Globo rojo

Historia de un globo rojo

Una tarde en una plaza, el deseo de una niñez eterna, la mirada desde abajo que hace que todo sea más grande. Un paseo por encuentros de un pasado reciente. Por Ivana Barbis*

Tarde de otoño, tibio sol ilumina mi cuerpo. Camino lento, sobre el mar de hojas amarillas, ocre, rojizas, verdes, de la Plaza Tucumán. Y te veo; hombre robusto, fuerte, mágico. Vendiendo globos, pochoclos y copos de azúcar. Me acerco y dialogamos:

—Buenas tardes- me presento.
—Buenas tarde niña, ¿qué necesita?—responde formalmente.
—Ese globo, el de color rojo —dije tímidamente sonriente.

Y confidencialmente me cuenta la historia de ese globo.

—Cada vez que inflo un globo, busco especialmente cada color para transmitirle recuerdos. Ese globo representa los labios de mi primer amor: Gloria, la sangre de la mordedura de mi perro, la pasión al Rojo, y el corazón que hoy me acompaña.
Me retiro del centro de la plaza con mi globo en la mano. Me acuesto en el colchón de hojas multicolores y crujientes, a soñar junto a mi globo rojo.

 

amor-pareja

Pareja

Por Nicolás Bernal*

Y las parejas desparejas que se piden dos pochoclos, no preguntan las cuestiones que no tienen nada que ver. De la mano ya sonrientes son poesías y nada tiene que ver. No es la primavera chota, es la cabeza reventada por todo lo que no tiene nada que ver. Y las parejas desparejas de las leyes del embudo que pasean los perritos, se masturban por la iglesia, por la plata de los suegros que les bancan el alquiler. No es el fin de año renegado que no pierde las esperanzas de un futuro mejor, no tiene nada que ver el culo con la botella. Y las parejas desparejas que se compran un helado y se piden de frutilla y dulce de leche, de los libritos bajo el brazo por que son tradicionales, porque son estructurales y el sabor no tiene nada que ver.

No es el fin de mes que tira los huevos por el piso, la manteca al techo, de los atados consumidos, un pucho no tiene nada que ver. Y las parejas desparejas que hace mucho son pareja, que se olvidan si se quieren, si se quieren por costumbre o por miedo o soledad eso no tiene nada que ver. No es el día de la virgen, que nadie reza y todos descansan, eso no tiene nada que ver. Y las parejas desparejas que se cambian las parejas porque es cotidiano la misma teta, no importan si lastima, eso no tiene nada que ver si esta todo anticipado.

No es el cumpleaños de un hermano para juntar a todos los familiares, si a nadie le importa un carajo saber qué pasa mientras haya torta y sandwichitos, no tiene nada que ver festejar estando mal. Y las parejas desparejas que no se encuentran por perdidos, que se dejan a sí mismos en recuerdos anticipados, no es la vida que los alcanza, Celeste Carballo no tiene nada que ver.

Las parejas parejas que también son aburridas, pelotudas, optimistas, obvias, responsables, reprimidas, insalubres, criminales, extrañas, buzo escote en v con rombos y mujer con delantal rosa teñida de rubio hasta los pendejos, porque los chicos salieron morochos como el Papá, pero ella los quiere iguales a ella. De auto bien limpito, de olorcito a limón, que estereotipo por favor, bueno, volvamos.

Las parejas desparejas, que no saben si son o se hacen, que uno caga y el otro caga, que no saben nada del otro y el presente embarazoso hace un futuro indispuesto, los chicos nada tienen que ver. Las parejas desparejas que se prometen amor eterno, hasta que ella sea una vieja chota o vos una chota vieja, pero en los hechos se olvidan de las palabras y una calentura no tiene nada que ver. Las parejas desparejas que emparejan lo desparejo de pareja bien pajeras que hacen terapia o el cura le da una charlita con la condición que lo inviten a cenar.

*Crador del blog Breves Tiempos Raros.

(de la edición Nº 14, diciembre 2012)