Marcos 1

Todas las músicas

El guitarrista Marcos Mastandrea nos abrió las puertas de su hogar para repasar sus días de música compartida con amigos y los conceptos abarcados desde el jazz, el folklore, el rock y el reggae.

Marcos 2

—Estoy flasheando un escritorio —ríe y mira su obra con varias horas de laburo—. ¿Y? ¿zafa? —vuelve a reír. Se trata de un escritorio con estantes flotantes incluidos, soportado por finas barras roscadas que separan tres maderas—. Para estar más cómodos —aclara y torna otra sonrisa.

En la casa de Marcos Mastandrea (37) descansan y se gastan muchos instrumentos: batería, percusión, seis guitarras, amplificadores y muchos cables. Enfrente de un sillón blanco de dos cuerpos, un piano sin cola negro —cerrado y avejentado— contiene una colección de grandes guitarristas de jazz. En la misma pared, un cuadro de Stevie Wonder sonriente, escucha el diálogo entre puchos y mates.

El jazz —el amplio mundo del jazz— es el primer tema, y aparece Gabriel Varela en la conversación. “Gabriel llegó acá a Lobos y toqué por primera vez con él en una pizzería. En realidad, lo conocí por Carmen Palazzezi que tenía un programa de jazz, donde él llamó para ir a tocar. De esto hace diez o doce años: tocamos jazz y bossa nova. Después vino el trío de guitarras y fuimos parte de La Trova (junto a Gonzalo Inella y Emiliano Domínguez). Hacíamos como un jazz tradicional y a su vez más funk”, repasa mirando el techo y recuerda que “quedaron registros medios precarios, grabaciones de ensayos. Con el dúo con Gabriel, habremos tocado entre diez y quince veces, pero lo hacíamos desde las cuatro de la tarde hasta la medianoche. Muy hermoso”.

Marcos habla de sus comienzos con la música: como un juego, un lugar de encuentro, el pasaje y la transformación, más todos los amigos que hizo a lo largo de más dos décadas de folklore, rock, bossa nova, tango y jazz. En su recuerdo, queda una lista interminable de grupos con los que ejecutó las seis cuerdas y que aun sigue investigando. Junto a Alberto Pose, María Quintal y Xiquinho Vilano, hizo temas de Caetano Veloso, Beatles y Spinetta.

En el rock, con Espermas Cerebrales, Papá Escarlata y Susie Q, se deslizó con oscuros riff de punk. A cuatros años de su regreso a los pagos de Lobos, después de egresar del Profesorado de Música en la Escuela de Música Popular de Avellaneda, narra que el reggae lo sedujo demasiado: “En la quinta de un amigo estuvimos escuchando y tocando Bob Marley todo el tiempo y cuando quise acordar quería tener una banda de reggae. Tenía a Xiquinho, fui a buscar a Lucho, Guille sabía que quería tocar y así empezamos con Piruleros”.

¿Tu comienzo con la música fue a través del rock?

Todos empezamos tocando la guitarra, en un Citroën a los dieciséis años diciendo ‘queremos armar una banda de rock’, cuando nadie sabía tocar nada. Rock adolescente, punk, cero covers, pero escuchábamos Ramones, Nirvana, todo eso. Armamos cinco temas y los fuimos tocando, nos peleábamos, nos volvíamos a juntar y a hacer cinco temas más. Siempre así, desde esa actitud.

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 Después comenzaste a estudiar música…

Sí, dijimos: ‘bueno basta de hinchar las pelotas y aprendamos algo’. Estudié con profesor particular seis años en la escuela   de Walter Malosetti (referente del jazz local, padre de Javier). Después, cambié y me fui a estudiar un año con Ricardo Lew (ex guitarrista de Ruben Rada, entre otros): ‘Un grosso de verdad, un genio con mucho jazz’.

   ¿En todos los ritmos te sentís cómodo?

El folklore y el tango me gustan, pero al momento de ejecutarlos me siento tenso. Ojo, no es porque no me guste, son cosas mías de autoexigencia. Entonces, un día dije ‘no toco más’. He tocado folklore con Marcelo Micci (voz) y Pampero (bombo), que se me cagaban de risa, porque sufría, hasta que dije basta. Entonces, decidí hacer las cosas que más me siento cómodo. Quedó un cassette que grabamos en lo de Costita. Hoy lo escucho y no está mal. Es como una negatividad personal, me pasa eso y no es grave. Antes era peor. Escuchar a Gabriel y tocar con él es reconfortante: tocamos todo y de todo.

   ¿Se puede decir que estás abierto a todas las músicas?

En realidad no hay nada de la música que no me guste. A esta altura me gusta todo. Si sos músico te tiene que gustar todo, así sea una cumbia, no puede no gustarte. Yo me dejo influenciar por otras músicas. Creo que hay que tratar de escuchar mucho, variado, para el momento de componer tener un todo amplio.

¿Con qué ramas de la música te identificás más?

En especial escucho todo lo que sea música negra: jazz, brasilero, rap, todo. Blanca también, pero mi afinidad viene más con la música negra. Además, escucho a Abel Pintos, que es hermoso lo que hace. Le voy a robar todos los temas (muchas risas). Entiendo que las etapas de la música son muchas: en la adolescencia mucha más efervescencia, pero el crecimiento lleva a que uno seleccione lo que más disfruta.

Fotos: Nico B Mansilla

(de la edición Nº 9, julio 2012)