PLAZAS LP

Rápido repaso de las plazas de la ciudad de La Plata

“Sinceramente
Hace tiempo que nadie
Espera en la vereda de enfrente
Cruzando el bulevar…”
(El corazón sobre todo, Estelares)

Por Nicolás Bernal y Mauricio Villafañe

Llegamos y éramos una banda, caímos de culo en los colchones recién mudados. ¿Colchones nada más? No, toda una vida en un camión de mudanzas. Y nosotros mismos. Risas, euforia y el “y ahora, ¿qué hacemos?”. Y de ahí a tomarnos un heladito y contemplar grandes edificios vidriados, una peatonal y cientos de negocios. Unos paisanos en la gran ciudad. Una ciudad con calles que eran números, muy impersonal todo. Luego, a ponerse a cocinar, a lavarse los calzoncillos. Quemarse las mañanas. A hacerle mil preguntas a los indecisos y a los sabelotodo de las facultades. Y las plazas.

Hay muchas plazas en La Plata. Uno llega acá y se pone a vivir, no le queda otra. Si vivir solo cuesta vida. Vive y va a las plazas. De la Italia, en 7y44, y los artesanos de los fines de semanas a la Moreno, la municipalidad y la Catedral (amén), grandísima, un cuadrado gigante y perfecto, ideal para fulbitos y mates. Es la plaza oficial, la de los recitales o de grandes manifestaciones. Ahí las estatuas le apuntan a la iglesia, los masones son así… Llevar el envase, por las dudas.

Y caminar y llegar a la plaza. La Rocha, en 7y60, una plaza circular por la facultad de Bellas Artes. Y de ahí, por las noches tarde, a Flamingo (hoy Pura vida). En La Plata también las plazas tienen sus diagonales internas, callejones que tienden al afuera o al centro, todo depende de lo que uno quiera o para dónde vaya o, a fin de cuentas, tal vez de nada dependa; sólo están ahí. Después, en 7y66, está la España, oscura, fría y con ese no sé qué de terra incognita…

Hay sobre 7 y sobre 6 a la altura de 50 y 54 unos edificios muy imponentes. Entre ellos, la San Martín, rectangular, inmensa. Con una glorieta, con jardines y un San Martín que no se parece a San Martín. Con la zona del rectángulo que da a 50 medio en penumbras. Las de 1, la Alsina con una gran feria a ambos lados de la vía; la Rivadavia, en 1 y 51, en la entrada al Bosque, ideal para un sanguche en lo Chiche; y la Matheu, en 1y66, yendo para el Hospital.

La Olazábal tiene dos partes, partida al medio por 7. Muy linda, tiene unos escalones muy pintorescos, unos corredores o algo así, unas lomadas y unos choris excelentes en el puestito verde. Por ahí cruza la 38. Otra partida pero por 13 es la Belgrano, monumentalesca, también ondulada, muy verde, ideal para caminar. Es excepcional porque no queda sobre 38 sino sobre 39. En 13y38 sí hay para recomendar el monumento al perro. La Paso, en 13y44, un centro neurálgico, muy transitada ante la atenta mirada del señor J. J. Paso. Típica para bajarse, en caso de vivir por ahí, del Rápido Argentino tras atropellar a todos con el bolso.

La Güemes, muy bicicleteable ya que se viene a full por 38 y nos pone a rodearla. Hay una iglesia muy linda por ahí. Y un Martín Miguel de Güemes imponente. ¡La Azcuénaga! Imposible cruzarla a pie. Queda en 19y44 y el tránsito es constante aunque la plaza está bastante bien como para sentarse a leer o dormitar. Sus diagonales internas están en mal estado. La Yrigoyen, en 19y60, con una especie de circulo ritual en el medio, incomprensible, incompleto, feo. Le da el toque.

La Plaza Paz tiene a un muchacho tocando el tamboril en el centro como monumento referente, eso es fantástico. Tiene ahora un gran puesto para comer algo al paso. Está la Castelli también, en 25y66, enorme cuadrado lejano al centro, camino a la casa de un amigo. Ideal para los que se mantienen en forma o para el fútbol improvisado. Bajando 6 cuadras por 66 se llega a la Sarmiento, sobre 19. Redonda, chiquita, no tan conocida, una joya a pulir.

Quiero dejarle un párrafo especial a la Malvinas, con un centro cultural incluido. Tiene todo, hasta diseño. Es hermosa. Queda en 19y51. Llegar a ella por los bulevares arbolados es como en un sueño, más aún de noche y por verano.

Del Parque Saavedra no quisiera hablar por haberme extendido demasiado en este repaso urbanístico y placero platense. Pero recomiendo su lago y un micrito que lleva a los pibitos a pasear. Tiene un sector semicerrado muy lindo, arbolado, y una feria enorme. No quería hablar y termine hablando. Mejor me callo y comparto esto que salió del corazón, sobre todo.

Las Plazas placenteras

Hoy camino por los números para llegar a bancos marcados con el corazón y nombres entrelazados que duraron besos, abrazos y reconciliación. Voy a los árboles que tienen en su conjunto al jacarandá y me vuelo entre el humo de la gran ciudad, me pierdo entre libros que ya leí, espero a los amigos que no van a llegar y me prendo con los que sentados como indios cantan en las voces de una criolla. Recuerdo las viejas avenidas difíciles de cruzar mientras me pega el viento que es más fuerte en las diagonales que acortan caminos pero que alargan historias. Me rio del monumento prisionero de pisadas o aerosol y me pongo de espaldas a los puestos verdes para no bajonear.

Es el sol que pega despacio entre algunos que salen a entrenar, son las nubes que ocultan las vergüenzas de los dueños y sus perros en los soretes que nunca van a juntar. Yo me escondo entre estos anteojos y me rio del paso de las viejas al caminar, cuando cruzan algunas bohemias vendiendo los panes rellenos, me vuelvo a girar, ya no se cómo ponerme no quiero bajar. Y girando de tanto girar un kiosco me cruzo sobre el bulevar, venden cigarros y birras para disfrutar.

Son las plazas de esta ciudad, donde viejos recuerdan sus días pasados bochando al bochín por sus horas contadas, donde chiquitos disfrutan el tatetí gigante, donde fuman para reírse de nada, donde algunos lamentan no haber cortado camino, los caga una paloma y se lamenta aún más, se vuelven a la casa y la ven desde el balcón, esa plaza es mufa, también puede ser, que va ser, son las plazas de esta ciudad.

Y las plazas de esta ciudad desnudan al sol en otoño, esconden secretos que jamás se sabrán, me aguantan los días en la soledad, hace brillar al marcador amarillo en las fotocopias que hay que estudiar. Destino de tantas marchas donde sus historias nunca se van a olvidar.
Pero en mi pueblo antes vendían una pizza que se llamaba “La plazita”.

(de la edición Nº 20, junio 2013)