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Hasta pronto, viajero de la luz

Un reguero de lágrimas, rabia y tristeza, fue lo que dejó la partida física de Luis Alberto Spinetta; gigantesca alma de la música y la cultura de acá. Quizás tus canciones, viejo pillo, enseñen a salvar esta distancia, la de saberse un poco huérfanos de vos. Porque hay “algo que se fue, sin totalmente desaparecer”

Spinetta en los años de Los Socios del Desierto.

Spinetta en los años de Los Socios del Desierto.

Por Nacho Babino
A la vera de alguna ruta uruguaya, a metros nomás del Río de La Plata, la lluvia avisa insoportable, pega en la cara primero y luego empapa hasta el alma. Pero la decodificación de ese aviso encubierto de la naturaleza tarda un poco, claro, en advertirse. Dicen que Spinetta murió y ni siquiera el cielo se bancó tanta cosa. La lluvia sigue y ya lloramos todos. ¿Y ahora pues? Cómo se amanece de este dolor, con toda la tristeza que hace afuera, cómo evitar que todo ese torrente de lágrimas cruce la jeta y cómo no buscar refugio en algún dulce regazo cercano, en posición fetal como queriendo volver, salir nuevamente a la vida después de que se confirma que Spinetta murió.

Tal vez ni siquiera el primitivo acto de regar una planta alcance o mirar el cielo o servirse un vaso con cerveza y beberlo hasta el fin, callados, sin la vergüenza de llorar como sonsos delante de quién sea, de nuestra compañera, de nuestros viejos, de nuestros hijos, de nuestras mascotas, solos frente al espejo, corriendo urgentes a poner en el mp3, en la computadora, en el winco, donde carajo sea alguna canción tuya, algún acto reflejo que nos lleve hacia vos, que vuelvas a entrar una y otra vez en nosotros. Flaco… mierda!!! Dicen que te moriste…

Si hay algo que Luis Alberto Spinetta ha rebatido a lo largo de todo este tiempo, es ese viejo axioma –devenido luego máxima peronista- de que “La única verdad es la realidad”, porque entrar en el universo, en el cosmos Spinetta es por momentos entrar a un universo de sensibilidad paralelo, casi infinito, de seguro, único.

Nacido en el barrio Bajo Belgrano de Capital Federal, confeso hincha de River Plate, tuvo algunas fugaces agrupaciones musicales como Los Larkings, Los Mods o The Masters, antes de conformar Almendra junto a Emilio del Guercio, Rodolfo García y Edelmiro Molinari. Y es tan grande la obra de Spinetta que si por desgracia hubiera grabado solamente este primer Lp homónimo de 1969, junto con sus compañeros de entonces, ya bastaba. Si bien al rock en castellano lo parieron Manal, Nebbia y los hermanos Fattorusso de Uruguay, es con Spinetta que le nacen alas y empieza a volar.

Ese primer disco alcanza para dejar culo para arriba a la música rock en castellano, para volarle la bocha a más de uno, tanto como se la volaron Los Beatles a él. En el libro Martropía de Juan Carlos Diez, Spinetta dice: “(…) Cuando los escucho, me da la sensación de que ellos han hecho el sonido en un mural, en una piedra, o en algo que el tiempo no perturba (…) Lo que hicieron es muy perfecto, en el sentido que contiene las imprecisiones del alma”.
Los nombres propios de las agrupaciones que formó son varias, a saber y en orden cronológico: Almendra, Pescado Rabioso, Invisible, Spinetta Jade, Banda Spinetta, Los Socios del Desierto.

Entre medio y repartidos a lo largo de toda su carrera quedan sus discos solistas, desde Spinettalandia y sus amigos, pasando por Artaud -aunque en la tapa figure Pescado Rabioso y mas allá de algunas colaboraciones, es un disco solista- hasta su última producción de estudio, Un mañana. En el medio quedan también el disco doble grabado junto a Páez, el proyecto trunco de sacar un disco a dúo con García, Only love can sustain, financiado por Guillermo Vilas, la banda de sonido para la película Fuego Gris, una mínima incursión el cine en Balada para un Kaiser Carabela, una ópera rock con Almendra que nunca llegó a realizarse.

El libro de poemas Guitarra Negra, la bellísima Bagualerita, canción regalada a Liliana Herrero que forma parte del último disco de la intérprete entrerriana y también el Manifiesto llamado Rock: música dura. La suicidada por la sociedad que repartió durante los conciertos de presentación de Artaud, donde escribió entre otras tantísimas cosas: “En todo caso, cierta estereotipación en los gustos de los músicos debería liberarse y alcanzar otra luz. El instinto muere en la muerte, repito. El Rock es el instinto de vivir y en ese descaro y en ese compromiso. Si se habla de muerte se habla de muerte, si se habla de vivir, VIDA”.

Como colofón puede citarse el recital de diciembre de 2009, donde reunió a todas las bandas en un recital que duró ¡cinco horas! y durante el cual hizo de fino anfitrión. Salvo unos pocos ausentes, esa noche casi todos dieron el presente y formaron parte de una clase magistral de cómo tocar e interpretar música rock.

La universalidad poética, armónica y musical de Spinetta resulta inabordable para quien la quiera someter a un mero análisis, pero en el cosmos de este músico cabe tanto una canción como Me gusta ese tajo o Cheques como también Ave seca donde canta: “Gigante sin ojos, tu vulva, delgada gema, llaga que al secarse besa los pétalos, psicosis de savia, en las ramas esperan moverse con tus párpados.” Y fuera de toda solemnidad que muchos le atribuyen a Spinetta, que la tiene claro, están esos momentos de comicidad e ironía spinetteana.

Por ejemplo: al inicio del show de Vélez en una parte de Tu vuelo al fin, parodia a Pomelo de Capusotto diciendo “Nenenanaaa”, o cuando le dice a Mercedes Sosa mientras están grabando parte del disco Cantora, que está saliendo con Britney Spears, o en aquel recital en el Coliseo de La Plata cuando del público le gritaron “¡Sexo!”, dejó de afinar su infaltable Strato roja y blanca y contestó: “No podemos, estamos tocando”, sabiendo que ese grito hacía referencia a un tema del disco Los niños que escriben en el cielo o en el video de La montaña –tema de Pelusón of milk- en el que se ve a una familia subiendo a la terraza y celebrar a los saltos por la llegada de una heladera mientras se escucha el final de la canción que dice: “Suban a los techos, ya llega la aurora…”

De todas formas, si cierto es que “la modernidad está en los orígenes”, no cabe duda alguna del destino que le tocaba en la historia de la cultura y de la música a alguien que a los diecisiete años compone una canción como Barro tal vez (“y es que esta es mi corteza donde el hacha golpeará donde el río secará para callar/ya me apuran los momentos ya mi sien es un lamento /mi cerebro escupe ya el final del historial del comienzo que tal vez reemprenderá/ si quiero me toco el alma pues mi carne ya no es nada he de fusionar mi resto con el despertar aunque se pudra mi boca por callar”) y que decide repartirlo entre sus compañeros de clase, hecho por el cual es sancionado por estorbar.

Lo sorpresivo de la partida física de Spinetta es justamente que él era un ser hecho de luz y magia y música y poesía, que históricamente se mantuvo alejado del stablishment rockero y no pululó por los medios ni estuvo con Susana Giménez ni se tiró del noveno piso de algún hotel y mucho menos fue un cultor del reviente más allá de afirmar que en algún momento tomó ácidos o esnifó.

Acaso no ven cuánta vida hay en esa beatífica foto de los cuatro integrantes de Almendra, con el torso desnudo todos, abrazados entre sí, como anudados a un instante mágico e inmortalizado para siempre o cuánta vida y luminosidad hay en sus ojos en esas fotos en las que está levemente inclinado, con su guitarra cruzada y viste camisa negra y corbata roja o cuánto amor y celebración por ella hay en alguien que a sus últimos discos decide titularlos Para los árboles, Pan y el ya citado, Un mañana. Cómo dudar de su optimismo si -y en esta historia no entran los que forman parte de lo que el mismo llamó “prensa buitre” porque se sabe que las moscas y la mierda bien se llevan entre ellos, cretinos- en esa última carta cerca de la navidad pidió que “no paniqueen” y que no beban si van a conducir.

Y se dijo al principio que la naturaleza avisa y tan así es que mientras Pedro Aznar, a los poquísimos días de la partida de Luis, lo homenajeaba cantando Ella también, una estrella fugaz se paseó por el cielo justo detrás del escenario.

Ya encontraremos a quién equivocadamente metió mano en el despacho de Dios mientras este estornudaba y no podía evitar cerrar los ojos y fue justó en ese instante que te llamaron, pero todos sabemos que vos no cabés Luis, en ese bolsodios que vos nos dijiste que se guardan todas las cosas. Quedamos nosotros acá sí, oyendo como ciegos frente al mar, tratando de oír definitivamente alguna vez el crepitar de la hojarasca y trataremos también de no reprimir al niño, de darle tibia leche claro, y de cuidarlo de drogas y ojalá las lluvias borren toda la maldad, porque vos dijiste una vez que “Deberás crear si quieres ver a tu tierra en paz y deberás amar amar, amar hasta morir/ y deberás crecer sabiendo reír y llorar/la lluvia borra la maldad y lava todas las heridas de tu alma/de tí saldrá la luz tan sólo así serás feliz y deberás luchar si quieres descubrir la fe (…) y esto será siempre así, quedándote o yéndote.”

Mierda Flaquito, te vamos a extrañar mano, viejo pillo y bien que lo sabés. Aunque como vos cantaste en La verdad de las grullas: “Y si la esperanza se agota al fin, cuando vuelva el río con sus manos nos reunirá”♫.

(de la edición Nº 5, marzo 2012)

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Bardeame que me gusta

Desde hace algunos años, los comentarios en las notas de los medios digitales en internet se han convertido en un arma de seducción para los portales y en un punto importante para publicar lo impublicable. ¿Debate de ideas, histeria web o un refugio de opinión de los pasivos en la comunicación?

Por Félix Mansilla

Tras leer la información: ¿Las opiniones de los lectores son otra opción para continuar entretenido, informado y descargado? Una posible respuesta, es que todo depende del medio y los intereses que por ellos corre a la hora de la edición y selección de dichas opiniones. Muchas veces, lo allí expuesto no se condice con la información puntual y se expanden los insultos/choques entre usuarios.

Esto deja entrever a las claras que se trata de un espacio que protegido bajo el manto de la noticia/información, desarrolla un flujo que se cobija con al menos dos argumentos: como un espacio que da importancia a las opiniones de sus lectores y como un lugar donde se plantea un debate de ideas que aporta al feedback entre el medio y sus consumidores.

Pero en realidad, muy escasamente lo que allí se comenta se refiere al punto central y sólo se trata de un campo donde las idas y vueltas de los foristas se convierten en ataques mutuos, prejuiciosos y con puntos ideológicos esparcidos y generalizados, con los conceptos básicos de cada rama política.

Así, la red transmuta en una gran cantidad de expresiones que no contienen suficiente sustento argumentativo. Claro que cuando los comentarios giran en modo opuesto, sirven como un canal donde corren las diversas veredas de opinión y de algún modo, conducen a seguir formando opinión, porque la mirada cuantitativa tiene cierto grado de seducción en aumento.

Es muy probable entonces que esto sí funcione en modo positivo, por tratar de atraer al lector a analizar el contenido periodístico. El sentido contrario se da cuando el medio difunde los resultados de las opiniones y dichas participaciones no superan las doscientas. Así, las referencias sólo apuntan a ser acaparadoras de perfiles acaparadores de lo que piensa y analiza cierta porción de la sociedad que cuenta como un todo absoluto.

A partir de los comentarios, los informes seducen mejor en la portada y la estrategia se reparte en un buen título, la infaltable foto que ilustra y la cantidad de opiniones, lo que hace suponer que quien hojee la nota lo hace por el derecho e interés de informarse, desquitarse o el sólo hecho de “formar parte” de los medios.

Esto, lleva implicado el deber de que cada individuo sepa interpretar la información de modo que lo que se diga de ella y sobre ella, no sean agresiones u opiniones que no hacen a lo concreto. Infinidad de medios, construyen las noticias a partir de “lo que dice la gente”, y así, con no más de cinco opiniones, se funda la realidad y el medio difunde eso que presume pero calla.

(de la edición Nº 2, diciembre 2011)

Noche_de_luna_llena

El gris en las nubes

Por Félix Mansilla

Estábamos en el galpón, fumando bajo la lluvia y el ruido de las chapas se parecía a un teatro lleno de aplausos. Su sombra en las paredes se notaba triste. Hablaba del pasado como no queriendo analizar el presente, sin comprender el por qué de un sufrimiento de más de un trimestre de noches desveladas, sueños transpirados y días de treinta y cinco horas de ojos abiertos. Le dije que se calme, que espere la reacción, que desaparezca. Después, mientras hablaba con la cabeza baja y la pelada brillosa, pensé que era la misma conversación de hacía veinte noches atrás.

La lluvia lo hacía especial. Era un reencuentro especial, como en el pasado. Entre tanta tristeza le confesé que lo mejor de toda su situación tormentosa era el volver a estar juntos, conversando de noche como desde que somos amigos del jardín. Él sonrió y en su rostro tuvo un reflejo de una sonrisa postergada que me indicó el entendimiento. Volvió a su paquete de cigarrillos, me convidó sin mirar y acercó el cenicero verde de madera al rincón de la mesa más cercano a su mano derecha.

—¿Viste que lo pinté? —comenté apuntando al cenicero como queriendo cortar el aire.
—Es verdad. Mirá qué petitero quedó —dijo moviendo la cabeza, las cejas como una ola y alzando el índice derecho como para decir algo.
—Esperá. Vamos a afuera que acá hay más humo que…

En medio de la noche la madrugada se batía sospechosa, indescifrable. La temperatura no era la acostumbrada en un invierno lluvioso y agotador. Parado pero con la pera por el piso, se levantó y prefirió mirar el gris en las nubes. Ya no llovía tanto.

—Se va a cagar lloviendo de nuevo —murmuró despacio, mientras caló una pitada que expandió en el aire como el humo de una goma en ruta cortada. Se le notó nuevamente el lento paso del tiempo. Entramos al galpón. Se cruzó de piernas como un invitado de La biblia y el calefón y se despachó.

—¿Sabés una cosa? A veces siento como que todo lo que me pasa, en alguna parte de todo me hace bien ¿No sé por qué? muchas veces me pregunté por qué actué de ese modo, pero era, como hablé hace unos días con mi vieja, por el momento que yo estaba pasando. No sé. Creo que fue por eso, me sentía mal, sin ganas. Como que actuaba por costumbre.

Dejé que siga. Hice seña de seguí que yo te escucho y abrí la puerta para que entrara aire. La temperatura entró al espacio y el me retó diciendo “cerrá, entra un calor de feo”. Le hice caso y regresé a oírlo como un analista, con la vista en el tablero de las herramientas de mi abuelo. Ahora solo mencionaba las personas con las que habló del tema, contó algo que había pasado en la segunda parte de la relación y no sé que otra cosa que hizo que me calentara por eso de que se lo contó a dos tipos de sobremesa en una cena de esas que ninguno es blando y todos son más duros que un cafiyo.

—Sé que no es lo mejor que te puedo decir en un momento así. Ya te dije que lo mío no es llenarte la cabeza y mucho menos decirte qué es lo que tenés que hacer. Por ahí te duela lo que te voy a decir —anuncié y le hice seña de que fumemos otro, que esto viene para largo—. Le estás errando y actuando compulsivamente.

—Ya sé, tenés razón. Pero entendeme también.
—Obvio que te entiendo y banco a full, pero es hora que de que dejes de contar tu historia para que te digan que sos la víctima, cuando en realidad sos el malo de la película que se esconde detrás de un personaje bueno que le golpearon el corazón con agujeritos.
—No seas boludo. Venías bien, no la cagués —me retó con ansias de que vaya al grano.
—Bueno, entonces dejá de ponerte en la piel de un tipo lastimado. Igual te entiendo porque sos mi amigo.
—Yo también sé eso, pero…
—Pero no podés estar contando la historia para escuchar eso. Por ahí la mina no quiere que sigan juntos, es eso, es entendible. No quiero decirte que ya está, pero por ahí es eso lo que tenés que pensar. Imaginate que te pase a vos ¿Qué harías?
—Sería igual de perro. Pero es algo que no le conviene a ninguno de los dos. Me dice que no se siente bien, que está enojada con ella misma, aunque no puede perdonar.

Empezamos a debatir fuerte y preferí cambiar de tema. No daba el momento, lo supe. Igual salí con cualquiera.

—¿Te acordás cuando quedó embarazada la loca esta que ahora vive en Merlo? con tu hermano queríamos descifrar quién era el padre y decía: “Tenemos una pista. Si está embarazada es porque la puso”… —conté y nos reímos hasta que le volvió la pena y lo cubrió como con la capa que ponen los peluqueros para no ensuciarte con tu propia capacidad capilar—. Qué hijo de puta, cómo nos reímos con esa boludez que dijo. Che, ¿qué hora es?

—Uh, es re tarde. Mañana arranco a las ocho.
—Bueno, el último pucho y andate, mala gente.

Ya para ese entonces es como que hubiéramos arrancado el último bloque y hablamos de cualquier cosa. Del precio de un auto modelo 2000 no sé de qué marca, el culo de una pendeja — con el que coincidimos en que tenía “fecha de vencimiento”—. Después de fútbol y para rematarla, tiré un comentario sin importancia, algo así como que se le iban a ir los humos a la pendeja cuando se diera cuenta que no estaba tan camión como le hacían creer los buitres que se la querían comer con fritas.

Continué y ya no me paraba ni Perfumo. Él se aburrió al instante porque nada le importaba más que ella. Lo sentí, me di cuenta y apagué el pucho en el cenicero verde. Se levantó, tanteó el bolsillo —celular, encendedor, billetera— se desperezó y se sintió de nuevo el aire caliente que venía de afuera después de que abrí la puerta.

—Bueno, gracias, me fui.
—Andá, andá a dormir, pedazo de mal tipo.
—Eh, no seas así. Si vos sabés que me siento mal.
—Andá y dejá de llorar la nena por todos lados.
—Andá vos, mal amigo.
—Che, en serio: ¿Ya te vas?
—Sí.
—Bueno, llevame ésta —dije para que el final no fuese como en Casa Blanca.

Me miró e hizo seña como John Wayne, con sorna de don Juan, y el techo de estrellas nos dijo que no iba a llover ni por puta otra vez. Apagué la luz del galpón, iluminé el camino con el celular y chiflé el estribillo de Mariposa teknicolor.

Un gato blanco me asustó y cerré la puerta rápido en la parte que dice ‘se proyecta la vida’. Cuando me acosté un trueno muy trucho sonó flojo entre tanta nube gris. Por la ventana una leve luz se mezcló con mi frazada. Me di vuelta y pensé en mi amigo: tres meses y sin novedades en el frente.

14-Ojos cerrados & Quiebre

Con los ojos cerrados me ves mejor

Por Estefanía Bustos

Los relojes se detienen para que nuestro tiempo sea eterno. Se congelan los movimientos del universo solo para que me des un poco de tu amor y no se nos haga tarde para ir a dormir sin sueño. Penden besos de tus labios que despiertan mi frenesí. En mis ojos podes reflejarte; hundirte, viajar en este brillo sincero que habla de ser feliz.

Se van posando estas manos que tenemos en estas pieles que queremos darnos de regalo. Van buscando la caricia perfecta estremeciendo y logrando que se vuelva todo el ambiente más liviano. Y nos volvemos a mirar, con el tenue de las luces queriéndose filtrar en el lugar para ser testigos de pasiones, nos entendemos todo sin usar la voz para explicarlo.

Es tu ternura espontánea un poder que me desnuda el ser haciéndome frágil, desarma mis armaduras invitándome a sentir dulces sentimientos olvidados. Es tu risa la que ruboriza a la mía quitándole a la vida el sabor amargo.

Tirados en este colchón, con un cielo de estrellas y un fuego tibio al lado no existe otro escenario mundano en el que yo me quiera expresar. Acá me siento muy bien, abrazándote y percibiendo de cerca el ritmo cardíaco compartido que poco a poco se empieza a acelerar.

Callan los murmullos, suenan solo las músicas ahí en el fondo. En una entrega mutua apagamos las dudas respirando hondo. Pasan, como trenes a toda velocidad, los pasados por nuestras mentes que recuerdan haber vivido la alegría y el terror. Comprendemos en un minuto cuánto esperamos por un poco de este bien, cuánto pedía el alma sentirle el gusto a esta miel.

Te veo por dentro y me encanta. Tu esencia es luz que ilumina mis sombras y ablanda lo que el miedo endureció. Y vos me ves queriendo encantarte y yo te susurro lento “Con los ojos cerrados me ves mejor”.

2-Años de Pescado II. Spinetta, Lebón, Amaya y Cutaia.

Pescado Rabioso: Al borde del camino

Con su segunda banda tras la disolución de Almendra, el Flaco dio un giro de raíz en la forma de hacer rock, de componer y emitir mensajes cifrados, con guiños a la sociedad. Tres discos fundamentales para la historia del rock nacional. 

Pescado. Spinetta, Cutaia, Grinberg y Amaya.

Pescado. Spinetta, Cutaia, Grinberg y Amaya.

Por Félix Mansilla

Pescado Rabioso fue la continuación ecléctica de lo que Almendra dejó en el camino, pero con algo más de volumen y despliegue sonoro, a partir de un hard crudo, ácido y psicodélico. Casi sin respiro el aura del Flaco mutó en energía, melodías y mensajes de cortes setentosos: violas al mango y una base montada en energía de power trío. El primer disco, Desatormentándonos (1972), fue posible junto a otros músicos que ya sabían de rock & roll como Black Amaya en batería, Bocón Frascino (ex Pappo´s Blues) en bajo, y la producción de Jorge Álvarez. Dicha placa, contiene espesas melodías y riffs con una suerte de aires a Led Zeppelin y Cream, que comenzada la década apenas se esparcían en los oídos de todos.

Los años setenta fueron complejos, duros, sangrientos. El mensaje de Pescado en el interior del vinilo, anticipaba todo lo que después traspasó: “El pueblo es la estrella mágica. Todos la vemos parecerse al río. Los gusanos de los emperadores trepidan en apocalíptico festín. Ellos no tienen tiempo de recurrir a las armas. La estrella las fundió todas en un piano infinito. La cabellera de los torturadores sangra en mi carro. Nosotros: desatormentándonos para siempre”.

Con canciones claves como “Blues de Cris” (¿el final en base rock de Muchacha…?), y “Serpiente viaja por la sal” (con un largo pasaje en planos de hammond, con más de ocho minutos de duración). De modo simple pero enrarecido, Desatormentándonos es el inicio de una nueva etapa de absorción sensorial de Spinetta en tanto líder de un trío pleno de rock pesado.

Pescado II (1973).

Pescado II (1973).

Pescado II

Este disco contó con la participación de Carlos Cutaia en órgano y teclado y David Lebón en bajo y guitarra. El booklet, fue realizado por el Flaco en puño y letra, donde cuentan detalles de la grabación, contiene dibujos, fotos de la banda y las letras, muchas veces explicadas en clave para el consumidor de aquellas músicas que suenan en la actualidad como senda a recorrer, el manual básico para hacer rock canción.

Si bien es una obra donde Pescado baja algunos decibeles y se notan resabios de Almendra a lo lejos, cuenta con mensajes de ese camino entre la realidad, lo real y lo presumible como producto de la forma de resignificar el mundo de aquellos cuatro jóvenes del rock. Debajo de la descripción de “¡Hola, pequeño ser!” se lee: “Aquí se habla de parar todo tipo de drogas. Aquello que creíste como la llave del cambio, no es sino una parte más de lo que compone a una personalidad adquirida. Por supuesto que cada uno puede hacer lo que le plazca, pero si el mundo debe revertirse y cambiar en serio y esta idea es fundamental para una nueva generación, la droga, en el momento que desvía la mente lúcida, ya se torna en parte de lo reaccionario, y, de todos modos la experiencia valió y como es irrepetible, hay que cortarla”.

De no haber sido por aparecer en formato doble sin un hilo conducente en su totalidad, Pescado II es una ópera rock que tiene destellos y pareceres que huelen a Sgt. Pepper´s de Los Beatles; grabaron junto a músicos clásicos (suenan arreglos en muchos pasajes) que dieron el punto justo en la conjunción de los parámetros musicales de la época.

Artaud (1973).

Artaud (1973).

Artaud

En una entrevista a Miguel Grinberg del año 1977, el Flaco define a su segunda banda. “Lo que traté de hacer con parte de Pescado Rabioso, fue rebobinar el proceso. Pescado Rabioso fue el primer eructo después de que uno se toma un Uvasal tras haber comido y bebido a mansalva. Como el primer síntoma de tratar de rebobinar un proceso autodestructivo, frenarlo.

El material que no es pus, es el material roquero (sic). Es el que está contaminado, y nada más. Son pequeños puntitos que quedaron, que por otra parte Dios quiera que queden siempre a través de cualquier proceso necrofílico. Quedó eso, quedó la fragilidad de Cristálida o Mi espíritu se fue, Credulidad” (Pescado II).

Poco después vino la etapa de Artaud (1973), con la firma de Pescado pero la impronta del primer solista de Spinetta. “En Artaud conseguí la primera liberación de cosas. En ese álbum, cuando empecé a manejar ese material, empecé a creer en la posibilidad de un antídoto, en el cual creo perfectamente. El antídoto al sufrimiento, el antídoto al ‘art nouveau’, al ‘art decó’, a la moda, a la paja, a las drogas, el antídoto a la promiscuidad sin sentido”.

La obra —fundamental por su esencia— es una especie de representación dramática sonora, amplificada con mensajes de los que sólo hablaba aquel Spinetta de cambios en su interior. Para la promoción del disco, el músico contó a Grinberg sobre su admiración por el ‘poeta maldito’ Antonin Artaud. “Es un poeta. Creo que fue revolucionario, por eso utilizo para mi long-play su nombre. Fundamentalmente tengo una especie de predilección por su obra, y no sólo por la obra que construyó, sino por cada momento de su vida, vividos a una intensidad que realmente se adelantó a su tiempo”.

Tiempos de rock rabioso: Lebón, Spinetta, Amaya, Cutaia.

Tiempos de rock rabioso: Lebón, Spinetta, Amaya, Cutaia.

El contexto era represivo. Bombas, tiros, la Masacre de Ezeiza en el medio, las botas largas y los aires de liberación. Alejado del insumo rock en clave revolucionaria, Spinetta constituyó su propia manera de expresar lo real a través de aquello que se lee como por fuera del plano real de las cosas. “Mi preocupación justamente es cargar todo el mensaje de una buena energía, simplemente. Que no sea una energía que es producto de una evocación del proceso esquizofrénico de toda la sociedad. No cargarla con los elementos básicos de la represión, que es la mala energía. Sino cargarla con elementos de una energía liberadora, que provoque una concientización de esa energía. Generalmente, las conciencias de la sociedad no tienen libre acceso, dada la represión, a tener este tipo de información. Que no es una información de otro planeta. Es una información basada en la observación de la realidad más pura”.

El regreso a las fuentes con Artaud, cerró la etapa de erupción rockera que hizo el crack en las maneras de componer, relatar y narrar esa fría pero efervescente etapa. Artaud contiene toda la clase de claves para entender eso que se respiraba en los setentas.

“Las almas repudian todo encierro” (Cantata de puentes amarillos); las formas de absorber los destratos del poder: “No llores más ya no tengas frío/No creas que ya no hay más tinieblas/ Tan sólo debes comprenderla/ Es como la luz de primavera” (A Starosta, el idiota); hablando del miedo: “Siempre temblar, nunca crecer/Eso es lo que mata tu amor/Siempre llorar, nunca reír/Eso es lo que mata tu amor/ Lo mismo da morir y amar” (Superchería); o la joven resignación en Las habladurías del mundo, con un mensaje final (cargado): “No estoy atado a ningún sueño ya/Las habladurías del mundo no pueden atraparnos”.

(de la edición Nº 16, febrero 2013)