CABILDO-25-DE-MAYO

25 de mayo, ayer y hoy

A través de un pantallazo analítico sobre los caminos que condujeron a que el 25 se recuerde e invoque como una fecha con verdadero tinte símbolo, nuestro columnista despeja las dudas a la pregunta: ¿Qué festejamos en mayo?

Por Mauricio Villafañe*

Mucho se viene hablando en estos últimos años del 25 de mayo de 1810 y su conmemoración, con epicentro en el famosísimo festejo del Bicentenario de la Revolución de Mayo. Pero el pueblo quiere saber de qué se trata: ¿qué es eso del Bicentenario? ¿Qué festejamos o conmemoramos el 25 de mayo? Feriado desde siempre, revitalizado por un aniversario redondo, el 25 de Mayo tiene una honda significación en nuestra historia: en él se pueden rastrear los orígenes de nuestro proceso de independencia, formalmente declarada en el lejanísimo julio tucumano de 1816. Ni más ni menos.

Digámoslo de una vez: el 25 de mayo de 1810 se conformó lo que se conoce como “Primer Gobierno Patrio”, la Junta de Gobierno Provisional de las Provincias Unidas del Río de la Plata dado el derrocamiento del rey y la caída de la Junta de Sevilla en España por la invasión de Napoleón. ¿Qué significa todo esto? El primer paso (después de la resistencia porteña a las invasiones del Imperio Británico unos años antes) hacia nuestra autodeterminación, hacia nuestra independencia. O sea, la posibilidad concreta de decidir, por nosotros mismos, cuál es nuestro destino como pueblo y nuestro proyecto de país. No hace falta ser muy piola para darse cuenta que esta posibilidad está aún en construcción, lo cual nos desafía, para lograrla, en tanto somos parte del pueblo argentino.

Es el 25 de Mayo una fecha y, como tal, un símbolo. Los símbolos cristalizan significados más profundos y amplios. Y el significado que modestamente me gustaría resaltar en este lugar y en estos días, a la luz del próximo 25, es el de la soberanía. Hacía casi (o ya) 202 años se empezaba a cerrar el capítulo colonial de nuestra historia nacional y regional, dando paso a fragmentaciones y reacomodamientos espaciales que desde los albores del siglo XIX hacen a nuestras naciones.

Estos principios del siglo XXI son el tiempo de revalorizaciones de lo nacional y de integración latinoamericana. Y en estos tiempos de bicentenarios de fechas patrias ellas vienen a simbolizar no sólo un mero recuerdo del pasado remoto ni la ardua tarea de memorización de los integrantes de la Primera Junta como si el hecho de saberlos al estilo de “cómo formaba Huracán en 1987” nos diera alguna clave sobre nuestro proceso de independencia.

Nuestro 25 de Mayo, como símbolo patrio, viene a interpelarnos, entre otras cosas, sobre el entreguista pasado reciente nacional (última dictadura cívico-militar y años 90) y sobre la realidad de un presente que se compromete con efectivas aspiraciones democráticas, nacionales y populares y con reivindicaciones soberanas largamente anheladas.

He aquí otro primer paso, como lo fue el de 1810: la consideración del presente como la inexorable antesala para el trazado de un futuro de liberación, como se empezaba a imaginar hace ya más de 200 años.

*Estudiante del Profesorado en Historia de la Universidad Nacional de La Plata.

(de la edición Nº 7, mayo 2012)