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Segunda guerra (primera entrega)

Iniciamos una serie dedicada a dicha contienda para entender un poco más del siglo que hace poco más de una década dejamos atrás. En esta ocasión, su impacto en la Argentina, sus diferentes fases y el después.

Por Mauricio Villafañe*

La segunda guerra y nuestro país

En el mes de agosto hay una serie de acontecimientos relacionados con lo que pasó a la historia con el nombre de Segunda Guerra Mundial (1939- 1945), un punto de inflexión en el orden mundial del siglo pasado. En agosto de 1934 Hitler es elegido presidente, iniciando la expansión alemana tras la “humillación” que fue el tratado de Versalles como solución de la Primera Guerra.

También en este mes, pero en 1944, Varsovia se levanta frente a la ocupación nazi, en un país caracterizado por el establecimiento de campos de concentración y exterminio. Un año después, un 25 de agosto, París es liberada. Unos días antes, EE.UU bombardea atómicamente a Japón a fin de lograr su rendición.

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Este viaje, entonces, se erige como una prenda de paz ante la guerra, más aún ésta en tanto disputa entre imperialismos, ajenos todos a nuestro sentir e idiosincrasia nacional (EE.UU, Gran Bretaña, Alemania y la URSS). Nada les debe el pueblo argentino a sus enfrentamientos militares. Sí, por otra parte, es verdad que esta guerra influyó en buena parte de los sectores políticos e intelectuales (urbanos) de nuestro país.

El hecho de terminar copiando las posiciones y expresiones extranjeras en la coyuntura local (adaptando la cabeza al sombrero y no el sobrero a la cabeza) terminará llevando a la mayoría de las fuerzas políticas argentinas a concretar la famosa expresión “no nos une el amor sino el espanto”: la llamada Unión Democrática. Fue la herramienta electoral de los sectores dominantes, identificada con el bando aliado y va a oponerse, bajo el padrinazgo del embajador estadounidense Spruillen Braden, al naciente peronismo.

Éste último, fue identificado con el nazi-fascismo, pero no era más que la expresión social y política del movimiento nacional y popular, que se venía gestando desde la Secretaría de Trabajo y Previsión y que terminó naciendo un 17 de octubre en una Plaza de Mayo colmada de trabajadores y humildes de una Patria oculta para los poderosos de siempre, sublevada, profunda.

Vamos por partes: La guerra en tres fases

Volviendo a la guerra, esquemáticamente, podemos hablar de ella en tres fases: la primera, que va del estallido de la guerra, el ataque alemán a Polonia, que profundiza y acelera la agresiva política expansiva nazi que ya se venía dando desde mediados de los años 30. Así, entre 1939 y 1941, el llamado bloque aliado occidental (Inglaterra-Francia) se enfrentó al “Eje” (Alemania nazi-Italia fascista). Es la fase estrictamente europea de la guerra. En la siguiente fase, se termina configurando su dimensión mundial e imperialista (1941- 1943), a partir del ingreso de EE.UU, la URSS y Japón al conflicto.

Los yanquis sufren el ataque de Pearl Harbour, en Hawaii, por parte de los japoneses que se estaban expandiendo por el sudeste asiático. Los rusos son agredidos por los alemanes, cayéndose así el pacto de no agresión entre ambas potencias. Se da paso de este modo, según la perspectiva soviética, a la Gran Guerra Patria, lema que convertirá a la URSS de José Stalin en un actor fundamental del bloque aliado.

La última fase, presentará, por un lado, el avance aliado por ambos frentes (occidental y oriental) frente al nazismo y, por otro, la resistencia japonesa, finalmente doblegada con el lanzamiento, sobre población civil, de bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, por parte de los EE.UU.

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El después: Un nuevo orden “frío”, dos imperios y el “tercer mundo”

¿Y después? Tras el triunfo aliado, un nuevo orden mundial, la llamada “Guerra Fría”. Por un lado, imperialistas occidentales bajo la bandera de las barras y estrellas, capitalistas, modernos, “libres”, represores e invasores de los pueblos que luchaban por su liberación. Por otro, imperialistas orientales, bandera roja y puño cerrado en alto, comunistas y “camaradas” de la boca para afuera, represores de los pueblos que caían bajo el influjo soviético.

A fin de cuentas, un nuevo orden caracterizado por la carrera armamentística y la consecuente amenaza de una nueva guerra mundial atómica y, por ende y en todo sentido, total. En el medio y por debajo, diferentes movimientos de liberación nacional comenzaban su lucha y configuraban así una tercera posición, un Tercer Mundo, frente a las potencias mundiales en pugna. Es, de alguna forma, nuestro lugar, nuestro destino.

*Lobense, estudiante del profesorado de Historia de la UNLP.

(de la edición Nº 22, agosto 2013)