laberinto

Uno mismo (o parecido)

Por Nicolás Bernal

Decidimos si reír o llorar, por boludos o por locos, por ingenuos o por borrachos, por tranquilos o por perseguidos y no sabemos que es por historias o por histerias, por conchudas o por forros, por uno mismo o parecido.

En los planos de la vida hay diferentes elecciones, sino estamos bien seguros es mejor hacernos los boludos antes que la duda nos domine y hagamos algo parecido a lo que es uno mismo.

La cabeza se nos aísla en un fondo todo negro, con lo bueno por un lado, con lo malo por el otro, y vos le haces casos a las cagadas que te llevan al festejo que se convierte en un lamento de mañana y todo es por uno mismo o parecido.

Que la culpa no te pesa, lo que pesa son los ojos, de mirar a una princesa en el contexto de una voz que te susurra “terminala embarrando” y que los días se encarguen de borrarte.

La cuestión es mas compleja si hablamos de traiciones, de romper todos los códigos y amigos que desaparecieron, de unos giles que se creen sabios por avisar lo irreversible de que hay hombres parecidos a uno mismo.

Parecido no es igual, parecido no es desigual, parecido son las diferencias y similitudes, similitudes en las diferencias, diferencias en las similitudes, iguales, distintos.

Uno mismo es lo perfecto por eso actuamos a lo mas cercano a eso, a lo mas parecido a eso, que puede ser un perfecto error o un perfecto acierto.

(De los días tempranos en noviembre del año pasado)

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