Qué pasa con los años. Por Nico B Mansilla. San Telmo (2013)

Jubilados violentos‏

Por Mujer Montaña

Contemplar, meditar, observar con atención y quietud. Todas virtudes que nuestros amigos mayores (abuelos/as) tienen y de sobra, y que nuestro alocado/estúpido ritmo de vida nos impide disfrutar y apreciar. No nos enfervoriza la juventud. No nos mueve un pelo, no nos llena de energía. Más bien preferimos la calma-quieta de la vejez, diga lo que diga el documento. Queremos tener tiempo, dedicar tiempo.

Que la rutina sea disfrutable, que el día esté marcado por rituales tan básicos como emocionantes (emocionantes de emoción real): vivir frente a una plaza, cruzarla varias veces por día a paso contemplador, comprar lo que más tarde se cocinará, elegir eso con las manos y no con los ojos, elaborar los más exquisitos y normales platos con la paciencia y el disfrute que requiere, todo mientras se escucha un disco justo para la ocasión. Queremos un tuco-pulenta que hierva toda la mañana y que llene la casa de olor, (si Señora, las cortinas también!) y que acompañe un plato de ñoquis contundentes, amazados por las manos de la abuela (que parecen las de Ringo Bonavena) y que despues haya una siesta que corone la tarde. Que se acabe únicamente para darle inicio al mate con la llegada de la fresca.

No es que seamos vagos, ojalá tuviésemos esa virtud, es que amamos la vida. Lo que para nosotros es vida. Una vida que no es una carrera, sino paseo. Una donde el tiempo no es el enemigo sino el aliado, una donde el amor no está allá a lo lejos o en las novelas sino que es parte de lo cotidiano y se expresa en lo cotidiano, en cada acto. Una vida que sea digna, y sea llevada a cabo sin el mínimo esfuerzo o sufrimiento. Lo simple es lo correcto. Todo esfuerzo en la realización de una tarea, implica un desamor hacia la misma.

Hasta el trabajo más duro, si es realizado con amor, es liviano como el viento. Nos queremos jubilar de las falsas metas que deberíamos alcanzar y de cualquier cuestión neurótica que nos impongan. Un retiro anticipado de todo lo impuesto, de lo que nos resulta ajeno. Tenemos ganas de charlar en la vereda y de tejerle a los que queremos la ropa que se va a usar en invierno, queremos andar de alpargatas y con una guitarra en las piernas. Brindar con vino y reír.

Queremos escuchar historias, anécdotas, queremos saber de la vida de las personas que nos rodean. Ya estamos cansados de estar cansados, apurados y sin tiempo. Queremos andar sin tiempo e inventarnos cada día. ¿Y, usted? ¿Se ha detenido a pensar en lo que quiere?, ¿O solo sigue haciendo lo que todos los demás hacen y le dicen que debe hacer?, ¿Se detuvo a contemplar los detalles del todo? ¿Tiene guardados sueños en la memoria, esos que piensa con nostalgia? Únase al club de jubilados por elección. Que no lo coma el falso sentido de la vida, dése el gusto de iluminar, no de oscurecer a aquellos que se cruza. Entréguese a la sensibilidad, que después viene todo lo demás.

Foto de portada: Qué pasa con los años. Por Nico B Mansilla. San Telmo (2013).

(de la edición Nº 17, marzo 2013)

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Hipercandombe musical

Luego de la separación de Sui Generis, Charly García tenía ganas de formar un grupo que siga la evolución musical hacia el rock progresivo y sinfónico que había comenzado en el último álbum de la banda, Pequeñas Anécdotas Sobre las Instituciones. Aquí un repaso certero, musical por La Máquina de Hacer Pájaros.

Charly García y La Máquina de Hacer Pájaros (1976).

Charly García y La Máquina de Hacer Pájaros (1976).

Por Álvaro Nigro*

En 1976 conoce a Oscar Moro, que ya había estado en bandas míticas como Los Gatos y Color Humano, y le dice que quiere armar algo con él. Después se les suma José Luis Fernández en el bajo y tocando en un bar, un guitarrista fanático de García llamado Gustavo Bazterrica (que años más tardes formaría parte de Los Abuelos de la Nada) se transforma en el cuarto integrante y finalmente ingresaría Carlos Cutaia, el ex tecladista de Pescado Rabioso. La banda ya estaba formada y lista para tocar.

Luego de unas presentaciones en vivo, donde tocaban algunos temas que ya Sui Generis interpretaba en su última etapa y otros más de Charly, graban el primer disco llamado como la banda; Charly García y La Máquina de Hacer Pájaros, en honor a una historieta del mismo nombre, donde se pone en manifiesto una marcada influencia de las bandas emblemáticas del rock progresivo y sinfónico de los años setentas: Yes, Genesis, Pink Floyd… inclusive García decía que la banda era una especie de “Yes del subdesarrollo”. Con punteos de teclados de parte de Cutaia y García y arreglos orquestales, que hacían recordar a Rick Wakeman de Yes, y con la guitarra poderosa de Bazterrica y las líneas de bajo bien marcadas de Fernández y la solidez y frescura en la batería de Moro, sumado a los cambios de ritmos de los temas y la variedad de sonidos; había rock, sinfónico, progresivo y hasta canciones folk, era seguro que la banda no iba a pasar desapercibida…pero no fue así. 

García dijo: “La onda es hacer una música elaborada, con concepción en los arreglos. Pero no queremos hacer una música hermética, queremos que la entienda todo el mundo”.

Pero pareció que no la entendió todo el mundo, quizá esperaban algo más simple y acústico como lo había sido Sui Generis, pero no tuvo el éxito esperado. Así y todo tocaron cinco noches seguidas en el Teatro Astral en donde los dos teclados resultaron espectaculares para la gente, que no estaban acostumbradas a ese tipo de cosas en Argentina, y los arreglos los dejaron maravillados.

Todo esto queda resumido en el último tema del disco, llamado: “Ah, te vi entre las luces”, once minutos de belleza mágica que te hace volar por las nubes y pasa por todos los estados de ánimos, una típica pieza de rock progresivo. Pero también hay clásicos como “Bubulina” y “Como mata el viento norte”. El segundo y último disco llevó por nombre; “Qué se puede hacer salvo ver películas”, un disco conceptual basado en una pasión de Charly: el Cine y cuyo título hace alusión a la dictadura que se estaba viviendo en el país.

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Películas (1977).

Con temas mejores armados y con una producción y sonido aún mejor, se notaba que la banda estaba unida, que componían todos juntos, lo que no había pasado en el primer álbum, en el cual Charly compuso todos los temas. Incluye temazos como “Hipercandombe”, “Marilyn”, la Cenicienta y las Mujeres y Películas, pero este disco tampoco tuvo el impacto deseado por los integrantes de la banda y sumado al hecho de que Bazterrica comenzó a faltar seguido a los ensayos, comenzó el fin. Lo reemplazan por Alejandro Cavotti, el guitarrista de Bubu, pero ya nada volvería a ser lo mismo. La química se había perdido y comienza la disputa del tercer disco de la banda, en el que los demás integrantes querían componer dos temas cada uno y grabarlos, pero García quería que los escuchen antes, a lo que se opusieron, esto fue el detonante para que después de un show, decidiera irse de la banda. Las letras hablan mucho de la vida cotidiana que se vivía en Argentina como en “No Te Dejes Desanimar”, con un claro mensaje a que la gente siga adelante a pesar de todo: “No te dejes desanimar, no te dejes matar, quedan tantas mañanas por andar” o como en “Hipercandombe”: “Déjenme en paz, no quiero más, no hay esperanzas en la ciudad”, cantaba García casi como un grito contenido por la libertad, de la juventud como en Rock and roll: “¡Desoxidémonos para crecer, crecer, crecer!”, así como también de la separación de Sui en “Boletos, pases y abonos”: “Madres, hijas, hermanas, van a escuchar el llanto del adiós”, del adiós (Sui Generis). Así culmina la historia corta pero fructífera de esta gran banda, que años más adelante serían aceptados por el público y ahora son recordados como la banda de mayor vuelo musical y creativo de Charly García.

*Lobense, escritor de los libros “Solo una idea” y “Persiguiendo al pasado y otros cuentos” (2012).

(de la edición Nº 17, marzo 2013)