El árbol del lago Balaton

El árbol del lago Balaton

Por Álvaro Nigro

Hungría- 1 de Enero

El Lago Balaton, en Hungría, uno de los más grandes Lagos de Europa, es el principal centro turístico para los 10 millones de habitantes del país. Personas de los países limítrofes también se congregan allí. Jensi, era un hombre que todos los 1 de Enero iba a visitar el lugar, ya que su padre, Ferenc, murió ahí y amaba ese Lago. Su madre Kriska también iba con él a acompañarlo, pero este día no pudo ir; se encontraba muy enferma y le era imposible movilizarse.

Jensi le pidió a su esposa que le hiciera el favor de ir con él, pero ésta le dijo que no porque tenía que visitar a su hermana que hacía 7 meses que no veía. Quiso llevar al hijo, pero ella no dejó que vaya, porque consideraba peligroso el lugar (un día antes había salido en el noticiero que hubieron cosas extrañas que ocurrieron en el Lago, Jensi nunca creyó en esto, pero su esposa sí). Antes de partir, ella le dijo: Ten cuidado amor mío. A lo que Jensi le respondió: No te preocupes por mí. Que disfrutes con tu hermana. No había resentimiento en sus palabras, pero no estaba contento con la idea de ir solo, nunca había ido solo. 

En el camino pensó en su padre. Su muerte fue repentina y nadie supo bien que pasó. El cuerpo fue encontrado sin vida colgado de un árbol al costado del Lago, pero nunca supieron que lo llevó a quitarse la vida. No dejó carta ni indicio alguno de que tenía pensado tomar esa decisión. Jensi nunca se preguntó que le había pasado, pero este día en particular, si se lo preguntaba en su cabeza.

Era un buen padre, estaba casado y feliz, tenía una salud envidiable para un hombre de 78 años de edad, tenía 5 nietos hermosos, estaba jubilado y viviendo en su casa del campo, todo era color de rosas, pero al parecer eso no era suficiente para Ferenc. Algo raro había en su muerte, pero no era tiempo de indagar, era tiempo de ir a saludar y rezar por su padre, como todos los primero de Enero.

Llegó al Lago, que como casi todos los días, estaba lleno de personas, principalmente húngaros, pero en sus facciones se notaba que había también de otras partes del mundo. Bajó del auto y se dirigió caminando hacia el árbol. Al llegar se arrodilló e hizo la señal de la cruz. Miró hacia abajo y cerró los ojos. Comenzó a rezar moviendo los labios, cuando una voz le pregunta

-¿Qué haces? –Jensi no responde.
-Pregunté, ¿Qué haces? –esta vez se da vuelta, y mirando al sujeto dice:
-Estoy rezando.
-Pues no puedes hacerlo.
-¿Por qué no? Todos los años en este día lo hago. Acá murió mi papá –dijo y comenzó a sentir una llovizna sobre su cuerpo.
-No me importa, pero debe irse.
-¿Y por qué?
-Porque yo se lo digo.
-¿Y quién es usted?
-No importa quién soy, solamente le digo que está avisado –al terminar de decir estas palabras, la llovizna se convirtió en lluvia seguido por un viento muy fuerte, que movía la copa del árbol.

La gente comenzó a retirarse del lugar. El hombre se fue caminando entre la tormenta y desapareció. Jensi se quedó mirándolo como se alejaba. Se dio vuelta nuevamente y siguió con su rezo. Al terminar de rezar se paró y le dio un beso al árbol y luego lo acarició y dijo: Chau papá, espero que seas feliz donde sea que estés… te extraño mucho.

La tormenta aumentó, ya no había nadie en el Lago, estaba solamente él y el árbol. Una lágrima rodó por su mejilla y cayó a la tierra, que comenzó a temblar. Jensi dio un paso hacia atrás. El suelo se abrió delante de él y antes del árbol. Quiso correr, pero el viento no lo dejaba avanzar. El piso siguió abriéndose, atravesando el Lago y la ruta. Jensi miraba atónito. Nuevamente intentó correr, pero era inútil, estaba paralizado. Una voz se escuchó desde el árbol.

-Ven conmigo, hijo querido.
-¿Papá?
-Ven conmigo, hijo querido.
-¿Sos vos papá? ¿Dónde estás? – dijo con la mirada perdida. Un trueno impactó sobre el árbol y en su lugar apareció la figura de un hombre.
-Sí, soy yo hijo mío, ven conmigo.
-Si…iré contigo…ahora…iré…contigo… -dijo y movió sus pies, hizo dos pasos y cayó al precipicio, cayó gritando: voy con vos papá, espérame. La tierra volvió a la normalidad, el cielo se abrió y dejó de llover, el árbol estaba en su lugar, donde siempre había estado y Ferenc descansaba en paz y Jensi…también junto a él.

(este cuento forma parte de Un año en el mundo, publicado en julio 2013)