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La nueva gran cosa

Después del lanzamiento de su segunda placa –Ruidos modernos para gente moderna (2007)-, 2012 encontró a Delirium Cosmico con un nuevo disco de dieciséis tracks, el video clip de Soy un quemo  y una presentación junto a Massacre.

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Con casi una década de vida, los Delirium Cósmico están recorriendo los caminos de un under cada vez más amplio y masivo. Después de varias presentaciones junto a bandas como No lo soporto, Boom Boom Kid y Massacre, sonaron en Niceto Club, Ciudad Universitaria y otros lugares de la provincia, plenos de rock.

En 2012 dieron a conocer La vuelta al mundo, un disco conceptual y a tono con los sonidos actuales de un punk rock con variados arreglos espaciales, bajos contundentes y un punch explicito pero clave. La inquietud los llevó en 2006, a reeditar su primer trabajo en estudio del año 2004, Buscando todo lo que nadie pudo encontrar, para continuar la zaga cósmica al año siguiente con Ruidos modernos para gente moderna.

A fines de 2011, lanzaron su tercera placa, La vuelta al mundo, una especie de “long play” con una veintena canciones que van y vienen por sendos estilos dentro de un formato compacto y eficaz. Con el borrador grabado en Lobos y el toque final en un estudio de Boedo, los Deli se pasean con nuevo material por los caminos independientes del punk con proyección y el espíritu conceptual de un across the universe total y amplio.

¿Cómo inicia 2012 Delirium Cósmico?

Machingo (voz): hace poco sacamos nuestro tercer disco, un long play de veinte canciones. Siempre hicimos discos largos, pero éste es el más largo. Puede ser un disco doble, pero se condensa todo en un solo CD.

Agustin Petraglia (batería): La vuelta al mundo cierra una etapa bastante larga, la más tumultuosa de todas, en muchos sentidos. En la música misma se nota, por los temas que hay: muchos que se encajan en un género y otros que se amoldan a otros. Es un disco versátil también, por eso tiene tantas canciones. Es interesante cerrar una etapa, es bueno cambiar. Siempre vamos mutando, siguiendo la línea por la que venimos. Cerramos algo y cambiamos para otro lado.

Ruidos Modernos para gente moderna (2007).

Ruidos Modernos para gente moderna (2007).

¿Cómo sienten el cierre conceptual de La vuelta al mundo?
M.: está bueno porque tiene un poco de lo viejo y de lo nuevo. Incorporamos sonidos de flauta, pandereta, percusión, bongoes. En el anterior había trompetas, pero este es más experimental, con temas experimentales como con música para películas.

Benjamín Marcianesi (bajo): hay temas que no quedaron afuera del disco anterior, pero se hicieron y al toque lo sacamos, y otros que los terminamos un día antes de grabarlos. Muchos los terminamos en el estudio, probamos, experimentamos.

A partir de todo lo que brinda la comunicación virtual: ¿qué opinan sobre la difusión vía red social?

A. P.: es un arma de doble filo, sobre todo para bandas como nosotros. Conviene, pero en algún punto te evita el crecimiento, que te lo tenés que dar vos mismo. El tema es costoso, aunque nosotros lo que más priorizamos es que nos escuchen, más allá de lo que es el tema del marketing y todo eso. Esa parte está buena, pero también es un esfuerzo mucho mayor. No sé si elegiría una cosa o la otra.

M.: por ahora aprovechamos que está ese medio y lo usamos, pero no ponemos las manos en el fuego por él. Nosotros hacemos discos a la antigua: con fotografía, book con las letras.

El arte de tapa, la estética del disco, se dio a conocer también en la red.

B.M.: es como que le dimos mucha pelota a eso. Queríamos que esté bueno, ya que nos importa mucho la estética de la banda. Nosotros también escuchamos música y hay que entenderlo.

M.: si nosotros vamos a hacer un disco, va a tener un concepto desde la tapa, las fotos. No nos gustaría sacar uno pelado, así, tomá. No estás dando nada. En todas nuestras placas, los protagonistas somos nosotros.

Buscando todo lo que nadie pudo encontrar (2006).

Buscando todo lo que nadie pudo encontrar (2006).

¿Cómo perciben la movida joven de rock y cultura en Lobos?

A. P.: falta una movida que sea continua. Que se arme como una subcultura que vaya detrás de todo el movimiento de bandas locales. Eso falta, o por medidas de seguridad o ruidos o por parte de los dueños de bares, de la gente de la noche.

Jonatan Lee (guitarra y coros): pasa que cuando hay festivales, como el Rock al Parque, muchos se juntan para tocar ahí nada más. Pasa eso. Falta, quizá, continuidad a las bandas que tienen mucho para dar.

Actualmente Delirium Cosmico está participando en el concurso de bandas para tocar en el Pepsi Music 2013. Podés votar en: https://www.facebook.com/PepsiMusic?sk=app_271130316353997&app_data=%7B%22bid%22%3A%221703%22%7D

 

Para ver el clip de Soy un quemo: http://youtu.be/urzc_oN53HQ

Más Info en FB: Delirium Cosmico.

(de la edición Nº 4, febrero 2012)

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Y nada cambia

Por Alvaro Nigro*

Primero tardó en reaccionar, luego cuando se dio cuenta de lo que había ocurrido se largó a llorar, mientras le temblaban las piernas y comenzaba a pensar en ella. El teléfono sonaba y no paraba de sonar, pero él se quedó quieto, no se movió de su silla y claro, como iba a hacerlo si ella era la que siempre lo atendía. Vos no sabés tratar a las personas, sos muy mala onda, aunque no te des cuenta, le decía. Y él hacía caso, le sonreía y la abrazaba, como si le estuviera haciendo un favor diciéndole eso. Se quedó mirando por la ventana hacia afuera, en donde dos niños jugaban a las escondidas en el parque; notó que uno hacía trampa, cada vez que le tocaba contar espiaba y sabía donde se escondía el otro, aunque se hacía el distraído y el que no lo encontraba. El teléfono seguía sonando sin parar. Lo desconectó, no tenía ganas de hablar con nadie, solamente con ella, pero no estaba y no estaría jamás, nunca podría volver a escuchar su voz; su tierna, hermosa y dulce voz.

Salió afuera, sin rumbo comenzó a caminar, solía hacer eso cuando estaba de mal humor o molesto por algo, pero siempre cuando volvía a su casa allí estaba ella, esperándolo preocupada, con la comida preparada, pero eso no iba a ocurrir más. Miró a su alrededor y no podía entender como todos estaban en la suya. El mundo seguía. La mujer que él amaba murió, desapareció, se fue para siempre y a los demás no parecía importarles. Los hombres pasaban caminando rápido sin mirar a nadie, las mujeres con la cabeza gacha miraban donde pisaban, los niños reían, lloraban, saltaban, en otras palabras; vivían, pero ella no, no vivía más, su cuerpo no estaba más entre nosotros, había desaparecido y pronto se pudriría (esta idea lo perturbó, hasta el punto que se golpeó la cabeza como diciendo: ¿en qué estás pensando idiota?) y él no se había despedido, no le había dicho que la amaba y que lo hacía cada día más feliz, no se había despedido. Es cruel la vida, (o mejor dicho, la muerte) pensaba, no puede quitármela así, de la nada, sin previo aviso. No pido mucho, solamente poder despedirme, poderle decir esas cosas que hace mucho no le decía.

¿Eso es mucho pedir? Y estos siguen caminando como si nada hubiera ocurrido. Los árboles siguen de pie, los animales andan de un lado para el otro, el cielo está ahí, el sol seguirá brillando y pronto vendrá la luna, y por consecuencia la noche, la oscura y fría noche y yo sin ella, sin el amor de mi vida, sin mi mujer, sin mi compañera, sin mi esposa, sin mi amor, sin mi todo. Una vida acaba de extinguirse, ¡pero es tan grande el mundo!, muchas personas seguramente han desaparecido hoy y a nadie (excepto a los familiares) parece importarle. No voy a poder seguir viviendo, no puedo, no quiero, no debo. ¿Qué hago? Y sin darse cuenta, ya era de noche y no sabía dónde estaba. Trató de ubicarse. Le costó, pero pudo saber donde se encontraba. ¿Y ella? ¿Dónde se encuentra? ¿Me estará viendo? Ojalá estuviera acá, ella sabría como volver a casa, siempre sabía cómo volver a casa, siempre sabía todo, soy un inútil sin mi amor, no sé nada de la vida. La necesito, tengo que ir a donde está.

Llegó a su casa. Estaba llena de personas. Todos los familiares de ellos lo esperaban. Le hicieron preguntas de donde estaba, que pensaba, porque no atendía el teléfono, pero él no respondió nada. Fue y se encerró en su habitación. Nuestra habitación, pensó y lágrimas cayeron por sus mejillas. Sin querer se quedó dormido, se sabe que el ser humano siempre se queda dormido en los momentos de mayor tensión, cuando menos piensa en hacerlo. Soñó como era de esperarlo con su mujer, pero cuando despertó no se acordaba. Se levantó, se miró al espejo, miró hacia la cama y allí vio el cuerpo de su amada. Se sorprendió. Abrió y cerró los ojos, no podía creer lo que le estaba pasando. Se acercó lentamente hacia la cama. Dormía hermosamente, como siempre lo hacía. Le tocó la mano, la frente y le dio un beso en sus delicados labios. Despertó de golpe, temblando, y lo abrazo. Él le digo que no pasaba nada, que solamente estaba admirando su belleza, que siguiera durmiendo que él la cuidaría siempre, pase lo que pase. Ella le sonrió y siguió durmiendo. Se quedó admirándola nuevamente y pensando que seguía en un sueño, pero que a la vez era muy real. Al menos cuando la tocó y la besó, se sintió así, el calor y la suavidad de su piel estremecieron su persona, su corazón latió con fuerza y su boca quedó húmeda. Se fue de su lado y caminó hasta el espejo nuevamente. Se miró y desvió su mirada hacia la cama.

No había nadie, estaba desocupada. Lágrimas cayeron por sus mejillas, nuevamente. Se acostó y durmió hasta el otro día. A las 7 de la mañana le golpean la puerta y le dicen que hay que ir al velatorio. Se queda acostado con los ojos abiertos, pensando, pensando en ella, pensando en ellos, ellos, ellos…”Nosotros, nosotros, nosotros, ya no existe un nosotros si no la tengo conmigo.” Se levanta y mira por la ventana, el coche fúnebre con el cuerpo de su mujer adentro le da escalofríos, aunque no lo ve, el sólo hecho de pensar que el amor de su vida está ahí adentro inmóvil, para siempre, le da repugnancia e impotencia. “No pude hacer nada. Tendría que haber estado con ella. Tengo que estar con ella.” Se acerca hacia un mueble, (en el cual su mujer pasaba horas acomodándolo, cambiando la ropa de lugar y buscando que ponerse. Ella, ella, ella, ella en cada rincón de su vida) abre el cajón de abajo. Busca entre su ropa. Mete la mano hasta el fondo y extrae una bolsa negra. Saca el revólver y se lo queda mirando, desvía su mirada hacia la cama; está vacía, su corazón también lo está, pero pronto no lo estará más, pronto estarán los dos juntos…nuevamente.

El estruendo llega hasta el living, donde los familiares estaban esperando para ir a despedir el cuerpo de su amada. Afuera unos niños jugaban a la mancha y corrían de un lado a otro, un anciano con su esposa de la mano paraba un taxi, hombres y mujeres caminaban apurados con sus caras de infelices, yendo a cumplir con sus deberes diarios, unos pájaros se posaron en las ramas de un árbol y cantaron alegremente; en una palabra: viviendo…y nada cambió, no se vino el mundo abajo, la vida siguió su rumbo y él, también.

*Lobense, escritor de los libros “Solo una idea” y “Persiguiendo al pasado y otros cuentos” (2012).

(de la edición Nº 3, enero 2012)

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Un argentino en Bogotá

Entrevista a Fernando Mansilla, quien luego de ganar el torneo Nacional y los Juegos Evita viajó a Colombia representando a la Argentina en lanzamiento de martillo. 

A Fernando Mansilla (15) no le gusta jugar al fútbol. Probó con el tenis y no se convenció. Jugando en los Torneos Bonaerenses, descubrió que “era bueno” en una disciplina poco convencional: lanzamiento de martillo. A mediados de 2011, se preparó y obtuvo dos torneos a nivel nacional y el pase al Torneo Sudamericano de Atletismo en Colombia. Hoy, a pocas semanas del regreso, explica que “cuando pensás que representás al país, te sentís grosso”.

¿Qué sentiste cuando te enteraste que tenías pasaje al sudamericano?

Mucha emoción, porque hace pocos meses que comencé con lanzamiento de martillo. No tenía presión y cuando salí sentí mucha emoción por el acompañamiento de toda mi familia y los entrenadores. Fue muy lindo todo.

¿Cómo analizás hoy haber competido en otro país?

Más allá de cómo me fue, pasé unos días hermosos. Fui con mi papá (Jorge) y allá me acompañó el profesor Daniel Gómez, que se especializa en lanzamiento de martillo. En esas pocas semanas, aprendí muchas cosas gracias a él.

¿Cuáles son tus próximos objetivos?

Ahora queda el Mundial, pero viví a pleno el Sudamericano. En Bogotá hace calor, pero no deja de ser una ciudad hermosa. Nunca había viajado en avión y estuvo bastante bueno vivir todo lo que viví.

¿Qué se siente competir representando a tu país?

Cuando pensás que representás al país, te sentís grosso. Competís con presión, no por querer ganar a toda costa, sino porque tenés que dejar bien parada a la Argentina. Este año tuve la mejor marca de mi categoría en el país.

¿Cómo viviste el momento de la competencia?

Todos te dicen que tenés que estar muy tranquilo, pero en ese momento la cabeza no te funciona: se te cruza hacer esto o lo otro. A todo deportista le pasa, en un torneo común o en el que sea. Igual, tenés que dejar todo.
¿Qué es lo que más rescatás de la experiencia?

Está bueno encontrarte con otros chicos que hace años se están preparando en sus disciplinas, porque podés intercambiar diferentes modos de tirar y así vas aprendiendo.

¿Estás orgulloso?

El otro día estaba mirando fotos con un amigo, yo estaba enojado porque no logré mis objetivos en Colombia y él me dijo serio: ‘Fer, vos te tenés que dar cuenta que le ganaste a cuarenta y siete chicos acá (en Argentina) que entrenaron durante años y fuiste vos el que viajaste. Tenés que estar orgulloso de eso’. Y ahí como que te das cuenta y se te va la bronca deportiva. Hay crecer para entender eso.

(de la edición Nº 3, enero 2012)