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¿Para qué estamos acá?

Editorial abril

Después de un año y cinco meses continuamos con el objetivo de difundir a los artistas locales, esos que dan forma a su arte y entretejen historias en diversos formatos. Abril, da la bienvenida a dos nuevas producciones del ámbito local: Energía invisible, el primer disco de la banda de rock Protoplasma y el segundo libro de Mariano Contrera, Media hora de felicidad. Por esas inclemencias del destino, la producción sonora y literaria, fueron presentadas el 6 de abril. La primera en la Casa de la Cultura y el segundo en la biblioteca Capponi.

Como cada estreno, vale la pena comentar, ampliar, pero… ahora queda el mayor desafío: escuchar el disco y leer el libro. Por eso, la edición abril invita a nadar por esos mundos que aunque alejados estéticamente no dejan de ser parte de eso que promovemos: las producciones locales, a los artistas, a los escritores, a los dibujantes, cirqueros, actore/as, fotógrafos, todo/as. En resumen, a aquellos que suman cultura, que forman parte de una manera de dar que no se mide en repercusión sino en acción, desafío, obsecuencia. Vamos.

La idea fija

Energía invisible cuenta con diez canciones de lo más bello que Protoplasma tiene para brindar. Letras que nos hablan de esperanzas, deseos, formas de ver el camino. Su grabación, llevó más de un año y medio de trabajo y es el resultado concreto de un anhelo palpable: especial trabajo de arte a cargo de Dominga! sobre obras de Pedro Rossi, artista lobense de arte contemporáneo que mezcla imágenes que flotan sobre paisajes imaginados, que se convierten en reales al tomar forma en un espacio/tiempo, clave en el andar jocoso de cada día. Energía… es la carta de bienvenida al mundo de una banda con proyección en el circuito rock actual, con la idea fija: rock, mensaje, ampliación.

Luces que no vemos

Media hora de felicidad, es el segundo libro de Mariano Contrera. Luego de lanzar en 2010 —a través de Editorial 100 Km— La idea fija, esta vez, contiene historias cotidianas que refleja el crecimiento del autor en su forma de narrar, en lo que tiene para contar y aquello con lo que nos podemos encontrar: personajes testigos, invisibles, maniáticos, insospechados, felices. Gentes que viven como piensan, que sueñan en tiempo real y hacen lo que saben hacer: espiar, contar, cambiar, ir para —quizá por qué no— jamás regresar, para dejar ver que todo alguna vez termina.

(de la edición Nº 18, abril 2013)