Por Nico B Mansilla

Toda la vida las mismas calles

Ciertos aspectos de la vida, al parecer, cambian poco o no cambian nada. Sin embargo, hay otras cuestiones más mundanas que se resisten al cambio. Por ejemplo, los nombres de las calles de Lobos. Por Mauricio Villafañe*

Por Nico B Mansilla

Calle Buenos Aires, la más céntrica, por NBM.

El tiempo pasa, la historia va escribiendo nuevos capítulos. La vida es, necesariamente, cambio. Pero hay ciertos aspectos de ella que, al parecer, cambian poco o no cambian nada. La larga duración y la continuidad con pretensiones de eternidad pueden derivar en estancamiento y conservadurismo. Eso es ilustrado por la concepción de que “todo tiempo, por pasado, fue mejor” (“¡Mañana es mejor!” nos enseña el Flaco Spinetta). Sin embargo, hay otras cuestiones más mundanas que se resisten al cambio. Por ejemplo, los nombres de las calles de Lobos. La vida pasa y seguimos caminando las mismas calles.

“La historia escrita por vencedores no pudo hacer callar a los tambores”

Nuestro país, en sus líneas maestras, fue trazado, en todos los órdenes, por el proyecto liberal que se impone a principios de la década del 50 del siglo XIX, más precisamente después de la batalla de Caseros. Tras ella, se sientan las bases organizacionales fundamentales del moderno Estado argentino mediante la Constitución Nacional. Buenos Aires, negada a compartir los ingresos del puerto, resiste su articulación con todo el territorio nacional: se separa de la Confederación hasta que Mitre (el del billete de 2 mangos, el militar, presidente, historiador y pionero empresario periodístico, fundador del diario La Nación) se impone en Pavón.

Se pone inicio a la “organización nacional”, según la perspectiva liberal porteña. Este pretendido manto de uniformidad (“organización nacional”) frente a un proceso tan lleno de vaivenes como de infames crímenes (el de los líderes populares del Interior, el de nuestros hermanos originarios, el del pueblo paraguayo en la Guerra del Paraguay) es la estrategia seguida por el aparato cultural que los vencedores de Caseros y Pavón imponen.
Una de las formas de acción de tal aparato es la historia.

Ésta, escrita y difundida por los vencedores, viene a legitimar el proyecto liberal porteño a expensas del resto del país, haciendo pasar sus triunfos como los del conjunto de la Nación. Se acomete la tergiversación y el ocultamiento de la lucha y resistencia de la Argentina profunda ante la opresión “civilizadora” de esa pequeña porción de Europa que los liberales nos hicieron creer que era la porteña Buenos Aires.

Se configura, como corolario, un país con una “cabeza” grande y rica (alimentada por los recursos de las diversas regiones) y un “cuerpo” desnutrido, expoliado, pobre. Un país que mira para afuera, agroexportador, con un trazado de vías que se concentra en la región pampeana- porteña, desintegrando al resto. Todo perfectamente orquestado por el imperialismo británico al cual nos sometió Mitre y sus herederos políticos e ideológicos.

Y todo esto ¿qué tendrá que ver con los nombres de las calles de Lobos? Es una buena pregunta. Se dijo, más arriba, que la historia la escriben los que ganan. Pero también eso quiere decir que hay otra historia (“…la verdadera historia/ quien quiera oír que oiga…”). Bien, los vencedores impusieron su línea histórica y, en la enorme tarea de legitimación que llevaron y llevan adelante, nos impusieron los nombres de las calles, las plazas y los monumentos. Se pusieron ellos mismos y sus amigos. Lo que no pensaron es que nos íbamos a dar cuenta.

En Lobos, las calles tienen nombres propios. Muchos de ellos refieren a diferentes y destacadas figuras lobenses, de todo orden y tiempo. Hay, asimismo, importantes arterias que refieren a fechas históricas indiscutibles como el 25 de Mayo o 9 de Julio. En la llamada “periferia” (respecto al centro) las calles sólo son llamadas por su numeración.

También hay nombres de localidades, fundamentalmente de la provincia de Buenos Aires, y conceptos como Libertad, Independencia o Constitución. Se dan nombres de provincias (Salta, La Rioja, Entre Ríos) en Villa Cattoni, Empalme Lobos. Se advierten nombres de intelectuales (José Ingenieros, Ricardo Levene), científicos (Bernardo Houssay) y próceres históricos de la talla de José de San Martín, Manuel Belgrano, Juan José Castelli y Mariano Moreno.

Tardíamente se logró nombrar a un tramo de la calle Buenos Aires Juan Domingo Perón, lobense y tres veces presidente constitucional de la República Argentina. Están, reivindicados, nuestros soldados de Malvinas… Tras esta descripción, algunas reflexiones urgentes.

La calle Moreno, en referencia al secretario de la Primera Junta y líder patriota, halla continuidad en la calle Rivadavia, un agente del imperialismo inglés e instigador del crimen de Manuel Dorrego.

En nuestra traza urbana está la calle Bartolomé Mitre, responsable de la matanza que significó Guerra del Paraguay, una infame alianza con el imperio brasileño para sofocar al desarrollo paraguayo que no se subordinaba a los dictados del imperio británico.
Domingo Faustino Sarmiento, ya abordado en esta columna hace unos meses, padre de la zoncera “civilización o barbarie”, un personaje que vertía su odio antipopular por efecto de la fascinación por lo estadounidense que tenía.

Rauch, en homenaje a Federico, un militar carnicero alemán, asesino de nuestros hermanos, los indios.
Virrey Vértiz, una calle con el nombre de un virrey, personero del régimen colonial de explotación al cual fue sometida nuestra región por siglos.
Ahora bien, ¿qué hacen estos nombres en nuestras calles? ¿Qué hacen junto a calles como Suipacha, Martín Miguel de Güemes, Almafuerte, Homero César del Buono, Lisandro de la Torre, Dorrego, Ayacucho y Chacabuco entre otras?

Por último, algunos nombres en forma de sugerencias y deseos, abriendo la participación a todos y a todas los y las que viajan mes a mes. Son preguntas abiertas, que buscan sumar.

¿No nos están faltando mujeres como Juana Azurduy, Eva Perón o Juanita Troiano? ¿Qué pasa que no están los nombres de Juan Manuel Fangio o Diego Maradona? Me gustaría caminar por la Padre Carlos Múgica, por la Arturo Jaureteche, por la Rodolfo Walsh, por la Juan Manuel de Rosas, por la Raúl Alfonsín, por la Arturo Illia, por la Néstor Kirchner o por la Che Guevara tal vez. Demócratas, patriotas, ídolos y militantes populares. ¿Para cuándo una avenida llamada Madres y Abuelas de Plaza de Mayo? ¿Y una calle, cortita al menos, con el nombre de Soberanía Nacional o Fragata Libertad? O por qué no por una llamada Patria Grande… ¿No faltan artistas como Leonardo Favio o Mercedes Sosa? ¿Dónde quedaría la calle Comedor Padre Lorenzo Mazza o la Bomberos Voluntarios?

*Lobense, estudiante del Profesorado de Historia de la UNLP.

Foto de portada: Nico B Mansilla