Pradera

Hoyerna

Por Nicolás Bernal

Pero por hoy no más hoy, digamos no, digamos ayer, que mañana todo va a estar igual. Si no estoy es porque no soy, si no encuentro es porque no busco, hoy fue sí, en los paréntesis de los no.

Hoy no que si, que no, que si, es mejor el mismo ayer parecido al de mañana. Hay que cerrar, errar, abrir caminos que nos lleven al mismo hoy, mejor que ayer va ser seguro mañana, seguro seguro que si.

Y esto que quedo en hoy, quedo titilando en las praderas del campo. Y yo no me voy, me quedo en un hoy que no tiene nada que ver con lo de ayer pero mañana ojalá que siga todo igual que ayer. Es que hoy, mañana y ayer tienen un orden que no es el de siempre y la verdad que el pasado es el presente.

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De Rota

Por Poyodelobos@

Ciénagas luminosas brotan a mis pies,
ahogando las prematuras huellas,
camino en el desconcierto
quejumbroso y tambaleante,
con manos desencontradas,
lágrimas sin cause y
un pestilente aroma que de soledad agoniza.

Estoy mal, manchado, marchito,
mezquino de valor…

La espada del semblante se derrite,
el coraje de su empuñadura se evapora…

Y la saliva rabiosa crece en aullidos esofagales,
interno dolor intenso,
la cobardía quemana
y nuez fuego sagrado…

(de la edición Nº 22, agosto 2013)

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Blanco

Por FPM

El flaco estaba re pasado. Zarpado en todo un ambiente siniestro, turbio y con falsedad en todos sus alrededores. Estaba sacado, lo acompañaba una mina que de amor no tenía nada. Era la que le daba cuando le faltaba, entonces, el flaco se calmaba, se enfriaba. Se tiraba en el sillón a ver la tele como sin mirar y con el día en todo el lomo, pensaba sin re-pensar.

La mina lo vivía, quería de él la guita que se ganaba en una empresa de transporte en cincuenta horas semanales. Faltaba que ella lo haga entrar en su juego para que vuelva a caer, insípido, irreflexivo y fuera. Después de hacer el amor, gastado, le pidió más. Quería más y temblar. Después se limpió y la echó de su casa. Todo comenzó a ser mejor y ya no medía el sueldo en blanco. Cambió y volvió.

—¿Qué hacés tanto tiempo, chabón?
—Decidí volver, loco, no podía más. Esta mina…
—Ahora vas a parar acá. Quedate, volvé.

Después de un tiempo, el tiempo se enredó dentro suyo y con el gusto ese de darse un gusto y volar y meterse en historias más profundas que las de su pasado en blanco. Tomó el tren que lo acercó y en dos bolsos de mano contuvo sus pocas ropas. Lo cerró y corrió hasta la estación. En el viaje, charló con una señora grande que le contó el secreto de cómo curarse los hongos a través de un conjuro milenario: primera orina de la mañana, mojar y enjuagar.

El flaco hizo gesto de ajá y dos paradas más tarde, pensó en el frío y dónde parar. Cuando llegó a la estación final, las luces del empalme le recordaron el amanecer esperando apedrear el tren cuando un niño. La máquina se alejó y el invierno lo abrazó. Buscó luces de almacén. Fue. Compró dos latas de paté, pan y cigarrillos y una tarjeta de celular.

Fumó y escribió en su cuaderno: “Martes 17. Llegada con frío. Espero que la noche me espere. La frazada es corta”. Después, en la madrugada, anotó: “Amanecer naranja. Mate cocido en lata. No sé si caer tan temprano. Decidido en volver, volví”.

Resolvió guardar todas sus cosas en un solo bolso de mano liviano y salió del galpón. La mañana se presentaba húmeda y después de saludar al empleado ferroviario y asegurarse de que no pasara el tren, se subió a las vías para el viaje que lo veía regresar. Fumó escondido bajo un tala gris, esperó y escribió: “Estoy de nuevo en la ciudad ¿Paso?”.

Esperó, sonrió y siguió el trayecto. Estaba limpio. Borró a la mujer y cuando pisó la vereda de la casa de su amigo, lloró. Se esperó y golpeó. Dijo buenas y entró.

(de la edición Nº 22, agosto 2013)

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Lo simple es lo correcto

Por Pensamiento Caracol

El verano comenzaba a regalar sus primeras noches frescas, señal del fin de una época, o simplemente del inicio de otra. Las luces de la calle se perdían entre las copas de los árboles, y regalaban sombras que tomaban formas extrañas. En la plaza un muchacho solo esperaba que la soledad lo continúe acompañando esa noche, no necesitaba más que su propia compañía.

No necesitaba más que la sensación interna de poder estar solo y saberse feliz. En el silencio de la charla se hacía de todos los ruidos de la noche, el viento, los perros, la bocina del tren. Veía a las parejas prometerse cielos y estrellas, para luego fundirse en el placer. El sólo pitaba un cigarrillo y veía como el humo se disolvía en el aire.

En su soledad, podía cerrar los ojos y viajar por los cielos de la inconsciencia, cada tanto tarareaba algún pensamiento y una risa iluminaba su rostro. La gente a su alrededor lo veía solo, pensando que la persona que esa noche debía acompañarlo no llegaba y posiblemente no llegaría. Pero lo que más inquietaba era verlo plácido y domingo, sin desesperar, sin estar revisando constantemente el ir y venir de los autos.

No comprendían como aún no había revisado infinidad de veces su celular en busca de una explicación. Pero realmente lo que no lograban comprender es como el podía estar solo y disfrutar de su compañía. Se había despejado de todo tipo de ambiciones, el único deseo que sostenía era el de perpetuar ese momento consigo mismo y con todo a la vez.

El viento de la noche lo acariciaba y se daba cuenta, con humildad, que habría descifrado un gran enigma de la vida. Ahora era capaz de ser dueño de su vida, ya no lo podrían atar ni él pretender eso con los demás. Seguía extinguiendo ese cigarrillo y se preguntaba por qué se supone que necesitamos a otros para ser, para estar completos, cuando ahora y en soledad nada parecía faltarle.

Había sido gratificado por el beneficio de la contemplación y la simpleza de saber que uno ya tiene todo lo que necesita tener. Que la soledad no es mala palabra, que las horas están para ser vividas y aprovecharlas en un mundo donde (aunque no parezca) todo es perfecto. Decidió dejar la plaza para pedalear por las calles de la ciudad con una mueca tan profunda como una sonrisa, mientras tarareaba una canción sin apuro ni vergüenza.

(de la edición Nº 22, agosto 2013)

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Corazón de leona

Pasiones e historias que van de la mano. Treinta años del hockey rojinegro con el espíritu de equipo cómo bandera. Texto y fotos por Tomás Gianandrea

No les importa el frío. No les importa mojarse. No les importan los bochazos recibidos. Porque viven persiguiendo sueños y objetivos. Juegan, corren, transpiran por el sólo placer de la palabra hockey, y así y todo no pierden su perfume de mujer. Las marcas en su cuerpo no las hacen menos femeninas, mientras un rolly go en el borde del área haya salido bien o un flick haya tenido su destino deseado.

La pasión va más allá de cualquier tropiezo o raspón.Como en todo, la historia no se olvida y siempre es bueno pegarse una vuelta cada tanto para recordar las raíces. A principios de los ‘80, alguien tiró una bocha y mientras los stick se confundían con palos de escobas yendo de un lugar a otro, un nuevo deporte comenzaba a abrazar a Lobos. Pero en el ‘85, tras la compra del predio Polideportivo, Athletic le hizo un guiño al hockey y desde entonces nunca más se soltaron la mano.

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Hablar de hockey en Lobos es sinónimo de Claudio Delía, hoy secretario de deportes local que desde muy joven abrazó la profesión de enseñar y jugar. Fue precursor y difusor fundamental de la actividad, formando cientos de jugadoras a lo largo de 25 años.

Al poco tiempo de estar cobijado bajo las alas del Lobos Athletic Club, el hockey lobense tuvo otro hito; fue impulsor y fundador de la actual Asociación de la Cuenca del Salado que en la actualidad nuclea a diez ciudades de la región. Varios títulos en primera división y otros tantos en divisiones menores avalan el poderío del LAC dentro de la Asociación.

Pero además de las consagraciones, el hockey rojinegro cuenta con otros dos hechos que lo hace verdaderamente uno de los equipos más importantes y poderosos de la zona. A principio de año Athletic estrenó el césped sintético, un sueño postergado de casi 30 años, convirtiéndose en uno de los dos equipos de la zona en tener una cancha de dicha superficie (el otro es Brandsen).

Mientras que el otro acontecimiento importante, es la participación en competencias a nivel provincial; el pasado mes de julio en Bahía Blanca, el LAC disputó por octavo año consecutivo el Torneo Argentino C de Clubes Campeones de la provincia de Buenos Aires. Una prolongación en el tiempo que muestra a las claras la vigencia y el progreso con el que cuenta el hockey lobense.

Historia, garra, pasión, competencias provinciales, césped sintético, talento y más de 120 chicas que comienzan a darle a la bocha con el stick, hacen soñar al LAC y al deporte lobense con muchos años más de prosperidad y desarrollo de la actividad. El hockey juega más que nunca.

(de la edición Nº 22, agosto 2013)

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msj, incomplto

Por Poyodelobos@

Arrastrados por la sed de conocimientos,

impulso que vence los temores,jjjjjjjjjjjjjjjjjjjjj

arlequines de la poesia te invitan a jugar rr

en esta ciudad verdes juegos polenizados,

atrapan el viento en sus manos,

y se dejan llevar por lineas esferoides

hacia caminos de vagas soledades, essss

vuelo impertinente ante la vigilia de la rutina.

 

Ereseres que abren espacios en la densa desparición

se nutren de colores brotes,

habitantes de un mundo arco iris,

pueblo de templados horizontes puros,

traen en sus manos semillas de amor

mientras rien y piensan…

Cuando se esfumen, se evaporen

de tanta infinita belleza material

energia en que se han convertido

podran sentir el enlace al valor

en cercanias del sol…

(de la edición Nº 22, agosto 2013)

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Asesinos del Pentagrama: Haciendo la gran rock

La banda lobense que desde hace una década desgrana riffs en todos los lugares donde se pretenda rock & roll. El blues, las rutas y la emoción de tocar con su ídolo Chizzo, de La Renga. 

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Sangui, Franco, Gera. Cuerda para rato. Foto: Majito.

Asesinos del Pentagrama es una banda de rock & blues que desde hace años está girando en la escena local y en varios puntos de la provincia. Cada fin de semana, su agenda de shows suma nuevas experiencias, gente que los sigue a todos lados, amigos de la música y excusas para estar en las rutas. A eso, se puede agregar que suenan como un power trío que mezcla lo ácido del Pappo más setentoso, el ritmo de las guitarras country de Steve Ray Vaughan, bases de bajo que marcan el taco, más los tachos del más clásico r&r de los caminos.

Por eso, Franco Regino (guitarra), Agustín Sanguinetti (bajo) y Gera (batería) se proyectan en plan de continuar sonando en donde haya bandas de su estilo, donde estén dispuestos a prestar el cuerpo para que cada set —distinto en cada show— haga la noche distinta.

El año pasado, lanzaron su primer larga duración —Muerto o entero— un disco con una docena de canciones que van desde la entrega al papel con letras de amor, mensajes que van en la senda de los espacios que forman el contexto de ese asunto de salir a tocar en lugares diferentes, las pequeñas delicias de una agenda que se abre sin cerrarse y la amistad como eje céntrico.

El concepto frontal de una banda que llega, enchufa y pela. En Muerto o entero —grabado y mezclado en El Lucero Records a cargo de Gustavo Sambartolomeo— es un viaje a lo largo de cuarenta minutos que se ensancha con blues, algo de country argento, más las historias que cada canción demuestra.

Todas van al punto: la mirada de los que sienten lo que hacen, su camino de modo independiente, esto es, hacer la movida junto a otras bandas del circuito rock. El arte de tapa, de la mano de Juan Cruz Marani, es la cara visible de lo que el sonar a puro rock manifiesta: luz hasta que se termina la noche.

Por Orieta Gnazzo

Junto a Chizzo Napoli. Foto: Orieta Gnazzo.

En ese andar, la experiencia se les cruzó una noche de junio de este año, en el Bajo Flores cuando les preguntaron si deseaban zapar con Gustavo Chizzo Napoli, alma rocker de La Renga. Fue una anécdota de la que los Asesinos no hacen alarde, pero que cuentan desde una mirada que indica las señales.

¿Cómo fue la experiencia de tocar con Chizzo?

Franco R.: Fue hace poco, el 15 de junio, en el Bajo Flores. Fuimos invitados a tocar a una fecha organizada por una agrupación de motos muy importante. A la gente le gustó nuestro show. A la semana siguiente fue una fecha aniversario del lugar. Nos pidieron que vayamos a tocar, pero nos surgió el Motorock acá en Lobos (en el Centro Nativo Acuyai), y estuvimos complicados con el tiempo, pero fuimos gracias a un amigo que se copó y nos llevó después de tocar acá. Salimos como los bomberos hacia el Bajo Flores. Pudimos estar en los dos lados, la pasamos re bien. Fue rock & roll.

Sangui: Llegamos a las nueve de la mañana del domingo, muy contentos.

¿En qué momento supieron que iban a tocar con él?

Sangui: La gente de la organización nos propuso a modo de agradecimiento de ir a tocar teniendo ya una fecha armada. Nos dijeron si queríamos tocar unos temas con el Chizzo. No hubo mucho que pensar.

Gera: Estaba el circo medio armado. La pregunta de la noche fue ‘¿Quieren tocar con el Chizzo? Si no le decimos que se vaya’. Le dijimos: ‘No ¿cómo le vas a decir eso?’.

Sangui: Le dijimos que por esa vuelta sí íbamos a tocar (risas). Nos presentaron después del show de la banda que tocó antes que nosotros.
Algo inesperado para los Asesinos…

Franco: Y bueno, subimos, tocamos, fue una gran alegría. Estábamos tocando un tema nuestro y subió el Chizzo en la parte del solo de guitarra. Como experiencia estuvo muy bueno, y vale la pena recalcar que es un tipo re humilde, es uno más.

Algo quizá inesperado, un referente de siempre, ahí al lado…

Hemos ido a tocar a muchísimos lugares y pasa muchas veces que conocemos gente que no es muy buena onda y que un tipo que tenga mucha experiencia como el Chizzo, grosso, que llena estadios, se suba a tocar como uno más, es una satisfacción, más porque desde siempre escuchamos su música. Yo particularmente tenía miedo que el tipo sea un jodido. La verdad es que no fue así, por eso fue como un premio. Pensaba: “Tanto tiempo escuchándolo y ahora está acá tocando con nosotros”.

Sangui: Muy linda experiencia, porque íbamos a tocar dos temas y se copó y tocamos doce canciones. Una hora con nosotros. Es muy grosso que gente así se sume a las bandas que están comenzando el camino. Justamente su consejo fue ése, que sigamos tocando.

Asesinos en 3 Motorock por Majito

Asesinos en el 3º Motorock Lobos. Foto: Majito.

Franco: Todo lo que nos dijo fue productivo, sincero. En ningún momento sentimos que nos despachó. Estuvo con nosotros, habló, nos aconsejó, fue un tipo muy sincero y hablando 25 mil escalones más abajo de lo que en realidad es, al menos para nosotros. No en el sentido de rebajarse para hacerte sentir igual, sino desde su experiencia, remontándose al camino que atravesó él. Está bueno remarcar eso: que es un rockero del palo, un rockero de ley, no un disfrazado.

Sangui: Fue como una acaricia al alma, porque es el mensaje que dice “te esforzaste, luchaste y llegaste hasta acá”, algo que nunca hubieses imaginado se dio. La señal fue: “Sigan que se puede”. Yo siento que a nivel banda obvio que nos va a ayudar, pero esto fue algo más a nivel personal, algo que lo enorgullece más a uno. De esa noche rescatamos, por ejemplo, que a la gente del lugar le gustó mucho lo que hacemos.

Franco: Este tema salió en esta conversación, nosotros no lo decimos. Cuando pasó, a los que estaban con nosotros se lo dijimos. De igual modo, no queremos revolver mucho porque es una cosa linda que nos pasó, pero tampoco deseamos hacer alarde de eso.

(de la edición Nº 22, agosto 2013)

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Donde el corazón late más fuerte

La literatura futbolera atraviesa por el medio a ese personaje creativo que intenta distraer a un rival o que investiga hasta el nombre de la mujer del juez de línea para volverlo loco todo el partido. El jugador y el entorno futbolero entienden en el hincha la esencia del tan nombrado folklore del fútbol.

Por Francisco Clavenzani*

El puteador, el alabador, el incentivador, el de aplauso fácil: el hincha. Es que es así, no hay un estereotipo de hincha de fútbol y menos de un hincha del fútbol argentino. Por eso la literatura futbolera se nutre tanto “del tablón” y los grafica en cada uno de sus cuentos. El hincha es sin duda un enamorado del juego. Porque gane, pierda o empate está satisfecho porque acompañó a sus colores. El que alienta sin cesar, hace malabares por ver a su equipo en donde sea y muchas veces mientras más lejos llegó, más placer le da.

El hincha verdadero es el que no insulta a sus jugadores, el que no rompe el club, el que no vive de ser hincha, el que se come la bronca ante un gol con la mano o un penal mal cobrado en el último minuto y descarga el dolor llorando, rezando o en el encuentro de otra acción no violenta. Si bien el hincha no pierde su condición y su amor por los colores en ningún ámbito, es en la cancha en donde se desvive. Así, cada reducto se hace famoso por la hinchada. Y lo que pasa en las tribunas repercute directamente en el campo de juego.

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Fontanarrosa, Rosario en el corazón.

La ansiedad, la motivación, la necesidad de un cambio; todo, absolutamente todo, repercute positiva o negativamente en los jugadores y cuerpo técnico. Además, en este contexto globalizado en donde las cámaras están atentas a lo que sucede en las tribunas, las hinchadas se desviven por encontrar elementos originales: forma de colgar banderas, ingresos a los estadios, instrumentos que acompañan cánticos, trapos escritos y algunas cosas más que hacen a las hinchadas “únicas”.

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Galeano, “El fútbol a sol y sombra”.

“Es este espacio sagrado la única religión que no tiene ateos exhibe a sus divinidades”, dice el uruguayo Eduardo Galeano en su libro «El fútbol a sol y sombra», y allí radica una gran verdad. Porque las diferencias se esfuman en la tribuna. No importa de dónde proviene cada uno, todos están por un motivo mancomunado: apoyar a su club.

Según el periodista Alejandro Apo, en nuestra narrativa es Roberto Fontanarrosa quien “interpreta exactamente la locura y la pasión”. Y Fontanarrosa describe al hincha en todos lados; porque hincha no se es solamente en la cancha. En su cuento el «El ocho era Moacyr», el rosarino narra una situación particular en el famoso café de Rosario El Cairo.

Un grupo de amigos se juntaba todos los días a conversar sobre diversos temas, pero la charla comúnmente derivaba a la pelota. Un día apareció un personaje nuevo que se sumó a la mesa de café y al estar vestido elegantemente y hablar poco, cada vez que se iba era tildado de “medio trolo el muchacho”. Le decían “sobre cojines”.

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Apo, el relato futbolero.

Al otro día, ese muchacho se soltó en la conversación y mostró sus preferencias por el fútbol, recordando datos que la mesa había olvidado. Así pasó a ser “un buen tipo”, porque saber de fútbol para estos hombres del café era sinónimo de ser buena gente, y una cosa similar pasa en la hinchada, cuando alguien conoce al pibe de la Tercera que asoma o que a la distancia reconoce a un jugador que llama el entrenador para hacer entrar. Porque la pasión se vive y palpita en todo momento.

La pantalla y el fútbol

El cineasta y reconocido hincha de Racing, Flavio Nardini, escribió y llevó a la pantalla chica el cortometraje «Tiempo de descuento» en 1997. Allí, se representa cómo la pasión del hincha excede todo y en cualquier circunstancia. Un grupo de secuestradores tienen prisionero a un joven y deben matarlo, ya que la recompensa solicitada por el rescate no llegará.

En ese mismo momento, se está jugando una final entre Racing y Boca, en donde la Academia podría consagrarse campeón después de 32 años. En su último deseo el secuestrado pide terminar de escuchar el partido, pero dos de los tres secuestradores aducen que está jugando con los sentimientos del otro, quien era hincha de Racing. Finalmente les muestra un tatuaje y con el correr del partido el secuestrador hincha de Racing termina matando al otro que los carga.

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Sacheri, “La pregunta de sus ojos”.

De esta manera, el indefenso secuestrado encuentra un “aliado” dentro de su enemigo y todo gracias al fútbol y la pasión. Así, la pasión, la locura, la sabiduría del hincha se entremezcla en nuestra literatura. Y como relatan en la película «El secreto de sus ojos», basada en la novela de Eduardo Sacheri «La preguntade sus ojos», la pasión no sufre cambios: “El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios, pero hay una cosa que no puede cambiar: no puede cambiar de pasión”, relata el personaje interpretado por Francella.

Sin diferencias

Si existe un hincha similar al argentino, ése es el inglés. Y si hablamos de ese espectador y lo entrecruzamos con literatura, es imposible obviar el relato de Nick Hornby, «Fiebre en las gradas». En un sensato y apasionante relato, el autor narra en primera persona su pasión por el Arsenal de aquel país durante 20 años. Una lectura recomendable y atrapante, que lleva al lector a sentirse uno mismo, volviendo a vivenciar las cosas que hemos hecho por los colores.

*Paranaense, Licenciado en Periodismo y Comunicación Social de la UNLP.

(de la edición Nº 22, agosto 2013)

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Divinos tesoros

Por Félix Mansilla

La idea de hablar de educación se trata de un tema complejo en el que todos debemos asumir responsabilidades. Las preguntas sin respuestas abundan/flotan/permanecen como amplios desafíos. No basta con llenar las escuelas de computadoras sin un plan de funcionamiento. Tampoco es necesario que esto no sea así.

Las PC forman parte del presente, del futuro, son la herramienta de comunicación actual; que los alumnos cuenten con ello es importante, pero no alcanza. El plan debe ser acompañado por una política de prácticas, tanto para los que están aprendiendo como para aquellos que son los encargados de hacer aprender. Dar el punto en el uso, en los contenidos, que sean los que preparen lo que vendrá.

La primera preocupación, hace a la inclusión digital y tiene que ver con reducir la brecha entre sectores sociales y entre generaciones en el acceso y en el uso que se hace de las nuevas tecnologías. Como indica el especialista en Educación Juan Carlos Tedesco, “un tema no menor es que las nuevas tecnologías se desplazan a escala global, y los Estados nacionales parecen tener limitaciones técnicas y estructurales para regular los flujos existentes y también para contraponer dinámicas o intenciones en esa velocidad y escala” (2005).

Otra de las cuestiones, es el desfasaje en cuanto a las relaciones generacionales entre padres e hijos, la cual implica una distancia en la que cada uno de los factores se proyecta en sentidos relacionalmente definidos desde el discurso mediático, como puente entre el mercado y sus potenciales consumidores, con las diferencias que acarrea.

La definición del diccionario, indica que discriminar es la acción y el efecto de “separar, distinguir, diferenciar unas cosas de otras”. Además, discriminar es dar trato de inferioridad en una colectividad a ciertos miembros de ella. Raciales —negro/blanco/oriental—, religiosos —judío/menonita—, políticos —radicheta/peroncho—, etc.

Dicha selección de rasgos es una operación funcional al reconocimiento inmediato de un individuo bajo etiquetas como “negro”, “villero”, “judío”, “boliviano”, “discapacitado”, con claros de homogeneización derivadas de los prejuicios o estereotipos sociales apuntados desde quienes lo predican. Son tiempos de cambiar.

Es fácil descargar aquello que los mayores no logramos en los comportamientos de la juventud, de los más chicos, que no son más que el reflejo fresco de aquello que se mantiene con el status de normal. El mensaje se vuelve siempre el mismo, sin reparar en los errores o en las cosas a mejorar para que los más chicos no sean los culpables.

Un claro ejemplo de todos los años, es esa frase —reiterada hasta el infinito en los medios— que dice en vacaciones de invierno: ¿Qué hacemos con los chicos en estos quince días? Dicha concepción, proveniente del mundo de los adultos, no hace más que confirmar las reglas: del mercado, de esa visión de que para que los más pequeños no molesten en casa los llevamos a: consumir, a gastar el tiempo, a salir porque en el hogar molestan.

Además, llevando el tema hacia la Educación, se puede considerar que eso que se piensa conduce a remarcar sobre las instituciones escolares como lugares de depósito de niños, que van a aprender, pero también son el lugar para que no estén solos en casa, porque sus padres trabajan.

Otra de las variantes sobre lo negativo en el comportamiento de los niños, es esa que dice que “la juventud está perdida, nada se puede hacer”. Así, el ejercicio debe conducir a repensar la construcción subjetiva sobre el rol de la familia, las escuelas, el crecimiento y el lado compartido: educación en casa, en la escuela y en la vida. Cabe agregar que los cambios que se han dado a lo largo de la historia en el modelo de la familia, se corresponde a alteraciones en la organización en el seno familiar.

Esto conduce a analizar que existen nuevas formas en los vínculos, carentes de la significación que contuvo en el pasado. Los distintos tipos familiares cambiaron: familias ensambladas, ampliadas o monoparentales. De allí, que en dicho contexto la institución escolar no contenga las mismas maneras simbólicas, porque no cuenta con un factor determinante en cuanto a las subjetividades. Podemos plantear que la actualidad conduce a pensar que existen muchos espacios vacíos en donde la escuela mantiene poca comunicación ante los cambios.

La escuela actual cuenta con un acrecentamiento en las demandas por sobre ella, con respuestas que deben ser atendidas de forma inmediata, atentas al desarrollo de las nuevas formas de infancia. Por eso, el asunto requiere el reconocimiento de la igualdad en dignidad de todos y de cada uno de los integrantes de la sociedad, puente necesario para promover la convivencia en la diversidad cultural en la que todos somos parte.

(de la edición Nº 22, agosto 2013)

Por NBM.

Editorial agosto: Siempre se viene

Por NBM.

Estamos casi casi sobre el camino que lleva al final de un año cargado en la agenda. En poco más, el sol va a salir más temprano, las tardes serán un poco más largas y no se agotarán las excusas para decir en breve “pero cómo se fue el 2013, che”.

Como cada año sucede lo mismo, es tiempo de ponernos un poco de acuerdo para decidir qué queremos, cómo lo queremos, para qué lo queremos en nuestra ciudad y alrededores. Faltan moldes por estrenar, quedan cuentas por cerrar, pero no debemos parar. 

Este viaje es especial porque trata sobre cómo el arte imprime formas de vivir, de sentir y continuar por el solo hecho de, como dice Nebbia, “pues andar nuevos caminos hace olvidar el anterior”.

La historia principal es para Asesinos del Pentagrama, una banda que desde hace una década anda rodando por todos los caminos representando el rock de acá. En medio de esa senda, la anécdota es la experiencia de tocar junto a Chizzo de La Renga, pero la búsqueda no se agota ahí, porque —como aclaran en la entrevista que realizamos en el Mono Tremendo— se trata de algo que tocó al trío de modo personal.

Pero no es poco, porque vale el reconocimiento que un par de sonidos salidos de una guitarra distorsionada de un ídolo deja para el recuerdo, para la eternidad de un sentir especial. Va, entonces, de modo anecdótico aunque sin quitarle el valor (para los demás) ni el peso que merece una vivencia así.

Como hace veintidós ediciones, volvemos a insistir en las ganas de dar a conocer a artistas locales: porque lo merecen, lo necesitan, lo hacen por aquellos que se reconfortan con escuchar, ver, apreciar eso que hacen los que saben lo que quieren. Bienvenidos a el viaje Nº 22. No estamos locos, el viaje es real. Adelante.

Foto de portada por NBM.

(de la edición Nº 22, agosto 2013)