Almafuerte

Almafuerte: la misma dirección

Por Félix Mansilla

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Almafuerte entra o no entra. Chau. Es un show de una banda con mucha ruta de por medio que sube, suena y cumple. En una interview para la revista Rolling Stone, Iorio contaba que hace rato que la banda no ensaya y que sólo salen “a pelar”.

Es muy difícil quizá notar si falta o no ensayo, pero al apreciar el espectáculo se puede oír que la expresión artística retiene esas piscas de que la canción sigue siendo la misma y algo deja entrando en la huella.

La expectativa, una vez desplegado el primer acorde de la guitarra del Tano Marciello, es el humor del cantante y las palabras que va a decir. El timing con su público es como la oración de un payador duro que dice y se define. Sus canciones, el testamento vivo.

Introducción, declaración, adivinanza

Un hombre es también su palabra y es su prosa la que en cada mensaje simboliza aquello que dice. El líder de la banda divide aguas cada vez que declara ante la prensa cualquier tipo de comentario. Historia conocida es aquella en la que declaró una frase antisemita que lo catapultó sólo como un duro del rock. Pero no. Es más…

Iorio es así; tómalo o déjalo. Una de cal y otra de arena. Un extracto que no pinta nada y divide el cuerpo de sus palabras, define el periplo de la otra aplanadora del rock.

“Siempre no va a ir mal, porque (Almafuerte) no es un teatro de títeres que uno hace con un pedazo de cartón. Siempre nos va a ir mal, porque se necesita de sonido, se necesita que a la gente le penetre el sonido, como hizo Sting cuando vino acá y se comieron esa pija. Necesitamos eso. Y bueno, no sale barato. Por eso, nosotros no podemos hacer como la cumbia villera, cuatro shows en un día. Eso atentaría a que nuestro apellido, al que defendemos y el que nos hicimos, diga que somos unas personas sucias, asquerosas. ¿Cómo cuatro conciertos? Nooo”.

“El nuestro, necesita tener un buen sonido de guitarra. Somos tres personas nomás. Esto no es la Velapuerca, que son cuarenta uruguayos. Nosotros somos tres personas solas, y entiéndase que somos hijos de personas que no fueron músicos ni del Colón, ni que tocaron música, ni leyeron. Tres. Entonces, lo hacemos de amor. Esto es el amor”.

“Creen que somos bichos”

Una amalgama de años en la espalda, hacen que un show de Almafuerte sea sentir el tropiezo de un camino incorrecto que se volvió una expresión artística que dejó huellas en un colectivo de padres e hijos.

Iorio, define así: “A los shows de Almafuerte no solo van muchachitos. Los muchachitos que van a vernos, pueden ver personas de la edad de su papá que tienen a sus muchachitos que son más chiquitos que ellos. Esto viene de hace veinticinco, treinta años, loco. Y no nos auspició ni esponsoreó nunca nadie. He visto morir miles de grupos, de discos y de canciones de lo que le llaman el rock nacional… Le ponían fichas a todos. A nosotros nunca nadie nos pone fichas. Sin embargo, tenemos tanto escudo que creen que somos bichos. Es así”.

No reparar en el personaje que Iorio ejecuta sin maquillaje en cualquier parte, parece un despropósito si se tiene en cuenta que aquella forma de expresarse es una marca. Es Iorio quien afirmó hace un tiempo que “Almafuerte, se gana la plata tocando en vivo. Cómo aquel burlesque y Salsa criolla de Enrique Pinti. Así hacemos nuestro concierto”.

No me rompa las bolas, oficial

La recepción del show estuvo a cargo de una banda invitada que poco a poco fue dando calor a la previa y así la espera se hizo un tanto más corta. Ochenta mangos en la entrada debieron incluir un canon. Después, el marco estaba procurado para que todo comience y así, el cuarteto a cargo de Ricardo emanó desde lo alto.

—Mirá el saco largo que se puso Iorio.
—Sí. Parece un dictador el hijo de puta.

En las tablas, Iorio comenzó con los clichés que antes quedaban en privado, pero que ahora se pueden ver veces y veces en You Tube o un feriado en C5N en la entrevista con Beto Casella.

El público bramó ante cada remate y el show se dejó agotar para luego remontar (de tomar vuelo, claro) entre tema y tema. La lista estuvo completa de canciones del entrador Toro y Pampa de 2006 y el resto de su discografía, como parte de los asistentes reclamaron en las pausas. Pensando en llegar, Debes Saberlo, De la escuelita y La máquina de picar carne, pusieron a tono el espectáculo con tracks del pasado que suenan tan actuales como en los tiempos en que el heavy era de las bases. Había que ser metalero en tiempos donde la música nacional tenía rumbos pop.

Otras reflexiones y anécdotas en forma de canción, siguieron sin freno: Triunfo, Allá en Tilcara, el instrumental Motivo ciudadano, Patria al hombro, Tú eres su seguridad, Delirio del desacto, De la carne, A vos, amigo y así…con ruido, con color, con sentimiento y una voz áspera que perdura. Eso es el amor.

(crónica realizada para el diario de rock platense DeGarage)