ceiba

Aquel hombre, mi papá

Por Estefanía Bustos*

El cigarrillo nocturno, yace en el cenicero cristalino, consumiéndose en las horas del sueño que hace descansar a un padre querido.

Pestañas doradas, guardan sigilosas, un par de ojos aceituna que se han visto cansados de lucharle a una vida que no ha regalado nada. Boca reseca por el sol que ha dicho palabras sabias, que ha apelado bastas experiencias, que ha sosegado penas y ha enamorado almas. Voz fuerte que nunca calló, voz que en el recuerdo será inmortal. Y manos especiales…esas manos, ya no tan suaves, que dan calor, que confortan y dan caricias amables.

Hombre que no ha bajado los brazos aun cuando la marea era brava, aun cuando la suerte le daba la espalda. Un héroe, que los extraños desconocen, vive debajo de las ropas de trabajo, enseñando cada día a no temer porque lejos se puede llegar si tu corazón a tu cerebro se lo puede proponer. Ya dormido, descansa de los años que le han quebrado y reparado las alas afectándole el vuelo.

Verlo llorar, una vez, rompió mi corazón y entristeció mi alma cuando era pequeña… Saber que mis caricias no lo consolaban me desesperaba. Sin embargo ahora, escuchar su carcajada y sentir que el brillo de sus ojos me hace cosquillas en los pies vuelve los ocasos rosados revive los momentos que extrañaba. Y el misterio en su respiración es solo el pasado que exhala.

Hoy puedo pasar horas contemplando una fotografía en la que tu cara contente mis ojos… Ojos de una hija que creció y luchó a tu lado. No me preguntes por qué te miro así. Solo contame al oído que sos feliz y solo por vos, solo por mí el sacrificio no se verá en vano.

*(autora de Poesía ente, libro de poesías de pronta publicación en Lobos)