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Carlos Solé, el relato

El escritor y periodista Juan Sasturain habla acerca de la magia de los relatos radiales, los cuentos de fútbol y sobre la importancia de Alejandro Apo en dicha literatura. A 38 años de la muerte de Carlos Solé, quien narró el “Maracanazo”, un repaso por aquella epopeya charrúa.

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Carlos Solé (Montevideo, 9/10/1916–9/5/1975).

Por Félix Mansilla

¿Se puede decir que a partir de la difusión de Alejandro Apo los cuentos de fútbol se leen más?

Juan Sasturain: Alejandro tiene una cosa muy reveladora, la de convertir a un inédito en un edito. (Eduardo) Sacheri nunca había publicado hasta que Alejandro empezó a contar y a leer sus cuentos, los convirtió en relato. Un dato más respecto a la potencia del relato oral en el fútbol. En Fontanarrosa todos los escritos tienen que ver con la oralidad. Una de sus grandes virtudes como escritor, a secas, es la oreja que tiene el Negro, infalible para el diálogo. Entonces, se convierten en textos transmisibles a través de otros soportes y que oralmente sirven. La radio es el medio en el cual el fútbol más se difundió. Los que hemos vivido en el interior y hemos sido chicos en época que no había tele, el fútbol era jugarlo y el equipo de mi pueblo. Pero en el lugar de la pasión, Boquita era eso: una transmisión radial de los domingos. Era un cuento y te agarrabas a trompadas por un penal que nadie había visto. Discutías por un relato. Era como ver una película o escuchar a Tarzán por la radio. El fútbol llega como un relato, de ahí, viene la épica.

¿Cómo las peleas por radio de Monzón en Argentina o el Maracanazo para los uruguayos?

J.S.: Me contaba mi papá cuando yo era muy chico, que los uruguayos después de que ganaron el mundial del ’50, repetían la transmisión de Solé, unos de los más extraordinarios narradores uruguayos, Víctor Hugo es nieto de esa tradición, de aquellos que tenían que hacer imaginar. Es distinto un mundo con tele que uno sin tele.

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Selección charrúa, campeona Brasil 1950.

Hay que pensar en el origen de la literatura cuando las cosas aún no estaban escritas: Homero es un narrador, el juglar que cuenta el Cid no tiene otra forma, es el único que existe, el que cuenta él. Entonces, el único Maracanazo que existe es el que contó Solé, durante lo que duró el partido y para todos los que no estaban en el estadio. Lo único que existe es ése relato y alguna imagen ‘puta’ después. Pero lo único que existe es ese cuento. 

Cuando terminaron el mundial, los uruguayos lo pasaban todas las noches entero, escuchaban de nuevo el cuento antes de ir a dormir. No importa si existió o no, supongamos que fue todo mentira, que nunca existió el Maracanazo, no importa, existe el relato. En el cuento de Bioy y Borges, el fútbol no existe más que como un relato. Qué sabemos si el Cid existió, si Homero existió. Bueno, el fútbol tiene esa seducción. Todos los de Independiente hablan del Bocha ¿quién vio al Bocha? Se habrá muerto ya el último que lo vio. Quedaron las imágenes y el relato*.

*Entrevista realizada el 8 de junio de 2012 para la Tesis Revista Centrofóbal (una mirada literaria del fútbol), en conjunto con Francisco Clavenzani (periodista gráfico y radial. Ayudante de cátedra de la tecnicatura de Periodismo Deportivo de la FPyCS UNLP).

 

CALOI

Caloi en el cielo con Clemente

Sin Caloi un año después. La partida del dibujante argentino en Alma de baúl, sus labores claves para entender por qué lo recordamos tanto.

Por Mauro Basiuk*

Carlos Loiseau (1948-2012). Humorista, conocido por todos como Caloi. Había nacido en Salta y falleció el 8 de mayo pasado. Sus primeras tiras aparecieron en Tía Vicenta, célebre revista de humor político dirigida por Landrú. La misma fue cerrada al poco tiempo por el dictador Juan Carlos Onganía en 1966, luego de verse caracterizado allí como una “morsa”. De allí tuvo un paso por la revista Analísis. También dibujó en revistas como El Gráfico, Panorama, Siete Días, Satiricón y Primera Plana.

En 1967, recaló en el diario Clarín, sitio donde publicaría sus últimas tiras de humor (Vida Propia en la revista dominical Viva, antes como Caloidoscopio). Por esos años, se acercó a Almendra con la idea hacer un libro con fotos, dibujos, poemas, textos. La disolución del grupo hizo que sólo se editaran unos pocos dibujos en la edición que acompañó al primer disco. En 1996, haría el arte de tapa de otra banda de rock: Divididos, en su cuarto disco Otro le travaladna.

En 1973, en la contratapa del matutino, donde apareció Clemente, el personaje con que el que obtuvo la mayor trascendencia. Comenzó siendo una mascota en la tira Bartolo, el maquinista, personaje melancólico que recorría la ciudad en un tranvía. Los tranvías se extinguieron, pero Clemente quedó cada día más afianzado. Hasta hace poco, se lo siguió viendo entre el Yo Matías de Sendra y el linyera Diógenes, a este inclasificable bicho rayado, comedor de aceitunas, cautivado por las curvas de La Mulatona y sorprendido por las preguntas del Clementosaurio.

Durante el Mundial 1978, le tocó rivalizar mediante su célebre “Tiren papelitos” con la prédica marcial y ejemplificadora de José María Muñoz, relator cuya voz se hizo oficial en el evento organizado por la Junta Militar. En el mundial siguiente, realizada en España, su imagen apareció en cortos televisivos arengando a las hinchadas. De esa serie surgió el hincha de Camerún.

En televisión, dejó una huella importante con su Caloi en su tinta. En la pantalla de ATC, primero, Canal 7 después, se dedicó a mostrar cortos animados de autores de distintos países, imposibles de ver hasta entonces en la televisión abierta. Número puesto en el rubro “Programa cultural” de los Premios Martín Fierro, era dirigido por su compañera, María Verónica Ramirez, con quien también plasmó Anima Buenos Aires, largometraje de tres historias animadas, estrenado en salas comerciales el jueves previo a su muerte.

Hoy por hoy, su hijo, conocido como Tute, sigue el camino del humor gráfico desde las páginas de La Nación. Un campo que, luego de la partida de Fontanarrosa en 2007, sigue quedando huérfano de sus mejores intérpretes, los que como Caloi, supieron retratar con agudeza e ingenio una forma distinta de vivir todos los días.

*Estudiante de Periodismo y Comunicación UNLP, columnista Radial, coleccionista.

(de la edición Nº 8, junio 2012)