Belleza

Belleza

Por Sirob Orys

Caracoles místicos…
sus colores son canciones del mar,
y dibujan, siempre cambiantes,
extraños continentes en la arena.

En eso se asemejan a ti, belleza.
¡Nunca la misma ! ¡Siempre otra forma !
Yo aún te persigo, nueva esencia.
Estás más allá de los mundos…

¡Oh, belleza ! ¡ Maldita belleza !
Te asomas y te vas antes que te bese.
¡Oh, belleza ! ¡Despiadada belleza!
Te paseas desnuda, disfrutando ser reina…

Una sucesión de demoras se congela
y me hace presenciar la perfecta fábula silvestre.
Ya jamás necesitaré de más nada…
Ahora poseo la fórmula y el viaje.

20x30.

El viejo del bondi

Por Thomas Gianandrea*

Lo vi subir y lo seguí con la mirada. No lo conocía, de hecho sigo sin saber quién es, e imagino que nunca sabré quién era o quien fue. No sé bien por qué lo observé; quizás como un pasatiempo —acaso yo también acababa de subir— además, suelo hacer ese tipo de estupideces como también planear mi vida perfecta cuando viajo en bondi. Pagó con monedas —creo— su boleto porque no lo vi sacar ninguna tarjeta y se sentó en el primer asiento libre que encontró del lado del pasillo. Quedamos cruzados; yo iba apoyado contra una ventanilla en uno de esos lugares reservados para personas discapacitadas. Iba, venía o se encontraba trabajando porque en sus manos sostenía un maletín que no largó en ningún momento del viaje. O quizás andaba haciendo algún trámite. O nada. O acababa de resucitar como yo. Quién sabe. Las marcas en su cara delataban unos 65 años, o por ahí.

Camisa a cuadros grises, azules y blancos, jean oscuro y zapatos negros. Vaya si lo observé, y aún no se por qué, o si sé; mi condición de periodista e investigador empedernido de historias y aventuras me obligaron a hacerlo. Viejo zorro, pensé, al notar que pispió de arriba hacia abajo a la muchacha 40 años menor que él, que estaba sentada a su lado. Viejo chusmo, me dije luego, cuando le clavó los ojos a la plaqueta digital y al Blackberry que sacó la señorita de su cartera. Pero a su vez debo admitir que su cara de ¡Mirá vos lo que usan ahora los pibes!, me hizo largar una carcajada, leve por cierto que ni yo mismo note.

Dio un salto de caballero español y porteño nocturno —¡Galán! le grite con los ojos y hasta me dieron ganas de abrazarlo— para darle paso a la muchacha que se disponía a descender del colectivo. Y otra vez la pispió por completo. Zorra nomás, me convencí. La señorita se calzó su mp4, bajó del bondi y se perdió en la primera esquina, pero el viejo clavado en su asiento la siguió con sus ojos saltones fijos en ese aparatito que segundos antes la jovencita se había puesto en sus orejas. Y sí, además chusmo, afirmé.Qué lindo es conocer un viejo zorro y chusmo cuando uno acaba de resucitar, me dije.

*Lobense, estudiante de Periodismo Deportivo en DeporTEA. Editor del blog www.lobosathleticclub.blogspot.com

Foto de portada por Jimena Rodríguez.

(de la edición Nº 11, septiembre de 2012)

Imagen del último B.A. Rock (1982), por Charlie Piccoli.

La sutil potencia del rock en tiempos golpistas

El foco estará puesto en la relación entre dictadura y rock argentino, emergente expresión artística-cultural. Esa época fue el incómodo y peligroso escenario en el cual el rock creció y se desarrolló tras sus primeros pasos a mediados de los años ’60.

Imagen del último B.A. Rock (1982), por Charlie Piccoli.

Imagen del último B.A. Rock (1982), por Charlie Piccoli.

Por Mauricio Villafañe*

La histórica lucha de las organizaciones populares junto a la voluntad política de un proyecto de gobierno que viene cambiando la historia hace 10 años han vuelto al mes de marzo un hito de la memoria a través de la conmemoración del hecho más significativo de nuestra historia reciente: el golpe de Estado dado por una junta militar irresponsable y genocida en alianza con importantes y poderosos sectores civiles. El innegable peso del tema sumado a la necesidad de no olvidarlo y de habilitar nuevos caminos para su tratamiento hacen al motivo de este viaje. El foco estará puesto en la relación entre dictadura y rock argentino, emergente expresión artística- cultural que no para de nacer y re- nacer. Son, dictadura y rock, términos antitéticos según Sergio Pujol . Sin embargo, esa época fue el incómodo y peligroso escenario en el cual el rock crece y se desarrolla tras sus primeros pasos a mediados de los años 60. Pareciera como si lo siniestro de la dictadura convierte al rock en una sutil potencia… Ahora, de acuerdo con Pujol, el rock “no fue sistemáticamente perseguido por le gobierno que irrumpió en el 76” (pág. 10).

De esto se puede deducir que la potente sutileza rockera de mediados de los años 70 se vuelve, involuntariamente o no tanto, una estrategia de supervivencia ante un escenario represivo y criminal inédito. ¿Es posible que esta provisoria explicación sustente el relativamente menor hostigamiento que sufrió nuestro rock respecto a otras expresiones como la literatura? Los artistas y el mundo del rock zafaron, escapando, con letras y músicas, a la mentalidad y al accionar reaccionario, simplón y oscurantista de los conservadores censores y represores del régimen cívico- militar.

El rock puede entenderse como parte de un entramado cultural más amplio que se podría caracterizar como contracultural. Esa suerte de estado del alma, a su vez, se puede enmarcar en una dinámica cultural liberadora y expresiva que venía de todo un cambio de época que se empieza a vislumbrar en los años 60: los hippies del amor libre y un estado de movilización a escala global que tiene como puntos altos a la descolonización de África, la oposición a la guerra yanqui contra Vietnam, la desestalinizacion en el mundo soviético, el Mayo francés, la vigencia y ejemplo de la Revolución cubana, el triunfo de Salvador Allende y la Unidad Popular en Chile, el Concilio Vaticano II y el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, la opción por la lucha armada por parte de las organizaciones populares latinoamericanas para enfrentar a la violencia golpista desde arriba.

Respecto a lo que pasaba acá, la coronación, en nuestro país, de la lucha de la mayoría del pueblo argentino por hacer retornar, tras 18 años de bombas, fusilamientos, traiciones y proscripciones, al peronismo al poder. Es toda esta realidad y este tiempo de liberación, esperanzas y sueños cumplidos el que se corta definitiva y abruptamente la fría mañana del 24 de marzo de 1976 aunque ya desde 1975, triple A mediante, el terror aparecía en el horizonte que terminará concretando de forma acabada el golpe del 76.

No hubo a partir de este momento quemas públicas de discos o rockeros desaparecidos. Hubo en el rock un grado de represión relativamente menor aunque esto no exime a que tanto los músicos como los pibes y pibas del rock tengan que soportar los abusos de fuerza de las razzias policiales ni la persecución o el estigma de “putos-comunistas-raros” así como también el rechazo y/o la indiferencia general. Pero el rock, a través de sus geniales e inmortales artistas, bandas, obras y publicaciones del palo supo (como pudo), atravesar la oscuridad dictatorial que pregonaba el conservadurismo más cerrado y un falso y estrecho nacionalismo. Todo esto volvía al rock y a sus circunstancias (pelo largo, sonidos “raros”, volumen alto, jeans gastados, letras contestarias, personajes “sospechosos”, algunos consumos…) un “elemento de disolución del alma occidental y cristiana” que supuestamente existía y que supuestamente venían a salvar los milicos dictadores del 76, asesinos repudiados y condenados por la justicia constitucional y por el conjunto del pueblo argentino, hoy.

En esta dinámica cultural persecutoria tiene el rock que sobrevivir para llegar a 1982 con un cambio de escena: la guerra de Malvinas. La persecución cesa y el rock se vuelve, para el establishment, una referencia de argentinidad. Pasa a ser un objeto de difusión masiva por todas las radios como parte de la estrategia de legitimación de una guerra pésimamente decidida y ejecutada (a pesar de ser su objetivo legítimo y justo, la recuperación de nuestras Malvinas).

Esta maniobra de manipulación es muestra de algo ya dicho: la torpeza de los represores frente al rock como fenómeno artístico y cultural evitó, relativamente, que éste fuera considerado un “elemento subversivo” primordial. La misma torpeza es la que los lleva a hacerlo un objeto de culto casi en el contexto de la guerra.

El rock argentino en tiempos golpistas se vuelve, por su postura rebelde, contestaria y liberadora, un baluarte contra todo un imaginario que impregnaba a buena parte de la sociedad argentina. Y todo ese desafío tenía un costo: la persecución, la estigmatización, la incomprensión o la indiferencia en el mejor de los casos. Sobre la guerra, León dice, reza, que no le sea indiferente, que es un monstruo grande y pisa fuerte. Charly nos pide que prendamos la luz, por si los brujos (como López Rega, autor intelectual de la triple A) piensan en volver a cagarnos el camino. Y Pappo, sin vueltas, suelta que es menester que sea rock. Larga vida al rock, entonces, y juicio y castigo a los represores de ayer y a los corruptos que mataron a los pibes y pibas en Cromañón.

*Lobense, estudiante de Profesorado de Historia de la UNLP.
**Pujol, Sergio. Rock y dictadura. Crónica de una generación (1976- 1983). Buenos Aires, Booket, 2007

(de la edición Nº 17, marzo 2013)