JULIETA 2

“El hockey es parte de mi vida”

Así define Julieta Dupraz (22) su relación con uno de los deportes que en la última década remontó su número de practicantes mujeres en la región lobense. Sobre su camino jugando para el LAC, define: “La institución que me dio la posibilidad de poder practicar este deporte tanto tiempo”.

Hace 17 años, Julieta acompañaba a sus dos hermanas mayores para verlas jugar hockey en las canchas del Lobos Athletic Club. Y siempre se quería quedar. A los cinco, comenzó a practicarlo y hoy cuenta que se trata de una parte de su vida. Jugando para LAC, obtuvo dos subcampeonatos y un campeonato en Primera para el San Catherin´s de Buenos Aires. Ella, agrega que además, convive con una práctica que “es muy buena para despejar la mente y te enseña mucho a aprender a tolerar”.

¿A qué edad comenzaste? , ¿Cuáles fueron las motivaciones?
Empecé a los cinco años y las inclinaciones fueron mis hermanas, que en ese momento también practicaban hockey y cada vez que iban yo me quería quedar con ellas.

¿Cuáles fueron tus logros jugando en L.A.C?
Mientras jugué en primera obtuve varios segundos puestos y en el año en que me fui a jugar a Capital, la primera de Athletic ganó el campeonato, en el cual no participe por haber estado jugando en el club San Catherin’s.

¿Cómo detallarías tu relación con el hockey? ¿Qué es lo que más rescatás de jugarlo?
Lo que más rescato es el grupo humano con el que comparto este deporte. Obviamente que también lo juego por el deporte, que ya es parte de mi vida. Se me haría muy difícil tener que dejarlo porque es algo muy placentero, además es muy bueno para despejar la mente y te enseña mucho a aprender a tolerar, aspecto muy importante que cada vez se está perdiendo más en esta sociedad.

¿Qué significado tiene jugar en LAC para vos?
El LAC para mí: la institución que me dio la posibilidad de poder practicar este deporte tanto tiempo.

¿Crees que la influencia y el ejemplo de Las Leonas hacen que muchas mujeres lo practiquen?
Creo que en los últimos años se dio esto. Sí, Las Leonas son una influencia, porque ya tienen un reconocimiento muy importante en la sociedad. Antes, no era muy común que gente que no practicaba el deporte se sentara frente a un televisor a ver un partido de hockey. Ahora si sucede.

(de la edición Nº 7, mayo 2012)

spinetta introducción

Universo Spinetta

De modo transparente, desnudo o simple, siempre que damos una vuelta por el mundo del Flaco el recorrido no tiene fin. Aquí, introducción al espectro de un músico que flota como canción y revive en la poesía. 

Por Félix Mansilla
Es difícil agregar algo más sobre el legado de Luis Alberto Spinetta (1950/2012). Entonces, los caminos se acortan, ¿se acortan? No; nacen cada vez que lo encontramos en las bellas melodías y en los/sus mensajes. Alguien a quien conocimos por sus canciones y sus palabras. Ese soplo único, explicado en breves frases: “De alguna manera, hay que aprender a ver el aire. Ver lo que contiene. Entonces ahí inventás. El aire es el primer reflejo del contenido de una obra, sea escrita, sea un cuadro o cualquier cosa. Por eso creo que hay que aprender a describir el aire. Es como una forma de mirar, y es algo totalmente practicable (…) Creo que es algo que se ejercita: poder ver lo que no está, para inventarlo de la nada. Cuando lo inventás, le das una forma. Por ahí no es la adecuada, y la corregís, pero básicamente vas a poder esbozar una forma” (Rolling Stone Nº40, julio 2001).

Por eso, ese camino tratado al estilo Luis, lo define en cada término. Hablando de Argentina. “De nosotros depende construir con educación y salud. Soy optimista, en tanto y en cuanto retomemos una mirada clara de lo que significa el respeto por la vida”. Y del rock. “En general, al rockero pelotudo le cuesta imponerse esas visiones, porque como tal no le importa nada de la gente. No es mi caso, nunca me vi así en mi vida. No desarrollé ese costado de ‘rockero inútil’ porque siempre estuve ocupado en servir a quienes amo” (Los Inrockuptibles Nº127, agosto 2008).
A través de esas palabras, y sus canciones, Luis Alberto Spinetta se erige como figura intocable en la senda del rock argentino, como un haz de luz que perpetra y habla por muchas generaciones, aquellas que se ven en el reflejo de sus ecos inconfundibles, lejanos/cercanos entre el hombre y su obra. Alguien con la simpleza de un zapatero y la profundidad de un existencialista atroz.

“Uno tiene que saber priorizar aquello que se ha integrado con uno para crear, no para estupidizar. (…) Existen diferentes planos para poder jugar y estar constantemente creando, de alguna manera. Así es mi vida. Si no creo con la comida o con la computadora, estoy componiendo o grabando” (Revista C, 3 de agosto de 2008).

Desde su comienzo viajero con Almendra, el traslado rockero con Pescado Rabioso, el jazz rock con Invisible, los 80s con Jade, los 90s con Banda Spinetta y luego con Los Socios del Desierto, el siglo XXI contuvo a un Flaco renovador que no puso en abandono ese correr tan propio mediante la canción. Sus últimos discos, dan cuenta de ese esplendor dentro de la finiquitud de un tiempo, de un instante como su obra con casi cuarenta discos puros, spinetteanos. Los años y la tecnología no dejaron que el concepto se explaye diferente y fue el propio Spinetta quien mediante las viejas técnicas de grabación perduró en las formas de hacer música, como un prócer de la canción.

“Quiero aclararles que no he dejado de grabar en cinta ninguno de mis discos, nunca, (…) siempre grabé en cinta. La novedad, en todo caso, es la herramienta digital que va más allá del grabador, que se sincroniza con él y que extiende las posibilidades sonoras. En general, uno suena tal cual suena, y si algo quedó mal, te das cuenta enseguida”. De alguna manera, esas costumbres, dan cuenta exacta de la misión, los conceptos —series de creación compositiva— para los cuales la manera de dar acierta con la idea básica, puntual. “A veces uno quisiera sonar más, pero eso ya está definido en el material musical antes de grabarse”, aclaró sin oscurecer.

Los ojos, el pensador
Por esos orificios que arremete el destino, las noticias —soretas, mala leche— sobre la partida de Luis, fueron recibidas con las mayores de las congojas previas al final. Pero, no es para preocuparse, porque las mentiras hacen pasos cortos. En la entrevista realizada por Santiago Delucchi —devenido en material de colección para los que hacemos el viaje— donde habló sobre la internación de Charly, Spinetta definió a los mercantilizadores del sufrimiento, a la prensa amarrilla, como “el buitre que come del dolor ajeno”. Para terminar el comienzo a un año sin Luis, qué mejor e ideal que su propio autorretrato salidos de su entraña, de su luz, de su boca. “Si un artista no se respeta así mismo, a fondo, se mutila. Y luego no aparecen las alas…Nunca más”.

Para entender a Spinetta tanto interpretador de un género expandido sin fronteras posibles, encasillable, vale recordar unas líneas del ‘manifiesto’ repartido durante los shows de presentación de su disco Artaud, ‘Rock, música dura, la suicidada por la sociedad’. De modo simple pero profundo, ése Flaco del ‘73 escribió: “El rock no es solamente una forma determinada de ritmo o melodía. Es el impulso natural de dilucidar a través de una liberación total de los conocimientos profundos a los cuales, dada la represión, el hombre cualquiera no tiene acceso” (Citado en Spinetta + Artaud: ecuación visionaria, de Miguel Grinberg en revista La Mano de abril de 2006). Un final que no se atreve a ser, nunca jamás. Bienvenidos a el viaje de Luis, parte dos.

(de la edición Nº 16, febrero 2012)