Cuando que

Cuando que

Por Oscar Gozho

Cuando miraron para el pub, vieron como mucha gente que se destapa la primer cerveza ya está pensando en el sándwich de enfrente. Cuando miraron para la iglesia, no distinguían a jóvenes católicos si eran hermanos o pareja. Cuando miraron al colegio privado, se dieron cuenta que había más plata en el colegio público. Cuando miraron a una mujer en una esquina oscura, la miraron dos veces para ver si era un travesti. Cuando conocieron una mujer, la misma los dejó por irse con un joven que salía de fiesta jueves, viernes, sábados y domingos. Cuando conocieron un amor, se preguntaron cómo iban a olvidarse. Cuando conocieron La Laguna, les pareció una mierda con sentido la pesca deportiva. Cuando conocieron la traición, no supieron si seguirían siendo amigos.

Cuando juntaron un par de pesos se compraron un FluChurry para usarlo sin crédito. Cuando juntaron a los egresados, se reían de los mismos de siempre. Cuando juntaron un par de votos, la cagaron con el Pro. Cuando juntaron todas las firmas, la tragedia ya pasó.
Cuando llegaron a la plaza, se creyeron que era un encuentro de motos. Cuando llegaron al hospital, tuvieron que volver al otro día. Cuando llegaron al cementerio, no fueron a ningún lado más. Cuando llegaron al cielo, no mentira, no existe.

La última vez que están

Están los que el azar los choca contra un árbol y están los que un tumor de mierda les rompe las pelotas. Están los que de viejos se quisieron morir joven y están los que un chuchillo les revuelve las entrañas. Están los que le fallan al amague suicida y están los que mueren solitarios en el tiempo del olvido. Están los que durmiendo se despiden en un sueño y están los que ni alcanzan atarse los cordones. Están las que se van cuando dejan otra vida y están los que se mueren solo para que les prendan una vela. Están los que las balas le revientan todo el pecho y están lo que se pasan de sustancias salvadoras. Están los que el hambre se los come a ellos mismos y están los que empachados dejan herencia a boludonas. Están los que ya saben y te dejan una cartita y están los que acompañan al amor que se les fue. Están los que se atragantan con el hueso de un pollo y están los que se ahogan por alejarse de la orilla. Están los que encerrados prefirieron morir libres y están los que votan hace tiempo enterrados. Están los que bien vivos parecen bien muertos y están los que muertos recordamos como vivos.

(de la edición Nº 18, abril 2013)

Litto Nebbia, la semilla del rock nacional.

La muerte y la brújula del rock

Nadie puede dejar de escuchar los discos del padre del rock nacional Litto Nebbia. En Alma de baúl un traspaso por Muerte en la Catedral del año 1973, perfil nostálgico de uno de los pilares fundamentales de nuestro rock. Por Mauro Basiuk*

A lo que hemos llegado

Cuando el publicista vio las altas torres de la catedral, a lo lejos, sintió ganas de llorar.
—Si tan solo —dijo— fueran una propaganda de condimento Beefo, tan sabroso, tan nutritivo,
pruébalo en tu sopa, a las mujeres les encanta…
(Microficción de Lord Dunsany, 1878-1957)

Portada de Muerte En La Catedral (1973).

Portada de Muerte En La Catedral (1973).

Dicen que ayer alguien murió en la catedral. Suena a novela de misterio. Sin embargo se trata de una frase incluida en el cuarto disco solista de Litto Nebbia. Tenía 23 años nomás, en una carrera musical que se había iniciado en 1965 con Los Gatos Salvajes para seguir hasta 1970 con Los Gatos, banda de la tríada fundacional del rock nativo, junto a Almendra y Manal.

En el mismo año que Artaud y el gol de Bochini a Juventus, este LP sería el primer álbum que Nebbia grabaría en formato trío junto a Jorge González en contrabajo y Néstor Astarita en batería. Encargado de la guitarra, el piano y el canto, lo acompañaron viejos compañeros de ruta como Ciro Fogliatta y Oscar Moro (ex Gatos), en órgano y batería, respectivamente. Por si fuera poco, además tocan Roque Narvaja, Gustavo Moretto y Bernardo Baraj.
Con arte de tapa original realizado por el célebre artista Pérez Celis, la placa original constaba de nueve canciones (luego se agregó Señora vida, como bonus track). Fueron grabadas en, aproximadamente, cuarenta horas de estudios RCA, entre mayo y junio del ‘73, con un sonido marcadamente potente y jazzero. De algún modo, preanunciaban la corriente musical que, a fines de esa década, inundaría los escenarios.

Otro puntal que aparece es la colaboración de la poetisa Mirtha De Filpo, en letras como la acústica La operación es simple (Esta serpiente siempre/muerde su cola/ y juega cara y ceca/muy melancólica) y Mendigo de la luna, con cierto aire pop. Esta sociedad creativa llegaría a su punto más alto en Melopea, otro disco clave en la carrera del rosarino, editado un año después.

Aquí ya se ve al joven autor de canciones que empezaba a ser adulto en el tema que abre el disco, Vals de mi hogar: He planeado viajes sobre una mesa/he planeado amores sobre la cama/necesito pronto alguien que me quiera /pero al mismo tiempo que yo lo hago.

Aquí también aparece El otro cambio (los que se fueron), con arreglos de Rodolfo Alchourron (el mismo de Laura va), un alegato resignificado por las tragedias posteriores, que mezcla con nostalgia los chistes del Gordo Saverio con el cine de Chaplin en un Buenos Aires que dejaba de ser.

En el inmenso abanico musical de Nebbia queda tiempo para un buen rock que, escuchado a volumen alto deja sin aliento a más de uno: Dios en más. Mención de honor, para el tema que da nombre al disco. Una suerte de suite de ocho minutos con cierto aire épico: “La gente protege su vida siempre en nombre de dios/ Y el pájaro negro anuncia en su vuelo un tiempo de tormenta”.

“Gracias a todo aquel que en cualquier aspecto hizo posible esta obra” dice la línea interna final del disco. Una obra clave que fuera ubicada en el lugar 75 cuando la revista Rolling Stone armó el canon de los cien discos de rock argentino de todos los tiempos (su disquera Melopea, figura en el puesto 48º).
“Algo muy avant-garde, pero lo raro era que tocábamos en lugares populares y, para la pendejada que cantaba y bailaba, eso que era un quilombo de arreglos y cambios de ritmos”, sintetizó Nebbia para dicha publicación, la propuesta de Muerte en la catedral. Obra que lejos de ser una propaganda es tan real y movilizante como las altas cumbres de la arquitectura gótica.

*Estudiante de Periodismo y Comunicación de la FPyCS de la UNLP, columnista radial, coleccionista.

(de la edición Nº 18, abril 2013)