Fuimos soldados 1

Fuimos soldados

Al igual que muchos otros héroes de la guerra de Malvinas, Jorge Pedrotti cuenta que su miedo se mezcló con “la falta de experiencia”. A más de 30 años del conflicto, define que “la guerra es saber que estás enfrente de la muerte, con temor y tristeza”. Por Félix Mansilla 

Pedrotti, en su regreso junto a vecinas de Sdor. María.

Pedrotti, en su regreso junto a vecinas de Sdor. María.

Sin resentimiento pero con la voz temblorosa, Jorge Pedrotti (50) empieza la entrevista contando cómo recibió la noticia. “Yo había salido de baja hacía poco y me vinieron a buscar el 3 de abril. Me cortaron el pelo, me dieron la ropa y el 4 llegué a Malvinas”. Hoy, a tres décadas de uno de los episodios más tristes e incomprensibles de la historia argentina, narra que en el año ‘82 tenía sólo 20 años y “nada de entrenamiento como para ir a una guerra”. En los primeros momentos, pensó que sólo debía asistir al regimiento 6 de Mercedes, pero “por las dudas, de guardia”.

La noticia lo tomó por sorpresa, como a todos. “En el Palomar me comunicaron que me tocaba ir a las Islas Malvinas. Fuimos en un avión que no tenía asientos, espalda con espalda, hasta Río Gallegos donde nos dieron algo de comer y subimos a otro hércules con rumbo a las Islas. Tardamos dos horas para llegar”, recuerda.

¿Cuáles fueron las primeras sensaciones al pisar las Islas?
Ni bien bajamos nos encontramos con un viento infernal, sin antiparras los ojos se nos llenaron de arenilla. A pocos metros de donde bajamos, nos hicieron armar las bolsas cama y taparnos con la misma lona de las carpas. Había mucho viento y frío y casi ni dormimos esa noche. Después caminamos once kilómetros para llegar a Puerto Stanley para tomar posiciones en la entrada del pueblo. Allí, estuvimos casi tres días para armar la posición de las Mag, porque es todo piedra. A la semana nos hicieron cambiar de lugar. Fuimos en helicóptero a la Isla Asunción e hicimos las posiciones nuevas y quedamos ahí definitivamente, a trescientos metros del mar. Faltaba mucho para la llegada de los ingleses. El primer ataque de ellos al aeropuerto, desde un portaviones a 40 km de ahí, fue el 1º de mayo. En esa parte, éramos no más de veinticinco soldados.

Una mezcla de feas sensaciones…

Miedo, porque no estábamos capacitados, entonces todos sentíamos miedo. El 1º de mayo, en el primer ataque, temblaba el piso y se sentían los fogonazos, las bombas y no sabíamos para dónde escapar. Con cada estruendo los oídos nos zumbaban. A los pocos días, empezaron a atacar por mar. Allí, un compañero que fue a hacer guardia a la noche, volvió por un camino guiado por un cable, pero el viento se lo corrió y una mina le voló la pierna. Después de él me tocaba a mí y yo esa noche dije ‘no voy’ y un capitán nos estaqueó a los que no queríamos ir. Estuve alrededor de cuatro horas inmóvil y los ingleses ya estaban tirando. Luego, otro superior hizo que nos desataran. Ahí, uno empezaba a sentirse mal porque en vez de estar todos unidos como tropa, los propios jefes eran como nuestros enemigos. Ese fue realmente el primer momento malo. Y ya cuando empezó de lleno la guerra, fue bravo. Un compañero estuvo dos días muerto en la trinchera. Lo tapamos con la capa de lluvia y yo le saqué la campera para cubrirme un poco del frío. Eso fue una gran amargura, sumado al ver otros y otros, eso te bajonea. Yo nunca había visto tanta gente muerta, pero eso comenzó a ser moneda corriente, más con compañeros que hacía un minuto atrás habíamos estado hablando y de repente estaba muerto. Esos días nunca los voy a olvidar.

La biblioteca de la escuela de Sdor María lleva el nombre de Jorge Pedrotti.

La biblioteca de la escuela de Sdor María lleva el nombre de Jorge Pedrotti.

¿Cómo fue el momento de la rendición?

A lo último, a diez días de que termine la guerra, un capitán nos dijo: “creo que esta noche nos toman, si se la ven mal no tiren”. Después, eso ocurrió. Un grupo comando, nos encontró y nos hicieron rendir. Nos tuvieron encerrados, pero no sufrimos por parte de los ingleses ningún tipo de maltrato. Nos dieron de comer y nos hicieron bañar, aunque siempre estuvimos con el miedo latente a que nos mataran si la guerra seguía. Uno que hablaba español nos dijo que si ningún avión argentino atacaba esa parte donde estábamos, no nos iba a pasar nada. Eso nos dejó un poco más tranquilo.

¿Cómo los trató el Ejército al regresar de la guerra?

Al regreso, ya en Campo de Mayo, estuvimos cerca de tres días, donde nos dieron de comer igual que en la colimba, ni mucho ni poco. Una vez llegado a Salvador María, toda la gente me brindó su apoyo, hicieron una cena en reconocimiento, bien, eso me ayudó. De parte del Ejército no recibí ninguna asistencia psicológica ni nada, aunque no tuve secuelas graves, más que uno de los pulmones que quedó, tiempo después, como con un catarro por el enfriamiento de esos 72 días en Malvinas. El Ejército nos dejó de lado. Al tiempo, fuimos a buscar un diploma y nada más.

(de la edición Nº 6, abril 2012).

La larga lucha por la soberanía

La larga lucha por la soberania

Repaso histórico por la causa Malvinas desde su descubrimiento, a las conquistas, la guerra y la reivindicación en la actualidad. Pasaron 31 años de la invasión por parte del Ejército argentino para recuperar el terreno perdido. Por Mauricio Villafañe*

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Empecemos por donde corresponde: por el principio. El archipiélago inicialmente bautizado como islas de San Antonio fue descubierto en 1520 por Magallanes. Fue luego ocupado discontinuamente por españoles y franceses. El imperio español en América y su pionera ocupación de Malvinas, junto a la continuidad que ésta tiene en la etapa independiente que se abre a partir de 1810, avalan nuestro legítimo reclamo soberano sobre las islas. Ahora, hay que dar cuenta que en 1820, las Provincias Unidas del Río de La Plata toman posesión de Malvinas, estableciéndose un enclave pesquero y ganadero. La situación se va a institucionalizar a partir de 1829, con la creación de la Comandancia Política y Militar de Soledad (en referencia al puerto malvinense de ese nombre) al mando de Luis Vernet. El decidido accionar nacional se enfrentaba con la depredación de buques balleneros norteamericanos.

La disputa entre el ejercicio legitimo de los derechos soberanos y la intromisión extranjera que expoliaba los recursos de la región va a llegar a un punto de no retorno con el apresamiento, por orden de Vernet, de dos balleneros actuando fuera de todas las disposiciones. El incipiente imperialismo norteamericano responderá de una forma que ya el siglo XX se encargará de volverla frecuente: la fragata Lexington desembarcó en Malvinas, atacando instalaciones militares y tomando prisioneros. Lo simbólico, aparte de estas acciones concretas, tiene su importancia en este hecho no menor de acuerdo a lo que se vendrá: los yanquis arriarán la bandera celeste y blanca, declarando a las islas “libres de todo gobierno”. El conflicto diplomático desatado por la protesta formal a Washington de parte del gobierno de Buenos Aires será la antesala para que EE.UU “coordine” con los británicos (¿una especie de premonición de la OTAN y del accionar conjunto en la guerra de 1982?) la invasión y usurpación de las islas.

Llegamos a enero de 1833, cuando la corbeta inglesa Clío desembarca en Malvinas, llevando a la rendición del gobierno isleño. El reclamo argentino no tuvo respuestas desde entonces, sabiendo Gran Bretaña que sentarse a negociar o a discutir la soberanía sobre las islas llevaría a reconocer la usurpación. En la actualidad puede verse claramente la insostenible situación colonial que el Reino Unido lleva adelante sobre parte de nuestro territorio, de espaldas a las resoluciones de Naciones Unidas, en particular una de 1965, como también en contra de la historia y la geografía.

El conflicto comenzó el 2 de abril de ese año, cuando la junta militar argentina, encabezada por Leopoldo Fortunato Galtieri, envió 14 mil efectivos para "recuperar" las islas; la guerra duró 74 días y dejó más de mil muertos. El gobierno de Néstor Kirchner dijo que Gran Bretaña se niega a cumplir el mandato de la Organización de las Naciones Unidas sobre descolonización, que obligaría a ingleses a dejar ese territorio, ocupado desde 1833

Desembarco de tropas británicas en la bahía de San Carlos, junio de 1982.

Lucha y resistencia

La usurpación, el despojo y la afrenta británica sobre nuestra soberanía se explica muy bien si se logra comprender la importancia geoestratégica que las islas tienen para el poderío británico ya que le permiten tener una base militar (y una fuente de explotación pesquera y energética muy importante) en el Atlántico Sur que controla no ya sólo a nuestro país sino a toda la región; una “mal ejemplo” para las demás por su insubordinación a los dictados del llamado “Primer Mundo”. Asimismo le permite al imperio británico tener una base de abastecimiento y control de la circulación interoceánica ya que las islas se hallan ubicadas en una posición inmejorable respecto al estrecho de Magallanes, que conecta al Atlántico con el Pacífico.

El viaje va llegando a su fin pero vale rescatar dos hechos, tal vez simbólicos o anecdóticos, sobre la lucha y resistencia nacional ante la colonización de Malvinas por los ingleses. El primero refiere a la acción llevada adelante por el gaucho entrerriano Antonio Rivero, encabezando un levantamiento de la peonada que, en 1833, logró recuperar nuestras islas por cinco meses. Este patriota, que recientemente se lo ha empezado a reconocer desde el revisionismo histórico, murió luchando contra ingleses y franceses en el Combate de la Vuelta de Obligado, el 20 de noviembre de 1845, resistiendo la invasión imperialista y fundando lo que actualmente se conmemora como el día de la Soberanía Nacional.

El segundo hecho es más cercano en el tiempo: en 1966 un comando de la Juventud Peronista copó un avión de Aerolíneas, lo desvió hasta Malvinas y, al aterrizar, izó simbólicamente una bandera argentina en lo que pasó a la historia como el “Operativo Cóndor”.
Hoy por hoy y desde hace algunos años se viene reclamando incansablemente la resolución pacifica y diplomática del conflicto derivado de la usurpación de nuestras Malvinas, sin olvido, renuncia ni perdón y sí con la conciencia de soberanía y justicia que nos asiste.

*Lobense, estudiante del Profesorado de Historia de la UNLP.

MALVINAS CARTEL

Malvinas 30 años después

Pablo La Ferrara —fotógrafo y sociólogo platense— acompañó a una brigada de ex combatientes durante una semana por las islas: impresiones, recuerdos, silencios, memoria, reivindicación y soberanía. Un antes y después tras gatillar y congelar momentos. Las Islas como recuerdo permanente y memoria presente.

Por P. Laferrara

Por P. La Ferrara.

Por Facundo Cottet*

“De a ratos les llegaba el zumbar de los aviones y el tableteo de la artillería del puerto. Era pleno día sobre el cerro. Tenían hambre, abajo, en el oscuro. Desde entonces, entre ellos, empezaron a llamarse “los pichis”. Así arranca uno de los primeros relatos sobre la Guerra de Malvinas; se llamó “Los Pichiciegos”, una novela escrita por Enrique Fogwill a principios de 1983, aunque clandestinamente el escrito comenzó a circular en 1982. Pasaron 30 años pero aquella herida y los vestigios de la guerra siguen latentes allá y acá, en las Islas y en la sociedad.

La Previa
¿Cómo surge la idea del viaje?

El viaje lo organiza Gonzalo Mainoldi, fotógrafo que dirige la escuela de fotografía QdlK, en función de un trabajo sobre Malvinas que venía haciendo desde hace 10 años. Me dice a principios del 2011 quién quiere ir. Yo no dudé ni un momento, este es un año histórico, son 30 años de Malvinas, 30 años de la guerra, casi 180 años de la usurpación, era un momento único. Cuando tuve esa oportunidad me mentalicé para viajar y era como un sueño; fuimos en febrero de este año y no terminó el viaje. Sigue en el corazón, en la cabeza, seguimos de viaje

¿Cómo fue la preparación personal?

Todo el periodo anterior al viaje fue como de búsqueda de información, de lecturas, de películas, de entrar en la cuestión Malvinas; con algunas herramientas que tenía de la sociología. Empecé a hacerme algunas preguntas, a leer algunas cuestiones, no era un conocedor de la cuestión Malvinas. Tuve que hacer un esfuerzo para iniciar una búsqueda de materiales de fotos, de videos y demás para empezar a pensar qué era Malvinas.
En Febrero fue cuando enviaron al príncipe de Inglaterra a las islas a entrenarse militarmente.
Sí, hubo una serie de tensiones; estaba el principito con su helicóptero haciendo pruebas militares, se anunciaba el envío de un submarino nuclear que llegó hace unos meses y el buque de guerra que también llegó. Nosotros estábamos acá, muertos de miedo, con anuncios de suspensión de vuelo o algo parecido a eso. Era todo como muy raro pero siempre con las ganas de ir, a pesar de todo eso que venía pasando a nivel político, diplomático.

Las Islas

Contame la llegada a las islas…

Primero tenés que ir a Río Gallegos, te quedas un día ahí; es una ciudad muy desolada, con un viento muy frío, construida sobre una meseta, muy extraño el lugar. Al otro día de estar en Río Gallegos salís en un vuelo chileno a las Malvinas. Es un viaje de una hora y llegás. No es mucha la emoción; llegás a una base militar que es Mont Pleasant; una ciudad verde, militarizada y es la base militar más grande del atlántico sur. Hay misiles, armas nucleares, aviones de guerra y además de todo eso funciona como centro de diversiones de los isleños que van a ver cine, a jugar con juegos de teconologías. Es raro llegar a Malvinas y encontrarse con alambres de púas y aviones verdes por todos lados. Después uno sí se emociona.

¿Dónde se alojaron?

Para viajar a la isla hicimos contacto con un argentino que fue el que arma el circuito de traslado y alojamiento en la casa de una isleña que se dedica a recibir gente, es una casa grande simple sencilla. El trato era mínimo, se limitaba a hola y chau y si queríamos desayuno con fritos y demás. El último día nos quería hacer dormir en el fondo de la casa, debajo de un árbol porque venía un isleño a instalarse unos días, fue como medio raro. Mandamos al contacto nuestro a que le diga que no y lo entendió. El fundamento era que venia gente inglesa y teníamos que ir afuera.

¿El trato con Isleños cómo era?

La tensión diplomática se traducía en la calle, en el trato que tuvimos con los isleños; nunca fuimos bienvenidos. Los argentinos son invasores, ese es el recuerdo que tienen de la guerra a 30 años. Para ellos el fin de la guerra, el 14 de junio, es el día de la liberación; entonces, por ser Argentinos y por todo el contexto, fue muy difícil el trato con los isleños. Hubo agresiones verbales, algunas corridas en la calle. Nos echaban de los bares o de algunos lugares a los que íbamos de compras. Era bastante agobiante el clima y relacionarse con los ingleses que ya de por sí son bastante fríos y hostiles. Si bien el clima de la isla ya es hostil, es duro, por el viento, por el frío, se hace más difícil relacionarse con los Kelpers aunque ellos se dicen Isleños o Falklander,

¿Cómo es la organización de la sociedad?

Hay un colegio secundario, una cancha de fútbol. Los pibes estudian ahí, otros se van a Londres a hacer la universidad y no vuelven. El pueblo es chico hay, hay un hospital, una iglesia grande, construida en el siglo XIX. Muchos bares con miles de marcas de cervezas, bares que abren todo el día. Hay una gran zona portuaria que recibe cruceros de todo el mundo Puerto Argentino es un pueblito bien ingles, cuidadito. Hay partes que están medias abandonadas pero la imagen típica son las casitas de maderas, típicas.

¿Hay argentinos viviendo?

Sí, hay 40 argentinos. Son argentinos que han logrado adaptarse al estilo ingles, apoyando políticas colonialistas; no dicen Malvinas, dicen Falkland, la pasan bien con los subsidios y los trabajos que les dan los ingleses, por eso se quedaron en esa isla usurpada

¿Qué opinan lo isleños de la autodeterminación?

Hay varias posiciones con respecto a la política de Malvinas. Están los que apoyan la política militar proteccionista de Londres que son los que apoyan a Cameron, reciben los buques militares con alegría y manifiestan este apoyo a esa política de militarización del atlántico sur. Hay otra postura que es el de la autodeterminación, que coincide con esto de apoyar a Cameron pero en principio no puede funcionar nunca porque la isla está usurpada. Los isleños son ingleses trasladados desde la usurpación y ahora está naciendo la posición de considerar a las Islas como un territorio autónomo, independiente de Gran Bretaña. Pero es una posición que están construyendo y no sé qué viabilidad tiene. Lo cierto es que es una colonia que reclama el principio de autodeterminación que no funciona y es contradictoria porque los isleños reclaman ese principio y las autoridades principales llegan desde Londres en avión. Las elige la reina, las saca la reina cuando lo determina necesario. No eligen sus autoridades, eligen 3 ó 4 concejales que no tienen la autoridad que tiene el gobernador de las islas.

La guerra
¿Fuiste con ex combatientes?

Tuvimos la suerte de coordinar el viaje con la Decima Brigada que son ex combatientes de Malvinas que dejaron a tres de sus compañeros en la Isla, tres de ellos murieron en la guerra y están sepultados en el cementerio de Darwin. Nos conocimos ahí y por suerte ha quedado un lazo muy fuerte del viaje que no terminó, que sigue. Y estar con los ex combatientes fue fundamental; ellos tenían los relatos, las historias, conocían los lugares, reconocían sus posiciones, sus pozos. Algunos pozos los encontraron, se sacaron fotos y a cada lugar íbamos acompañados de esos relatos. Sino hubiese sido bastante difícil de entrar en un clima de Malvinas, hubiera sido bastante difícil estando solos conocer qué había pasado en el territorio

¿Se encontraron con elementos de la guerra?

Hay un montón de vestigios de la guerra que han quedado; desde balas, hasta cañones o helicópteros. Han quedado ahí después de 30 años, vimos un helicóptero cerca de un monte. Cartuchos de balas de fusil en Monte London. Hay agujeros en la tierra que son los bombazos que desde el mar o el aire tiraban los ingleses durante la noche y hay enterrados en la trinchera, como supo encontrar uno de los ex combatientes, papeles de caramelos. Fue muy fuerte ver papeles de caramelos, yo tengo 35 y a los 5 años comía ese caramelo que ahora estaba ahí.

¿Cómo es el Cementerio Darwin?

Queda a 90kilometros de Puerto Argentino que es la capital de la isla, se llama Puerto Stanley, nosotros le decimos puerto argentino y para que te des una idea la base militar Mont Pleasant que a donde llegas, es 10 veces más grande que el pueblo. Las Islas Malvinas son prácticamente una base militar con civiles para legitimar ciertas políticas coloniales. Darwin queda a 90 kilómetros de Puerto Argentino, es un viaje largo por camino de ripio. Está ubicado en el medio de un lugar desolado. El cementerio fue reformado hace unos años, pusieron unas paredes de mármol y tiene unas cruces blancas de maderas con unos collares. El viento golpea los collares con las maderas y es fuerte estar ahí, sabiendo que están los soldados que dejaron la vida. Cuando fuimos con los ex combatientes, ellos fueron a rendir un homenaje a sus tres compañeros que se quedaron ahí para siempre, custodiando. Fue lo más impresionante del viaje. Nadie habla en ese lugar, todos nos callamos y se escucha el viento y los rosarios que pegan en la madera de las cruces y es fuerte, ese sonido de los rosarios pegando contra las cruces y el viento no te olvidas más. Ahí se dio una situación particular porque en ese momento sacamos las banderas de Argentina y a los 5 minutos cae un jeep militar con unos ingleses militares para vigilar desde una loma. Fue como bastante extraño porque nunca los vimos salir de ningún lado; ellos controlan y vigilan todo el tiempo. Se guardaron las banderas y a otra cosa.

Fotos de viaje
¿El viaje cambió tu búsqueda fotográfica, qué decir en una foto?

Este viaje fue útil para entender la fotografía como un testimonio, como un hecho político y una forma de poder vincular algún hecho con nuestra historia, con nuestra memoria con la identidad. La cuestión Malvinas ha sido tan silenciada desde el primer momento por los militares como también por la sociedad civil. Ese silencio fue costoso tanto en los soldados que volvieron, que no soportaron el silencio y tuvieron que elegir entre vivir o morir y también para la sociedad; es una herida que sigue abierta. El viaje fue fundamental para comprometerme con la fotografía, no tengo muchos años en esto. Me sirvió para darme cuenta de una serie de cuestiones.

¿Qué opinión tenés de la causa Malvinas?

Se han dado pasos de relevancia histórica en cuanto la legitimidad del reclamo sobre Malvinas y esto está reflejado en los apoyos que ha conseguido el reclamo. Actualmente se puede decir que Malvinas es una causa latinoamericana apoyada por gran parte de la comunidad internacional. Esto permite volver a malvinizar, volver a pensar Malvinas, volver a indagar sobre una herida silenciada, ocultada, una herida de un gobierno terrorista. Volver a hablar, pensar o fotografía o lo que sea sobre Malvinas. Es plantear el tema de la memoria, de la soberanía, de la verdad, de la justicia.

¿Volverías?
Sí, tal vez si. No sé si el año que viene pero volvería. Volvería a visitar lugares que no vi y a estar ahí otra vez, haciendo nuevas fotos. Este viaje me sirvió para repensar la fotografía como un medio, como una disciplina, testimonio, un documento de identidad. Tendría que volver a las Malvinas y si tuviera que volver volvería para buscar las fotos que no encontré en ese viaje. Fue un viaje de dejarme sorprender un poco por un lugar desolado, usurpado, sorprenderme por esa sensación.

*Periodista, redactor y productor radial de la ciudad de La Plata.
**Nota publicada el 23 de octubre en el sitio www.letrap.com.ar.

(de la edición Aniversario 1, noviembre 2012)

Belleza

Belleza

Por Sirob Orys

Caracoles místicos…
sus colores son canciones del mar,
y dibujan, siempre cambiantes,
extraños continentes en la arena.

En eso se asemejan a ti, belleza.
¡Nunca la misma ! ¡Siempre otra forma !
Yo aún te persigo, nueva esencia.
Estás más allá de los mundos…

¡Oh, belleza ! ¡ Maldita belleza !
Te asomas y te vas antes que te bese.
¡Oh, belleza ! ¡Despiadada belleza!
Te paseas desnuda, disfrutando ser reina…

Una sucesión de demoras se congela
y me hace presenciar la perfecta fábula silvestre.
Ya jamás necesitaré de más nada…
Ahora poseo la fórmula y el viaje.

20x30.

El viejo del bondi

Por Thomas Gianandrea*

Lo vi subir y lo seguí con la mirada. No lo conocía, de hecho sigo sin saber quién es, e imagino que nunca sabré quién era o quien fue. No sé bien por qué lo observé; quizás como un pasatiempo —acaso yo también acababa de subir— además, suelo hacer ese tipo de estupideces como también planear mi vida perfecta cuando viajo en bondi. Pagó con monedas —creo— su boleto porque no lo vi sacar ninguna tarjeta y se sentó en el primer asiento libre que encontró del lado del pasillo. Quedamos cruzados; yo iba apoyado contra una ventanilla en uno de esos lugares reservados para personas discapacitadas. Iba, venía o se encontraba trabajando porque en sus manos sostenía un maletín que no largó en ningún momento del viaje. O quizás andaba haciendo algún trámite. O nada. O acababa de resucitar como yo. Quién sabe. Las marcas en su cara delataban unos 65 años, o por ahí.

Camisa a cuadros grises, azules y blancos, jean oscuro y zapatos negros. Vaya si lo observé, y aún no se por qué, o si sé; mi condición de periodista e investigador empedernido de historias y aventuras me obligaron a hacerlo. Viejo zorro, pensé, al notar que pispió de arriba hacia abajo a la muchacha 40 años menor que él, que estaba sentada a su lado. Viejo chusmo, me dije luego, cuando le clavó los ojos a la plaqueta digital y al Blackberry que sacó la señorita de su cartera. Pero a su vez debo admitir que su cara de ¡Mirá vos lo que usan ahora los pibes!, me hizo largar una carcajada, leve por cierto que ni yo mismo note.

Dio un salto de caballero español y porteño nocturno —¡Galán! le grite con los ojos y hasta me dieron ganas de abrazarlo— para darle paso a la muchacha que se disponía a descender del colectivo. Y otra vez la pispió por completo. Zorra nomás, me convencí. La señorita se calzó su mp4, bajó del bondi y se perdió en la primera esquina, pero el viejo clavado en su asiento la siguió con sus ojos saltones fijos en ese aparatito que segundos antes la jovencita se había puesto en sus orejas. Y sí, además chusmo, afirmé.Qué lindo es conocer un viejo zorro y chusmo cuando uno acaba de resucitar, me dije.

*Lobense, estudiante de Periodismo Deportivo en DeporTEA. Editor del blog www.lobosathleticclub.blogspot.com

Foto de portada por Jimena Rodríguez.

(de la edición Nº 11, septiembre de 2012)

Imagen del último B.A. Rock (1982), por Charlie Piccoli.

La sutil potencia del rock en tiempos golpistas

El foco estará puesto en la relación entre dictadura y rock argentino, emergente expresión artística-cultural. Esa época fue el incómodo y peligroso escenario en el cual el rock creció y se desarrolló tras sus primeros pasos a mediados de los años ’60.

Imagen del último B.A. Rock (1982), por Charlie Piccoli.

Imagen del último B.A. Rock (1982), por Charlie Piccoli.

Por Mauricio Villafañe*

La histórica lucha de las organizaciones populares junto a la voluntad política de un proyecto de gobierno que viene cambiando la historia hace 10 años han vuelto al mes de marzo un hito de la memoria a través de la conmemoración del hecho más significativo de nuestra historia reciente: el golpe de Estado dado por una junta militar irresponsable y genocida en alianza con importantes y poderosos sectores civiles. El innegable peso del tema sumado a la necesidad de no olvidarlo y de habilitar nuevos caminos para su tratamiento hacen al motivo de este viaje. El foco estará puesto en la relación entre dictadura y rock argentino, emergente expresión artística- cultural que no para de nacer y re- nacer. Son, dictadura y rock, términos antitéticos según Sergio Pujol . Sin embargo, esa época fue el incómodo y peligroso escenario en el cual el rock crece y se desarrolla tras sus primeros pasos a mediados de los años 60. Pareciera como si lo siniestro de la dictadura convierte al rock en una sutil potencia… Ahora, de acuerdo con Pujol, el rock “no fue sistemáticamente perseguido por le gobierno que irrumpió en el 76” (pág. 10).

De esto se puede deducir que la potente sutileza rockera de mediados de los años 70 se vuelve, involuntariamente o no tanto, una estrategia de supervivencia ante un escenario represivo y criminal inédito. ¿Es posible que esta provisoria explicación sustente el relativamente menor hostigamiento que sufrió nuestro rock respecto a otras expresiones como la literatura? Los artistas y el mundo del rock zafaron, escapando, con letras y músicas, a la mentalidad y al accionar reaccionario, simplón y oscurantista de los conservadores censores y represores del régimen cívico- militar.

El rock puede entenderse como parte de un entramado cultural más amplio que se podría caracterizar como contracultural. Esa suerte de estado del alma, a su vez, se puede enmarcar en una dinámica cultural liberadora y expresiva que venía de todo un cambio de época que se empieza a vislumbrar en los años 60: los hippies del amor libre y un estado de movilización a escala global que tiene como puntos altos a la descolonización de África, la oposición a la guerra yanqui contra Vietnam, la desestalinizacion en el mundo soviético, el Mayo francés, la vigencia y ejemplo de la Revolución cubana, el triunfo de Salvador Allende y la Unidad Popular en Chile, el Concilio Vaticano II y el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, la opción por la lucha armada por parte de las organizaciones populares latinoamericanas para enfrentar a la violencia golpista desde arriba.

Respecto a lo que pasaba acá, la coronación, en nuestro país, de la lucha de la mayoría del pueblo argentino por hacer retornar, tras 18 años de bombas, fusilamientos, traiciones y proscripciones, al peronismo al poder. Es toda esta realidad y este tiempo de liberación, esperanzas y sueños cumplidos el que se corta definitiva y abruptamente la fría mañana del 24 de marzo de 1976 aunque ya desde 1975, triple A mediante, el terror aparecía en el horizonte que terminará concretando de forma acabada el golpe del 76.

No hubo a partir de este momento quemas públicas de discos o rockeros desaparecidos. Hubo en el rock un grado de represión relativamente menor aunque esto no exime a que tanto los músicos como los pibes y pibas del rock tengan que soportar los abusos de fuerza de las razzias policiales ni la persecución o el estigma de “putos-comunistas-raros” así como también el rechazo y/o la indiferencia general. Pero el rock, a través de sus geniales e inmortales artistas, bandas, obras y publicaciones del palo supo (como pudo), atravesar la oscuridad dictatorial que pregonaba el conservadurismo más cerrado y un falso y estrecho nacionalismo. Todo esto volvía al rock y a sus circunstancias (pelo largo, sonidos “raros”, volumen alto, jeans gastados, letras contestarias, personajes “sospechosos”, algunos consumos…) un “elemento de disolución del alma occidental y cristiana” que supuestamente existía y que supuestamente venían a salvar los milicos dictadores del 76, asesinos repudiados y condenados por la justicia constitucional y por el conjunto del pueblo argentino, hoy.

En esta dinámica cultural persecutoria tiene el rock que sobrevivir para llegar a 1982 con un cambio de escena: la guerra de Malvinas. La persecución cesa y el rock se vuelve, para el establishment, una referencia de argentinidad. Pasa a ser un objeto de difusión masiva por todas las radios como parte de la estrategia de legitimación de una guerra pésimamente decidida y ejecutada (a pesar de ser su objetivo legítimo y justo, la recuperación de nuestras Malvinas).

Esta maniobra de manipulación es muestra de algo ya dicho: la torpeza de los represores frente al rock como fenómeno artístico y cultural evitó, relativamente, que éste fuera considerado un “elemento subversivo” primordial. La misma torpeza es la que los lleva a hacerlo un objeto de culto casi en el contexto de la guerra.

El rock argentino en tiempos golpistas se vuelve, por su postura rebelde, contestaria y liberadora, un baluarte contra todo un imaginario que impregnaba a buena parte de la sociedad argentina. Y todo ese desafío tenía un costo: la persecución, la estigmatización, la incomprensión o la indiferencia en el mejor de los casos. Sobre la guerra, León dice, reza, que no le sea indiferente, que es un monstruo grande y pisa fuerte. Charly nos pide que prendamos la luz, por si los brujos (como López Rega, autor intelectual de la triple A) piensan en volver a cagarnos el camino. Y Pappo, sin vueltas, suelta que es menester que sea rock. Larga vida al rock, entonces, y juicio y castigo a los represores de ayer y a los corruptos que mataron a los pibes y pibas en Cromañón.

*Lobense, estudiante de Profesorado de Historia de la UNLP.
**Pujol, Sergio. Rock y dictadura. Crónica de una generación (1976- 1983). Buenos Aires, Booket, 2007

(de la edición Nº 17, marzo 2013)