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Editorial marzo: Sobre Conversaciones con Stella

Después del número de octubre donde tratamos de —como expresó en su ensayo Mauricio Villafañe en aquella oportunidad— “hacer memoria para disputar el olvido”. Una vez que la edición con el recuerdo de Pato Lacoste salió a las calles, supimos de la importancia de “ese” hacer que la memoria regrese en cada línea para que así deje de ser sólo un pasado. La entrevista con Mariano (hermano de Pato) hizo que lo conozcamos en su infancia a través de anécdotas de su juventud, su camino en la docencia, en el relato del final, la búsqueda y la esperanza. En medio de esa misión, supimos que nos faltaba al menos una parte. Por eso, marzo sigue siendo un motivo para existir, ser parte, contar. 

Ahora que los tiempos son otros, que las expresiones fluyen sin más, en ese encuentro con el pasado —y todos los pasados— podemos dar a conocer esas partes de la historia que no nos contaron poco, o nos contaron mal con la perspectiva que perdura sin renovarse. Como quedó en octubre —pese a esas voces que dicen “dejen de joder con los desaparecidos”— la misión continúa para los que hacemos este viaje. Sí, lo creemos necesario. Pensamos en los puentes —necesarios/posibles— para que el retrato de ésta nuestra época comience como desafío, se proyecte con alas, se prepare para seguir y se instale entre esos abismos que existen entre lo idealizado como real y aquel que se impone cuando viajamos al leer, al dejarnos llevar.

En Conversaciones con Stella (págs. 10 y 11), vamos un poco más allá de ese pasado, sabiendo que lo interesante es cómo “se vive” este hoy después de aquel ayer. Los datos serán aquellos que se rearmen para lograr entramar —si eso se puede casi cuarenta años después—un contexto próximo al recuerdo.

En los pasajes del encuentro, Stella habla como resignada, cansada, a veces descreída, pero sobre todo recuerda, vuelve al presente, cuenta sus días, rememora pero no se permite no recordar.

A veces volver es necesario para proyectar. El presente se vuelve inabarcable a partir de esa imposibilidad de leerlo solo como algo que vive en el ahora. No es fácil hacerlo, el intento arremete, pero —así como sucede con la historia— es menester que sea analizado como un “post-“ acontecimiento. Eso no frena, y deja que las ideas se sumen a eso que nos pasa que posiblemente no almacenemos en los archivos de lo importante. Igual, la prueba es el papel, ese material por donde depuramos esa manera de leernos anclados en la era de la boludez.
Apelemos a ser consecuentes, a pronunciar las ideas que se puedan ejecutar, que puedan ser reales. La apuesta debe ser entre todos, social, trascendente, pero desde el individuo hacia afuera. Los adentros exteriorizados funcionarán en cuanto el compromiso sea eficaz, ejecutado, valorado y reproducido en el tiempo. No basta con pronunciar olvidando eso que se dice. “Vamos a purificar en el juego aquel viejo manual de instrucciones y todas esas cosas que nos esclavizan”. Es la tarea.

Sobre el día mundial de la Mujer

Se vieron muchos saludos, muchos ‘feliz día a todas’ en los medios, en las redes. Es momento de ver qué hacemos como sociedad ante los índices de las diferencias que acentúan cada vez más una realidad dispar a esos mensajes conmemorativos (¿de qué?). Por ejemplo, en lo laboral un informe del Centro de Estudios Mujeres y Trabajo de la Argentina (Cemyt), destaca que “el importante crecimiento de la oferta laboral femenina experimentado en los últimos años no se ha traducido en una mejora equivalente del lugar que ocupan dentro del mercado de trabajo”. Dicha brecha, se explica porque “las mujeres trabajan menos horas que los varones, limitadas por la carga de las tareas domésticas. Al mismo tiempo, los varones se insertan mayoritariamente en actividades donde los salarios son más elevados y que a la vez tienen alto grado de formalización, mientras que las mujeres lo hacen en los sectores donde los salarios son menores y es mayor la precarización laboral”. ¿Sólo ganan menos por ser madres, por tener a cargo un hogar? ¿No se trata de un problema insertado en la cultura laboral? Para pensar.

Ángeles y demonios: ¿Habemus papa, Barba?

Ojalá algún día se sepa por qué demonios renunció Benedicto XVI a su papado, aquel que comenzó después de la muerte de Juan Pablo II. Todo se parece a las películas que retratan el oscurantismo de las paredes que encierran los templos religiosos de ese país lejano —¿auto-mantenido?— al que conocemos como el Vaticano. Al igual que en el film protagonizado por Tom Hanks, los viejos de sotana esconden un montón de cosas bajo la alfombra o el cementerio/subsuelo de la Santa Sede. De allí todas las persecuciones e intentos de poner mantos sobre acontecimientos que dejan mal parada a la iglesia católica (mafia, pedofilia, red de curas homosexuales, largo etc.).

El cambio con el nuevo Papa —Jorge Bergoglio— no será en vano. Desde la cúpula de cardenales deberán ocurrir cambios, al menos aquellos que se cuentan para la tribuna. Al menos en nuestra ciudad, deben refrescar los pensamientos aquellos que se comen los santos, cuando salen a decir que los gays no son personas normales y menos que los preservativos no previenen embarazos ni nos cuidan de enfermedades como el SIDA, como alguna vez pronunció un necio con acento provinciano.

Chau Chávez

¿Será el mismo el rumbo ahora que se fue uno de los referentes de esta parte de América? Para la derecha un dictador, un autoritario, un populista. Para los de bien al Sur, un visionario, ese que emprendió batalla al imperio. No sobran.

-Imagen de portada por Nico B Mansilla.

(Editorial Nº 17, marzo 2013)