alan 11

Cabrón pide pista

A través de la historieta Cabrón, Alan Dimaro refleja esos pensamientos silenciosos que se tejen en la mente antes de actuar y pudrirla. Bienvenidos a los días de un personaje pesado, que no aburre y va al hueso.

Quien no conozca a Alan Dimaro (28) puede suponer que se trata de un tipo duro, sarcástico, demoledor. Pero no es culpa suya, sino de su personaje de la historieta autobiográfica Cabrón, que promete salida en formato libro en breve. Cabrón se encuentra en la red social FB, donde todas las semanas Dimaro acerca un nuevo capítulo, en la que el personaje intenta sobrevivir en la jungla de cemento frente a los avatares diarios: viejas maleducadas, vecinos ruidosos que no lo dejan dibujar, borrachos en recitales, compañeros de laburo, el Principito y colectivos llenos volviendo del trabajo.

cabrón 1

Sobre sus gustos dentro del género, Alan enumera a “los clásicos”: Alberto Breccia, Francisco Solano López, Héctor G. Oesterheld, aunque sus preferencias actuales surcan los trabajos de Robert Crumb (Fritz el gato), Art Spiegelman (Maus), Gustavo Sala (Bife angosto) y Frank Miller (Sin City). “Ahora estoy más metido en el comic underground, me parece muy bueno”, argumenta.

Desde principios de la década que se fue, participó de los certámenes Arte Joven (2003/2004/2008) en la categoría historieta, quedó entre los ganadores y pudo publicar sus trabajos premiados. En 2004 y 2005, realizó una tira titulada “Fausto” para el periódico El cuarto poder y en 2009 y 2010, publicó sus trabajos en los libros de comics: Sr. Valdemar I y II. En 2011, participó del Encuentro del Humor y la Historieta realizado en Lobos.

Cabrón, un maldito

Una adecuación paralela e indagada en los datos claves de su personalidad, pueden conducir a estereotipos comunes, pero que tientan mucho. Al igual que Breccia, dibujó interpretaciones de Edgar Alan Poe en Sr. Valdemar I y II, su nombre es el mismo que el segundo del escritor maldito y hasta fue acusado de matar a Michael Jackson en la primera parte de la zaga Sr. Valdemar, en 2009, junto a Diego Gainza. Por eso se defiende: “En Sr. Valdemar I hicimos que Michael Jackson estaba muerto, y al mes murió de verdad”, conmemora haciendo mella en los recuerdos de esos que marcan la trascendencia de una obra ejecutada con datos de la realidad. Cabrón, camina por ese lado del río urbano: es un personaje víctima de sus propias reflexiones, que se intranquiliza cuando hay injusticias, que trata de no reaccionar pero cae en la tentación y actúa en consecuencia.

¿Cuándo empezaste a dibujar, o mejor dicho, cuando dijiste: ‘quiero ser dibujante’?

Desde chico dibujo, pero empecé a darme cuenta que podía hacer algo más que dibujar para mí en el ‘99, en un encuentro del Humor y la Historieta que hubo en Lobos. Yo tenía 14 años y estaba exponiendo junto a grandes del género como Solano López, por ejemplo. Me acuerdo que todos me lo presentaban y yo desde mi ignorancia y de estar tan metido con Dragon Ball Z y los superhéroes, no conocía al dibujante de la historieta que años más adelante me parecería inseparable.

¿En ese momento estabas viviendo en Lobos? ¿A qué edad partiste a Capital?
Empecé a vivir en Capital en el 2007, cuando empecé a estudiar Edición en la UBA. Luego, al finalizar ese año, por motivos económicos, volví a mi casa en Lobos y seguí con la carrera, viajando en tren y combi. Todos los días hacía cien kilómetros, doscientos en realidad, ida y vuelta. Cuando empecé con mi proyecto editorial, corregí los impresos en el tren (esa era mi oficina prácticamente). De ahí surgió el nombre para la editorial: Cien Kilómetros.

¿Qué tipo de publicaciones edita Cien Kilómetros?

Publicamos sobre todo poesía, narrativa, ensayos, entre otros géneros, de autores lobenses, de Capital y los alrededores. Gracias a varios autores, estos libros ya han ido a Suiza, Alemania, Australia, Uruguay, Chile, Cuba… fueron algo más de 100 km ¿No?

¿Cómo nació la idea de hacer Sr. Valdemar de Edgar Alan Poe?

Sr. Valdemar surgió en el 2009 —el primero— y era una antología de cuatro autores. Le pusimos el nombre porque Diego Gainza y yo somos fanáticos de Edgar Alan Poe, pero ninguna de las historietas hacía referencia a él. Entonces, en el segundo número, adapté Los hechos en el caso del Sr. Valdemar.

¿Qué recuerdos tenés de esa experiencia?

Uh, me costó mucho hacer esa historieta, estaba usando una técnica nueva, con tinta china aguada. Yo quería ser Alberto Breccia. Hacer ese libro me hizo perderle el gusto a dibujar, no porque no haya quedado conforme —de hecho me gusta mucho como quedó— pero en el proceso, estaba en la búsqueda del dibujo perfecto, que no existe, y si fuera así, no voy a ser yo quien lo logre. Al final de cuentas, tanta neurosis al pedo, no se vendió tanto como el primer número.

Tenías la experiencia de haber publicado un libro: ¿Qué vino después?

Eso me hizo un clic y me replanteé esto: cuando me decían ‘ah, te gusta dibujar’, en realidad no sabía qué responder, dibujaba porque lo hacía de manera aceptable, entonces, empecé a hacer Cabrón, con un estilo de dibujo mucho más despojado y directo, y ahí volví a disfrutar el hecho de dibujar, de crear, que salga como salga, es parte del ser humano equivocarse, es parte de la evolución, prueba y error, prueba y éxito.

Cabrón 2

Y así nació la historieta ‘autobiográfica’ Cabrón…

Empezó a mediados de 2010, poco después de que saliera Sr. Valdemar II. Empecé a publicarlos en Facebook en agosto de ese año. Ni bien hice el primer capítulo lo subí y tuve una respuesta muy satisfactoria por parte de los lectores. No sé qué hubiese pasado si nadie le daba bola, capaz que moría ahí, en el primer capítulo.

Hablando de las circunstancias de producción: ¿Disponés de tiempo para dibujar?

Actualmente trabajo de administrativo del departamento de libro de una imprenta digital, y en mi casa sigo laburando armando libros de manera free lance, o editando para Cien Kilómetros. Así que aprovecho los fines de semana para hacer Cabrón.
Por tratarse de algo autobiográfico, muestra el lado divertido, bizarro y complejo, y no es una autoreferencia de autor, digamos: es al revés, Cabrón se muestra áspero y ácido…

Sí, trato de reflejar eso, es reconfortante cuando te hacen saber que se cumplió el objetivo. Bueno, Fontanarrosa lo dijo. Es un capo, me acuerdo ir viajando en el tren leyendo “La mesa de los galanes” (2000) y morirme de risa, con carcajadas y todo, y cuando veo que mis historietas generan eso, toco el cielo con las manos*.

*Más en FB: Alan Dimaro y en www.historietapatagonica.blogspot.com.ar

(de la edición Nº 10, agosto 2012)

1-Jóvenes de ayer. Molinari, Del Guercio, Spinetta y García.

Almendra: Luces como ayer

Hace 44 años, cuatro pibes porteños se calzaron canciones de cráneos frescos con el nombre de Almendra, como su primer disco: una obra inconmensurable que marcó a fuego al rock nacional. Por Félix Mansilla

Almendra modelo 2009, juntos para el show de Las Bandas Eternas.

Almendra 2009, juntos para el show de Las Bandas Eternas.

Escuchar el disco Almendra es adentrarse en un mundo experimental conjugado con aromas de una época de cambios. Nueve canciones que no se parecen a nada o lo remiten todo a ese tufo tan beatle, algo stone, muy Hendrix, porque de algún modo el contexto se lee hoy como una suerte de espejo generacional. Entre abril y septiembre de 1969, los estudios TNT albergaron a los creadores de ese disco que desde la portada proponía la figura de un hombre imbuido en la tristeza, con lágrimas y una sopapa en la cabeza.

Sus mentores —Luis Alberto Spinetta, Emilio del Guercio, Edelmiro Molinari y Rodolfo García— crearon el imaginario de un estilo en expansión que comenzó con sueños de jóvenes y todo un mundo por ser explorado/explotado. Del Guercio (bajo) a más de cuarenta años de aquella explosión creativa contó que “éramos pibes muy inquietos y con una necesidad de absorber todo, porque siempre creímos que el arte que hacíamos era a través del soporte de la música, pero expresaba, o trataba de expresar un montón de cosas más. Trataba de ser integral” (revista La Mano Nº 68, nov. 2009).

Luis y Emilio asistían a la escuela de Bellas Artes de Buenos Aires, de allí esa forma de mirar el aire, de expresar el espíritu. Lo mismo que una década atrás en Inglaterra, la formación pública argentina traspasó esos límites acartonados del mundo occidental de la posguerra. “Las escuelas artísticas produjeron unos cuantos buenos artistas, sobre todo de rock ´n´roll: Eric Clapton, David Bowie, Pete Townshend, todos los integrantes de Pink Floyd, Keith Richards, Ron Wood, Ray y Dave Davis, de los Kinks, Jeff Beck y Eric Burdon, para nombrar sólo a los más famosos” (Barry Miles, Paul McCartney. Hace muchos años. Biografía. Emecé 1999).

Pero aquí, en plena diáspora onganista las cosas eran muy diferentes y llevar las melenas al viento era estar preparado para ser detenido. El Flaco recordó: “Nosotros —con Emilio— íbamos con las carpetas a la escuela de Bellas Artes, nos tomábamos el tren y estábamos en la escuela. Pero mientras llegaba el tren, pasaban dos canas y te llevaban a la comisaría 33ª, te interrogaban y te mandaban a un calabozo horrible, cuando vos en realidad ibas a estudiar” (RS Nº 108, sept. 2008).

El paralelo es casi inevitable si se toma como base que la formación de Almendra provenía del ambiente que surcaban y las influencias que recibían. Luis rememoró el contexto, entrevistado por Claudio Kleiman: “Estábamos inspirados por nuestros amigos, habíamos tenido en cuenta lo que pasaban en la radio (…) como Diana divaga (primer simple de Los abuelos de la nada). Nos volvíamos locos de felicidad. Escuchábamos a Los Gatos y nos encantaba. O sea que la influencia era directa, de alguna manera. A nosotros el ímpetu por hacer algo y ofrecer otro aporte nos hacía vivir como en una especie de revolución musical. Que tampoco se pudo haber realizado sin otros troncos básicos, como Moris, Miguel Abuelo, Litto Nebbia, los pibes de Vox Dei un poco después, tantos tipos que aportaban lo suyo en ese momento”.

El primer LP de Almendra (1969).

El primer LP de Almendra (1969).

La tapa de Almendra

Emilio del Guercio, contó al ciclo Elepé que “laburábamos con la música de una manera conceptual e inauguramos con Almendra el concepto de la obra artística”. Rodolfo García (batería): “Para el concepto de esa época, la primera tapa de Almendra era una cosa espantosa. De hecho, hubo que hacerla dos veces porque la gente de la compañía no la podía digerir. En esos años, la idea de ellos era explotar la imagen de los grupos. Éramos muy críticos de eso y había como una auto-imposición de no entrar en esa”.

La grabación la consiguieron luego de hacer contacto con Ricardo Kleiman, hijo del dueño de la sastrería Modart y productor del programa Modart en la noche, quien asistió a un ensayo de la banda semanas después de que le contaran de qué venía el concepto y la trasgresión de la banda (ver nota de Alfredo Rosso). Tiempo más tarde, entraron a TNT y en cinco meses quedó listo el LP en el que no incluyeron las obras de los simples, con la idea de ofrecer más a los compradores de sus discos.

Entre éstas figuran canciones como “Tema de Pototo (para saber cómo es la soledad)” —grabado primeramente por Leonardo Favio; una versión harto melosa, odiada por el propio Spinetta— y “El mundo entre las manos” (1968). Además, canciones que fueron reunidas por RCA Víctor en un solo material en el año 1999, que incluye: “Hoy todo el hielo en la ciudad”, “Campos verdes”, “Final”, “Hermano perro”, y “Mestizo” (que formó parte del disco I de Almendra II, 1970). A ese camino mágico de obras que no se gastan, se agregó “Gabinetes espaciales” que fue de la partida en los finales del ’60, pero se hizo conocido antes del fin de milenio editado en el box Almendra 68/70.

Edelmiro Molinari (voz y 1º guitarra) contó ése camino difícil: “No teníamos productor musical y nos producíamos nosotros. Simplemente íbamos y lo encarábamos como trabajábamos en casa. O sea, tocábamos, escuchábamos y si lo sentíamos ok, estaba todo bárbaro”.

Almendra II: psicodelia, acidez, rock (1970).

Almendra II: psicodelia, acidez, rock (1970).

Almendra II

En 2008, el Flaco lo definió: “Fue rockero y más psicoldélico. Nosotros mismos habíamos vivido algunas experiencias. La diferencia entre un disco y otro fue mortal, no lo perdonó la prensa ni nadie. Un medio muy importante, el matutino de mayor tirada, me destrozó. A mí personalmente, me hacía culpable. Porque yo leía eso y decía: ‘Pero ¡qué hijo de puta!, no sabe lo que queremos, no se da cuenta… ¿Lo hicimos mal entonces?’. Hay que entender que era una búsqueda tras otra, como parámetro básico” (RS 126).

La segunda etapa de la banda, consistió en el desarrollo de todo lo que el primer LP no contuvo por ser un arranque novedoso. Con dos partes de rock psicodélico y ácido, las creaciones se expanden como una firme idea de recorrido a lo largo del tiempo. El disco uno abre con “Toma el tren hacia el sur” y suenan en su recorrido clásicos como “Rutas argentinas” (compuesta en la caja de un camión viniendo a la Laguna de Lobos a un festival de rock que no fue, como le contó Luis a Mario Pergolini hace unos años en un show para Cuál es?), “Camino difícil”, compuesta por Del Guercio en honor al Che Guevara, y una obra con tono de locura como “Vete de mí, cuervo negro”. La parte dos, demuestra la experiencia y vuelan por aires encontrados con ese arranque único como “Parvas”, “Cometa azul”, “Los elefantes” y un final “Instrumental”.

Spinetta, contó las horas de ése final que iba a ser una ópera rock. “Estábamos ante mil propuestas y, por otro lado, creo que Almendra llevaba el estigma de que teníamos que hacer la ópera y esto y lo otro, y no nos dimos cuenta de que nuestro representante nos cagaba de una manera monstruosa”. De modo presente, el Flaco rememoró con un tinte de auto-culpa ese final, el mejor de todos los posibles: “Y entre los egos…no digo que yo en ese tiempo no tuviera también un papel protagónico por el ego de querer hacer mi música y llevar adelante mi proyecto, y además estaba medio loquito por las sustancias, entonces era lógico que yo quisiera una renovación permanente. Ahí me armé de ese patrón, cuyo mejor ejemplo son los Beatles, cuyo período de oro es desde el disco cero hasta el último”.

El regreso de Almendra en 1980.

El regreso de Almendra en 1980.

El regreso

La historia no finalizó allí. Del Guercio y García, junto a su hermano Gustavo Spinetta, participaron en la grabación de Artaud (1973) que si bien lleva la firma de Pescado Rabioso es la primera obra de Luis en plan solista. En 1980, Almendra se reunió para dar dos increíbles shows en el estadio Obras, dejando una placa poco valorada en su momento pero que hoy se inscribe como una obra específica de cuatro músicos maduros, con la sintonía de los ochenta sobre la espalda. Dicho trabajo cuenta con una mejor producción en la grabación y en la forma en que los sonidos se comprendieron para dejar claro testimonio de crecimiento conjunto.

(de la edición Nº 16, febrero 2013)