Carta 1

Carta

Por un Gordo Cualquiera

Me había desacostumbrado a la tarea tan precisa de escribirte e imaginarte leyéndome. No quiero que la fuerte presencia de tu alma en mis huesos se transforme en una vaga ilusión. No quiero que el olvido nos encuentre enturbiando las aguas de todos los recuerdos que viven en mí. Escóndete en mi memoria para siempre. Pero seguí el resto de mi vida creando más recuerdos.

Puede ser que cada tanto algún olvido se cuele. Y me olvido. Me olvido. De todo. Hasta de olvidarme y de acordarme de que hay cosas que mejor olvidarlas. Tengo la fragilidad de una telaraña. Pensar que somos autómatas del deber. Pensar que existimos para alimentar a nuestras mentes siniestras de ideas y olvidos que hagan de esto algo mejor y más lindo.

Pensar que solo vivimos creando recuerdos. Somos máquinas inconscientes de crear recuerdos y olvidos. El recuerdo es padre y asesino del olvido y viceversa. Sé que cuando el camino tenga claras intenciones de olvidarnos, nos transformaremos en recuerdo primero, lágrima después y por último en una muesca de saber que a pesar de la certeza de que luchamos contra el viento, esta lucha vale la pena. Te quiero con el alma aunque lo demuestre por el absurdo.

Somos personajes quijotescos compartiendo mucho y también nada. Las ausencias de un tiempo compartido ya caminan solas y afrontan un destino (ojala) incierto. Tendremos pequeñas renuncias y algún apagamiento. Alguna sensación turbia de olvido y silencio. El corazón deshecho en la cabeza y los sentimientos confundidos. Es el torpor de la existencia misma.

Todas las palabras se contuvieron de salir, quedando reservadas para los ojos que saben de su existencia y su espera.
Seamos almas luchadoras sin fines de lucro. Que nuestra meta sea encontrar algo de paz en este maremoto de incertidumbre.
Nunca le busquemos sinónimos desagradables a la distancia. Seamos lo que nuestra voluntad marque sin oídos sordos.

Foto: Nico B Mansilla.

MAGICO REWIND

Mágico rewind

Por Félix Mansilla*
Afuera llovía y las gotas rebotaban en las chapas que taparon nuestros gemidos. Parecía un martes y la lluvia hizo especial ese ‘algo’ esperado por los dos. Noventa noches interminables de caricias lejanas. Un colectivo te trajo esa tarde en la que llegaste nerviosa, sabiendo los cambios y el después, que fue de los dos. Y ya nada como antes y la proyección se traspasó a un tiempo surcado entre calles azules y tardes temperamentales de un mayo gris.

Después fumamos aunque todavía no fumabas y en los parlantes sonaban los ecos de un viaje mágico y misterioso. Esa tu mirada adolescente y mujer con responsabilidades en la espalda. Y el viento que me llevaba entre una ruta, árboles y ventanillas. En ese ‘mientras’, imaginaba esa forma de ser tan tuya.

Las decisiones tomaron rumbos, pero el camino te tuvo en el medio de los recuerdos que alguna vez fueron, sin detenerse, sin arreglarse. El arrepentimiento, las dudas y los encuentros clandestinos no supieron recordarte. Blanco o negro, sin grises dijiste y entendí los pesos del amor, el respeto y la libertad. La paz con los nuestros, los mensajes en hojas de papel rayado, los deseos de felicidad a la distancia y la historia no conocida.
Estaba mirando por la ventana, esa ventana que en lo alto me hizo sentir finito. Y tu recuerdo cotidiano, con algo de todo lo que vivimos alguna vez. Por algo de todo lo que sentimos —siempre estás ahí— hoy juego el total de mis pasados. En el mate, en la heladera, en el baño, en mi ropa. Siempre. De pronto decidí escribirte, te llegó, no respondiste. Lo supe: tus cambios, tus decisiones, el camino.

Me alegré y supe de repente que era lo mejor. Estabas en eso que alguna vez planeaste. Y me desperté como un cobarde que teme a la luz del día, y me abrazabas como ayer, y volvíamos al amor de camas destendidas y mañanas eternas con el sol en esa ventana tan sideral, alta en lo alto de nosotros. Volvías, me arrepentía y cambiaba de ideas. Crecidos, desparramados, juntos.

Nada puede ser como ese pasado, como esas veces en las que nunca odiamos, pese a los desacuerdos de un tiempo que fue y será el mejor de nuestras vidas. Porque no habrá rewind aunque rebobinemos las experiencias.

—¿Y vos que pensás? Quiero saber qué pensás.
—No sé. Espero lo que pueda pasar.
—Nada planeado, o sea…
—Todavía no quiero pensar.
—Pensé que lo sabías ¿ella qué dice?
—Ella no dice nada. No está.
—Ah, pero cómo cambiaste.
—No. Es el tiempo.

El bus siguió su marcha y las miradas de los otros se fundieron en escapes fugaces con el sol escondido entre pinos de alto vuelo. Tu aspecto tan serial, las dudas por explicar y los antojos de una primavera que me encontró con el bolso en un casi regreso por vos. Hablaste de futuro y renegué del medio entre ese pasado perfecto y tu presente acompañado, tejido para vos.

Después me dormí y comencé a mezclarte entre el sonido habitual de ese sueño que te recuerda viva, espléndida y sola. Caminás por las vías, abrazás el encuentro y entre el espacio tierra/cielo sos lo más hermoso, lo que más me llena con tanto presente que aloja esa incertidumbre de lo que siempre viene y nunca vivimos porque siempre está viniendo. Ahora estamos desnudos y flotamos, con los ojos cerrados y el sentir en un mismo punto de acuerdos corporales ¿Dónde duerme el pasado?

—El pasado pasó, ya está.
—No creo. Es como la almohada que nos contiene.
—Yo no me puedo olvidar.
—Somos dos.

Ahora te acercás, me saludás y te vas preguntando.
—¿Volvemos a cruzarnos?
—Seguro. Somos dos.

(de la edición Nº 12, de octubre 2012)

*Lic. en Periodismo y Comunicación Social de la FPyCS de la UNLP.

nito mestre

Nito Mestre: “El pasado está ahí, en su lugar”

En su paso por Lobos el cantante charló con el viaje y contó los desarrollos de su carrera en la actualidad, de su pasado con Sui Generis, la amistad con Charly y el presente de la Argentina. 

Por Félix Mansilla*
Por continuar más de cuatro décadas en un camino que empezó con sueños de cambio, vientos de juventud y mensajes de proyección libre, Nitro Mestre está siempre. Porque es un clásico dentro del rock-folk latino. Porque su persistencia y la suma de los años en las piedras del rock nacional, lo convierten en un luchador con la misma capacidad de empeño que en sus inicios con Sui Generis o en el tándem country Porsuigieco. Por su equipo con Porchetto, por sus paredes con León, por su canon con Mercedes Sosa y María Rosa Yorio, por Los desconocidos de siempre, por el concepto compartido con Baglietto y Celeste Carballo en “Porque cantamos”, por ser el mismo que aquel que creció junto a sus canciones. Todo el aura musical que lo acompaña, hacen un Mestre portador del legado guitarrero setentoso, reconocido por su voz de acento propio en la línea de Lebón, Aznar y Pedro y Pablo, Simon & Garfunkel. Pero las quimeras de ese pasado pesado, no detienen el curso de su labor viva y especial: lo perpetran y destinan a la pura demostración de un oficio que jamás lo detuvo en su andar folk y rock canción.

 

Mestre hizo un repaso de  canciones de Sui Generis  y su repertorio clásico.

Mestre hizo un repaso de canciones de Sui Generis y de su repertorio actual.

En “Mientras no tenga miedo de hablar”, escrita en 1976, inmortalizó una impresión que aun pervive en el Mestre de hoy: “Mientras tiemble de emoción, mientras alguien sienta algo por mí, yo estaré seguro que tendré algo por decir. Cambiaré una angustia en canción”. En ese mérito, residen una veintena de placas que lo tienen en el pleno canto. Un interpretador especial de las armonías de Charly García, un compositor de letras inoxidables que hoy se despliegan y vuelven a ser. Así, como lo dice en Distinto tiempo: “Y soy savia, soy sangre que quiere andar. Soy los versos que hoy te quiero regalar”. Hoy lo asistimos así. Porque todos encontramos en Mestre un poco de amor.
Algo de todas esas concepciones acompañaron el aire de La Porteña, con un marco de público excelente –con grande y jóvenes- en el que repasó todos –sí, todos- sus éxitos en más de treinta años dentro del rock nacional. Acá, el diálogo con el viaje.

¿Cómo viene la actualidad de Mestre?
Por suerte bastante movidita. Esta banda es como la más nueva, salvo Ernesto Salgueiro y Fernando Pugliese, con quienes venimos tocando hace diecisiete años. Con Eduardo (guitarrista y bajista) tocamos mucho en Estados Unidos, él es portorriqueño, y desde que viaja a la Argentina se comenzó a acoplar a la banda. Jonathan, que fue percusionista de Silvina Garré, se unió en mayo de este año. Es la formación ideal que queremos tratar de mantener.

¿Cómo recibe el público tus mensajes en los shows del exterior?
Me reciben bien en todos los lugares que voy. Toco muchísimo en Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Ecuador, Colombia, México y Costa Rica. En Estados Unidos, concurre público latino y de todos los países. Usualmente, en los países más calientes la gente hace sentir mucho el calor, como en Colombia y en Perú. Son respetuosos en el resto de los otros lugares, pero va cambiando de acuerdo a los cambios de ciudades grandes a más chicas, donde, obviamente, son mucho más respetuosos y tranquilos. En todos los lugares queremos sonar de igual modo.

¿Qué pensás que sueñan los jóvenes de hoy?
Pasa mucho que a las personas jóvenes les gustan mucho los mensajes de aquella época, de alguna manera, el ideal de lo que nosotros queríamos para este presente. Como en este presente a veces no se terminan de cumplir esos ideales, entonces, seguimos soñando las mismas cosas. La libertad, que sí la tenemos, la hemos conseguido en una enorme medida, pero, como yo le cuento a algunos varios, cuando nos tocan a nosotros un poquito así de libertad, a nosotros que somos un poco más grandes, nos duele en el alma, sea la libertad que sea. Aunque te digan ‘no sé si vas a poder viajar’, saltamos como leche hervida.

Esto ocurre porque nos han engrupido tanto, nos han prohibido tanto en la época de los militares y hemos sufrido tanto para llegar a nuestro ahora que ahora lo que queremos es libertad. Libertad con todos los respetos del mundo, o sea, la libertad no es hacer cualquier cosa. Dentro de las reglas que haya, dejame hacer lo que quiero, lo que se debe hacer: permitir y respetar al otro. Lo que pasa es que se ha vulnerado muchísimo la forma de ética y respeto en muchos casos. El respeto debe ser el mismo en todos lados, tiene que ser parejo para el que está en un cargo y para quien no.

¿Cómo analizás la democracia de hoy, en momentos donde se repite que no hay democracia?
Todavía estamos saliendo de la juventud en la democracia, todavía no está maduro, hay ciertas cositas que faltan, pero bueno, por lo menos estamos cruzando ese camino. Aún hay cosas que me causan gracia: uno hace una marcha, el otro quiere hacer otra más grande y creo que no es así. Tenemos que estar todos juntos. No es cada uno por su lado, es un desborde. Tenemos que defender lo que se logró. No va esa de marcha-contra-marcha, es un constante a ver quién la tiene más larga, eso es muy de colegio.

Entonces, todavía nos hace falta crecer políticamente y que la propia gente lo haga notar hablando, transmitiendo ideas. Lo mejor que hemos logrado es saber de que todo es corregible: podemos sumar, opinar y no adueñarnos de algo y dejar afuera a los demás. Hoy todos tienen la capacidad de hablar y de opinar. En democracia debemos escuchar.

¿Qué le decís a un extranjero cuando te pregunta por Argentina?
Somos muy saltimbanqui. De repente vivimos una etapa de auge y después se nos enquilomban todas las cosas, como en este año que está así. Igual, pienso que se va a ordenar, porque soy positivo. Hay muchas cosas que me gustan de este gobierno y yo creo que se va a ordenar todo ese desborde. Quizá nos estamos previniendo demasiado por si acaso hay algún golpe económico, porque el mundo está muy golpeado. No es éste el único, no es que pase sólo acá: hay otros que están diez veces peor.

Si lo vemos por ese lado, digamos, estamos haciendo ciertos pasos y hay otros más largos como es credibilidad, que nos falta tenerla: desde afuera nos ven como que todavía no somos tan serios. Falta una continuidad desde las políticas de Estado, de decir que es lo que vamos a hacer y que lo vamos a cumplir. Ahora veo que se está cumpliendo con los pagos que se deben hacer en el exterior y creo que si vamos por ese camino, vamos bien. Debemos escuchar, no ofender ni de un lado ni del otro porque eso también se ve afuera.

¿Te has visto últimamente con Charly?
Sí, nos vemos. Nos vimos el otro día cuando fuimos a verlo al teatro Luna Park. Nos hemos visto este año. Lo que pasa que yo viajo mucho, él también viaja, sale a tocar y así. Soy muy casero: cuando llego a casa de una gira no quiero seguir saliendo. Me modero. Pero sí, lo veo. El otro día hablé con él, por otras cosas. Al que veo también, hace poco estuvimos tocando juntos, es a Raúl Porchetto y a León (Gieco), que ahora está afuera y vi a fines de junio.

¿Qué recuerdos tenés hoy de la etapa Sui Generis?
Es largo, sería un capítulo extra, pero la verdad es que no estoy viajando mucho para atrás. Tengo los recuerdos ahí para cuando algún día tenga que escribir mis memorias (risas). El pasado está ahí, en su lugar. Tengo bellísimos recuerdos, porque fue fantástico todo. Lo que pasa es que el presente que estoy viviendo es súper agradable, porque yo no pienso en términos de Luna Park. Yo pienso en lo agradable de estar tocando donde quiero, con los músicos que quiero. Ahora estoy planeando un disco nuevo, entonces, lo de atrás, queda como un recuerdo al igual que con Los desconocidos de siempre y todos con los que toqué.

Fotos: Nico B Mansilla.

(de la edición Nº 12, octubre 2012)

*Lic. en Periodismo y Comunicación de la FPyCS UNLP.

 

Foto 1 Bandas E

Noche eterna, hoy presente

La noche del 4 de diciembre de Spinetta y las Bandas Eternas fue única, memorable, perfecta. Un Flaco armonioso, fresco y dispuesto, interpretó un derrotero de canciones de su vasto camino en el rock argento, sin pausas, con amigos y 37 mil almas de pie. Por Nico y Félix Mansilla

Sí, con más de un treintena de invitados y cinco horas y cuarto de show, el Amalfitani rebalsó de alegrías del tiempo y el repaso de un puñado grande de canciones que, como anticipó semanas antes en rueda de prensa el Flaco, fueron “a los bifes”. A tres años de aquel show, las palabras no se agotan en el repaso pleno de una lista que comenzó con lo más reciente de su último disco de estudio “Un mañana” (2008), a la que le siguieron invitados como Gustavo Cerati, Juanse, Fito Páez, Charlx García, Ricardo Mollo, y muchos más.

El médium y el final, no dejó amigos sin venir: todos los músicos que formaron parte de sus bandas Almendra, Pescado Rabioso, Invisible, Jade, Banda Spinetta, Los Socios del Desierto…todos esa noche con Luis, ese Flaco tan francés, tan porteño, tan único, tan dulce, tan ácido en la despedida al remarcar un fuck you a la revista Rolling Stone, por no publicar el mensaje de su remera de Conduciendo a Conciencia en la portada junto a García. Fue la noche en que el sueño de 37 mil almas se hizo realidad y posible.

El Flaco ahí, con su música y un sonido inclasificable: sereno, pleno, limpio, con ecos de voces, con cantos de siempre mañana es mejor, audaces, potentes, rockeros. Sin descripción posible, pero eso en fin.

Parece ayer cuando entramos en ese estadio tan lleno, distinguiendo a lo lejos un escenario que contendría a los hacedores de la banda de sonido de nuestras —y la de muchos— vidas. Allá a lo lejos, pudimos escuchar… y el día después no fue igual. Mucho para una noche, poco a esos años luz que separan al músico de su obra: cambiante, progresiva, melódica, folk, tantas cosas.

Tales de una personalidad específica que recorrió —y recorre sin dudas— cada vez que se enciende, se eleva y es real. Treinta seis discos lo dicen todo, no esconden nada, lo tienen todo. Porque si ponemos cualquiera, está ahí, pleno de luz. Esa noche en Vélez nos recorre como esa despedida, sin resignación.

(de la edición Nº 16, febrero 2013)

Tío Sam

EE.UU: el Nuevo orden mundial y el nuevo cielo latinoamericano

A partir de un análisis crítico sobre el rol del país del norte hacia el mundo y nuestra América, Ayer nomás ahonda sobre la historia que hoy miramos un poco de reojo. Go home!!! Por Mauricio Villafañe*

Ya lo dijeron magistralmente los Redondos en plena caída del mundo de la llamada Guerra Fría: son muchos los marines que cuidan por nosotros las puertas del nuevo cielo-orden mundial, regido por las corporaciones financieras y armamentísticas. Son muchos los soldados estadounidenses alrededor del mundo determinándolo. Y vos, cuidado por ellos: cuidado por bases militares, por aviones no tripulados, por servicios de inteligencia y por las hamburguesas del payaso ¿Cuidado? ó ¡Cuidado!

El 4 de julio los Estados Unidos de (Norte) América festejan su independencia del imperio Británico; sus iniciales 13 colonias (las barras de su bandera) determinaron que su destino no estaba regido por la metrópoli europea. El motivo del viaje de este mes atiende a algunos apuntes “no autorizados” sobre la historia de estos estados (las actuales 51 estrellas de su bandera) que alcanzaron, a comienzos del siglo pasado, una posición dominante a escala global que compromete, en este siglo que arranca, el futuro de la humanidad.

Hay un lema que define a los EEUU desde (casi) su nacimiento: es el del “Destino Manifiesto”. Su grandeza era vista como algo inevitable, evidente, necesaria. No podría eludir su propio destino ya que estaba escrito desde el inicio. Este lema cimienta su desarrollo y se encarna en una agresiva política de expansión territorial (su propia “Conquista del Desierto”) sobre el “salvaje” Oeste. Le permite, como cualquier mapa muestra, tener una presencia geográfica- estratégica de costa a costa.

Esta expansión y conquista se va a ver complementada con la guerra- invasión de Texas que enfrenta a EEUU con México, perdiendo éste buena parte de su territorio norte (nótense los nombres de los estados sureños de EEUU, incluso uno se llama Nueva México). Ambas campañas van a fundar su poderío ya desde el siglo XIX. No en vano Simón Bolívar, héroe de la independencia de la América del Sur, ya en 1829 sostenía: “Los Estados Unidos parecen destinados por la providencia para plagar la América de miseria en nombre de la libertad”.

El rol hegemónico que se atribuye EEUU respecto a nuestra región tiene una sanción ideológica en la “Doctrina Monroe” (1823): por ella se convertían en gendarmes de América ante los intentos intervencionistas de las potencias coloniales europeas. Se resume en otro lema: “América para los americanos”. Así se advierte que desde siempre (o casi) se han arrogado el nombre de americanos; véase al superhéroe, marine de los mandarines, Capitán América, y se postulan como legítimos “interventores” en los asuntos que consideran que le conciernen: la marcha y desarrollo de sus intereses (negocios) económicos, geoestratégicos, culturales y políticos.

Resumiendo: ¿Quiénes son los EEUU? Son los responsables de una histórica situación de opresión y dominación frente a los pueblos de la América central, del Caribe y del Sur, que, ante ella, se rebelaron y rebelan. Son unos de los vencedores del nazismo en la Segunda Guerra Mundial pero también son los que bombardearon atómicamente a Japón para lograr su rendición. Son los que le hicieron la guerra a Vietnam. Son los que formaron intelectual y profesionalmente a nuestras Fuerzas Armadas para que dispararan y torturaran a sus propios compatriotas, doctrina de “seguridad nacional” mediante.

Son los que impusieron e imponen dictadores y genocidas y, consecuentes, tienen un campo de concentración en el territorio libre de Cuba. Son los carceleros de cinco luchadores antiterroristas cubanos. Son los financistas de la extorsión que el FMI le hace a las posibilidades de desarrollo real de América Latina y los dueños del capital que contamina nuestra tierra, agua y aire, saqueando nuestros recursos naturales. Son los asesinos de miles y miles de luchadores sociales y políticos.

Son los asesinos de Ernesto Che Guevara, revolucionario argentino y patriota latinoamericano, y los de Augusto César Sandino, líder antiimperialista nicaragüense. Son los que buscan voltear a Hugo Chávez, a Evo Morales, a Rafael Correa (entre otros y otras). Son los que bancan un enclave colonial británico en nuestro territorio.

A ellos los hemos mandado al carajo y les hemos respondido con un nuevo tiempo en nuestra región, que condiciona su histórica presencia a nuestra integración y a nuestras relaciones antes que nada. Como pueblos soberanos determinamos nuestras propias posibilidades de desarrollo y nuestros propios proyectos de país.

Es realidad y deseo: no queremos que cuiden las puertas de nuestro cielo sus gendarmes y gerentes. Su nuevo orden mundial, caído el muro de Berlín y la URSS, es repudiado por los pueblos dignos que quieren ser libres de su tutela. Nuestro cielo es nuestro.

(de la edición Nº 9, julio 2012)

*Lobense, estudiante del Profesorado en Historia de la UNLP.