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El nido de hierro

Marisú Papaleo, actriz  de El nido de hierro, nos contactó para invitarnos a ver la obra de Ariel Amestoy a cargo de Emilio Urdapilleta en el teatro IFT (Boulogne Sur Mer 549). A ver…

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La obra, de carácter tragicómico, reflexiona sobre las relaciones humanas en medio de la guerra. La trama de El nido de hierro se desliza en la historia de seis mujeres que bordan, luchan, lloran… sobreviven, junto a cinco soldados que regresan a donde nadie los espera. Hay arreglos para hacer: una grieta ahí en el techo, unos caños que se tapan. Pero en medio de una guerra donde nada es fácil, ni siquiera recordar.

El elenco está conformado por Verónica Amézola, Natalia Arándiga, Lucas Bacchia, Natalia Cavallaro, Juliana Guerin, Matías Giménez, Marisú Papaleo, Gerónimo Reig, Sebastián Stanicio y Sabrina Tomasín.

Dramaturgia a cargo de Ariel Amestoy, dirección y puesta en escena por parte de Emilio Urdapilleta. Producción general de Neqktarea Producciones.

El precio de las entradas es de $ 50 y este sábado desde las  20:00 hs hasta el 30 de marzo y del 6 de abril al 25 de mayo. Menores de 30 (sólo con DNI) $35. Jubilados y estudiantes, $30. Reservas al tel.:(5411) 4961.9562 – 4962.9420. Teatro IFT, Boulogne Sur Mer 549.

Más info en: www.alternativateatral.com

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Ecos de Sociedad inesperada

La anunciada “primer película lobense” pasó por el Teatrito con tres funciones a sala repleta. Su director, contento por el estreno, nos contó que “salió todo como un combo perfecto”.

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Sociedad inesperada se presentó en agosto de 2012.

Es sábado en la ciudad y en la puerta del Teatro parroquial muchas personas esperan que abran sala para ver Sociedad inesperada, primera producción realizada en Lobos por lobenses, desde su dirección, filmación y edición, en un trabajo en el que participaron más de cincuenta personas. Marcelo Belfiore (42) es el ideólogo del film policial que en poco más de una hora, entretiene y desemboca en un final inesperado, con dudas, explosiones y humor. “Una vez editada me dije que a esto lo tenía que mostrar, más allá de los detalles y los errores técnicos, porque no es una superproducción”, comenta mientras en el hall del parroquial una señora canosa lo busca para felicitarlo.

La trama de Sociedad inesperada está conformada por las aventuras de dos policías: Culón (Guillermo Glave) un comisario retirado a la fuerza por la Fuerza que sueña con viajar a Francia, que por casualidad se asocia con el agente novato Carlos Gil Piedra, Charly (Nacho Mattiuz) encargado de atrapar a el Japonés (Silvio Belfiore), ladrón del banco Nación local, en pareja con Selva Adorno, Titi (Julia Glave) mujer que ayuda a resolver la historia y contiene a Paula (Alfonsina Belfiore) hija secuestrada del joven policía. A una semana del esperado estreno y a dieciséis años de haber filmado ‘El secuestro de Manuel Ruiz Guiñazú’, Belfiore destaca que “ahora tenemos más posibilidades de dar a conocer un producto gracias a las redes sociales, porque hay más llegada y se puede difundir”.

¿En qué momento te surgió la idea original de Sociedad inesperada?

Es una historia que inventé, la dibuje. Hice el libro con la idea que tenía y a partir de allí, comencé a buscar el perfil de cada personaje y fui viendo para conseguir los protagonistas que era lo más difícil. Comenzamos a grabar los fines de semana y en tres meses la tuvimos lista.

¿Cuáles fueron tus motivaciones literarias para escribirla?
Siempre me gusta escribir cuando me viene una idea. Siempre digo que el policial es ideal para principiantes porque podés sacar pequeñas ideas de alguna cosa que viste, que te pasó, muchas historias, para armar la trama de la película. En el medio, fui metiendo un poco de humor para que no se agote la cuota de suspenso.

¿Qué conclusiones hacés acerca de la opinión de las personas que la vieron y te la comentaron?

Fui notando que la gente comentaba que la historia se entendió, más allá de los detalles y los errores técnicos, porque no es una superproducción. Se me ocurrió la idea de hacerlo a beneficio para la gente de la parroquia que trabaja con Caritas (mediante alimentos no perecederos en la entrada). Siempre trato de llevar a cabo todo lo que me gusta, por el solo gusto de hacerlo.

-Sociedad inesperada está a la venta en DVD a sólo $30 en IO producciones (frente al Colegio Comercial). Lo recaudado será para la producción de una nueva película que sus directores empezarán a filmar en pocos días.

Mariana Lacoste (Circo aéreo), por NBM.

Artes y partes

La idea de reunir las opiniones e historias de vida de tres muchachas que desarrollan lo que más les gusta en esta ciudad, nos hizo re-pensar qué es lo que el aura local tiene para dar desde infinidades de perspectivas.

Ya sea el circo aéreo que desarrolla Mariana Lacoste desde La Casa de la Cultura, los sentidos varios de la danza contemporánea en el Espacio Mirar! por parte de Ivana Ramonino o las ideas de María José Avalos para activar el teatro en la Laguna de Lobos, nos conllevan a analizar que hay cuerda cultural para ver, aprender y pedir. Tres historias, el presente y lo que viene.

Mariana Lacoste (Circo aéreo), por NBM.

Mariana Lacoste (Circo aéreo), por NBM.

Su vuelo al fin

Mariana Lacoste (27) nació en Lobos, vivió en Capital hasta recibirse de Licenciada en Ciencias Laborales de la UBA y volvió hace apenas un puñado de años para hacer lo que más le mueve sus rulos al viento. A través del circo despliega una actividad desconocida en la ciudad a comienzos del siglo y lo enseña a quienes les da intriga eso de volar con cabeza abajo y dando vueltas. Toda una conceptualización de una labor circense que hoy se reparte en muchas partes y con vuelo ajustado.

Comenzó a conocer el circo junto a otros amigos cirqueros. “Empezamos con malabares, armando nuestras propias pelotitas para armar fintas para hacer swing. Comencé a hacerlo en plazas, en la calle, como se acostumbra en Buenos Aires”. Fue parte del grupo Choque Urbano en la Orquestina Savia Mezquita y hoy reparte sus días entre las clases de tela y la organización de la Casa de la Cultura, donde ejerce desde hace unos meses la presidencia.

Sobre su llegada a las danzas, cuenta que “volví a los veintiuno de un viaje a Europa y hasta ese momento sólo había practicado danza contemporánea, pero a su vez descubrí el swing y los malabares. Una vez la profesora trajo unas telas, probé y me encantó. Fue como ¡guau! descubrí la pólvora. No conocía ninguna de las disciplinas aéreas, lo que yo sabía del circo era lo que vemos todos cuando vienen al pueblo: el circo criollo, el circo rodante. Subí y seguí investigando. Inicié clases en escuela La Arena y fui probando todas las pruebas y las técnicas del circo”.

En 2008, antes de su regreso, unas amigas le pidieron que les dé clases de tela. Aceptó. “Me sentía capaz de transmitirles mi conocimiento”, narra y continúa: “Busqué lugares para desarrollarlo y descubrí la Casa de la Cultura, que me servía más que nada por la altura. Averigüé y me dijeron que sí. Colgué dos telas, conseguí un par de colchones y así arrancamos. La gente empezó a enterarse lo que hacíamos y eso me obligó a volver más seguido. Tenía al principio dos grupos de cinco chicas y cinco chicos. A fin de ese año, me recibí y regresé”.

¿Qué opinás del desarrollo de la cultura local?

Si miro para atrás, a poco de la cuarta Varieté que hicimos el 18 y 19 de agosto, hago una retrospectiva y analizo que dentro de la movida voy haciendo cosas junto a otras personas que buscan lo mismo. La idea es ir trabajando en equipo para salir a mostrar algo. Por ahí en el día a día se hace sentir, pero creo que ahora somos un poco más.

¿Sentís que crecieron las artes ejecutadas por jóvenes?

Hay mucho trabajo en red y creo que es fundamental para el arte contemporáneo en todo sentido: música, literatura, cine, para estar informados y para que se desarrolle. Esas redes de jóvenes con ganas son indispensables. Necesitamos nutrir eso que en Lobos. En los pueblos del interior siempre pasa, que son cosas muy endogámicas, muy cerradas y es súper difícil que se acepten ideas nuevas de lo que viene de afuera. Por eso, haciendo las cosas uno demuestra quién es.

Parte de todas las concepciones esgrimidas por Mariana, contienen la percepción adquirida de quienes desarrollan sus gustos, enseñan y contribuyen a la huella del camino cultural local. El mismo peso —aunque con las obvias diferencias del caso— define José María Avalos, quien surca las aguas eternas del teatro con decisiones de futuro internalizadas en la representación y proyectos para ejecutar en la Laguna de Lobos.

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María José Ávalos (teatro). Foto NBM.

Plan en miras

Desde enero de este año, José María Avalos (35) y su familia partieron de Villa Urquiza y se mudaron para estos pagos. Ella cuenta las decisiones que la condujeron: “Siempre quisimos movernos un poco de la ciudad. Planeamos muchos lugares, pero Lobos nos encontró: está cerca de la familia, no te aleja demasiado. La Laguna nos pareció ‘el’ lugar”.

Su historia con el arte se fue formando en la adolescencia, asistiendo a talleres de teatro y al momento de optar para dar respuesta a eso de ‘tener que estudiar una carrera’, se quedó con ‘el lado artístico’. Cursó Publicidad, pero tres años después averiguó dónde estudiar teatro y dio con la escuela de Alejandra Boero. Allí, hizo la carrera y el profesorado.

Los sentidos de su percepción se sospechan gustosos y claros, objetivos. Ella dice que el teatro es su terapia. “Cuando estoy alejada, dando clases o enseñando, me doy cuenta de que lo actoral es lo que a mi me gusta”.

A siete meses de vivir acá, ¿tenés planes hacer algo vinculado al teatro?

Un plan que tengo es impulsar una movida cultural en la Laguna. Tengo muchas ganas de empezar, de moverlo para el público, invitando a los propios vecinos a que participen, que actúen, para que formemos un teatro comunitario. Ese es otro de los proyectos en miras, aparte del familiar. Si comienza, se puede prender mucha más gente y hacer cosas.

¿Tenés alguna obra en mente?

Quiero representar la obra de teatro para niños El soplador de estrellas, del director Ricardo Talento. Es un infantil que llama un poco a la reflexión, a nuestro mundo, a los sueños. Es divertida y al público le llega. Lo cultural es lo que vine buscando y la idea es comenzar a desarrollar más el lado actoral.
A muy pocas cuadras de lo de María José vive Ivana Ramonino, profesora de danzas del Espacio Mirar! Cultura, quien hace un año y algo más llegó con su familia a la Laguna y casi sin respiro inició clases de danza contemporánea. Hoy, nos cuenta su experiencia sobre la intimidad corporal de las danzas como modo de investigación interna.

Ivanna Ramonino (danza).

Ivanna Ramonino (danza). Foto: MJR.

El cuerpo habla

Ivana Ramonino (32) empezó a bailar a los veinte años, pero sin saber qué era en realidad la danza contemporánea. En un viaje a Brasil la sedujo el capoeira y cuando volvió se anotó en el Centro Cultural Ricardo Rojas. “Tambié estudié con Marta Lantermo, una profesora que encendió la pasión a lo que es la danza y el conocimiento del cuerpo, no sólo en la danza sino en la investigación de lo que hacemos dentro de ella”. Para definir las destrezas y su comprensión, Ivana piensa y remata sonriente: “Sucede que con la danza contemporánea existen tantas versiones como personas lo puedan dar. Yo tuve mi búsqueda y desarrollé un lenguaje y una técnica, pero cada uno puede tomar las herramientas que a uno lo enciendan y lo hagan vivo”.

Al igual que Mariana y Jose María y muchos de los que se introducen en el planeta del conocimiento personal con proyección expresiva, Ivana deja ver que en su investigación introspectiva nunca existe un fin. Así, cuenta que también introdujo la danza butoh y lo explica: “Es una danza japonesa, que tiene que ver con otros lugares de expresión. A partir de ahí, me fui metiendo en otras técnicas y estilos. El butoh me abrió otro lugar expresivo. En realidad, empecé a buscar y las cosas fueron apareciendo. En el medio, fuimos a vivir a Córdoba con Fernando (Sambade, su marido, con quien comparte Mirar! Ver La vida en flashes, en el viaje de julio), y seguí investigando de dónde a uno le surgen los movimientos”.

¿En la danza se da la búsqueda constante de nuevas experiencias?

Todo nos lleva a interrogar por qué nos movemos cuando nos movemos y qué decimos cuando nos movemos. La búsqueda de un lenguaje y una danza donde todos podamos bailar. Algo más íntimo, interno, quiénes somos, qué sentimos cuando nos atraviesa la danza: sentimientos, emociones y maneras de mostrar ese desarrollo. El cuerpo habla, es algo que uno no controla: es cómo una búsqueda interna, no intelectual, sino ser sensible con el movimiento que nos pasa, poder traducirlo con la danza. Desde ese lugar trabajo, que me resulta interesante como bailarina y como docente. Lograr esa comunicación consigo mismo y la expresión de ese interior.

A un año de estar en Lobos, ¿cómo analizás el movimiento cultural?

Creo que hay mucha gente interesada, me doy cuenta que es como algo muy nuevo y a veces es complejo explicar lo que es la danza contemporánea, porque justamente, se trata de un lenguaje que no se puede explicar. Se trata de vivirlo y ver qué le pasa a uno internamente con eso. De ahí, que los contenidos son difíciles de explicar, porque todo el tiempo se modifica y no tiene un claro encasillamiento. Acá, hay gente que se acerca sin saber de qué se trata, le termina gustando y entra en toda la movida de acá.

Foto de portada por Nico B Mansilla.

(de la edición Nº 11, septiembre 2012)

La Llave

Ginebra la Llave

Por Félix Mansilla

Faltaba poco para que el reloj diera las doce y el puestero se acercaba hacia nosotros para dar paso a una novedad a punto de ser revelada. La zanja que daría agua a los bebederos de las vacas estaba lista para comenzar a ser tapada. A un costado, el mate de lata yacía con la yerba lavada y oscura junto a un calentador oxidado. El cielo se mezclaba entre un gris azulejo y parecía que el agua estaba por llegar al campo para el alivio de los dueños y los animales sedientos.

—Este viene a invitarnos a comer— pronunció mi padre despacio. —La mierda que se viene fiero, eh— gritó arrodillado hacia el correntino. Lo convidó con un cigarro y entre sus manos, un encendedor Bic negro prendió el convite para tres.

—Pueda ser que llueva toda la tarde, así le hago a la siesta —comentó Ramón con sonrisa de viejo zorro. Sus pelos crecidos y enrulados, le daban marco a un cutis moreno y curtido que dejaba ver los años jóvenes de alguien que se hizo hombre después de los doce. Su mediana estatura le daba un aspecto eléctrico y fornido.

Él vivía junto a su mujer y una hijita de apenas un año, que se peleaba con dos perros que custodiaban el andar de su andador usado. Afuera, las gallinas eran parte fundamental de un patio que mezclaba los aromas ventilados de la pampa con la espuma de jabón blanco que vertía en una zanja improvisada, debajo de la bomba sapo. Su esposa era una morocha regordeta, cara de mala que hablaba con la mirada y se explicaba entre dientes. El tiempo le curtió la piel y el paso de los años en su cuerpo la hizo una mujer de poco más de treinta a la que se la trata de usted.

Nos sentamos en la mesa y el chiflido del viento no permitió que el silencio superara las primeras palabras dentro de esa casa hecha con placas prefabricadas. Arriba de la heladera, el televisor mostraba las noticias de la Capital. En la cocina a leña, la olla negra contenía el olor de un guiso carrero que hervía hasta el pescuezo. Mi padre, abrió la conversación.

—La mierda que se viene fiero. Está todo el cielo cubierto, hay viento.
—Sí, el viento norte le es bravo —acotó Ramón mientras que con sus manos amasaba las migas de pan que luego arrojaba a los perros. —El otro día me agarró volviendo del almacén —siguió. —Mojado, alegre y meta Sapucai a cada trueno —cerró.

Los tres reímos del cuadro, menos su esposa que tosió en señal de estar escuchándolo todo. Movió la cabeza hacia un costado y puso cara de “a este no lo arreglamos más”. Pero el correntino siguió y contó que la dueña de la casa les avisó que los “echaría a la mierda” si tenían más de un hijo.

—Dice que con un uno está bien, pero ella quiere un nene —dijo cabeceando hacia el lado de la mesada, donde su esposa colaba el arroz. Su sonrisa se mezcló con rencor y la alegría.

Apenas un minuto antes que el almuerzo llegue a la mesa, Ramón nos miró, relojeó a ambos costados y extrajo de su campera una petaca de ginebra “Llave”. Nosotros dijimos que no en silencio. Pegó tres tragos, suspiró apenas antes de guardarla.

—La Llave —dijo para su adentro pronunciando las elles como venerando un trago aliviador.

La mujer trajo el guiso y afuera las gotas caían y se sentían en las chapas como el aplauso unísono en un estadio colmado. Los perros golpearon con la cola para entrar de nuevo, pero Ramón no les prestó atención. En la televisión, anunciaban lluvias prolongadas para todo el fin de semana. La nena dio unos cabezazos y se durmió en su silla alta. La esposa dijo buen provecho y puso una olla a calentar para lavar los platos. Fue al baño y quedamos solos. Ya sin mirar y con el cuerpo cansado, Ramón empinó el codo, suspiró en correntino y entre dientes dijo: —Otro besito pa´ la Llave.

(de la edición Nº 1, noviembre 2011)