Obra en hierro de Bocha Miracca. Por NBM.

Esperá sentado

Obra en hierro de Bocha Miracca. Por NBM.

La idea no es cambiar el mundo, sino pensar en cómo sobrevivir en el andar. Así, la cosa aparece como utópica, que no quiere decir que sea impensable, porque la marca es ésa: dejar las huellas atrás, recordándolas pero sin contarlas más que en las buenas ocasiones. Hacer frente a eso que se presenta de modo negativo, que transporta maldades, mentiras, resignación.

La actualidad mediática nos viene atravesando desde hace varias semanas con el caso Ángeles Rawson, donde parece que el flujo informativo es cada vez más importante que la verdad recobrada/esperada por su valor de incomparable, simbólica, procaz, efímera en el acontecimiento. No hace falta más que mirar y observar cómo las transmisiones en vivo reproducen los hechos que mucho distan de ser reales en tiempo y espacio, porque no son más que especulaciones.

Esto conlleva a suponer que aquello que se diversifica como presumiblemente real se ve envuelto en el traspaso, que no es más que aquel que se evidencia dentro de los círculos de las elucubraciones que sólo confunden, sin ningún objetivo más claro que aquel que se da como veraz pero sufre de argumentos.

En principio, el asesinato de la joven se destacó como un caso de inseguridad. Luego, las miradas fueron por encima de su padrastro, indicado como el principal sospechoso. Después, una vez apuntado el crimen hacia el portero Mangeri. Abogados, un taxista, vecinas entrometidas, la mucama, la esposa de, no falta nada. Todos queremos saber quién fue, pero en el precio de un derecho a estar informados, lejos de la cuota de entretenimiento.

Claro que no es fácil negar la historia de los casos policiales en la Argentina, pero todo cambió. El pasado llenaba de sangre los titulares, hoy, no hace falta abrir el diario, porque la capacidad visual atrapante de las pantallas dejan en clave aquello que en el pasado se masticaba preciso.

El desarrollo de esa medianía, nos contrae al aburrimiento, al descreimiento, a la soberbia de creer que todos tenemos razón por ser parte latente de algo que ocurre en otro lugar. Verlo por la televisión no le da signo de creíble, pero sí convence: está ahí, en tiempo real.

Lo dice el periodista de la tele, lo escuchamos con nuestros propios oídos, nadie me puede contar aquello que veo desde mi. La era de la comunicación, la era de lo efímero, el tiempo de lo veloz nos encuentra en desventaja. La salida es escapar, la señal es no esperar sentados.

(editorial Nº 21, julio 2013)