Belén 3

Triste enojada contenta

Una de las caras jóvenes del teatro lobense nos abrió el cielo de su patio para hablar sobre las claves para armar personajes y expresar diferentes facetas actorales. En casi dos horas de entrevista con Belén Gatti, descubrimos varias de sus apariencias personales, artísticas y de todos los días.

Belén 2

Antes de adivinar cuál sería el frente del hogar de la casa de la abuela de Belén, justo en frente, en unas paredes de chapa rugosa, se lee: “Belén te quiero”. Un segundo después, desde una ventana con postigos medios gastados sale el sonido de una batería que acompañaría cualquier canción de Los Ramones. Estaba allí, a media cuadra de la Tucumán. Belén Gatti tiene 17, pero ya se lo han dicho más de cien veces que parece mayor. Ella lo recibe sin reniegos y tira un “no sé por qué, pero bueno, igual no me molesta”.

El mate está listo y dispuesto. A pocos metros, en una mesa de material bajo un árbol, dos viejitos conversan de lo lindo. Así como la continuación infinita de una herencia familiar, ella explica que las inclinaciones hacia la actuación derivan de que su madre hace teatro independiente: “Desde chica como yo, hizo cursos, empezó a viajar, se formó en la escuela de Norman Briski, estuvo en el San Martín e hizo un par de obras acá en Lobos”. Nada es casualidad. A partir de esas palabras se hace más fácil comprender el camino que Belén retoma hacia la expresión actoral.

“Recuerdo que ella me contó que estaba embarazada de mí y haciendo una obra. Creo que desde ese momento fue”, asegura aunque en sus ojos se despiertan signos de interrogación. Sigue: “Recuerdo además de ser chica, cinco años, e ir a todos los ensayos de una obra, durante todo un año y siempre sentía cosas nuevas. Sabía la letra de memoria, por repetición, y al final siempre me provocaba algo sabiendo lo que iba a pasar, generándome lágrimas o risas. Pese a saber que era un juego, sentía que lo que vivía era único en ese momento”.

En seguida, deja el mate que preparó su abuela y entra al hogar a las corridas y trae unos lentes que tienen “un montón de años”. Se los coloca y hace gestos de buscar algo entre las nubes. Su pasado y presente familiar convive y se enlaza con una de las tantas personalidades que Belén ejecuta todos los días: clown, teatro, música, poesía, stencil. Para éste último, combina su alter ego con el que se expresa en paredes viejas, abandonadas. Entre variedad de colores, están la figura de Sandro, la Mujer Maravilla, Mafalda, el Principito y otros personajes con la firma de Homera Ciega, otras de sus facetas estrechadas al arte.

En el medio de la charla, el cielo soleado de un febrero que se termina contempla la llegada de una noche fría. Entre risas y miradas sonrientes, Belén deja en claro que actuar, expresarse y demostrar, es un trabajo de todos los días a partir de la observación de las miradas, las formas de hablar y hasta el andar de las personas al cruzar las veredas. Todo tiene arte.

Homera ciega 1

Te actúo, te licúo

¿Te considerás una artista?

Yo creo que si hacés arte, sos artista. No creo en los críticos: no sos artista porque vendiste determinada cantidad de discos o ganaste tal premio. Si hacés una canción, la música es arte, sos artista. El herrero también. Si hace una escultura, además de ser herrero, también es artista: mira su trabajo desde otro punto de vista y con los elementos que utiliza hace arte, como cualquiera, ponele Marta Minujín. Todo eso inspira arte.

Todo es arte…

El arte es un rubro emparentado con el azar. Hay un montón de gente que es muy buena en lo que hace, al menos para mí, y lo valoro mucho más que obras consagradas por todo el mundo. Algunos con la obra terminada pueden llegar a generar más cosas para más gente y tiene más valor.

La camiseta puesta

Sin reparos, ella cuenta y afirma que no está inclinada hacia ningún “ismo”, que a la política la vive un tanto alejada, pero que hay compromisos con los que tiene “la camiseta puesta”. Un ejemplo de ello es con La Casa de la Cultura, donde ya desplegó sus dotes en el clown y diferentes tipos de monólogos en los que expresó gritos, silencios, tonos bajos y expectativas varias entre los asistentes. En 2011, fue protagonista del cortometraje de la cineasta lobense Carolina Vinay, “Un creyente” y ahora la podremos ver en el video clip Jardines de silencio de la banda de rock Protoplasma. A todo eso, Belén le sacó el jugo y por eso respira como una artista sin nada de eso de salvando las distancias.

¿Cómo sentís lo momentos previos antes de salir a escena?

Estás ahí, sabés qué es lo que vas a decir, qué va a pasar, cómo va a terminar, en qué momento se va a reír la gente, en qué momentos no y sin embargo, lo esperás tanto a ese momento y por ahí no te dan ganas. Te querés volver, no querés. Después salís y…puede cambiar, nunca sabés lo que va a pasar. Pese al armado te lo imaginás, pero nunca es como lo meditás previamente.

¿Qué tienen de vos los personajes?

Yo creo que el proceso es inconsciente. Primero siempre tiene que haber algo. Por más que me ponga en la piel de otro y en las palabras de otro, que se haga carne de otras palabras que no sean las mías, creo que algo mío siempre va a haber en eso. El cuerpo es mío y lo voy a hacer diferente a otro actor, así que algo mío seguro va a tener.

¿De dónde sacás las esencias de cada representación?

En la labor del actor juega mucho la observación. A mí me encanta mirar a la gente: cómo cocina, cómo respira, como cruza la calle, como habla, como pide un alfajor en un quiosco, todo, porque en el todo encontrás la esencia. Siempre está impresa la esencia de la persona: el cuerpo habla todo el tiempo. Es la observación, primero inconsciente.

Toda la observación la imprimís en las actuaciones…

Si yo tengo que hacer un monólogo, escupo, vomito lo que me está pasando. Después, me lo imagino en la piel de otra persona y luego observo diferentes pieles y voy como armando cosas. Eso es lo que me pasa.

(de la edición Nº 5, marzo 2012)