Sarmiento

Sarmiento revisado: la verdad detrás del “Padre del aula”

El 11 de septiembre pasó a la historia como el “Día del Maestro” tras la muerte de Sarmiento en 1888. Hoy, se lo considera el “Padre del aula” por su impulso a la educación pública en nuestro país, pero en este informe exclusivo, abrimos la revisión de su figura.

“No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos”**

Por Mauricio Villafañe*

Septiembre es primavera y pic- nic del día del estudiante (“¿qué mas quisiera que pasar la vida entera/ como estudiante el día de la primavera?” se pregunta Andrés Calamaro, con razón) pero también es un mes ligado a la educación, la herramienta y la práctica más formidable para la transformación de la realidad, la inclusión social y la formación humana. Volviendo a septiembre, el 11 es el día del maestro y el 17, del profesor. Habrá que dedicarle a la primera de estas fechas un poco de atención pero sin quedarnos en ella sino pasar a discutir un poco sobre educación.

El 11 de septiembre de 1888 muere en Paraguay Domingo Faustino Sarmiento, “presidente de la Nación (1868- 1874), gobernador de San Juan, pedagogo, escritor, estadista y militar”, como reza el billete de 50 pé que lo tiene como protagonista. De ahí que el 11 de septiembre haya pasado a la historia como el “Día del Maestro” en tanto se lo considera como el “Padre del aula” por el impulso a la educación pública en nuestro país. En este informe exclusivo, una revisión de su figura.

Fue uno de los hombres más importantes del escenario político e intelectual de nuestra historia, prócer, al cual se le rinde “gloria y loor” desde su Himno. Pero fue también un hombre de un profundo racismo hacia sus compatriotas y el creador y difusor de la zoncera madre de nuestra historia según el pensador nacional Arturo Jauretche**: civilización o barbarie.

En ella se expresa una visión que relega a los sectores populares de ayer y de hoy (gauchos, indios, pobres, trabajadores) al rango de “bárbaros” frente a un horizonte de civilidad encarnada en Europa, EE.UU y las clases dominantes (blancas, educadas). Parte de considerar al país como atravesado por el atraso y la ineptitud y de la fascinación liberal por el hoy llamado “Primer Mundo”, que habla de un muy perdurable mecanismo autodenigratorio que atenta contra nuestras posibilidades de desarrollo y anula el pensamiento propio, por el hecho de serlo, para subordinarlo a concepciones y proyectos dictados por los imperialismos de siempre, que, por ser ajenos, son “civilizados”.

Esto podría quedar en una querella contra el proyecto liberal sarmientino sino fuera por lo trágico de su significado para el conjunto de los sectores populares: el genocidio sobre los pueblos originarios “bárbaros” en la llamada “Conquista al Desierto”, una acción conjunta entre un Ejército argentino asesino de sus propios compatriotas (como el de 1976) y una corporación política y social como la Sociedad Rural Argentina, financista y beneficiaria de la “conquista” de millones de hectáreas de un “desierto” que no era tal.

La exclusión y sometimiento a condiciones de indignidad y la persecución al trabajador rural “bárbaro” que el escritor José Hernández en el Martín Fierro pinta magistralmente. La larga historia de hacer de la pobreza un crimen, de volverla no el objetivo de políticas sociales sino una cuestión judicial (“vagos y mal entretenidos” ayer; “delincuentes” hoy).

Es el profundo desprecio por lo propio lo que mueve a este ilustre “maestro”, que tuvo una lamentable participación en la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852, aliándose con Justo José de Urquiza al Imperio del Brasil para derrocar a Juan Manuel de Rosas, defensor de la soberanía nacional. Fue parte de la “generación del 80”, nombre del proyecto político liberal porteño triunfante en Caseros y en Pavón (1861) que fundará la Argentina “moderna”, pero no para latinoamericanos ni “cabecitas negras” y sí para la inmigración europea que nos salvaría del “atraso” de indios y gauchos.

Sin embargo, los que llegaron fueron los “indeseables” españoles e italianos, trabajadores dignos en su pobreza atraídos por la idea de “hacer la América”.
Muchos de ellos y sus descendientes serán perseguidos por anarquistas “disolventes del ser nacional” a principios del siglo XX, por ser la “chusma” yrigoyenista de los años ‘10 y ‘20 y los “clanes con aspecto de murga” movilizados el 17 de octubre de 1945. Esta asignada “barbarie” no es más que el producto de una operación intelectual y cultural del liberalismo triunfante, que estigmatiza a los sectores populares, al tiempo que el fundamento profundo y vital del pueblo argentino.

“…Septiembre no es simplemente otro mes”, canta Miguel Conejito Alejandro: no lo es sólo por cuestiones estacionales; en él se concentran fechas educativas que atender para reflexionar sobre el valor de la educación como herramienta de inclusión social. La educación no es un gasto ni un “regalo” del Estado ó un producto para el mercado sino un derecho, una inversión social y una práctica transformadora de la realidad.

*Lobense, estudiante del Profesorado de Historia de la UNLP.
**Carta de Sarmiento a Mitre, 20 de septiembre de 1861.
*** Jauretche, A. Manual de zonceras argentinas. Buenos Aires, Corregidor, 2011. 1era ed: 1968.

(de la edición Nº 11, septiembre 2012)