Raúl Alfonsín en 1983.

La democracia que supimos conseguir (parte II)

En vista a los 30 años de democracia ininterrumpida y de acuerdo a una idea de la coordinación de esta honorable publicación, le damos continuidad al tema planteado el mes pasado: la última vuelta de la democracia que nos terminó pariendo.

La figura del líder, símbolo del regreso a la democracia.

La figura del líder, símbolo del regreso a la democracia.

Por Mauricio Villafañe*

El 30 de octubre de 1983 se celebraron elecciones libres que dieron por ganador a Raúl Alfonsín y a la UCR con casi el 52 % de los votos frente al justicialismo, con poco más del 40%. Se cerraba así no sólo la ultima gestión dictatorial sino también el largo ciclo de alternancia (democracia-dictaduras cívico-militares-fraudes-proscripciones-semidemocracias) que sufrió el sistema político argentino durante buena parte del siglo XX. Otro dato no menor es que se le infringe al peronismo su primera derrota electoral. Se explica esto tanto por la capacidad del radicalismo de capitalizar en la campaña las esperanzas en la recuperación democrática como porque el peronismo había perdido a sus mejores hombres y mujeres por la represión sistemática y genocida del ‘76. Esto derivó en que quedaran los peores exponentes del colaboracionismo con la dictadura encarnados en mediocres dirigentes políticos y sindicales.

Se abría así la última y vigente aún etapa democrática: una reconquista nacida de la bronca, la resistencia y la lucha popular dado el hartazgo social que atravesó a buena parte de la sociedad argentina, derivado de los sucesivos y dramáticos fracasos del régimen procesista. Entre ellos, la política económica (recrudecimiento inflacionario; aumento del desempleo; destrucción del aparato productivo; crecimiento exponencial de la deuda externa pública, incrementada aún mas por la estatización de la deuda privada por un tal Domingo Cavallo), el repudio al autoritarismo y conservadurismo social y cultural al tiempo que se descubrían (o resignificaban) los secuestros, desapariciones y torturas que venían siendo denunciados por los organismos de derechos humanos.

La chispa que haría detonar la situación de no retorno y ruptura con el consenso dictatorial será el resultado de la guerra de Malvinas: la rendición argentina, en junio de 1982, revela no sólo lo insensato de ese “monstruo grande” que es la guerra sino también lo absurdo de llevar adelante tan desatinado enfrentamiento con una potencia imperialista como la británica. Así, del fin de la guerra a las elecciones tendremos la avanzada democrática (pasando de la bronca a la exigencia de recuperar la política, la participación y la constitucionalidad) frente a las burdas maniobras militares por condicionar la transición en un escenario donde no había nada que negociar. Los golpistas no estaban en condiciones de exigir ni arreglos ni amnistías; es decir, impunidad y poder de tutela sobre la democracia.

El escenario tras la campaña y las elecciones era un enorme desafío frente al miedo, la desconfianza y el individualismo: una sociedad expectante y ávida de transformaciones y un gobierno legal y legítimo con una enorme responsabilidad histórica (que tal vez no se condijo con la necesaria voluntad política en momentos claves) a la vez que condicionado por la herencia de la dictadura. La “primavera democrática” buscaba florecer en un contexto de liberación frente al lastre de autoritarismo y censura que parecían formar parte de un pasado lejano…pero no tanto.

Diferentes frentes de tormenta se le abrían a la reconquistada democracia, complicando las condiciones de actuación del gobierno. El confrontar con todos ellos, prácticamente a la vez, era una exigencia de la hora pero, a su vez, requería de una voluntad que tal vez faltó. Esto llevó a que las acciones que hacían a un cambio de época sean finalmente desandadas (CONADEP-Juicio a las juntas-leyes de obediencia debida y punto final).

¿En qué consistían estas tormentas en el cielo siempre azul que ansiamos para nuestra democracia? Eran, básicamente, el accionar de sectores tal vez minúsculos pero poderosos en tanto instrumentos de fuerzas corporativas. Iban desde militares “carapintadas” (reclamando impunidad a través de intentos de golpes), la “resaca” sindical (herederos de la burocracia sindical traidora y conciliadora), pasando por la cúpula de la Iglesia Católica (cómplice de la dictadura y férrea opositora de la ley de divorcio) y por los grandes grupos económicos nacionales y trasnacionales junto a los organismos financieros como el FMI.

Éstos fueron los responsables del golpe de mercado (hiperinflación, especulación financiera, corridas bancarias) que anticipa, junto a las consecuencias sociales (saqueos por hambre) y políticas (recorte del margen de maniobra del gobierno), la salida de Alfonsín con el adelantamiento de las elecciones que terminarán consagrando al riojano más famoso. Y si hablamos de corporaciones no podemos olvidar los históricos enfrentamientos del Presidente de todos y todas con el diario de la cornetita y con la Sociedad Rural (¡Oh casualidad! Ambas corporaciones fueron defensoras y cómplices civiles de la dictadura, siempre enemigas de la democracia, sea Raúl Alfonsín o cualquiera el que esté enfrente; lo que importa es el privilegio, el acomodo y la renta a costa de todo el pueblo).

Vamos a quedarnos con el hecho de haber sabido, como sociedad, conquistar y defender la democracia, dando el paso trascendental de haber juzgado a las cúpulas militares por su responsabilidad en la violación a los derechos humanos. Vamos a quedarnos con haber sabido copar las Plazas bancando frente a los intentos golpistas. Vamos a quedarnos con la recuperación que hace Raúl Alfonsín de los conceptos de “democracia participativa” y de “ética de la solidaridad”, trascendiendo los intereses partidarios en nombre de un proyecto nacional frustrado en ese momento pero que, como intento, ha pasado a la historia para ser retomado como bandera para llevarlo a su definitiva concreción ya que no estamos dispuestos, más allá de diferentes valoraciones circunstanciales, a volver atrás.

*Lobense, estudiante del Profesorado de Historia de la UNLP.

(de la edición Nº 20, junio 2013)

Cotidiano

Cotidiano

Por Félix Mansilla

Ella estaba en la mesada apurando una carne picada —futuras albóndigas con arroz— mientras yo fumaba esperando encontrar paz después de tanta semana. Destapé un vino, lo serví con dos hielos y preferí olvidar todo eso que desde el martes al viernes fue una pesadilla con ojos de huevo hervido y un cielo raso azul. Ella seguía en lo suyo y los aromas de la cocina con música de fondo era lo más parecido a un futuro compartido con hijos y calor de familia. Tomó un sorbo chiquito, despreciado, nunca le gustó el vino. No me miró. Mientras olía, recordé el pasado con múltiples formas: en plazas, en La Laguna, en la ruta y en los colectivos. Todo muy diferente, todo muy igual. Me metí en ese monte que forman los árboles de talas en la vía de atrás de la casa de mis viejos, las primeras fotos en sepia y el tren que siempre pasaba de noche y mi vieja gritando en el patio de verano.

—¡Alberto, pasa el tren!
—Ahí voy, gorda —repetía el viejo y los dos se quedaban como tiesos ante el gigante pata de fierro que se distinguía a doscientos metros, con sus ventanillas iluminadas y esa gente que mira sin mirar y espera llegar o no volver.

En el mismo espejo de recuerdos, un perro miraba el atardecer y nosotros planeábamos hacer un cortometraje lleno de paisajes cotidianos. Era la idea. Ahora todo olía a cocina, a ella, a sus fusiones gastronómicas de siempre, tan brindada. Fui al baño, oriné y lavé mis manos observando los cambios en mi rostro joven. El mismo corte de pelo de hace quince, alguna que otra patilla inventada y ojos marrones como los de mi abuelo, pero sin el fondo verdoso y triste. Entonces pensé en mi hijo, en su futuro, mis dilemas, los de ella y todo lo vinculante a algo que sólo uno imagina cuando se lava la cara o en las noches sin poder con el sueño.

Respiré profundo y sin darme cuenta. Volví a enjabonar mis manos, enjuagué la espuma y ya no me vi igual. Estaba agotado, con ojos cansados y la barba mal mantenida. Me asusté, cerré los ojos y esperé en silencio mental. Volví a enjuagarme —esta vez sin jabón— como para interpretar más rápido eso que segundos atrás fue un temor escurrido en los rincones de un cuerpo nervioso y relajado. No lo quise creer, era un reflejo. Sentí sus pasos detrás de la puerta. Comenzó a preguntar.

—¿Estás bien?
—Estoy bien, amor ¿por qué preguntás? —dije con el mejor tono que me salió.
—Y…estás meta abrir el agua caliente y me quedo sin presión en la cocina ¿Podés venir? Te necesito —mandó con un tono en apuros. Desde el baño sentí olor quemado. Me sequé las manos y corrí.
—¿Qué pasó, qué hiciste? —pronuncié a los gritos mientras veía como se estaba sacando el delantal para apagar el siniestro.
—Vení y ayudame —volvió a mandar como a un empleado recién ingresado al mundo de la cocina weekend.

En menos de treinta segundos reloj —con un repasador mojado— apagamos el fuego. Fue agua en el aceite que quemó la cebolla en un sartén de calce bajo, eso fue lo que inventó el siniestro. Nada que impidiera empinar nuevamente el vino, que disfrute de verla a mi lado, de espaldas como inventando algo para impresionar o esperar mi respuesta luego. A esa altura, la sangre de cristo se parecía más a una bombacha violeta desteñida en agua fría. Cenamos en silencio, con la tele bajita y las agujas del reloj cortando el bache entre ambos. Estaba enojada. Con ella, conmigo, con el aceite, con todos. Miraba el mantel con bronca y a mí con rabia. La invité a pegarnos una ducha. Hizo que no con la cabeza, pero supe que aceptaba. Breve sobremesa. Fuimos.

Acomodé mis ojotas al filo de la manta para los pies y observé en la sombra del bidet que se estaba desnudando. No supe cómo hacer para salirme del laberinto entre esa cara mía en un futuro y el reflejo que no dejaba de molestarme con el pasado. Entré y nos duchamos. Después de después de, tuve ganas de dormir. Relajarme y dormir y soñé lo que ahora siento despierto. «Quiero que se llame Julián. Para hacernos crecer, para enseñarnos todo, para no pensar en banalidades y hacernos el tiempo, para verlo en su camino, en el nuestro, en el de todos los días. Quiero que se llame Julián, llevarlo a la cancha, brindarle la vida en modo de devolución de todo lo aprendido, todo aquello que deseamos ser. Quiero que se llame Julián. Si aquello que alguna vez soñamos —juntos o por separado— puede hacerse real, con el tiempo, con los planes, con la intención de dar, creo que ya nada va a importar tanto como llegar a casa, verlo pasar, verlo venir. No me planteo cumplir esos deseos personales sin antes poder abrazarlo, sin antes verle su cara pequeña, su mar de risas, sus dudas, nuestras dudas. No quiero apresurarme, pero quiero que algún día corran con la noticia de que ya no interesa lo que siempre está de más. No quiero que llegar a fin de mes sea una frase más de las hechas, sino una lucha. No quiero que sienta la vida como es, sino poder enseñarle a caminar, a hablar, a nadar, a ser gentil, a ser alguien que está, nunca de menos, siempre por más.

Hace más de diez años que lo pienso todos los días un rato. No me cuesta, me fascina. No sé por qué pero imagino que el primero va a ser Julián. Un deseo: que elija en libertad, que sepa que lo vamos a bancar, que no haga las cosas que no quiera hacer, que aprenda a esperar. Que diga “mamá”, que diga “papá”, que nos conduzca a ser más. Que se llame Julián, que elija en libertad, pero que aprenda de las cosas mínimas: los amigos, el calor familiar, las fiestas y los que vienen y van. Que nos ayude a crear un mundo mejor, que silbe canciones de liberación, que entienda los sonidos del temor, pero sin prisa, con calor. Que llene nuestras mañanas con caca, que las alegre con sus pasos, que seamos tres para multiplicar en dientes por llegar. Que nos dé la alegría de llegar, de estar. En invierno en el sillón, en verano en el pasto con el sol. En otoño en la plaza, en primavera listo para festejar. Que sea nuestro, que pueda contemplar lo que le queremos dar. Que sepa analizar, que piense en mejorar. Que nos enseñe a valorar. Quiero que se llame Julián. Quiero que nos venga a rescatar». Volver, empezar. Soñar, soñar.

(de la edición Nº 20, junio 2013)

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Optimista nostálgico

Por Nicolás Bernal

Cuánta nostalgia por la rebeldía que ya no es cotidiana. Se aparecen destellos de festejos programados. Todo el tiempo hemos reído y en algunas carcajadas aparece la tristeza que pasa cuando el tiempo pasa.

Sobre el destino sin escribirse personajes se repiten, son amigos y un amor que parece incrustarse en el afán de la compañía, de vivir la vida como fuimos, como seremos, como sencillos en busca de problemas, como costumbres de espontaneidades, como serenos que no callan. Oscuros entre desconocidos pero transparentes entre conocidos. Pasan los años en la vida de nuestros años ¡Brindo!

Más en http://brevestiemposraros.blogspot.com.ar/

(de la edición Nº 20, junio 2013)

semaforo

Elegirás en libertad

Por Emiliano Maglione*

“Operativo antidrogas que dio positivo, Allanamiento, un detenido y el secuestro de 31 gramos de droga” (semanario El Cuarto Poder, 8 de febrero de 2013). “Lo atrapan con 30 gr. de marihuana y buscan datos en la agenda del celular. Dijo Guarnerio que «la batalla contra la droga se está ganando»” (semanario La Palabra de Lobos, 7 de febrero de 2013). “(…) En el mismo operativo también se incautó fertilizantes para plantas, bolsas con hojas secas de marihuana, tijeras para cortes y ejemplares de la revista HTC con indicaciones para el armado de picadura de marihuana” (fragmento, La Palabra de Lobos, 17 de enero de 2013).

Es así como algunos medios y autoridades lobenses tratan un tema tan delicado como lo es el consumo de drogas. Sí, el problema es acerca del consumo, con toda la cuestión moral a cuestas. Si el problema fuera el narcotráfico, y esto debe quedar bien claro para todos y todas, la policía no procedería así sobre personas a las que les incautan 25 grs. de marihuana o dos plantas o cinco o diez. Vamos, señores y señoras, todos sabemos muy bien diferenciar entre perejiles y magnates. También me resulta raro que se den nombre y apellido de algunos y de otros no u otros directamente no sean noticia (esto último no puedo probarlo pero sí conozco casos). Le pese a quien le pese o le guste a quien le guste, la forma más prudente de prosperar sobre este tema hoy en día y bajo este contexto, es avanzar sobre proyectos de despenalización serios.

Sí, esto no quiere decir “drogas a la vueltas de la esquina para todo el mundo” ni “perdición total para nuestros jóvenes¨. Recuerden siempre esto: “La prohibición genera el narcotráfico”. Éste, siempre fuera del marco de la ley, no da lugar a la regulación de su accionar, que por cierto es abominable hoy en muchos lugares del mundo. Es eso lo que le permite a los narcos llegar a los lugares más vulnerables de nuestra sociedad y, así, a nuestros jóvenes.

Y si hablamos de “lugares más vulnerables” no podemos olvidarnos de los desastres irreversibles que estos rapaces causan en las villas vendiendo veneno puro como lo es el paco a miles de pibes. Si estuviéramos hablando que el problema es de consumo, entonces la discusión se debería dar en otros términos: en términos morales. “¿A usted le molestaría que algún conocido fume marihuana?” podría ser una pregunta que dispare el debate.

Si analizamos un poquito el contexto o como se dice cotidianamente el “día a día”, nos debe hacer al menos un poco de ruido esto ya que yo he visto en Lobos fuertes peleas y hasta tragedias automovilísticas a causa del consumo excesivo de alcohol: no escuché a muchos padres que se escandalicen cuando su hijo toma; más bien cuando vemos un borracho nos resulta simpático. Tampoco escuché que se plantee su prohibición. Claro, es simplemente porque eso no sólo no solucionaría el problema sino que, créanme, lo empeoraría.

El consumo excesivo es malo hasta si es de pan de salvado, señora y señor. Otra cosa, la mayoría de los jóvenes fumadores de cigarrillos lo hace delante de sus padres (consumo contra el cual no tengo ningún tipo de problema como con ningún otro siempre y cuando sea una elección del consumidor y no dañe a terceros). El cigarrillo contiene monóxido de carbono, alquitrán y hasta arsénico, entre otras cosas.

Claro, si el problema sería con su hijo menor de edad esto se vuelve más grave aún y paradójicamente en prohibición es más cómodo el acceso de la droga a menores que en estado de legalidad. Ésta, entre otras cosas, podría regular el acceso a menores de 18 años. Como decía, mientras las reglas estén escritas por el crimen organizado no se podrá prevenir nada, pero si algo se puede hacer para aplacar este efecto es informarse; buscar información es también hablar con la gente que consume. Escuchar sus necesidades, sus motivos.

Debemos saber diferenciar entre los diferentes tipos de drogas: blandas (marihuana), duras (cocaína) y legales (alcohol, tabaco y muchas de las que están en farmacias), éstas últimas a pesar de estar dentro del marco de la ley, no son menos nocivas aunque sea a largo plazo. El problema de consumo en nuestra sociedad no es sólo visible en las drogas (repito, legales o ilegales). También yo puedo ver que hay problemas de consumo de Internet, de programas de TV, de celulares. Todas estas cosas también pueden ser distorsionadoras de la realidad.

Para terminar me gustaría comentarle a los medios locales que la revista se llama THC (éste es el compuesto activo del cannabis sativa y ustedes deberían saberlo ya que están “informando”). También les recomiendo que lean estos ejemplares que sí informan sobre el consumo y hacen una fuerte campaña en contra del narcotráfico a través del autocultivo; por eso es que enseña esas cosas que ustedes remarcan en la noticia completa.

Mi intención no es cargar la bandera de la despenalización, no pretendo transformarme ni en ciudadano ilustre ni mucho menos en enemigo público, solamente abrir un debate que, como todo debate, puede enriquecernos como sociedad. La invitación a debatir está hecha. Este texto fue escrito pensando en todos los que en tiempos más conservadores o aún hoy se vieron marcados por un dedo que sólo pudo y puede acusarlos en lugar preguntarles qué sienten y en todos los que consumen lo que les gusta sin molestar a nadie y son molestados, perseguidos y estigmatizados o bien por intolerantes o bien por ignorantes en el mejor de los casos.

*Estudiante del Profesorado de Historia de la UNLP.

(de la edición Nº 20, junio 2013)

PLAZAS LP

Rápido repaso de las plazas de la ciudad de La Plata

“Sinceramente
Hace tiempo que nadie
Espera en la vereda de enfrente
Cruzando el bulevar…”
(El corazón sobre todo, Estelares)

Por Nicolás Bernal y Mauricio Villafañe

Llegamos y éramos una banda, caímos de culo en los colchones recién mudados. ¿Colchones nada más? No, toda una vida en un camión de mudanzas. Y nosotros mismos. Risas, euforia y el “y ahora, ¿qué hacemos?”. Y de ahí a tomarnos un heladito y contemplar grandes edificios vidriados, una peatonal y cientos de negocios. Unos paisanos en la gran ciudad. Una ciudad con calles que eran números, muy impersonal todo. Luego, a ponerse a cocinar, a lavarse los calzoncillos. Quemarse las mañanas. A hacerle mil preguntas a los indecisos y a los sabelotodo de las facultades. Y las plazas.

Hay muchas plazas en La Plata. Uno llega acá y se pone a vivir, no le queda otra. Si vivir solo cuesta vida. Vive y va a las plazas. De la Italia, en 7y44, y los artesanos de los fines de semanas a la Moreno, la municipalidad y la Catedral (amén), grandísima, un cuadrado gigante y perfecto, ideal para fulbitos y mates. Es la plaza oficial, la de los recitales o de grandes manifestaciones. Ahí las estatuas le apuntan a la iglesia, los masones son así… Llevar el envase, por las dudas.

Y caminar y llegar a la plaza. La Rocha, en 7y60, una plaza circular por la facultad de Bellas Artes. Y de ahí, por las noches tarde, a Flamingo (hoy Pura vida). En La Plata también las plazas tienen sus diagonales internas, callejones que tienden al afuera o al centro, todo depende de lo que uno quiera o para dónde vaya o, a fin de cuentas, tal vez de nada dependa; sólo están ahí. Después, en 7y66, está la España, oscura, fría y con ese no sé qué de terra incognita…

Hay sobre 7 y sobre 6 a la altura de 50 y 54 unos edificios muy imponentes. Entre ellos, la San Martín, rectangular, inmensa. Con una glorieta, con jardines y un San Martín que no se parece a San Martín. Con la zona del rectángulo que da a 50 medio en penumbras. Las de 1, la Alsina con una gran feria a ambos lados de la vía; la Rivadavia, en 1 y 51, en la entrada al Bosque, ideal para un sanguche en lo Chiche; y la Matheu, en 1y66, yendo para el Hospital.

La Olazábal tiene dos partes, partida al medio por 7. Muy linda, tiene unos escalones muy pintorescos, unos corredores o algo así, unas lomadas y unos choris excelentes en el puestito verde. Por ahí cruza la 38. Otra partida pero por 13 es la Belgrano, monumentalesca, también ondulada, muy verde, ideal para caminar. Es excepcional porque no queda sobre 38 sino sobre 39. En 13y38 sí hay para recomendar el monumento al perro. La Paso, en 13y44, un centro neurálgico, muy transitada ante la atenta mirada del señor J. J. Paso. Típica para bajarse, en caso de vivir por ahí, del Rápido Argentino tras atropellar a todos con el bolso.

La Güemes, muy bicicleteable ya que se viene a full por 38 y nos pone a rodearla. Hay una iglesia muy linda por ahí. Y un Martín Miguel de Güemes imponente. ¡La Azcuénaga! Imposible cruzarla a pie. Queda en 19y44 y el tránsito es constante aunque la plaza está bastante bien como para sentarse a leer o dormitar. Sus diagonales internas están en mal estado. La Yrigoyen, en 19y60, con una especie de circulo ritual en el medio, incomprensible, incompleto, feo. Le da el toque.

La Plaza Paz tiene a un muchacho tocando el tamboril en el centro como monumento referente, eso es fantástico. Tiene ahora un gran puesto para comer algo al paso. Está la Castelli también, en 25y66, enorme cuadrado lejano al centro, camino a la casa de un amigo. Ideal para los que se mantienen en forma o para el fútbol improvisado. Bajando 6 cuadras por 66 se llega a la Sarmiento, sobre 19. Redonda, chiquita, no tan conocida, una joya a pulir.

Quiero dejarle un párrafo especial a la Malvinas, con un centro cultural incluido. Tiene todo, hasta diseño. Es hermosa. Queda en 19y51. Llegar a ella por los bulevares arbolados es como en un sueño, más aún de noche y por verano.

Del Parque Saavedra no quisiera hablar por haberme extendido demasiado en este repaso urbanístico y placero platense. Pero recomiendo su lago y un micrito que lleva a los pibitos a pasear. Tiene un sector semicerrado muy lindo, arbolado, y una feria enorme. No quería hablar y termine hablando. Mejor me callo y comparto esto que salió del corazón, sobre todo.

Las Plazas placenteras

Hoy camino por los números para llegar a bancos marcados con el corazón y nombres entrelazados que duraron besos, abrazos y reconciliación. Voy a los árboles que tienen en su conjunto al jacarandá y me vuelo entre el humo de la gran ciudad, me pierdo entre libros que ya leí, espero a los amigos que no van a llegar y me prendo con los que sentados como indios cantan en las voces de una criolla. Recuerdo las viejas avenidas difíciles de cruzar mientras me pega el viento que es más fuerte en las diagonales que acortan caminos pero que alargan historias. Me rio del monumento prisionero de pisadas o aerosol y me pongo de espaldas a los puestos verdes para no bajonear.

Es el sol que pega despacio entre algunos que salen a entrenar, son las nubes que ocultan las vergüenzas de los dueños y sus perros en los soretes que nunca van a juntar. Yo me escondo entre estos anteojos y me rio del paso de las viejas al caminar, cuando cruzan algunas bohemias vendiendo los panes rellenos, me vuelvo a girar, ya no se cómo ponerme no quiero bajar. Y girando de tanto girar un kiosco me cruzo sobre el bulevar, venden cigarros y birras para disfrutar.

Son las plazas de esta ciudad, donde viejos recuerdan sus días pasados bochando al bochín por sus horas contadas, donde chiquitos disfrutan el tatetí gigante, donde fuman para reírse de nada, donde algunos lamentan no haber cortado camino, los caga una paloma y se lamenta aún más, se vuelven a la casa y la ven desde el balcón, esa plaza es mufa, también puede ser, que va ser, son las plazas de esta ciudad.

Y las plazas de esta ciudad desnudan al sol en otoño, esconden secretos que jamás se sabrán, me aguantan los días en la soledad, hace brillar al marcador amarillo en las fotocopias que hay que estudiar. Destino de tantas marchas donde sus historias nunca se van a olvidar.
Pero en mi pueblo antes vendían una pizza que se llamaba “La plazita”.

(de la edición Nº 20, junio 2013)

Por Nico B Mansilla

Y a rodar la vida

Desde hace poco más de un año, el predio Skate Park Lobos es un nuevo punto de encuentro de jóvenes en la ciudad. Ahora con iluminación y muchos más practicantes, se abre como el lugar dónde aplacar la intensa rutina.

Por Nico B Mansilla

Por Nico B Mansilla

Antes, bikers y skaters ocupaban espacios no aptos para practicar los saltos que tanto los mantiene en forma, esos saltos que les permiten asentarse en un estilo de vida en dos o en cuatro ruedas. Una noche de abril, los bikers Juan Cruz Gómez y Santiago López y Santiago Santos (long board), pasaron por el Mono Tremendo para conversar sobre la actividad que los tiene día a día transpirados, raspados pero unidos. La charla giró en los deseos, las esperanzas y las ganas de sumar más para ser más.

Cuando no había Skate park: ¿Dónde practicaban?

Juan Cruz Gómez.: En la calle, en montañas de tierra que tratábamos de construir pero que siempre terminábamos en las malas, se destruían en seguida. Íbamos a otros lados, viajábamos demasiado.

Desde que se iluminó el Skate Park: ¿Hasta qué hora se puede ver gente volando?

J.C.G.: Todos los días hasta la una de la mañana, pero estamos preparándonos para que sea toda la noche, por problemas de seguridad, porque algunos desconsiderados rompen botellas sobre la pista. Pasaba más antes, cuando no había iluminación.

¿A qué edad empezaste con la bici?

Santiago López: Hace diez años, a los dieciséis. De los diez años, hace ocho que voy a la Municipalidad a pedir la construcción de la pista. Por suerte, hace más de un año se dio y esperamos que se desarrolle en el tiempo, por eso lo aprovechamos y cuidamos a pleno.

¿Qué es lo que los lleva a sentir que van a hacer esto toda la vida?

J.C.G.: Aparte de ser un deporte la bici, es un estilo de vida: la música que escuchás, cómo te vestís, la gente con la que tratás.

S.L.: A diferencia de otros deportes, la bici o el skate no es una constante competencia, sino que se da a partir de la amistad, el compañerismo. Eso es lo que atrae a mucha gente, porque al no haber competencia, se puede compartir más. La mayoría de los que lo practican es porque le gusta, porque es un deporte muy difícil, entonces, eso hace que te metas a full, porque más cuesta. Yo ahora estoy quebrado en la rótula, me quebré hace poco. Hace diez años que ando, sé que es peligroso, pero eso se da hasta el punto en que uno se cuide o no.

Santiago Santos: En realidad, pasé de andar en bici, me golpeaba demasiado, empecé a probar con el skate, pero al tener que cuidarme por el trabajo, decidí no abandonar la actividad entonces me dedico al long board (tabla larga para andar), que se puede practicar en el Skate Park. Lo voy a hacer mientras pueda.

¿Cuántos son entre todos (bikers y skaters?

S.L.: En total, seremos treinta. Hay muchos chiquitos de 14 ó 15 años que también se coparon y van todos los días al Parque a practicar. Hace uno o dos años que andan y tienen un muy buen nivel, gracias al Skate Park.

¿Qué tiempo le dedican semanalmente?

S.S.: Es cuestión del esfuerzo diario que uno le pone: si tengo ganas voy, sino lo dejo para mañana, porque el espacio está siempre, y si no llueve se puede andar.

Ahora el Skate Park es más conocido en otros lados…

J.C.G.: A todos los lugares que vamos siempre nos felicitan por el Skate Park que tenemos. Muchos conocen la ciudad gracias a esto.

S.S.: Sobre todo la juventud. Todos los que practican estos deportes tienen ganas de conocerlo, de venir a compartir la actividad. En otros lados, por lo general, las pistas son lugares privados, que están en medio de las ciudades, techados. El de acá tiene aire libre, árboles, es distinto.

S.L.: Muchos de los que vienen de afuera se quedan sorprendidos por lo que es el Skate Park, el Parque, la tranquilidad que hay acá en Lobos. La mayoría, llegan en sus vehículos o en tren y a veces se quedan a pasar la noche en Lobos, sobre todo por la tranquilidad de la ciudad. En Capital u otros lugares, eso no se puede hacer porque tenés que manejarte en grupos o tener más cuidado.

(de la edición Nº 20, junio 2013)

CHARLY MUSICALIZA A TATO

La banda del Sargento Bores

Al grano y sin pausa, Alma de baúl rememora los días en la tv de uno de los humoristas políticos que más se extraña en la pantalla. Con grados de humor ácido, ardiente e irónico sobre todo, Bores dejó un legado poco visitado en la actualidad.

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Por Mauro Basiuk*

A los 66 años, en mayo de 1993, Mauricio Borensztein iniciaba su última aventura televisiva. Popularmente conocido como Tato Bores, con su peluca con flequillo, anteojos de marco grueso y tono de voz inconfundible, supo interpretar como nadie, sin repetir y sin soplar, monólogos de humor político. Sería en Good Show que se despediría sin dar aviso formal de la pantalla chica en la que había debutado en 1960. Vale abrir, entonces, el Baúl de junio para recordar, queridos chichipíos, algunas curiosidades de un programa, que contaba, nuevamente, con guiones de Santiago Varela y dirección y realización de Sebastián y Alejandro Borenzstein.

Desde la apertura ya marcaba la cancha de lo que sería una superproducción. No era para menos: Tato había estado durante 19 años en Canal 13 y volvía al 11, privatizado como TELEFE, después de mucho tiempo. De hecho, el debut incluye una secuencia emotiva donde Tato juega a emocionarse al ver viejos tapes y equipos técnicos del canal. La apertura de tres minutos y medio, que sólo pudo verse completa en el primer envío, homenajea a Sargent Pepper’s Lonely Hearts Club Band de The Beatles, imaginando una reunión imposible, a cielo abierto, entre referentes históricos mundiales.

Así confluyen logradas imitaciones del Capitán Piluso y Coquito, Perón y Evita dialogando con Freud y Einstein, Groucho Marx, el Che Guevara, Gardel, Marilyn o Borges molestando a Maradona, entre otros. Las flores del decorado que recrearon las de la portada de aquella obra de arte musical, fueron traídas especialmente desde los Estados Unidos.

Charly García vuelve a grabar la canción de apertura del ciclo, al igual que en Tato de America, un año antes. No fue el único humorista al que musicalizó el bicolor: Antonio Gasalla había tenido Fanky, como cortina de El mundo de Antonio Gasalla, en su debut por ATC (Argentina Televisora Color) incluido en Como Conseguir chicas de 1989. En el caso de Good Show (de las sombras a tu corazón), el tema no aparece en la discografía oficial pero sí en las 2000 copias repartidas de Charly & Charly en Olivos, que recopila el recital íntimo hecho para el ex presidente Carlos Menem, el 30 de junio de 1999 (el CD de Good Show se consigue en Mercado Libre a $250 e incluye, además, temas de Bob Dylan, Janis Joplin, Simon & Garfunkel, The Tremeloes, etc).

También Fito Páez participaría del ciclo, dando una versión conmovedora al piano del, por entonces inédito, Tema de Piluso.
Si algo caracterizaba a Tato era su condición de trabajar durante el segundo semestre del año, es decir de mayo a noviembre (algo que hoy no resulta inusual). Good Show tenía frecuencia mensual, lo cual quitaba cierta actualidad a los monólogos, en un año donde, por ejemplo, comenzaba a hablarse del Pacto de Olivos, que posibilitaría la reelección de Menem. Después de sufrir cambios de horarios y poco apoyo publicitario de parte del canal, el ciclo no tuvo una nueva temporada, limitado a la emisión original de seis programas pautados, más otros dos, a modo de resumen del ciclo.

La estructura de Good Show se basaba en una historia fantástica actuada por el propio Bores, parodiando a algún episodio o personaje real: un mago Filos Milevic que hace desaparecer a Menem, un director de cine que quiere filmar la vida de Cavallo devenido en símbolo espiritual (Cavallo, la historia de un ídolo), o el propio Tato caracterizado como San Martín en una recreación de la vida por 1810. En ellos actuaban figuras del ambiente como Alfredo Casero, Fernán Mirás (en pleno furor de Tango feroz), Mario Pergolini, Marcos Mundstock o Carlitos Balá.

Como novedad, había flashes donde Bores hablaba de forma íntima, como si estuviera fuera de aire dando consejos a sus hijos en reuniones de producción. Lo que sí se mantenían eran el clásico monólogo, al trío Los Prepu y a Roberto Carnaghi haciendo de corrupto tenaz, y el clásico tubazo a Casa Rosada, todo rematado con los tallarines con fondo musical en vivo interpretado por una banda que incluía al Zorrito Fabián Von Quintiero.

Ya enfermo de cáncer y después de la agridulce experiencia de Good Show, en 1994 Bores tenía arreglado con Alejandro Romay hacer una serie de programas de media hora, con la presentación, un monólogo y el brindis con un invitado, lo cual no pudo hacerse dado su mal estado de salud. Sus hijos, Sebastián y Alejandro, serían los responsables en 1995 de otro programa humorístico, Cha cha cha, Dancing en el Titanic por América. A propósito de la realización de Tato, biografía hecha en base a las memorias del “actor cómico de la nación”, Carlos Ulanovsky opina que “lo que en los ’90 estaba cambiando de la televisión para Tato era que ya no valía la palabra. Pagliaro (directivo de Canal 13) le dijo que lo iba a llamar para discutir su contrato, y no lo hizo.

Y Yankelevich (directivo del 11) después no lo renovó en TELEFE. Luego, en general, cambió la agenda de los medios: temas que antes pertenecían a sociedad o policiales, a la página 55 de los diarios, ahora son tapa, y a la vez el humor se infiltró en todos los niveles”. El puntapié inicial para la realización del libro es una de las anotaciones hechas por el propio Bores: “Después de ganar cuatro Martín Fierro en las cinco nominaciones que tuvo nuestro Good Show de 1993, les voy a contar un secreto: no me quiere ningún canal”.

Resulta un lugar común decir que se lo extraña a Tato, casi tanto como hablar sobre la vigencia de sus monólogos. Podríamos agregar que además de su imagen icónica, lo que se echa de menos es una forma de humor donde se dice algo, sin apelar a la caricatura tonta que sólo exalta tics o rasgos sin generar una reflexión. Una forma de humor que, bien pensada, contribuye más al mirarse adentro en conjunto que al agredir afuera al diferente. Y si hablamos de lugares comunes, ¿de qué otra forma podría terminar este recuerdo? Aconsejando a los lectores que sigan laburando, que mantengan la neurona atenta, vermouth con papas fritas y… buen viaje**.

*Estudiante de Periodismo y Comunicación de la FPyCS de la UNLP, columnista radial, coleccionista.
**La referencia para esta nota fue tomada de www.resisteunarchivo.blogspot.com. En el canal de Guillermo Soto, en Youtube, pueden verse completos cuatro programas del ciclo.

(de la edición Nº 20, junio 2013)

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Buscá el viaje Nº 20

La edición Nº 20 de revista el viaje está en los lugares de siempre: “El día de la marmota”, una forma de ver la vida para que la rutina, el hartazgo, el día a día sea un poco menos cruel. Abrila, leela y viajá.  

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Portada revista el viaje Nº 20.

La mitad del año nos encuentra dispuestos a continuar con la tarea de hacer que todo resulte mejor. Entrevistamos a bikers, a gente del  Taller Actuación Lobos, recorremos parte de la Historia reciente del país en Ayer nomás, el recuerdo de Bores en Alma de baúl. Como siempre, una selección de textos viajeros en Instantáneas cotidianas el final de Llegada con un capítulo de la historieta Cabrón de Alan Dimaro.

Conseguila en…

Lobos: Colombo diarios (H. Yrigoyen y Arevalo). HJ Electricidad (H. Yrigoyen 57). Pericles (9 de Julio). Gráfica Arias (Berro 381). Mirar Cultura Lobos (Rauch 155). Stihl Concesionaria (H. Yrigoyen 983). Scotti Seguros (Moreno y Laprida). Fábrica de pastas Sol de Marga (Necochea 487). Pastas Biló (Perón 344). Pintureria Barbieri (Alberdi 120). Custom Shop (Bs. As y Almafuerte). Canal Cuatro (Bs. As), Biroccio Molinos (Olavarrieta 332), Andale Wey (Ayacucho 30), Soc. Rural (Las Heras 87), Casa Cultura de Lobos (Salgado 585). Paradise (9 de Julio 63). Peluquería Cousin´s (Moreno 539). Giorgis Automotores (San Martín 267).

En Salvador María: Ferreteria Don Atilio (Av. 10 Jerónimo Topa). Autoservicio La Armonía (Av. 10 J.T). Autoservicio Canis (calle 5 y 16 Nº 123). Forrajeria Los Pastizales (calle Nº 166).

En La Laguna: Restaurant Parrilla Un Lugar (Club de Pesca Lobos).

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Tute

Regreso y abuelo Pepe

Por Félix Mansilla

Fue un 26 de junio, inolvidable. Una semana asexuado, con dolor de cabeza, casi resignado, con las bolas por el piso. Todos anunciaron lo peor. Sucedió, sucedió. No tenía que pasar. En casa nos la queríamos cortar.

—Cambiá, haceme el favor. Poné que se armó quilombo —dije sin remedio tras una calada honda a un pucho apretado que apagué en un cenicero que desbordó en nerviosos noventa minutos.
—¿Qué querés ver? Ya está, querido —gritó mi viejo sin aire. En la pantalla sólo divisé que se trataba de un documental en Animal Planet.

Era no querer ver, asumirse derrotados. En las afueras del Monumental volaron más proyectiles que en las escenas del Eternauta, y no podía ser real. El lunes amanecí en la radio y con Matías descargamos contra las tapas de Olé. Carroñeros, mentirosos. No se habló de otra cosa en todo el mundo. Estaba agotado de tanto gil hablando. No podía esquivar a nadie. Menos el pasado.

8 de junio de 1987. El primer regalo de mi abuelo Pepe fue una camiseta con la banda. No recuerdo otros regalos de él, salvo ese que está por pura memoria familiar y en una foto en la que estoy abrazado con un primo de Río Negro. Él tenía doce años y nuestras cabezas aparentaban la misma sombra.

Navidad de 1994. Fue en el patio de atrás de la primera casa en la que vivió mi tío Jorge, un vendido con pasado millonario que hoy niega su historia, pese a que las pruebas quedaron en sus cuadernos del colegio con jugadores pintados rojo y blanco. Fue la segunda camiseta, la trajo Papa Noel. La compró en la juguetería de Albanessi, en ese entonces, un palacio de vicios infantiles. Tenía la publicidad de Sanyo. En algún rincón del ropero de la casa de mis viejos, espera arrugada. Jamás dejé que mi vieja la regale. Me sentía el Burrito Ortega.

El Gráfico. Son dos las tapas que recuerdo. Una del clásico 3 a 0 a Boca en la Bombonera con dos goles del Burrito y otro del Enzo. Después, la de la Libertadores 1996, que trajo de regalo un póster de el Enzo que tendí con cinta en la pared: “Cuidado al colgarlo que empieza a tirar paredes”. Qué recuerdos. Qué pendejo: me encantaba releer, marcar, volver siempre a esas hojas finas a color.

La tercera. Como casi siempre, la guita para este tipo de gustos me la dio mi abuela Nené, muy a pesar de la opinión de mi abuelo Lalo. El billete era de cincuenta y quedaron cinco. Casaca de Adidas con la publicidad de Quilmes, manga larga. La estrené en la comida que organizaron después de la Copa en la cancha de bochas del club Defensores. En esa estábamos Luquitas, mi hermano Nico y Eugenio (que no sé si era del Rojo por ese entonces). Esas comidas las frecuentábamos bastante seguido. Pero…

Siglo gallina. Terminamos el siglo siendo los más ganadores. En el 2000, falleció Pepe. Mis recuerdos para con él están mezclados con River en la radio y una figurita de Trotta que me explicó cortante, como era él.

—¿Qué es Roberto Recortar?
—No. Trotta, el de Vélez —dijo en seco apoyado en la estufa hogar del primer rincón de esa casa avejentada. Hoy vuelvo a ese pasado, cuando decía que no se quemaba con el fuego porque tenía ‘piel de sapo’. Antes de que se vaya, mi viejo pasó por el bajo de atrás de su casa y con la cabeza gacha me contó: —Todo esto que ves, lo hizo él, a pala. Por eso quedó tan bajo.

Imparable la banda. Esto sucedió en esos tiempos que River empezaba abajo los partidos y terminaba con dos arriba. Uno para el infarto fue por radio. Empezamos a escucharlo en Barrientos y nos terminamos de transpirar en la Laguna. Fue un 4 a 4 con Banfield. La época en que no ganábamos partidos, sino campeonatos.

Después del amor. Sin Ramón, con un Tolo ganador pero conserva y el primer amor, el fútbol por la tele quedó a un costado en aquellos días de efervescencia púber, nuevo el sexo y Los Beatles. Mucha guitarrita, primeros puchos y el comienzo de la secundaria. En el último año, festejé el regreso a la gloria con el Negro Astrada como DT. Con Nacho, compañero del Comercial, repasamos todas las tapas de Olé de ese campeonato. Parece que fue ayer el gol de Cavenaghi en la Bombonera de cabeza. Ya cursaba la era Aguila(r). Pronto, el desencuentro del camino acostumbrado.

Unos ladrillos. 2005 lo considero el peor año de mi vida junto a River. La primera vez que fuimos con mi viejo y Nico al Monumental, San Lorenzo ganó 2 a 1 con gol de Zabaleta y Romagnoli, que dejaron opaco el tanto de Lucho González apenas comenzado el score. Después, semifinal afuera. Ese mismo año, trabajé como peón de albañil junto a cinco bosteros insoportables. Sí, insoportables como un megáfono y pasó de todo: agónico final frente a Banfield desde la Belgrano alta con Nacho y salida de la Copa frente a San Pablo, con Nico en la Centenario. Corridas, policía, viaje interminable. Tristeza. Al otro día, sólo me dijeron buen día los muy hijos de puta. Coco, comentó algo del partido y después nada. Hervía callado. Todavía estoy preparando la venganza. Uno de ellos ya fue notificado del gran golpe revancha. Será terrible y con perfume de mujer.

La Plata-Retiro-Monumental. Cuando empecé a estudiar en la ciudad del cuadrado con diagonales, fui bastante a la cancha. En la pensión éramos tres los gallinas —Facha y Ariel, que era como de la casa— y Peter, el hombre que más sabe de números, estadísticas riverplatenses y uñas comidas. Cuando el mango no alcanzaba, nos íbamos al bar de Aníbal, que es lo más parecido al inframundo: burros, alcohol, putas, bolsas, pero empanadas de J y Q de re-chupete y Coca en botella de vidrio. River y eso, hacían impagable el placer de un gol del Burrito a Saja de tres cuartos de cancha en el arco que da a Lugones, con sombrero incluido y una lluvia que hizo especial al Monumental. A ella la extrañaba. Volvía por esas veredas tan grises a los libros, el mate y esperando volver, siempre.

8 de junio, 2 AM. Un deseo de cumpleaños: ‘que ascienda River y el título’. La risa de algún obsecuente xeneize de semifinales no me hizo mella.
23 de junio de 2012. Mi habitación llena de humo. Radio en la previa. Nervios, confianza, primer tiempo en cero. Cortinas cerradas. Después los goles y tres piñas al escritorio. Reventó la lamparita del velador y los vecinos nerviosos desaforados. Final con lágrimas en la almohada. Teléfono.

—¿Lo viste? Qué grande, cabeza —tembló mi viejo y después supe por Nico que se le cayeron unos lagrimones en el sillón.

Como repitió el Flaco: “Un año de semejante historia, no opaca el presente”. Y desde el cielo Pepe nos miró inconcluso, arrugado. Bien pero bien de River, eso no le sacó el retobo, pero avisó el respeto.

(de la edición Nº , julio 2012)