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Donde el corazón late más fuerte

La literatura futbolera atraviesa por el medio a ese personaje creativo que intenta distraer a un rival o que investiga hasta el nombre de la mujer del juez de línea para volverlo loco todo el partido. El jugador y el entorno futbolero entienden en el hincha la esencia del tan nombrado folklore del fútbol.

Por Francisco Clavenzani*

El puteador, el alabador, el incentivador, el de aplauso fácil: el hincha. Es que es así, no hay un estereotipo de hincha de fútbol y menos de un hincha del fútbol argentino. Por eso la literatura futbolera se nutre tanto “del tablón” y los grafica en cada uno de sus cuentos. El hincha es sin duda un enamorado del juego. Porque gane, pierda o empate está satisfecho porque acompañó a sus colores. El que alienta sin cesar, hace malabares por ver a su equipo en donde sea y muchas veces mientras más lejos llegó, más placer le da.

El hincha verdadero es el que no insulta a sus jugadores, el que no rompe el club, el que no vive de ser hincha, el que se come la bronca ante un gol con la mano o un penal mal cobrado en el último minuto y descarga el dolor llorando, rezando o en el encuentro de otra acción no violenta. Si bien el hincha no pierde su condición y su amor por los colores en ningún ámbito, es en la cancha en donde se desvive. Así, cada reducto se hace famoso por la hinchada. Y lo que pasa en las tribunas repercute directamente en el campo de juego.

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Fontanarrosa, Rosario en el corazón.

La ansiedad, la motivación, la necesidad de un cambio; todo, absolutamente todo, repercute positiva o negativamente en los jugadores y cuerpo técnico. Además, en este contexto globalizado en donde las cámaras están atentas a lo que sucede en las tribunas, las hinchadas se desviven por encontrar elementos originales: forma de colgar banderas, ingresos a los estadios, instrumentos que acompañan cánticos, trapos escritos y algunas cosas más que hacen a las hinchadas “únicas”.

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Galeano, “El fútbol a sol y sombra”.

“Es este espacio sagrado la única religión que no tiene ateos exhibe a sus divinidades”, dice el uruguayo Eduardo Galeano en su libro «El fútbol a sol y sombra», y allí radica una gran verdad. Porque las diferencias se esfuman en la tribuna. No importa de dónde proviene cada uno, todos están por un motivo mancomunado: apoyar a su club.

Según el periodista Alejandro Apo, en nuestra narrativa es Roberto Fontanarrosa quien “interpreta exactamente la locura y la pasión”. Y Fontanarrosa describe al hincha en todos lados; porque hincha no se es solamente en la cancha. En su cuento el «El ocho era Moacyr», el rosarino narra una situación particular en el famoso café de Rosario El Cairo.

Un grupo de amigos se juntaba todos los días a conversar sobre diversos temas, pero la charla comúnmente derivaba a la pelota. Un día apareció un personaje nuevo que se sumó a la mesa de café y al estar vestido elegantemente y hablar poco, cada vez que se iba era tildado de “medio trolo el muchacho”. Le decían “sobre cojines”.

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Apo, el relato futbolero.

Al otro día, ese muchacho se soltó en la conversación y mostró sus preferencias por el fútbol, recordando datos que la mesa había olvidado. Así pasó a ser “un buen tipo”, porque saber de fútbol para estos hombres del café era sinónimo de ser buena gente, y una cosa similar pasa en la hinchada, cuando alguien conoce al pibe de la Tercera que asoma o que a la distancia reconoce a un jugador que llama el entrenador para hacer entrar. Porque la pasión se vive y palpita en todo momento.

La pantalla y el fútbol

El cineasta y reconocido hincha de Racing, Flavio Nardini, escribió y llevó a la pantalla chica el cortometraje «Tiempo de descuento» en 1997. Allí, se representa cómo la pasión del hincha excede todo y en cualquier circunstancia. Un grupo de secuestradores tienen prisionero a un joven y deben matarlo, ya que la recompensa solicitada por el rescate no llegará.

En ese mismo momento, se está jugando una final entre Racing y Boca, en donde la Academia podría consagrarse campeón después de 32 años. En su último deseo el secuestrado pide terminar de escuchar el partido, pero dos de los tres secuestradores aducen que está jugando con los sentimientos del otro, quien era hincha de Racing. Finalmente les muestra un tatuaje y con el correr del partido el secuestrador hincha de Racing termina matando al otro que los carga.

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Sacheri, “La pregunta de sus ojos”.

De esta manera, el indefenso secuestrado encuentra un “aliado” dentro de su enemigo y todo gracias al fútbol y la pasión. Así, la pasión, la locura, la sabiduría del hincha se entremezcla en nuestra literatura. Y como relatan en la película «El secreto de sus ojos», basada en la novela de Eduardo Sacheri «La preguntade sus ojos», la pasión no sufre cambios: “El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios, pero hay una cosa que no puede cambiar: no puede cambiar de pasión”, relata el personaje interpretado por Francella.

Sin diferencias

Si existe un hincha similar al argentino, ése es el inglés. Y si hablamos de ese espectador y lo entrecruzamos con literatura, es imposible obviar el relato de Nick Hornby, «Fiebre en las gradas». En un sensato y apasionante relato, el autor narra en primera persona su pasión por el Arsenal de aquel país durante 20 años. Una lectura recomendable y atrapante, que lleva al lector a sentirse uno mismo, volviendo a vivenciar las cosas que hemos hecho por los colores.

*Paranaense, Licenciado en Periodismo y Comunicación Social de la UNLP.

(de la edición Nº 22, agosto 2013)