Arrogantes

Arrogantes

Por Poyodelobos@

Aturden a la inocencia con filosas palabras,
atravesando un puño si al caso murmura,
atragantados con plomo escupen culpables,
abominables, arrogantes…

Aplastan , atemorizan,
agonizan sus almas de fuego agonizan,
arman metáforas catastrales que descreen,
anegan de pestes las fuentes recién nacidas,
angustian…

Aprietan sus puños ansiosos, adueñándose,
¡Esclavizan!
esbelticos , exterminan, estrangulan
empujan espaldas,
entes estereotipados… Estorban,
insolentes, impiden…

Impúdicos, impostores,
ineptos, infructíferos, inadecuados,
irritan…

Infeliz infierno imponen…
Oprimen culturas…
Ociosos, obscenos se muestran,

Usureros, ultrajan, usurpan
hurgan, urden, ufanos,
ultiman…

(de la edición Nº 19, mayo 2013)

Riachuelo

Al Riachuelo

Por Poyodelobos@

¡Oh! Riachuelo, regalame un sueño…
con esa fuerza pura que puedes contener estrecho
la fobia descartable, el oxido de los pueblos,
los miseros descartes frenos del tiempo,
suave danzar que sabe aroma fétido,
remolinos que arrastran historias de hierro,
surcos de tinta, en pliegues de acero…

¡Oh! Riachuelo, te deben respeto,
es tu cauce en río que contiene sus miedos,
sin desbordar crecidas, recibiendo sin peros…

¡Tan crudo poder extirpó tus derechos!
malogrando la vida,
tus calles de helechos…

¡Oh! Riachuelo regalame un sueño,
tiznar del rio eres,
tiznar puedes hacerlo…

(de la edición Nº 19, mayo 2013)

md mosquito en viaje

Producción industrial de alimentos vs. Soberanía alimentaria

Es grande la posibilidad que no tengamos una cabal idea de lo que significa esta cuestión. Es muy posible que nuestras generaciones, no estén siendo conscientes del impacto que los cambios tendrán sobre muchas vidas y sobre el hogar que a todos nos resguarda. 

Por Federico Montero*

El medio donde vivimos fue tomando forma a lo largo de más de 4.000 millones de años. Lo casual o deliberado que resultó ser la posición de la Tierra, relativa al sol permitió el estado líquido del agua y la formación de la atmósfera entre otras cuestiones elementales para la existencia de la vida, la cual la humanidad conoce tan sólo hace 200.000 años. La primer gran revolución en la humanidad fue precisamente de la mano de la agricultura, o sea, de la relación del hombre con el lugar que lo cobija, le da alimento y le permite tener progenie. Hace tan solo 10.000 años el hombre pudo domesticar animales y controlar los cereales multiplicando sus variedades, permitiendo excedentes de producción, lo que dio paso a la fundación de las primeras civilizaciones y ciudades.

Hoy día, la agricultura sigue siendo el principal oficio de la humanidad empleando a la mitad de la misma. Sin embargo, resulta notorio el cambio drástico que venimos llevando a cabo sobre nuestros suelos, aire, agua y la biodiversidad en los últimos 100 ó 200 años, apenas. Si bien la utilización de combustibles fósiles tuvo mucho que ver, más impactante resulta tomar conciencia de la poca prudencia que notoriamente se demuestra en el manejo agropecuario de las últimas décadas.

La llamada Revolución Verde en la agricultura, es parte del proceso por el cual el capital fue consolidándose y globalizándose exponencialmente luego de la década del ‘60, puede leerse como un copy-paste de lo que significó el pasaje a la producción fordista/taylorista en la industria, pero esta vez aplicado a la producción alimentaria mundial. Una vez más, acompañado particularmente a condicionar el desarrollo de las economías de producción primaria, en favor de las economías centrales. Así también dentro de cada mercado: concentrando la generación de valor en cada vez menos manos. Fuimos dejando atrás los paisajes de producción heterogénea.

Formatos productivos que hacia el interior se podían ver, plasmar en la postal de la familia abocada al trabajo agropecuario, asentada en el ámbito rural, criando sus animales, cultivando sus tierras y vendiendo sus excedentes. El plan diseñado fronteras afuera, en los centros de poder mundial tenía ya una clara dirección en pos de apropiarse y mantener dentro de sus fronteras la generación primaria de valor en esta cadena productiva. Una vez más, gracias a la concentración biotecnológica y a la formulación, diseño y producción de agroquímicos, las economías centrales logran dominar el nuevo formato de producción que fue cambiando totalmente nuestras vidas en las últimas décadas. Apenas diez corporaciones concentran la producción biotecnología de semillas, fertilizantes y herbicidas.

Hoy no sabemos, e incluso nos resulta muy difícil poder discernir sobre cómo se producen realmente los alimentos que llegan a nuestra mesa y cuáles son los efectos que este tipo de producción tiene sobre nuestra vida y sobre las de los que aún están por venir al mundo.

La información no abunda, pero la urgencia sí

En 1996 comenzó la masiva utilización de los patentamientos de Monsanto en los cultivos en base a modificaciones genéticas de las semillas de soja, maíz y algodón en Estados Unidos. Argentina resultó pionera en la materia, otorgando también en 1996 la licencia a Monsanto para comercializar la soja RR. Pasaron casi 20 años y en contraste, aun la Comunidad Europea no se atrevió a avanzar en este sentido habida cuenta de la falta de investigaciones concluyentes en varios aspectos críticos que hacen a la adopción de una tecnología que tiene impacto directo sobre la vida y alimentación humana.

Existe una deliberada forma de mantener dispersas y ocultas las verdaderas causas por la cual la gran parte de los países y gobiernos del mundo aun guardan recelo y desconfianza con este modelo tecnológico.

Pueden enumerarse gran cantidad de hechos significativos que fueron ocurriendo durante los últimos 30 ó 40 años desde que comenzó esta transformación:

1-Fue aumentado progresivamente la aplicación de herbicidas que finalmente fueron prohibidos por sus probados efectos nocivos sobre la vida (El caso del endosulfan por ejemplo).

2-Se documento exhaustivamente la relación directa entre las fumigaciones y el aumento de diagnósticos de cáncer. (caso Ituzaingo, Cordoba).

3-Se documentaron también defectos de nacimiento en recién nacidos en áreas fumigadas del Chaco argentino y en el Paraguay.

4-Mientras la cantidad de herbicida que se aplico en cada cultivo se duplico desde 1996, ya se contabilizan un total de 23 hierbas que lograron generar resistencia al glifosato.

5-En 2011 Dow Agrosciences reporta al USDA que aproximadamente 2/3 de la superficie destinada a soja y ½ de la de maíz ya están infectadas con una hierba resistente al glifosato.

6-En 2012 el USDA (Departamento de Agricultura de EEUU) estima que entre ½ y 1/3 de la superficie total destinada a cultivos ya se encuentra afectada por una o más hierbas que han generado resistencia al glifosato desde que comenzó a aplicarse masivamente en 1996.

7-Numerosas investigaciones documentan aumentos de susceptibilidad ante hongos e insectos por parte de los cultivos genéticamente modificados. Susceptibilidades que no presentan sus antecesores no modificados.

Seguramente no será la primera vez que se crea la enfermedad, para luego vender el remedio. El modelo productivo que se montó a escala global, es decir, países productores abasteciendo de granos para engorde de ganado en los países centrales, tiene impacto directo en las economías locales y particularmente en nuestros hogares

¿Podemos decir que la carne, las hortalizas y las frutas que llevamos a nuestra mesa, tienen mucho que ver con la que nuestros padres o abuelos llevaban a la suya? ¿Sabemos cómo la producen o si lo que comemos puede tener efectos sobre nuestra salud? ¿O sobre nuestros genes o la capacidad y calidad reproductiva de las generaciones venideras? ¿Conocemos realmente las consecuencias sociales, ambientales y territoriales que genera el modo en que producen nuestros alimentos?

Una de las cuestiones más importantes es quizá que esta no es una discusión que deba darse exclusivamente en ámbitos urbanos como se viene dando. Trabajando desde muy chicos, con enorme esfuerzo, típico de pequeños agricultores familiares de aquel entonces, mi abuela de casi ochenta años nació y se crío en campos de Durazno, Uruguay.

El año pasado, al fallecer mi abuelo, la traje a Tilita a pasar unos días en la chacra, ocasión que dio paso a sucesos interesantes que quisiera compartir. Me ayudó a dejar la quinta en mejor condición de la que podía imaginar, supo dar pautas de manejo que ni el INTA está en condiciones de dar. Ayudó también con las ovejas, dándome consejos de práctica que solo alguien tan criado a capón de oveja como mi abuela podía conocer.

Fue en esos días que se dio la ocasión que tenía que pasar por un feed-lot vecino para entrevistarme con su dueño. Fui acompañado por mi abuela en esos diez tortuosos minutos donde el olor y todas las consecuencias lógicas del encierre no eran el problema. El drama pasaba por ver el llanto y la plena bronca de su indignación. Criada ella en la pobreza, no podía soportar la cruda realidad de cómo estaban siendo criados esos animales en esta época tan abundante en comparación. Justo a ella que poco máas de 70 años atrás mientras las yuntas de bueyes eran llevadas por sus hermanos varones en la labranza diaria, a ella le mostraron como se crían sanos los animales, manejando los pastos y labrando los cultivos de hortalizas.

Sus imágenes atesoradas de las vacas y novillos comiendo en pastizales y bosques naturales cerca de los arroyos o en los montes en las lomas de Durazno, se vieron enfrentadas a la convivencia de la materia fecal con la carne que engorda y se cría para consumo humano. Resultó notoria su sensibilidad al respecto de cómo debe vivir un ser vivo que al fin y al cabo significa el alimento que ella, sus hijos y nietos consumirán.

Su testimonio, su pensamiento y sus lecciones son de gran importancia y valor para que nosotros podamos discernir frente al discurso homogéneo de los tecnócratas de turno que suelen escupir el paupérrimo argumento: ¿Y cómo le vamos a dar de comer a 6 mil millones de personas en el mundo?

Cada vez son más quienes reclaman a viva voz que se respete la calidad de los alimentos con los que abastecemos la mesa en la que servimos a nuestros hijos y es uno entre varios reclamos urgentes que se están poniendo sobre la mesa.

No son reclamos que puedan enmarcarse en el “ambientalismo” ya que es nuestro carácter humano el que está en juego y resulta una obligación perentoria para las generaciones concurrentes el hacer algo al respecto en pos de la simple pero compleja tarea de animarse a intentar dejar un mejor futuro a nuestros hijos. Debemos recordar que no somos la última generación que habita la Tierra.

*Encargado de Cabaña Los Teros de Las Chacras.

(de la edición Nº 19, mayo 2013)

Un oso en el subte 2

Un oso en el subte

Por René Catto

La ciudad los encontró transpirados y pegoteados. Era un viernes intranquilo en Capital Federal. Después de caminar varias cuadras por Corrientes, cruzaron el obelisco y compra de agua mineral mediante, decidieron bajar a tomar el subte que los dejara cerca del estadio. Pasaron los molinetes y se quedaron debajo del resplandor aéreo de un ventilador con colores Pro. Se miraron como diciendo qué locura esta jungla de cemento y sintieron el ruido atronador de la máquina que se acercaba con prisa. Al parar, toda la masa humana desesperada corrió a pasos cortos dentro de un embudo que se repitió en cada puerta. Se separaron. El mayor logró entrar.

Apretado intentó girar para ver a su compañero, pero el sonido de la chicharra lo desconcentró y pensó en el problema que se meterían si perdía ese viaje: encontrarse entre la muchedumbre, indicar la vuelta, estación, esquina, calle, avenida y altura. Volvió de pronto y respiró insatisfecho, hasta que sintió un empujón y otro y ya se parecía un scrown lento, tomado por sorpresa. Se miró con la chica que tenía a un centímetro de su hombro y entre los dos no encontraron explicación.

Sonó la tercera chicharra y fue ahí donde a modo de avalancha, la masa avanzó poco más de un metro por persona en un vagón de seis por tres. El calor se condensó como una ola y la puerta se cerró. Le sonrió despreocupado y su compañero le devolvió el gesto mientras miraba el escote de una señora de no más de cuarenta y cinco, bien cuidada —coqueta como diría una prima— que lo pechaba sin remedio.

Diez estaciones más tarde, se unieron. El mayor le palmeó una rodilla y le habló despacio mientras se peinada en la ventanilla de enfrente. En el pasillo, un cantor de tangos sumaba monedas de reconocimiento.

—Ya estamos. En media hora estamos entrando, manso nomás.
—Si, pueda ser —respondió el compañero acomodando su celular por encima del pantalón.

La última parada pareció eterna, no llegaba más. El calor era una constante soportable dos metros abajo, pero nada esperanzaba la pendiente en un ascent interminable. Cuando subieron las escaleras continuas al paisaje de la avenida Congreso de Tucumán, el cielo estaba un poco más cerca y anormal, grisáceo. Ruidos de autos, motos y colectivos. Gente caminando apurada y un pucho como excusa de una entrada a boxes para cambiar oxígeno.

—Ya falta menos, oso.
—Sí, no doy más te juro.
—Un caos la ciudad un viernes en hora pico. Imagínate el mismo trayecto todos los santos días de tu vida, después de ocho horas de laburo, con ganas de llegar y un calor que te raja al medio de insoportable. Te la querés cortar, oso. Decí la verdad, hermano. Vos te derretís como un bubbaloo a las tres horas, escúchame. In-vivible esta ciudad de mierda. Todo el mundo con cara de orto. Te empujan, no preguntan, manguean.
—Sí. Un quilombo el subte, cabeza.
—Claro. Imposible relajar el momento de llegar a casa. Y en invierno, te la querés cortar. Cómo puede ser que haya miles de tipos que sueñan con patear estas calles.
—Sí. Mucho calor y todos apretados. Sí. Un frío…
—¿Viste en el subte? empujaron de lo lindo, eh. No sé qué eran, esos osos.
—Fui yo, cabeza. Fui yo.

(de la edición Nº 19, mayo 2013)

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La democracia que supimos conseguir

A 40 años de la asunción de Cámpora al Gobierno (y Perón al poder), recuperamos otro sentido del 25 de mayo. Aquí, las vueltas de la democracia en un informe exclusivo. 

Por Mauricio Villafañe*

Se suele estar de acuerdo con que la “vuelta a la democracia” es una y se dio en octubre de 1983 con las elecciones que consagraron a Raúl Alfonsín, el último gran líder radical. Sin embargo es posible pensar en un par de “vueltas” más. Pero, para llegar a eso, primero hay que definir cuándo “llegó” la democracia para luego “irse” y poder “volver”. Y acá hay más certezas: si desechamos los años de “democracia simulada” del régimen fraudulento y oligárquico (1852- 1912), hay que reconocer que en 1916 con Hipólito Yrigoyen “nace” la democracia efectiva, real, en nuestro país. Elecciones limpias y abiertas que llevan a la presidencia al histórico líder popular radical.

De esta forma afirmamos, tras este hito fundamental, que la democracia “volverá” dos veces más antes de llegar al retorno definitivo de 1983: primero, en 1946, tras la larga década infame del conservadurismo y con Perón a la cabeza y, en segundo lugar, en 1973, hace 40 años.

El famoso sol del 25 asomó entonces para la democracia argentina, asomó para el peronismo combativo y resistente y para Héctor J. Cámpora presidente. Atrás quedaban largos y duros años de proscripción, represión y ensayos autoritarios y semidemocráticos, donde el pueblo argentino vio caer a sus luchadores mientras el imperialismo y sus aliados oligárquicos internos se hacían con el control del país.

De la “libertad” de 1955 a los “azos” del ‘69

La raíz de toda esta historia la encontramos en un episodio que se erige como la contracara de la democracia: un golpe de Estado. En septiembre de 1955 es derrocado el gobierno constitucional de Perón en nombre de una “revolución” civil y militar, con horizontes “libertadores” y “democráticos”. Antes de esta irrupción “libertadora”, bombardearon, en junio, a civiles indefensos en Plaza de Mayo. Da un poco de cosa el concepto y el precio de “libertad” de los golpistas…

El peronismo es reprimido y proscripto, los sindicatos intervenidos, los que resistían eran encarcelados y hasta fusilados. No es en vano sugerir “Operación masacre” de Rodolfo Walsh para echar luz sobre este tema. Un infame decreto dictatorial se proponía prohibir la sola mención del nombre de Perón y Evita y todo lo referente con el peronismo. El colmo del absurdo en que se fundan las atrocidades políticas de las tendencias gorilas y antipopulares en nuestra historia.

Lo que sigue es el intento “formalmente” democrático (y militarmente tutelado) de Frondizi, también derrocado en medio del enfrentamiento militar entre “azules” y “colorados”. Illia, del radicalismo del pueblo y en un nuevo ensayo semidemocratico, anula los contratos petroleros con empresas trasnacionales e impulsa una ley de medicamentos claramente beneficiosa para la industria nacional. La “lentitud” que le achacan periodistas pro- militares como Mariano Grondona, los planteos militares y el desgaste que le traía la proscripción del peronismo lo terminan volteando en 1966. Un nuevo golpe de Estado, la autoproclamada “revolución argentina”.

Onganía hablaba de objetivos, no de plazos. Sus delirios mesiánicos de “salvación” del país, en pleno auge de la Guerra Fría y de la defensa del Occidente cristiano contra el comunismo “apátrida”, se combinan con un proyecto económico de corte liberal. Ponía el eje en la “racionalización” y en la “modernización” tanto en sectores de producción como de servicios (ingenios azucareros, puertos, ferrocarriles) y en la transferencia de recursos desde los trabajadores, los sectores medios y el empresariado nacional hacia los grandes capitales trasnacionales concentrados. Las consecuencias, entre otras, fueron el aumento de la desocupación y el quiebre de pequeñas y medianas empresas. Las otras “patas” de su “revolución” eran la represión creciente y la censura, mediante los bastones largos que abollan ideologías y cabezas en la Universidad y en distintos sectores de la cultura y la vida privada de los ciudadanos y ciudadanas.

La respuesta a la ilegitimidad de un gobierno que no votó nadie se irá dando en distintos planos, emergiendo así experiencias políticas que se pueden englobar bajo el rótulo de “nueva izquierda” y que incluyen al peronismo en su “tendencia” combativa o revolucionaria. En el mundo sindical, sectores disconformes con la conciliación de la burocracia con la dictadura fundan la CGT de los Argentinos. Al mismo tiempo se comienzan a desarrollar, en el interior primordialmente, corrientes sindicales de izquierda, que tendrán en Agustín Tosco, líder de la CGT y de la seccional de Luz y Fuerza en Córdoba, a su máximo referente.
Un soterrado y finalmente abierto estado de rebeldía e insurrección popular espontánea atraviesa el interior del país (Rosariazo y Cordobazo fundamentalmente), sacudiendo el inmovilismo y el autoritarismo de la dictadura y, finalmente, apurando los tiempos hasta terminar eyectando a Onganía del poder. Un tal Levingston se hace cargo de la cosa al tiempo que el país entra a los años 70 en un estado de convulsión y movilización inédito.

Lucha armada y violencia de los de abajo

Las organizaciones político- armadas son un elemento fundamental de este tiempo. En funciones operativas desde fines de los 60, condicionaban el devenir de la dictadura, golpeando y acumulando poder popular. Entre las variadas acciones que realizaron podemos hablar de propaganda armada (difundir comunicados de denuncia y análisis, reivindicaciones y posicionamientos), expropiaciones de armas y dinero, reparto de leche y juguetes en barriadas populares, tomas de ciudades, ajusticiamiento de represores o burócratas… Entre las organizaciones podemos destacar a las peronistas Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y Montoneros, y la marxista ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo).

Expresaban el nivel más alto, para el momento, de lucha política y de resistencia al régimen dictatorial en particular y al sistema en general, propiciando una salida revolucionaria y socialista mediante la lucha armada y el trabajo político en los “frentes de masas” (sindicatos, organizaciones estudiantiles, locales barriales). Frente a la violencia brutal y organizada desde arriba por los sectores dominantes la respuesta será la violencia popular, nacida al calor del hartazgo, la resistencia y la rebeldía pero también del compromiso social y político de buena parte de la sociedad argentina.

“Ya van a ver/ vamo´a volver/ todos unidos como en el ‘73”

Este escenario, de múltiples y complejos frentes, obliga a la dictadura a poner al frente a su mayor exponente, el general Alejandro Lanusse, y a poner en marcha el “tiempo político” por años postergado al convocar a un Gran Acuerdo Nacional (G.A.N.), nombre elegante que toma la salida electoral oficial en pos de descomprimir las tensiones acumuladas que la misma dictadura se fue generando. Al deterioro de la situación económica y social se la sumaba una creciente, constante y “perfeccionada” represión sobre la lucha y resistencia popular. Esto se puede ejemplificar en la llamada “masacre de Trelew” cuando 16 compañeros presos políticos son fusilados en la base naval Almirante Zar, en agosto de 1972.

La novedad que traía el lanussismo y su G.A.N. era el levantamiento de la proscripción del peronismo, esperando que, de esta forma, Perón condene el accionar de la guerrilla que actuaba en su nombre. Pero será el jefe del movimiento justicialista, desde su exilio en Madrid, quien disponga de los tiempos y formas en que el G.A.N. se cumplirá.

A tal fin relevará a Paladino, su conciliador delegado personal en el país, por Cámpora, leal militante peronista de la primera hora, y alentará a las llamadas “formaciones especiales” del Movimiento (las organizaciones político- armadas) a presionar y socavar el margen de maniobra del dictador y de su régimen.

La lucha popular no da tregua: la militancia y el compromiso rescatan y revalorizan la política, concretando el sueño de tantos años y de tanta sangre derramada bajo el lema de “Luche y Vuelve”: el retorno, en noviembre de 1972, de Juan Domingo Perón al país.

De ahí en más, los tiempos se ponen más vertiginosos aún: el lanzamiento del Frente Justicialista de Liberación (FREJULI), coalición de fuerzas que llevan la “bendición” del General y a Cámpora como candidato presidencial, y la intensa campaña electoral en el verano 1972- 1973, al ritmo de la Juventud Peronista y de su enorme capacidad de movilización y militancia, con vistas a marzo.

El triunfo, concretado en la asunción del 25 de mayo, ya ha pasado a la historia no sólo como un hito peronista más sino como una fiesta popular del conjunto del pueblo argentino. Se ponía en marcha un proyecto de reconstrucción y liberación nacional, finalmente trunco a partir de la muerte de Perón y el golpe de 1976.

Volviendo a mayo de 1973: la Plaza colmada, las banderas de miles de compañeros, la Rosada abierta al público, los milicos abucheados, silbados y echados. Un pueblo que no claudicó en la lucha por ver una Patria liberada, que vio a sus luchadores caer presos, asesinados, bombardeados, y siguió digno, resistente, organizado. Un pueblo que retomó sus banderas más gloriosas para llevarlas a la victoria en un no tan lejano y jubiloso 25 de mayo de hace 40 años.

*Estudiante del Profesorado de Historia de la UNLP.

(de la edición Nº 19, mayo 2013)

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25 de mayo, ayer y hoy

A través de un pantallazo analítico sobre los caminos que condujeron a que el 25 se recuerde e invoque como una fecha con verdadero tinte símbolo, nuestro columnista despeja las dudas a la pregunta: ¿Qué festejamos en mayo?

Por Mauricio Villafañe*

Mucho se viene hablando en estos últimos años del 25 de mayo de 1810 y su conmemoración, con epicentro en el famosísimo festejo del Bicentenario de la Revolución de Mayo. Pero el pueblo quiere saber de qué se trata: ¿qué es eso del Bicentenario? ¿Qué festejamos o conmemoramos el 25 de mayo? Feriado desde siempre, revitalizado por un aniversario redondo, el 25 de Mayo tiene una honda significación en nuestra historia: en él se pueden rastrear los orígenes de nuestro proceso de independencia, formalmente declarada en el lejanísimo julio tucumano de 1816. Ni más ni menos.

Digámoslo de una vez: el 25 de mayo de 1810 se conformó lo que se conoce como “Primer Gobierno Patrio”, la Junta de Gobierno Provisional de las Provincias Unidas del Río de la Plata dado el derrocamiento del rey y la caída de la Junta de Sevilla en España por la invasión de Napoleón. ¿Qué significa todo esto? El primer paso (después de la resistencia porteña a las invasiones del Imperio Británico unos años antes) hacia nuestra autodeterminación, hacia nuestra independencia. O sea, la posibilidad concreta de decidir, por nosotros mismos, cuál es nuestro destino como pueblo y nuestro proyecto de país. No hace falta ser muy piola para darse cuenta que esta posibilidad está aún en construcción, lo cual nos desafía, para lograrla, en tanto somos parte del pueblo argentino.

Es el 25 de Mayo una fecha y, como tal, un símbolo. Los símbolos cristalizan significados más profundos y amplios. Y el significado que modestamente me gustaría resaltar en este lugar y en estos días, a la luz del próximo 25, es el de la soberanía. Hacía casi (o ya) 202 años se empezaba a cerrar el capítulo colonial de nuestra historia nacional y regional, dando paso a fragmentaciones y reacomodamientos espaciales que desde los albores del siglo XIX hacen a nuestras naciones.

Estos principios del siglo XXI son el tiempo de revalorizaciones de lo nacional y de integración latinoamericana. Y en estos tiempos de bicentenarios de fechas patrias ellas vienen a simbolizar no sólo un mero recuerdo del pasado remoto ni la ardua tarea de memorización de los integrantes de la Primera Junta como si el hecho de saberlos al estilo de “cómo formaba Huracán en 1987” nos diera alguna clave sobre nuestro proceso de independencia.

Nuestro 25 de Mayo, como símbolo patrio, viene a interpelarnos, entre otras cosas, sobre el entreguista pasado reciente nacional (última dictadura cívico-militar y años 90) y sobre la realidad de un presente que se compromete con efectivas aspiraciones democráticas, nacionales y populares y con reivindicaciones soberanas largamente anheladas.

He aquí otro primer paso, como lo fue el de 1810: la consideración del presente como la inexorable antesala para el trazado de un futuro de liberación, como se empezaba a imaginar hace ya más de 200 años.

*Estudiante del Profesorado en Historia de la Universidad Nacional de La Plata.

(de la edición Nº 7, mayo 2012)

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Aquel hombre, mi papá

Por Estefanía Bustos*

El cigarrillo nocturno, yace en el cenicero cristalino, consumiéndose en las horas del sueño que hace descansar a un padre querido.

Pestañas doradas, guardan sigilosas, un par de ojos aceituna que se han visto cansados de lucharle a una vida que no ha regalado nada. Boca reseca por el sol que ha dicho palabras sabias, que ha apelado bastas experiencias, que ha sosegado penas y ha enamorado almas. Voz fuerte que nunca calló, voz que en el recuerdo será inmortal. Y manos especiales…esas manos, ya no tan suaves, que dan calor, que confortan y dan caricias amables.

Hombre que no ha bajado los brazos aun cuando la marea era brava, aun cuando la suerte le daba la espalda. Un héroe, que los extraños desconocen, vive debajo de las ropas de trabajo, enseñando cada día a no temer porque lejos se puede llegar si tu corazón a tu cerebro se lo puede proponer. Ya dormido, descansa de los años que le han quebrado y reparado las alas afectándole el vuelo.

Verlo llorar, una vez, rompió mi corazón y entristeció mi alma cuando era pequeña… Saber que mis caricias no lo consolaban me desesperaba. Sin embargo ahora, escuchar su carcajada y sentir que el brillo de sus ojos me hace cosquillas en los pies vuelve los ocasos rosados revive los momentos que extrañaba. Y el misterio en su respiración es solo el pasado que exhala.

Hoy puedo pasar horas contemplando una fotografía en la que tu cara contente mis ojos… Ojos de una hija que creció y luchó a tu lado. No me preguntes por qué te miro así. Solo contame al oído que sos feliz y solo por vos, solo por mí el sacrificio no se verá en vano.

*(autora de Poesía ente, libro de poesías de pronta publicación en Lobos)

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Cambios en la Justicia

La denominada “Reforma judicial” aprobada hace días en el Congreso Nacional, incluye la sanción de seis nuevas leyes que cuentan con distintos objetos y alcances. Aquí, un repaso por los puntos fuertes de los proyectos.

Por Leandro Banegas*

De este modo se reforman las cuestiones relativas a: el ingreso de nuevo personal a Juzgados, la obligatoriedad en la presentación de declaración jurada de funcionarios públicos (incluyendo a jueces y funcionarios judiciales), la publicidad de las sentencias judiciales (su publicación en una página web), la ampliación de miembros del Consejo de la Magistratura, la creación de una nueva instancia en la Justicia Nacional y el límite de las medidas cautelares contra el Estado Nacional. Desmenuzando cada una de las normas se encuentra una seria lesión a varios derechos y garantías consagrados en nuestra Constitución Nacional. La más grave, flagrante e irreparable es el ataque deliberado a la división republicana de poderes.

Desde el colegio nos enseñan la más elemental y fundamental división del estado entre poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial, estableciéndose la total independencia de cada uno de ellos para mantener la salud institucional de nuestro país. Ahora bien, bajo el rimbombante título de “democratización de la justicia” el gobierno no hace más que borrar de un plumazo la independencia del Poder Judicial y atarlo a elecciones político-partidarias.

Con ello, la elección de los miembros va a ser por el voto popular conjuntamente con las elecciones presidenciales. Ello significa que no va a haber un control recíproco entre los tres poderes del Estado sino que la Justicia estará manejada y digitada por el poder político de turno. Dicho de un modo más simple, el poder político va a decidir quienes serán los jueces, su mantenimiento en el cargo y sanciones, generando un órgano judicial manejado a su antojo por la Presidente.

El mecanismo que lleva a esta dependencia anticonstitucional consiste en la ampliación de la cantidad de miembros del Concejo de la Magistratura (órgano hasta hoy independiente que decide sobre las cuestiones relacionadas con la organización de la Justicia) de los 13 actuales a 19, y que la totalidad de ellos sean elegidos en elecciones y representando todos ellos a un partido político. El partido que gane las elecciones tendrá entonces su mayoría en este consejo para manejar la justicia a su antojo.

Otra de las leyes impone el límite temporal en medidas cautelares contra el estado. Si bien de trata de una norma aparentemente ligada solo con la técnica jurídica, la misma tiene nombre y apellido: la causa Clarín. Luego de que por medio de una medida cautelar (sería una resolución que suspende los efectos de una ley hasta que la Justicia decida sobre el fondo de la cuestión) el grupo mediático lograra suspender la aplicación de la Ley de Medios, el Poder Ejecutivo remitió este proyecto por medio del cual el Estado Nacional no puede ser “victima” de estas cautelares por más de 6 meses.

Esta es otra barbaridad jurídica que viola los derechos de los ciudadanos al poner en un rango superior al Gobierno respecto de la gente común. Esto es que si la medida es contra el Estado la misma es limitada, mientras que si es entre particulares no existe limitación alguna y las cautelares pueden durar años.

Sin adentrarme en cuestiones jurídicas específicas ni en el análisis de las otras leyes que también son violatorias de la Constitución Nacional, se puede concluir sin temor a exagerar que esta batería de Leyes hiere gravemente a nuestra República. Si se mantienen en el tiempo estas normas ya no habrá independencia de poderes, ni igualdad ante la Ley, ni seguridad jurídica, y en definitiva los actos de gobierno no tendrán ningún tipo de límites.

En definitiva todo se circunscribirá a la caprichosa decisión del Presidente de turno (la actual y cualquiera que venga luego). Pero aún queda una esperanza: que la Corte Suprema de Justicia declare su inconstitucionalidad y con ello pueda encararse una seria revisión de esta norma hecha a medida para el poder político. En síntesis, se leerá lapidario pero es real: con esta reforma no hay justicia.

*Abogado, ex concejal de la UCR.

(Nota de opinión de la edición Nº 19, mayo 2013)

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Colecta solidaria por el Chaco

El domingo 26 de mayo, voluntarios de la Ong Todos son Inocentes Lobos, realizarán un evento solidario para recaudar fondos y alimentos para su próxima campaña de ayuda al Impenetrable chaqueño.

El evento se realizará desde las 18 hs. en la sede del club Los Naranjos (Sarmiento 356), con la participación de varios grupos de música locales, peñas, grupos de baile infantiles y más.

Según lo informado por miembros voluntarios de la ONG “en la entrada recibiremos los alimentos que nos donen. Disfrutaremos juntos de una gran jornada solidaria. Además, habrá servicio de cantina y con la entrada, sorteos con premios sorpresa”, anticiparon.

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Pensado y pasado en el pasado

Visitar el almacén de ramos generales de Mongiardini en Barrientos, es volver. Un paseo por su historia, las anécdotas del tiempo y el recuerdo capaz de hacer imaginar el desarrollo de un país en la lejanía de estas pampas. Texto: Félix Mansilla. Fotos: Nico B Mansilla.

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El almacén fue construido en 1945.

La estampa de una construcción del año ’45, se presenta detrás de muchos árboles de paraíso, tupidos, en clara distinción con el rojo de miles de ladrillos amurados al tiempo. El pasto cortado es un verde más verde a la sombra. Desplazados de forma ordenada, cinco troncos con respaldo hacen centro en una mesa de madera gastada por el agua del cielo.

La postal es la misma desde hace más de cincuenta años, cuando Hugo Mongiardini —más conocido como Purrete acá y en todas partes— junto a su padre y su hermano Pocho, compraron el almacén a la familia Maldonado de La Paz Grande, el 7 de noviembre del año 1956. El paraje Barrientos, data de los comienzos de siglo. Desde Salvador María, un camino de tierra de 15 km, desemboca en el paraje donde también se encuentra el Club Alumni. En años dorados de la Argentina, el boliche de Purrete era el centro. Cientos de peones de estancia y empleados de tambos, se alojaban en estas pampas, trabajadores que una vez al mes pasaban a comprar mucho y de todo. Familias enteras encontraban en el lugar, aquello que las quintas domésticas no producían.

Cientos de productos que encontramos hoy en cualquier supermercado, Purrete los tiene, pero con los precios marcados con lapicera Bic azul. El aroma del almacén es una mezcla de quesos frescos, verduras, tabaco y sogas sobadas en grasa buena. Un martes de otoño antes de las cinco de la tarde, Purrete —eminencia del paraje Barrientos— cuenta que muchas veces se acercaron periodistas de medios nacionales para retratar esta especie de museo de campo de los que ya no quedan, o son pocos.

Mates que van y enseguida cuenta. “Un día conversando con Jorge Rossini (conocido camionero de Salvador María) me contó que no podía cobrar una cuenta de muchos materiales, acá en la zona. Yo jodiendo le dije: ‘Dejate de joder, el día que cobres esa cuenta tenés que pagar un asado, algo grande’. Pasó un año, dos años. Un día, antes de irme a la cancha de Boca en un partido contra San Lorenzo, vino.

De esto hará unos tres años. Lindo día nos tocó, fuimos en una combi que salió de Lobos, todo muy lindo. Todavía no sé si había cobrado esa cuenta. Al tiempo lo encontré y me dijo que iba a pagar el asado. Fue justo cuando vino un periodista de Buenos Aires. Se acercó a donde estábamos comiendo el asado. Vio todo, se sorprendió el tipo. Le dije ‘señor quedesé’. ‘No, le agradezco, porque tengo que seguir visitando otros almacenes de la zona’, me dijo. Después sacó todo en la revista: que había un almacén donde los sábados hacían grandes asados. Era el que pagó Rossini”. Purrete se ríe y nos invita a pasar.

Entramos al almacén por una puerta de madera gastada, doble hoja, que alguna vez tuvo un bordó de época. Prende cuatro tubos fluorescentes que no se notan en el espacio porque todavía entra un poco de sol por otra de las puertas. Una mesa de pool vieja está nivelada con maderas y cartones de cajas de mercadería en sus cuatro patas. Tiene los bordes rajados, se nota el marrón de puchos descansados que lo fueron quemando de a poco. Observo lo inmenso y recuerdo la anécdota del Vasco Iraizoz, un amigo que supo ver llegar las noches en invierno jugando en esa mesa, con algún trago al paso. Lo divertido de todo —contaba el Vasco— es que Purrete a las ocho y media de la noche pasaba por el pool, embocaba la negra con la mano, les devolvía la moneda de un peso y decía que quería cerrar. En señal de bronca del momento, el Vasco señalaba que no se podían calentar porque el tipo siempre reembolsaba el monto de la partida, pero…nunca había un ganador.

Purrete tenía 19 años cuando comenzó a ser el vendedor de la zona. “Lo compramos con todo puesto” tira y como que el recuerdo se pone en la mirada de los tirantes a tres metros del piso. Dice ronco, deseando, “ojalá pudiéramos volver la cinta para atrás. La corremos como queremos”, cierra y espera más preguntas con los lentes a la mitad de la nariz.

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Purrete, atiende “el boliche” desde el 7 de noviembre de 1956.

Tiene memoria de elefante, cuenta con detalles, fechas, parece que viéramos eso que le pasaba todos los días allá a los lejos. “Empezamos a trabajar todos en lo mismo. Al tiempo, me tocó hacer el servicio militar en Junín de Los Andes. Fue lindo para conocer y andar. Volví dos veces. Era joven. Fueron once meses hasta quedar de baja. Había en esa época como cien clientes fijos. ¿Ahora?, ¿firme?, habrá diez o quince clientes, después son todos al paso. La cosa cambió”. Abre las manos como alas, mira de nuevo para arriba, se acomoda los lentes y narra. “Esto está hecho en 1945. Trabajó el finado Ángel Malvestiti (albañil), Begui Orsi hizo mi casa, que está atrás del almacén. En 1961, hicimos un galpón —contiguo al local— cuando vine del servicio militar. Fui peón del albañil, trabajamos veinte días. Dos meses estuve acá”. Le pregunto si el Ejército lo vino a buscar. Deja que el flash de la cámara se apague y levanta la voz apenas. “No, no, nooo”, dice. “Me mandaron una carta para que me presente con pelo corto, camiseta y ropa de abrigo. Para que me pueda salvar, me dijeron: ‘usted diga que estuvo indispuesto’. Por suerte zafé”.

Es difícil volver a un tiempo no vivido. La memoria en fotos toma movimiento al mirar los estantes en lo alto, un poco vacíos. El almacén creció con los años. Purrete destaca cada paso. “En 1960 empezamos a agregar rollos de alambre Acindar, baterías Champion. Venían muchos viajantes. De la mañana a las doce atendía cinco viajantes. Se vendía a patadas. Hasta el sesenta y pico anduvo bien”, enuncia sin rencor. “En el ‘70 compré el Chevrolet 400 que lo tengo todavía hoy. Pago al contado. Había guita. Venía el viajante Antonio Bernardi de Lavallol. Le compraba hasta cincuenta bolsas de azúcar al contado. Eran viajantes, pero amigos de la casa. Se compraba a carta abierta”.

Las historias se renuevan. Todo almacenado en la cabeza. Hacia mediados de siglo, el paraje era un espacio central en la vida de campo. Al abrir, vendía cartones de cigarros, velas, una tenaza, 5 kg de maíz, papas, nafta o queso de rallar. En sus anécdotas, todo se dibuja. “Una vez vino un viajante de Swift, Macho Negri, con la novedad: se presentó con la boleta de Swift. Cincuenta botellas de aceite de litro y medio. Me mandó queso, unos quesos lindísimos, el cajón venía con grasa en la caja. Con cajas de jabón, todo de acá, Industria Nacional”, amplía sobre aquellas décadas.

Los viajantes, una comunidad ardua del Conurbano y Capital, se pasaban el dato. A dos horas del centro, un almacén de ramos generales compraba mucho, todo cash. “Una vez llegó un tal García, un viajante. Vino una tarde que estábamos limpiando el galpón con Pocho. Llegó tres y media, antes de que abriéramos a la tarde”, dibuja Purrete. “Cae con el portafolio, andaba en un Citroën el tipo. Dice, «bueno, hoy les vengo a vender». Le decimos: «no le vamos a poder comprar». Había jabón Angelito, cajas de velas, de todo, jabón Campana, muchos packs de panes de jabón en depósito. «No podemos comprar», repetimos. Nos dice: «No, no. Vamos a conversar un rato, van a ver que me van a comprar», dijo confiado el tipo. «Hoy ando con las bonificaciones, y en todas conviene comprar. Vamos a conversar un rato». Había bajado las listas: «Acá, a ver… once cajas de jabón Campana que vienen con dos de bonificación. Este hay que agarrarlo. Jabón en polvo, cinco o seis cajas, hay una sin paga. Con la factura hacemos lo siguiente: la cobramos en dos viajes. A los cuarenta y cinco días me pagan la mitad y a los sesenta la otra mitad». Que jabón, que detergente Camello en botella de litro (25/30 cajas), anotó todo y nos dijo: «vieron que me iban a comprar. En pocos días, llega un camión con cinco mil kilos. Les va a traer de todo». Así fue nomás”.

“Uno compraba y se vendía. Siempre al contado o con facilidades, pero la plata estaba. Ellos (los viajantes) hacían grandes negocios porque vendían en grande”. Indagamos si en el boliche también la cantina ya era un lugar de encuentro por las tardes/noches. Purrete hace una risa pícara, apoya una mano en el mostrador y con la otra señala una góndola donde se ven botellas de caña y algunas de ginebra. Vuelve a mirar el grabador.

“Antes se tomaba mucha bebida, mucha caña de durazno. Entonces, viene un viajante, uno que le había comprado tiempo antes como sesenta cajones de doce de caña. Me dijo que lo había salvado, que se había comprado un auto gracias a esa compra. Hoy, sesenta cajones de caña no lo vendés ni en diez años. “Era todo distinto, uno sabía que a las cuentas las iba a cobrar. Había confianza. En esos años vendíamos de todo. Vendíamos yerba de La hoja, Flor de Liz. Menos de 20/25 cajas no bajaban. Cada vez que venían los viajantes, pagábamos al contado. Había muchos clientes locales, dos fábricas de leche, una de Mateo Robaldi: dieciocho mil litros de leche por día producía. Muchos tamberos. Eso era el fuerte: todas las familias compraban acá”.

Las pruebas en sus relatos son firmes, tienen contundencia. Muchos de los viejos de hoy le recriminan a la época que vivimos que se perdió la confianza. Purrete vuelve al pasado. “Había cuenta, había más delicadeza. Era una rueda que andaba. Ahora no hay esa confianza”. Risa corta. “Le fiaba a un croto que vivía debajo de un puente. Cada vez que iba a cobrar la pensión pasaba y me pedía que le haga las cuentas que a la vuelta pasaba a pagar”.

Casi como al pasar Juan Torres, yerno de Purrete, llega a la mitad de la conversación. Sigue el andar de los mates, consulta sobre el funcionamiento del trípode de la cámara de Nico B, escucha las respuestas y despacio dice que le preguntemos sobre cuando volcó un carro tirado a caballos en medio de una inundación. Al rato, después de unas risas con lágrimas sin quejas, Purrete finaliza: “Uno de los caballos se fue a la cuneta. Estaba la zona inundada, no se podía pasar por ningún lado. Volcamos, terminamos todos embarrados y las galletas, unas galletas bien grandotas, corrían carreras entre el agua y el barro”.

Una hora después de la primera anécdota, se viene el final de la charla, sólo quedan anotar un par de datos que ilustran. En ese mientras tantos, el gordo Torres grita desde el fondo de la cantina. Se ríe y saca de una heladera marrón de cuatro puertas una botella de ginebra Bols con la etiqueta viejísima. Sirve una medida.

—No se pueden ir sin probar esta reliquia ¿Sabés los años que tiene esta botella?
—Pero, Juan, son las seis y media de la tarde —avisamos.
—No importa, no importa…

Los tres tragos pasaron ardientes por una de las gargantas, calientes, en el cuerpo. Juan volvió a soltar una carcajada y guardó el tesoro etílico. Salimos del boliche. Purrete se asomó a la puerta y se despidió saludando con las manos como Forrest Gump. La noche empezó a asomar y la estampa Barrientos quedó igual.

(Nota de tapa de la edición Nº 19, mayo 2013)