Foto 1 Pardini

Pardini está re caliente

El columnista de Duro de domar charló con el viaje y dejó algunas impresiones sobre los tratamientos de la actualidad en TV, sus comienzos, la batalla Clarín vs. Gobierno y más. Afirma que el medio “está evolucionando” pero no sabe “hacía dónde”, porque “cambia a gran velocidad”. 

Pardini, firme en el panel de DDD.

Pardini, firme en el panel de DDD 2013.

Por FPM /Foto: Nico B Mansilla

Está a la tarde con Luis Majul en La Cornisa radio en La Red, es el único panelista que se mantiene en el programa top en debates de la televisión abierta desde cuando se llamaba Indomables, lo conducía Lucho Avilés e iba por América 2. Se acentuó con Pettinato en el 13 y continúa en el ciclo que encabeza Daniel Tognetti. Asegura que Duro de Domar (DDD) “no es oficialista” y que a pesar de que “varios de los integrantes simpatizan con el Gobierno, tienen una actitud y criterios, y mantienen la esencia de la polémica”.

Sobre sus comienzos en el medio como productor, aclara que fue “una positiva experiencia”, pero se sintió más cómodo cuando empezó en radio con Héctor Larrea. Sobre ‘el hombre radio’, cuenta que “es imposible no aprender algo con él. Siempre te explica los detalles de los por qué de cada cosa”.

¿Cómo analizás desde adentro a la TV argentina?

La tele cambió con las sociedades y con los gobiernos. Se puede decir que está evolucionando, no sé hacia dónde, pero está cambiando, para bien o para mal. Cambia porque hay un desacartonamiento de determinadas actitudes, usos y costumbres. Eso implica para mucha gente ser procaz y desmedido en el momento de hacer.

¿Cuáles programas seleccionarías en ese tipo de uso?

Showmatch, que a su vez es el programa con la mejor producción de la Argentina y con niveles de excelencia en determinados rubros. Es un claro ejemplo de lo que es la sociedad: tiene objetivos altruistas y bajezas supremas para provocar o para lo que sea. A veces, innecesariamente, hay peleas cuando el hecho artístico en sí mismo valió la pena. De hecho, si uno se rige por el rating de cuando hubo ritmos interesantes para ver, como el aquadance, subió y no por una polémica en sí. Eso marca que la gente valora también el lado artístico y es de lo que se habla al otro día en el supermercado, la oficina y en cenas familiares.

Dentro del panel de DDD, se puede decir que sos el que menos simpatiza con el Gobierno…

Eso marca que no es un programa oficialista. La productora está identificada con los ideales de este Gobierno, está más que claro, porque es la productora de 6 7 8, que sí es oficialista. Si bien varios de los integrantes simpatizan con el Gobierno, tienen una actitud y criterios, y mantienen la esencia de la polémica. Para eso, necesita tener diferentes criterios de quienes no seguimos a rajatabla las ideas del Gobierno.

¿Cómo definirías tu rol en el medio?

Yo me considero un discutidor profesional. Hace doce años que hago el programa de cuando era Indomables con Lucho Avilés. Soy si se quiere, una especie de sofista moderno: me planteo si tengo que hablar a favor o en contra, no porque me falte una opinión, sino porque lo que importa en el programa es el debate.
Los debates en DDD tienen menos conservadurismo…

La gracia del debate, es discutir con alguien que piensa por los que están en la vereda de enfrente. Todo es parte de un juego, está el que lo entiende y el que no puede creer lo que se comunica. Estamos como jugando un poco y tensando la soga.

(de la edición Nº 4, febrero 2012)

Caleidoscopio 3

Un círculo azucarado

Por Raskdhartha

Penumbras endulzan un atardecer, retraídas en el espantoso dolor sugerente de un perro cantor, y voces que retocan la guirnalda a medio armar, de un títere progresista, sofocado, -marioneta en un cosmos barrial.

Cúpulas de un pensamiento macerado, ensalzado, y un jardín de rodajes naturales, de sumos emergentes, pétalos curiosos.
Ausencias; dinámicas dimensiones; más pétalos.

Un garabato amistoso, preludia la aventura de una melodía que resulta tragicómica.

Un billete de baja talla naufraga. Está montado por una cabeza almacenada. Marea de pensamientos, claustro de hospicio. Inestabilidad de embalaje, zapatos en infracción. Titila y una pop music consume su escala de batallas. Danzas coloquiales en su embriagada existencia callan. Sellado postal. Del sexo de una cama montada sobre otra, emanan insignificancias en su profunda llegada de estival llovizna. Atentado universal. De una percha aletargada, una cáustica lengua huye de la existencia misma de una oca anoréxica, heroína de una ficta transición. Titila. El pendenciero can escarado, hurta la baja oferta de agostos disecados. Una proeza. Un atisbo.

Una chuleta fisurada, saltarina, enamorada del empleado del mes. Una tripa a medio asir, coteja su armadura textil, con la necesidad de existir aquí y allá. Viejas mascarillas regurgitan su pasado memorioso. Una casa. Una radio violentada, amenazada. Un diluvio que desea llegar sin diluviar. Un barrilete descolorido copula con sus problemas existenciales y un amor primaveral, -¡que va!-. Resuena el tambor de un teléfono carioca, azucarado. Búsqueda agobiada en confusa empresa.

Tapiza mi garganta, la fragancia de una oca osamentada. Se prohíbe su venta por mayoría absoluta. Consigo una pluma clandestina. La consumo. La gozo, la despido, la consumo nuevamente, la aniquilo, la avasallo. Me florece. La hibridez me sienta bien. Un perro deja de cantar, el sol convida ausencia de penumbras. Una guirnalda se fuga de su obligado presidio formal. Una marioneta se rebela. El longevo carrusel de oxidadas bestias se detiene a saludar al sol. Un ojo se aventura a una nueva hora. El agua hierve en bajo cero. Y la infusión logra monopolizar un turno en jornada vespertina. No resta más que acicalarse las grasosas cejas, aguardando el paso del tiempo que se obstina en un circular azucarado retorno.