dar es dar

En la piel, dar es dar

Impresiones sobre las inundaciones que sufrió La Plata. Un repaso por eso que a veces vemos de lejos, pero que hoy vivimos de cerca. Por María Adanczyk

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Vecinos de Sdor. María que juntaron ropa y alimentos para los damnificados de La Plata.

Antes de llegar al comedor pasábamos por diferentes zonas de La Plata, por villas laderas al río. Cuando la gente veía que llegaban el camión y las camionetas cargadas se empezaban a acercar, se avisaban, empezaban a sonreír. Nos pedían que por favor nos quedáramos ahí porque en esos lugares todavía no se había recibido ayuda. Se desesperaban y se angustiaban si seguíamos de largo.

A una cuadra de la llegada había un hombre arreglando su camioneta, se apoyó en la caja y nos empezó a mirar. Como teníamos una marcha lenta le preguntamos si a él lo había afectado la lluvia, si había perdido algo y nos dijo que no, pero que en la vereda de enfrente habían tenido el agua hasta la rodilla. ¿Se imaginan? A vos no te pasa nada y a tu vecino, cruzando la calle, se llenó la casa de agua. Antes de seguir nos agradeció y los ojos se le empezaron a llenar de lágrimas.

Cuando llegamos al comedor (una casa en condiciones totalmente precarias, humilde) empezaron a organizar qué era lo que se iba a dejar, cómo se iba a repartir. Mientras pasaba esto, algunos conocimos a la dueña de la casa en donde estaba el comedor. Una mujer de unos 70 y pico de años (más tal vez). Sufrió la inundación, llegó a subir sus cosas a unas mesas; aún así tuvo que estar con el agua re alta. Había chicos de la Facultad de Derecho ayudando, organizando y coordinando. Se empezaron a hacer las cadenas y a bajar muchos colchones, agua, comida y remedios, entre otras cosas. Por suerte también había recibido algo de ayuda el día anterior así que se bajó sólo lo que más necesitaban.

En un momento entraron dos chicos de.. no sé, supongo que 14 ó 15 años, y los sacaron en seguida. Les preguntamos a las chicas de la facultad por qué hacían eso y nos contaron que el día anterior entraron y agarraron zapatillas; después los encontraron vendiéndolas a $20. Con esto quiero decir que hay gente de todos los tipos.

Pero bueno, seguimos bajando y bajando. Al lado mío (recibiendo lo que me llegaba a mí de la cadena) había una chica un poco más grande. Le pregunté si ella estaba ayudando o también necesitaba de la ayuda. Me contó que era del barrio y que por suerte no perdió nada, ni le entró agua en la casa. Su hermana estaba en zonas inundables cuando comenzó la lluvia y por poco no la llevo el agua, pero vio a personas caer y ser arrastradas por la corriente, vio morir a una chica en los brazos de la madre, autos flotando, gente intentando sostenerse y demás. Me lo contó con un nudo en la garganta. Seguimos pasando y pasando cosas.

Casi al final entró una mujer con un bebé y un hombre me contó que ella no tenía NADA, que el agua no se llevó una mesa o un televisor, directamente se llevo su casilla, su casa. Terminamos y aparece la dueña del comedor llorando, emocionada y agradecida por todo lo que hicimos, todos lloraron con ella. Ese momento fue el que me marcó. Ese abrazo y esa cara no me lo voy a olvidar JAMÁS. Yo no lloré porque no me gusta llorar adelante de las personas, pero no puedo explicar el nudo que tuve hasta llegar a casa y la explosión que fue cuando lo desaté.

Salimos: aplausos, agradecimiento de la gente y a nosotros solo nos quedaba decirles que sean fuertes y que todo va a estar bien, que se puede salir adelante. Salimos a buscar otro lugar. La gente nos seguía agradeciendo cuando nos veía. Llegamos a otro barrio, ahí la gente estaba realmente desesperada. Ni bien empezamos a bajar las cosas empezaron a hacer filas para hacer cadena y bajar. Ahí se bajo todo lo que quedaba, la gente se acercaba y empezaban a anotar y a repartir. En ese momento algunos nos tuvimos que ir y otros se quedaron más tiempo.

En lo personal creo que esto fue lo más grande y lo mejor que me pasó. Ésta fue la primera vez que me sentí útil. Todo fue satisfactorio, emocionante y angustiante a la vez. Hoy me duele la espalda, los brazos y las manos, pero este dolor es mínimo comparado con lo que vivió esta gente. Me pongo a pensar y no es preocupante que a mi celular no le ande la cámara, que no tenga auto, que mi perro no sea de raza, que tenga un diente chueco, que haya subido kilos, que el chico que me gusta me ignore, que mi casa no esté pintada, que mi bici sea vieja, que mi cara tenga granos ¿Qué importa eso? En momentos así te das cuenta de que hay cosas más grandes, que cuando la gente necesita ayuda, un pueblo es familia, que no importan las ideas políticas, no importa la religión, no importa la sexualidad, ni la imagen, ni la clase social, no importa nada más que la gente que no tuvo la misma suerte que nosotros. Y ¿quién tiene la culpa? No sé, pero esto fue un desastre natural y no importa cuál fue el político que no hizo tal obra, esto pasó, y lo que más importa ahora es ayudar, después se sacan las conclusiones.

De esta experiencia puedo decir y afirmar que el que QUIERE, PUEDE. Es cuestión de levantarse del sillón y hacerlo.
Gracias: gracias pueblo de Salvador María, gracias Laguna, gracias Lobos y gracias a TODAS LAS MANOS MÁGICAS que ordenaron y levantaron pesos pesados para ayudar a la gente. Todos son grandes. No más, GRACIAS TOTALES!