DSC05016

En el aire una inquietud

Con un libro editado en 2012, “Persiguiendo al pasado”, Álvaro Nigro se abre camino desde redacciones complejas con personajes cotidianos en circunstancias difíciles de atravesar. Para este año, planea dar a conocer el segundo -Un año en el mundo- para adentrarse de lleno en el mundo de las letras.

Persiguiendo al pasado

Portada de Persiguiendo al pasado (2012).

Alvaro presentó a principios de marzo su primer libro de cuentos, “Solo una idea”, una serie de escritos de los primeros que escribió cuando empezó, hace cuatro años. En 2012, lanzó “Persiguiendo al pasado”. Desde 2009 asiste al taller de escritura Espacio Dos Puntos en Capital Federal y desde el año pasado, a otro en la biblioteca del Congreso de la Nación.

A partir de su propuesta de darse a conocer mediante un libro entregado en mano, piensa ampliar el abanico y continuar con escritos que den forma a su proyección. Él cuenta que la inspiración le llega “con la tranquilidad de la noche y con música de fondo”. A finales de este mes conducirá un taller literario en la Casa de la Cultura, del cual adelantó que hace tiempo viene masticando con la intención de analizar autores clásicos de la literatura contemporánea.

¿Hace mucho escribís así de planear: voy a escribir algo, imaginar historias?

La verdad que hace relativamente poco que escribo. En el 2008 empecé, y por ser que tengo 26 casi 27 años, ya era grande, no es que desde chico escribo.

¿Hubo un momento en el que te sedujo de lleno la idea de escribir y compartir tus escritos?

Al principio escribía y no le mostraba a nadie, por vergüenza o miedo al ridículo, como a todos nos pasa cuando se empieza. Pero después me animé y me hice un blog, pero no se los mostré a la gente que me conocía. Quedó ahí abandonado, en mis comienzos. No se lo mostré a la gente que me conocía personalmente, porque no me creía que era “bueno” o capaz de cautivar a alguien con un cuento o una historia inventada, pero resultó que a esas personas que les mostré los cuentos del blog, les gustaba, entonces dije: ‘epa ¿qué pasa acá? algo debo hacer bien entonces’. Ahí le mostré a mis amigos y también les gustó. Después empecé a subirlos a Facebook, que ya es más público y cualquiera puede leerte, y tuve muy buena aceptación y críticas.

¿Cuáles son, al menos tres autores que revisitás a menudo?

A mí uno que me marcó mucho y me hizo querer escribir, es Adolfo Bioy Casares. Tengo como dieciséis libros de él, estaba obsesionado. Y otro con el que me obsesioné es Fedor Dostoievski, por como maneja la cabeza de los personajes. Otro escritor que leo mucho es Gabriel García Márquez.

¿Considerás que tus historias pueden abarcar lo que se encasilla dentro del género relato cotidiano?

Muchos me dicen eso, que mis cuentos parecen de la vida cotidiana, con personas como vos y yo, pero siempre tengo ese toque fantástico, como por ejemplo en Amor Irreal, una chica no puede salir del restaurante donde trabaja y vive, porque si no se muere. También me dicen que son muy llevadores mis cuentos y que te imaginás todo lo que va sucediendo.

En las historias aparecen seres queridos que están o fallecidos, en el recuerdo o que se van a morir y su final es inminente: ¿Hay mucho de lo personal en ellas?

A veces yo mismo me pregunto eso. La verdad es que eso no es nada personal, por suerte nunca me pasaron esas cosas, ni tengo familiares enfermos. Es todo inventado por mi cabeza (risas). Lo que hay de personal son los comentarios o los pensamientos sobre cosas específicas. Como toda persona que escribe, escribo porque quiero decir algo, transmitir pensamientos e inquietudes. Por ahí es mi subconsciente que se está preparando para situaciones así, no lo sé.

¿Siempre hay una idea base de escribir relatos en lo que la tensión sea, por ejemplo, situaciones con resolución posible, pero que preocupan mucho al personaje?

Sí, creo que eso lo ‘heredé’, por decirlo de alguna manera, de tanto leer a Dostoievsky. Porque a una persona normal le sucede algo que no es común y eso le afecta la forma de pensar y de actuar. Eso intento hacer: que no sea todo tan lineal, que hayan idas y vueltas, que pasen cosas, que los personajes muten, así se hace divertido y atrapa al lector y quiere saber qué va a pasar.

¿Cómo le explicarías a alguien que no te conoce lo que hacés?

Eso siempre me cuesta. Lo más fácil sería encasillarlo en decir que escribo cuentos con personas de la vida cotidiana, pero siempre con un toque de fantástico. Lo mejor que puedo decirles es que me lean de la forma que quieran. Es difícil definirse uno mismo.

Por último, la música: 3 discos que llevarías a un campo en el medio de la nada.

Yo escucho música todo el día, todos los días, y siempre descubro bandas nuevas y no escucho siempre lo mismo, depende de mi ánimo. Pero a ver, me dejo llevar por mi vida, no por el momento musical de hoy (risas). Es difícil, pero bueno yo me llevo Queen II, Hemispheres de Rush y uno de Camel, banda de rock progresivo genial de los 70s, el disco The Snow Goose, instrumental todo, relajante. Además, me tendría que llevar alguno de la Máquina de hacer pájaros y Folklore de Pez.

(de la edición Nº 6, abril 2012)