Familia

Vos y yo, yo y vos

Por Andre Mansilla

No la elegimos, no decidimos si queremos que forme parte de nuestras vidas o no, pero cuando la tenemos no hay que dejarla ir. La mayoría se hace importante, infaltable, incomparable y más. Otra parte solo la vemos cuando el destino nos quiere cruzar.

Pero queramos o no, llevamos en nuestras venas parte de ellos, en nuestro corazón se graban sus rostros y nunca se borran. En nuestras manos sentimos el calor que nos transmiten a través de un simple saludo, o el amor que traspasa un abrazo.

Recordamos sus palabras para el resto de nuestras vidas. La alegría de ellos es una brisa de emoción que nos pasa por la cara y nos deja caer una lágrima.

Si alguno levanta una mano demostrando un triunfo, el resto levantamos las dos. Si uno sufre, los demás no tenemos una completa felicidad. Por eso, cuando se dice que primero está la familia y después los verdaderos amigos; YO: los pondría en un mismo escalón. La sangre no es agua, y el amor de un hermano del alma es único.

(de la edición Nº 7, mayo 2012)