En la línea de fuego 1

En la línea de fuego

Como ocurre a diario pareciera que tras los hechos de “inseguridad” la sociedad argentina toda tiene ganas de más violencia, poniendo reparos a los Derechos Humanos y a la mala aplicación de las leyes. En el medio, el show televisivo desprende similitudes y paralelos con la Ley del revólver. 

En la línea de fuego 1

Por FPM

Después de ocurrido el hecho en el que el conductor de Radio 10, Baby Etchecopar, fue baleado en su casa, muchas fueron las horas que los canales de noticias, en especial C5N, se dedicaron a desarrollar un análisis inmediato de cómo la justicia por mano propia cumple a una obediencia casi debida de legítima defensa ante un caso de “inseguridad”. Esa palabra, tan decoradora de títulos y zócalos informativos, sirve a la hora de llenar espacios de aire y ya no llama la atención ver sangre y a continuación los goles de Messi en el Barcelona.

Todo sirve y se utiliza en el show del morbo. En este episodio, el realizador del Ángel de medianoche fue victimizado a lo largo de su internación, teniendo en velo a la audiencia con la evolución sobre el estado de salud de su hijo, hoy fuera de peligro. Así, con una agenda gastada y poco cargada tras el mes de la tragedia de Once, el “Boudougate”, una oposición casi salida de los medios, la noticia contó con distintos tipos de factores noticiables –un caso de inseguridad a una figura con relevancia pública, otro caso de asalto con muerte, heridos y robo, declaraciones de amigos de Etchecopar (Chiche Gelblung, Alejandro Fantino, Oscar González Oro y Eduardo Feinmann, entre otros). Éstos últimos, no hicieron más que justificar la defensa de su colega, que “bajó a uno de los chorros”.

Si bien se trata de una circunstancia difícil de tratar y observar, el interrogante acerca del procedimiento analítico de otros hechos de tamaña magnitud emana mensajes que contradicen las tan cuestionadas leyes penales para casos análogos, en donde prima la defensa para evitar la muerte de un familiar, pero no la utilización de armas por parte de civiles “indefensos”.

Lejos de dictaminar la justificación para que en el hogar de Etchecopar se hayan tirado más de veinte disparos y fuese portador de más de cinco armas de alto calibre, el tema reside en que poco se habló acerca de la imputación a quien mató a otra persona por un lado, y por otro, que en este tipo de casos, la reacción de los comentarios en las notas que abordaron el episodio fueron de un tipo violento, racista y simplista.

Matarlos a todos

Esto conduce a otro interrogante: ¿es en realidad éste el deseo de muchos argentinos? ¿Que se terminen estos casos con más violencia, poniendo como excusa el lento actuar de la Justicia, en vez de cuestionar a todo el sistema que conlleva a que se sigan repitiendo?

El primer antecedente, ocurrió tras la muerte del florista de Susana Giménez, quien en rueda de prensa deslizó que “el que mata debe morir”, más la sumatoria de las palabras de otro personaje famoso como Cacho Castaña, que livianamente (o en caliente) arrojó que se debía “matar a los delincuentes en un paredón en Plaza de Mayo” para que sirva como demostración de lo que le sucederá a quien haga lo mismo (Cacho, apretá vos el gatillo, entonces).

A su vez, el condicionamiento a los Derechos Humanos de los que sólo destacan que “están hecho para los chorros” y frases de similar desempeño con desprendimiento de más odio.

Por eso, al momento de entramar mensajes globales, son los medios de comunicación, en especial opositores a la gestión, los que desprenden e irradian el odio e informan tendenciosamente para sembrar el caos. Capítulos como los de Etchecopar suceden todos los días, muchas veces son aislados, en otras forman parte de un día a día, pero se toman dentro de una globalidad enmarcada por las coincidencias.

Esto es, se desvía la atención para sumergir a la atención pública en su propio escenario con la clara intención de atemorizar. A cualquier productor periodístico le viene de pelos que corra sangre para que esto sume tiempo de aire, con más condimentos como: tensión, temor, llanto, pedidos de justicia, etc. y la musiquita de Psicosis como para que te quedes en el sillón, todo cagado y sin salir ni a comprar puchos.

Así, en los medios, el Conurbano Bonaerense es sinónimo de “tierra de nadie”, las clases bajas pasan a ser culpables de todos los problemas de un país y son quienes reciben la carga a la hora de enumerar el ranking de prioridades.

Eso a lo que denominamos como un argentino medio, según los medios, le preocupa la inseguridad en primer lugar, luego la inflación y después el entretelón de otras cuestiones vinculadas a los servicios públicos, el estado de las vías de comunicación, el desempeño de funcionarios, los casos de corrupción y más en una lista que contempla siempre el abordaje mediático.

Se trata de temáticas con la que se ve afectada o se siente afectada una gran porción de la sociedad, pero la cuestión es cómo la expresan los medios y con qué intereses. La vida diaria es más que una placa roja de Crónica TV.

(opinión, de la edición Nº 6, abril 2012)