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A mis amigos

Por Gonzalo Pastor

¿Te acordás del Rose Bowl, del “Va Piedra!!!”, del “We will, we will rock you”, de las bases en lo de Naspleda, del Domanga, del 506 letra B, de 7° A, B – 4, del mejor compañero con muletas en el Coliseo? ¿Te acordás del gol por arriba que dejó una mancha en la corta carrera del galleguito para abrir paso a los gloriosos penales atajados por ese flaco con la camiseta fluorescente del Mono manejando un Scania? ¿Te acordás? A ver, yo te ayudo. Corría el año 1994 y en el continente del Norte se disputaba el mayor acontecimiento del deporte más popular después del “Tiro a la Bolita de Naftalina en Baño Público”. En ese marco, el Rose Bowl Stadium fue testigo de la final de Brasil – Italia, pero por supuesto nadie recuerda al Rose Bowl por ello, sino por la plaza de 13 y 60 que fue rebautizada ya que nadie sabía el nombre. En dicho estadio se vivieron (casi todos los días) los más fervientes encuentros que al menos yo pueda recordar.

Cómo olvidar ese árbol con forma bananoide justo en el medio de la cancha que complicaba a los de buen pie y era el mejor amigo de los picapiedras. O ese diseño del campo de juego tan moderno para la época: en diagonal. Nosotros te conmoveremos. Siempre me pregunté por qué todos golpeábamos los bancos del salón desenfrenados al escuchar esa melodía: ¡TU TU PÁ! TU TU PÁ! Siempre empezaba el mismo. Claro, estudiaba batería, pero no le alcanzaban los ensayos en casa, parecía que quería vernos a todos excitados gritando y golpeando frenéticamente: “¡¡¡We will, we will Rock You!!!”. Todavía da vueltas en mi cabeza.

—¡Chau, Má! Me voy a lo de Nasple!

¿Cuántas veces en tu vida dijiste esas palabras? ¿Cuántas veces te subiste al 273 cartel verde? Cuántas veces preguntaste: ¿Me dejás en Papini y General Belgrano? Me emociono…te lo juro. ¿Cuántos pantalones te rompiste por saltar la reja para meterte rápido a la pile o patear al arco? ¿Cuántas pelotas pincharon los ropes del vecino? ¿Cuántos Nisperos tiraste del árbol de atrás del arco? ¿Sabés de que te hablo, no? A ver, vení, vení más para acá…

—Lucho, ¿Quiénes son esos dos desconocidos que vienen de tierras lejanas y vecinas a la vez para sentarse en el banco de adelante y no irse más? Me caen simpáticos. Mirá, mirá la casa de 13. Ahora la cuidan…a ver agarrá por 14, ahí está ese chico de pelo largo que vivía en la esquina, fanático de los Guns que sólo miraba videos de Mtv y jugaba al futbol.

ADVERTENCIA: Si alguna vez te subiste a un auto con 6 pibes y un equipo de electroencefalograma; o te enganchaste con la reja en lo de Naspleda, o te preguntás quién tiene el trofeo del lobo y el león; o te acordás de los goles de Bartelt para Lánus; te estoy hablando a vos.

En cuestión de segundos todo vuelve a mi memoria. Porque los miro hoy y son los mismos. Los incondicionales, los de siempre. Aquel que lea esto y sabe de lo que estoy hablando es porque dejó una huella en mí. Hasta podría decir que lo que soy hoy es porque ustedes estuvieron allí y por eso estoy en deuda. Quizás nunca les pague, así tengo una excusa para que entrados los años me sigan viniendo a visitar, aunque el tiempo ha demostrado que no hace falta ninguna excusa. Aunque las distancias y el tiempo quieran interponerse…

Siempre estuvieron, siempre están, siempre estarán. Los quiero.

(de la edición Nº 17, marzo 2013)

Juanpi 1

Los sueños de un pibe

Desde hace cuatro años Juan Pablo Rossini espera cada fin de semana para correr en karting. Escaló ya tres categorías en los campeonatos organizados por el Karting del Centro del Salado. Junto a su familia y a su preparador, René Sofia, está haciendo los primeros pasos en el mundo motor.

Juan Pablo (14) empezó a correr a los diez años cuando le compraron el karting, en agosto de 2009. Ese año corrió cuatro carreras, completó el campeonato y quedó con el número 27. Él lo describe mejor: “Éramos siete u ocho por carrera, porque la categoría no era muy popular en la zona en ese momento. Mis mejores puestos en ese tramo final fueron quinto y sexto, pero porque recién empezaba”.

Hoy, con más de tres años de experiencia sueña con correr en TC y en F1. Su ídolo es el Gurí Martínez de Ford, a quien admira porque “corre limpio, no tiene problemas con otros pilotos, tiene buenas maniobras en las pistas y para mí, es un ejemplo a seguir”. Se inició en el mundo motor corriendo con en 55 CC, pasó a los de 80 CC y este año espera conseguir buenos resultados arriba de un 110 CC cajero. Al explicar cada detalle, se le nota lo aprendido de las charlas con su padre, Edgardo, a quien Juampi seguía cuando corría en la categoría C del TC Roqueperense.

Empezaste temprano a correr.

Sí. Siempre me gustó todo lo vinculado a los autos de carrera, aparte de chiquito iba a ver a mi viejo a las carreras en el TC Roqueperense. Siempre vi que los pilotos profesionales empezaron con el karting, y desde hace mucho quería correr. Mi papá me dijo: ‘vamos a encargar el chasis’. Fuimos a Buenos Aires a buscarlo y así empecé.

¿Cuál es tu sueño en el automovilismo?

Yo pienso en avanzar al Turismo Carretera y después a la Fórmula 1. Ese es mi sueño, mi logro y mi meta. Yo veo y sigo muchas categorías: TC 2000, TC Pista, Fórmula 1, me gustan las carreras de Moto GP, también Turismo Nacional. Ahora en el 110 CC, será una nueva experiencia, una categoría nueva. Voy a tener que acostumbrarme porque tiene caja de cambios, para más adelante correr en la categoría de 125 CC. Ya logré tres podios en las tres posiciones en un campeonato.

¿Quién es tu referente dentro de este deporte?

Yo y mi viejo admiramos al Gurí Omar Martínez, porque somos hinchas de Ford, para nosotros la mejor marca. Es un buen piloto y yo lo sigo porque pese a que en la última carrera lo excluyeron, no protestó, por ejemplo. El tipo corre limpio, no tiene problemas con otros pilotos, tiene buenas maniobras en las pistas y para mí, es un ejemplo a seguir.

¿Conocés muchos circuitos de la zona?
El de Saladillo, 25 de Mayo, Lobos, el nuevo de Las Flores. En el que más corrí es el de Lobos, en el que me siento más cómodo y local, más seguro porque siempre voy a practicar ahí. Conozco bien todas las curvas y me siento bien corriendo en ese circuito.

En una categoría en la que corren chicos de tu edad: ¿Existe la mala competencia?

Como en todo, claro, pero no como en las categorías grandes. Ah, a mí me dieron el premio de “Caballerosidad Deportiva”, creo que por mi desempeño y porque cada vez que me hacen las notas no hablo mal de los demás pilotos y destaco su desempeño.

(de la edición Nº 6, abril 2012)