole es por su mirada y comprensión del presente. Nadie de la docencia hablaba bien de los Redondos y ella contó que le había prestado atención al disco “La mosca y la sopa” y decía que esas letras tenían mensaje, el Indio no era un demonio y demás mentiras que los viejos repetían sin saber.

A veces me pregunto si sabrá de las huellas que dejó en muchos de nosotros. En cómo con un ejemplo te descolgaba un gol tan formador como imborrable. Una vez defendió el uso de la calculadora en las escuelas y lo argumentó en una discusión de los alumnos que decían —influidos por padres cabezones— que así nunca sabríamos hacer las cuentas. “Usar calculadora es parte de los tiempos que corren. No hacerlo, sería como seguir usando cocinas a leña”. Un remate al ángulo.

Con un cuarto de siglo en el cuerpo, estoy en condiciones de afirmar que parte de la esencia de todos los que la conocimos y aprendimos alguna lección de las que explicaba en el pizarrón y con palabras, no fueron de gusto. Sé de ella por comentarios y la pienso fuerte y mirando por la ventana como cuando nos cuidaba en los recreos y se quedaba corrigiendo las pruebas con esa letra inentendible y los lentes en medio de su nariz morena, incansable. Hoy, a muchos años de aquellas lecciones, Irma está ahí, parada con su saco a cuadritos, los zapatos chatos gastados y esas lecciones del carajo.

(de la edición Nº 11, septiembre 2012).

*Lic. en Periodismo y Comunicación Social de FP y CS UNLP.

Chavela 1

No te banco, Dios

Después de un 2012 que será recordado por varias partidas, una palabras en homenaje a todos los artistas que se “fueron” este año. A todos ellos, gracias y a no olvidar. Por Nacho Babino*

Mirá, ¿sabés qué? Yo sé, todos los sabemos o al menos muchos lo sabemos que vos sos Dios, sí, así con mayúscula, pero no te banco. Me tenés los huevos al plato, como dicen algunos acá. Me caes como el culo, re mal. Sí sí, Carlos Solari dijo una vez que eras todo y que no podías progresar, pero eso no es lo que me molesta. Es más, eso me tiene sin cuidado. Me molesta que seas un forro —porque sos medio falluto, no nos vas a decir que no— y un egoísta. Creo yo que te gusta llamar la atención. Como si poco más de dos mil años no te alcanzaran.

¿Qué es eso que en una semana te llevás con vos a Fattoruso y a Chavela Vargas?, ¿Qué carajo tenés con todos los músicos y escritores y artistas y almas sensibles de esta parte del mundo, de por acá, de por el sur?, ¿Ah, sos vivo? Claro, el tipo le da muerte a Osvaldo Fattorusso y a Chavela Vargas.

Uruguayo aquel, costarricense-mexicana ella. Dicen por acá que este año, el dosmildoce viene complicado, que quizás en diciembre, ¡pum! espichemos todos. Qué va pues… Eso dicen y queda a criterio de cada cual creer en eso o no. Pero lo que sí me parece a mí es que se te está yendo un poco la manito. Sí, la derecha claro, quién puede ponerlo en duda a esta altura… Luis, Tabucchi, Luy, Fuentes, Caloi, Leda, Cesaria Évora, Maria Elena, Trejo, Tizón, Ray, Otero. Y ahora en menos de una semana; Chavela y Osvaldo. Y seguramente se me olvidan alguno/as.

Y el Osvaldo. El uruguayo ese que llevaba encima todos los ritmos. Que podía no tener para comer pero que te agarraba una batería y te la hacía bailar. Porque el mismo ha dicho que ha pasado hambre pero con el Hugo sentaban el culo en alguna vereda y fa! Música. Y andá a cantarle a Gardel. Porque cuando esos dos pelaban, mierda… Encima, ¿que podés entender vos de candombe, de música beat, de rock, de jazz, de la música popular de acá y de allá, de los cantores y cantoras?

¿Ah? Decí bó, a ver… Sí, claro, puede ser que acá nosotros tampoco lleguemos a entender del todo esas músicas, pero al menos hemos tenido la oportunidad de escucharlas en vivo. O sino, sabés qué, ponemos un disco, o enchufamos el mp3 o nos calzamos los auriculares y ¡¡¡Tomá!!! Nos vamos de viaje con ellos.

O abrimos algún libro o repasamos mentalmente alguna poesía y listo man, ya está. Pero a que vos no podés. No. Porque vos sos Dios y nosotros acá, pero escuchá, y grabatelo en esa cabecita, si? Nosotros acá ponemos algún disquillo de ellos y listo mano. O los fuimos a ver en algún momento por acá y nos lloraba el cuore de alegría y de música. Y eso vos no. El Osvaldo… cómo tocaba la batería ese charrúa!!! Y eso que las últimas veces no podía ocultar la panza de vino y birra que se le escapaba por todos lados. Pero claro, vos sos Dios.

“Ay, el señorito se llama Dios” Y vos te ponés la gorra. El famoso perro viejo… Sos un gil. Y quizás sí, sea un delirio todo este texto, pero no me importa. No nos importa. Hace unos días, equivocadamente pensé: “Al final, es está poniendo mas interesante el cielo que la tierra…” Minga, de acá. Porque nosotros vamos y ponemos un disco o releemos algún libro. Y eso, eso vos no.

(de la edición Nº 11, de septiembre 2012).

*Lobense, Licenciado en Periodismo y Comunicación Social UNLP, cronista, fotógrafo, viajero.

Editorial 2

La búsqueda de la estrella

(Editorial febrero) La edición de febrero es todo Spinetta en el viaje. La idea surgió después de la edición de marzo de 2012, donde a través de un repaso certero por la vida de Luis, Nacho Babino abrió la posibilidad de encontrar en esa misión la fuente de todo deseo.

Invitar hoy a los amigos spinetteanos para escribir sobre él, su obra, su camino, su traspaso en todas las vidas que atravesó de modo cercano, en cada vuelta de disco, es mucho y es poco a su vez. Allá vamos sin esperar nada, pero dando todo. Los por qué se denotan claros, fervientes, se aproximan en cada uno de los textos escritos en exclusiva para esta publicación y, la búsqueda de la estrella es precisamente eso: ahondar en las sendas para transmitir sin reparos, expandir, comunicar, ser para ser, dar para seguir.

Creemos claramente que si las cosas que contamos tienen empeño lograremos continuar, buscando las excusas, haciendo real aquello que planteamos como objetivos. Entre las enseñanzas de Don Luis, encontramos para esta ocasión, aquello en lo que nos reflejamos e intentamos desandar. “Después de todo tu eres la única muralla, si no te saltas nunca darás un solo paso”.

Eso es, en parte, la búsqueda de lo infinito, la transposición entre el ser social y lo interno. La sola idea de buscar conformar los días de cada uno, de todos, en las cosas que queremos para ser algo más que caminantes. Creemos en que si lo buscamos, llegaremos: como puente, como testigos, como luz. Todos nos debemos el mensaje de prestar el alma, volar, sin daños, con decencia, para hacer lo que hay que hacer.

En esta ocasión, tenemos el agrado de contar con una colaboración exclusiva del periodista de rock Alfredo Rosso, quien deja andar las palabras en los significados de Spinetta en su vida a un año de la partida. Queremos así asentar el recuerdo para que se explaye en un presente, distinto ya. Porque el flaco suma cultura, en este, y en todos sus viajes. 

Los que hacemos el viaje.

Foto Carnaval

Carnaval toda la vida

Al historiar, mes a mes en el viaje, se presentan diferentes temas, escenarios, actores (y actrices) como así también perspectivas que son provisorias antes que cerradas o absolutas. Febrero, el más corto de los meses del año, no se achica: siguen las vacaciones, la pileta, el mar, la sierra y el río. Febrero es carnaval.

Por Mauricio Villafañe*
Y esta fiesta popular, recientemente reivindicada y revalorizada con la recuperación de sus feriados por el gobierno nacional, es un buen viaje. Nos volvemos parte de esta recuperación, de este acto de justicia histórica en nombre de la alegría popular, con la firme promesa de no olvidar que estos feriados habían sido derogados por la última dictadura cívico- militar, lo cual muestra la “sensibilidad” de los represores a la hora del reconocimiento a los derechos del pueblo. Entonces, ya que han sido recuperados, a dejar la timidez de lado y a festejar que es Carnaval. En esta ocasión viajamos hasta la Europa de fines de la Edad Media y principios de la Moderna (considerando la clásica periodización “universal”, europea en realidad…).

La “fuente de inspiración” será la lectura del libro de Mijail Batjin titulado “La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento” que trata sobre la obra de Rabelais, escritor fundamental del siglo XVI que da cuenta de la sabiduría de la cultura popular europea de la época. Por esto se lo puede considerar un “maldito”, un olvidado por los academicistas al no ajustarse a los cánones establecidos (oficiales) de la literatura. Tanto su obra como el análisis de ella que hace Batjin hablan de la cultura popular, concepto amplio, ambiguo y problemático si los hay.

Pero de lo que podemos estar seguros/as es que el Carnaval es parte de esa amplitud que el concepto tiene. Esta fiesta popular es la manifestación viva de la creación y de la sabiduría popular, con su propia lógica y racionalidad. Una racionalidad que emerge del pueblo mismo, no impuesta, que se halla alejada de las concepciones y formas de los sectores autodenominados de “alta cultura” que buscaron y buscan limitar lo que se entiende por cultura a sus propias expresiones, denegando entonces ese status a toda otra forma como pueden ser las tradiciones populares, tildadas de irracionales, inmorales, propensas al despilfarro, etc…

Por esto, es necesario insistir en un aspecto ya marcado: fue, en nuestro país y hace poco más de 30 años, la última dictadura quien derogó los feriados de Carnaval y fueron los poderes establecidos (grupos de opinión/presión de los sectores dominantes, la Iglesia, ciertos sectores de la dirigencia política) quien han intentando hacer del Carnaval una muestra de lo que la “negrada” puede llegar a hacer atentando contra la “moral y las buenas costumbres”…

Ya desde la Edad Media y Moderna el derecho del pueblo a la alegría que es el Carnaval era visto y vivido como un canal y una forma de oponerse y rebelarse ante la “cultura” oficial como ante la estricta moralina conservadora y feudal de la época. Las expresiones culturales populares eran amplias y variadas, yendo desde fiestas públicas carnavalescas y ritos como producciones literarias paródicas y relatos orales.

También de ellas forma parte lo que hoy podemos llamar dichos o refranes, formas y tipos de un vocabulario familiar, cotidiano, compuesto por expresiones de insulto y lemas populares.
El Carnaval propiamente dicho iba acompañado de actos y ritos como procesiones públicas por calles y plazas, fiestas y ferias con exhibición de “fenómenos” (enanos, gigantes, mujeres barbudas…).

Toda esta expresividad ofrece una visión del mundo diferente, no oficial y externa al poder; un mundo paralelo, un “segundo-mundo”. Es en este momento histórico cuando este mundo, paródico, carnavalero, popular, se vuelve antagónico al mundo oficial ya que se da y desarrolla en oposición a los poderes establecidos. Pertenece a ese amplio mundo toda una particular visión del mundo y de la cultura; en él el Carnaval se erige como la expresión paródica del poder religioso y/o estatal al ser parte de la vida misma, al ser parte de lo cotidiano del vivir y el hacer popular.

Es una expresión vital, atravesada por el juego y las máscaras que nos igualan y nos ocultan para, paradójicamente o no, expresarnos. Es el mundo de la risa y la liberación de las miserias y dramas de la cotidianeidad, es la huida provisoria, alegría mediante, de los moldes de la vida ordinaria. El Carnaval es el derecho del pueblo a la alegría.

Que no se lleven nunca más el Carnaval ya que en él renace y se renueva el mundo sobre más justos principios, ya sea a fuerza de bufones y mascaritas sueltas, de fiestas públicas y creativas carrozas o de murgas y pomos de espuma.

*Lobense, estudiante del Profesorado de Historia de la UNLP.

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Ruido sucio de un asteroide

De la mano de Tércer Trópico —programa de FM La Tribu— repasamos una entrevista a Héctor Pomo Lorenzo, ex Los Abuelos de la nada, Invisible, Spinetta Jade, Pappo´s Blues, Páez, Calamaro, Melingo y Aznar.

Invisible. Lorenzo, Machi y Spinetta.

Invisible. Lorenzo, Rufino y Spinetta.

Héctor “Pomo” Lorenzo comenzó los andares del rock en 1968 con los Abuelos de la nada, con Miguel Abuelo y su caterva, logrando una de las primeras grabaciones que tuvieron difusión del género rock en castellano. Luego, participó en el primer disco solista de Spinetta –(Spinettalandia y sus amigos de 1971) donde conoció a Luis y “la inquietud de hacer cosas con él”. Después siguieron episodios que hoy se funden en recuerdos sin fecha de vencimiento: “Un viaje por París, volver a la Argentina, Pappo´s Blues, Invisible, mi primer grupo Sr. Zutano, donde recordábamos el embrión de Spinetta Jade en el ’80, antes de llegar al primer disco, Alma de diamante (que me parece un discazo), con invitados de lujo como Pedro Aznar y Lito Vitale”.

Las secuencias de sus dichos y lo real se proyectan como un hilo que en más de cuarenta años de carrera, permiten vislumbrar el concepto de un artista entero y con entrega completa. Actualmente, se presenta con ADN (Asteroid Dirty Noise) junto a Pablo Suárez (bajo) y César Franov (también músico de Jade), para deleitar con un tópico un tanto raro y novedoso.

Tres músicos en escena ejecutando el ritmo procesado desde la notebook de Franov, con reflejos sonoros en tiempo real, bases de bajo de marcado Groove oscuro y el toque en la betería del propio Pomo en diferentes tempos y ejecuciones obscuras. A continuación, las palabras en una noche de Tercer Trópico que hacen al hombre y las historias que lo demuestran como uno de los tantos del guetto spinetteano: sano, conceptual y complejo.

Pomo dixit: Spinetta, Invisible y después

“El motivo de Luis siempre fue, y creo que llevo esa marca que nunca la voy a dejar de lado, el hecho de que los discos hay que hacerlos en cadena y con la misma gente, sin lugar a dudas. Para mí, Invisible y Jade son lo mismo. Como Pablo Suárez (músico de actual proyecto ADN) que dijo que “Jade es invisible con chapas”. En el disco de ADN se dan orígenes en tres generaciones lateralmente opuestas, porque ni siquiera son correlativas, son salteadas. El hecho de que ellos hayan llegado por su edad primero a Jade que a Invisible. Hoy los chicos que recorren como referente la música de Invisible, tienen veinte años. Ése es uno de nuestros legados que va más allá de la destrucción de la industria discográfica y la difusión de esta música después de haber inventado un género con mucho trabajo durante cuatro décadas”.

Autodefinición

“Soy un enfermo terminal de una enfermedad que no sé cuándo empezó, y sé cuándo va a terminar: el último de mis días. He sido muy selectivo, es decir, nunca me distraje en cosas que no me interesaron, fui muy consecuente y seguí los pasos de mi gran maestro que ha sido Luis. Llevo esa conducta, donde estoy es porque siempre hay algo y siempre estoy”.

El jardín de los presentes: ADN

“El presente es lo mejor que le puede pasar a la gente que está viviendo el futuro, porque el presente en manos de la gente que vive del pasado es la muerte. Nosotros nos dedicamos a eso: una nueva entrega arriesgada para que ustedes disfruten de varios presentes y no de uno sólo. No solamente para proporcionar nuevos futuros, sino que los nuevos futuros son más pasados: no son uno o dos, sino todos los futuros que puedas lograr. Por eso que yo digo que (Luis) no se fue, porque el legado que deja está mirando a ver qué estás haciendo. Yo sigo entregando lo mismo que entregó desde el año ’68 y cada vez que me siento es para hacer la misma función. He cuidado las espaldas de tantos artistas en mi carrera, en este caso, la espalda de estos dos monstruos al borde de un ataque de nervios: dos monstruos que son las visuales y el audio”.*

(de la edición Nº 8, junio 2012).

*Agradecemos a Juan Manuel Badaloni, quien nos acercó el audio de la entrevista del programa Tercer Trópico(jueves a la medianoche por FM La Tribu): www.fmlatribu.com).