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Los pata sucia

Por Félix Mansilla

Los tipos pueden conmover con los corazones blandos, a los pensantes, a los reflexivos, pero llevan en el ADN ese toque derivado del amor a la pelota, y todo lo que ella toca, hace y convierte. Ambos hinchas de Nacional, surcaron la temática a través de narrativas que se posicionan desde un costado atravesado y retocado por el propio enfoque cultural del fútbol; un miramiento más social del deporte, derivado del marco entero, soslayado en el amor, apuntado en un sentir propio.

Galeano

Eduardo Galeano

Así, en cada línea derraman esa forma de ser tan del otro lado del charco: con la historia de las épocas de oro, con resentimiento compartido y la gloria del Maracanazo. En ambos, la pelota se entretiene con sus protagonistas, que son personajes con problemáticas —simples/complejas/comunes— que se extienden desde el interior del Uruguay más conocido: el tranquilo, honesto, en voz baja.

La patria Celeste

Desde ese traslado literario que aglutina un tipo o forma del “ser uruguayo”, el paralelo con la definición de Pablo Alabarces en «Fútbol y Patria», puede vincularse el traslado sobre el terreno de lo conceptuado como patria desde la pelota. Alabarces, define: “El fútbol, espacio de la identidad cálida que sólo pide una inversión de pasión a cambio de relato de pertenencia sin mayores riesgos, se torna identidad primaria; no un relato entre los otros, sino el único sentido —trágico— de la vida”.

Si bien el autor inspecciona dicha hipótesis en torno al uso de la patria como vínculo dentro de la historia de Argentina, se asemeja a la determinación de los escritores uruguayos en el sentido amplio de la existencia de una patria ‘futbolera’. Así, el trasladado circunda el aspecto homogéneo charrúa: un pequeño país que disfruta y sufre los resultados deportivos de la Celeste.

El lado histórico de Galeano y el tacto costumbrista de Benedetti, se relacionan en su concepción y construcción del término patria, a partir de puntos descriptivos de paisajes del Uruguay profundo y personajes bien definidos desde la entonación de los diálogos o la forma en que se perciben dentro de cada escrito.

En «El césped», Benedetti explaya una historia de amor y amistad que se procesa en la vida de Benja —lateral de un equipo chico— que pierde a su amigo Martín (arquero), quien se suicidó tras un gol que el propio número ocho acertó en el último minuto de un partido que consagraría monetariamente al portero con un pase al fútbol europeo. A su vez, el cariño por una mujer que se cruza en su camino, es el motor que permite a Benja decidir abandonar el deporte.

De esta manera, Benedetti describe los días de los deportistas, divididos entre el juego y las conversaciones de café. En «Puntero izquierdo», donde el protagonista central cuenta los vericuetos de un jugador que se disputa entre el sentimiento por su club y los trances con agentes de una mafia de poca monta.

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Mario Benedetti

De igual modo, Benedetti despliega belleza poética en «Hoy tu tiempo es real», dedicada a Diego Maradona: “Vida tuya tendrás y muerte tuya/Ha pasado otro año, y otro año/Les has ganado a tus sombras, aleluya”. En su novela «Andamios» (1996), relacionó el anhelo de fútbol con el exilio: “Y ya que nadie te informa de cómo van Peñarol o Nacional o Wanderers o Rampla Juniors, te vas convirtiendo paulatinamente en forofo (hincha, digamos) del Zaragoza o del Albacete o del Tenerife, o de cualquier equipo en el que juegue un uruguayo o por lo menos algún argentino o mexicano o chileno o brasileño”.

Sobre los choques en el amor entre hinchas de Peñarol y Nacional, deslizó: “Que un hincha de Peñarol se enamore de una chica de Nacional, o viceversa, puede originar resentimientos familiares de la envergadura, que los conviertan en los Montescos y Capuletos del subdesarrollo”.

Del mismo modo, en «El fútbol a sol y sombra», Galeano convierte la historia con una perspectiva desarrollada desde una matriz cultural latinoamericana donde existen los buenos, los malos, los traidores y los héroes. Su primera definición, El fútbol, abre así: “(…) El juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores, fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue”.

En tanto, artificio comercial, “la tecnocracia del deporte profesional ha ido imponiendo un fútbol de pura velocidad y mucha fuerza, que renuncia a la alegría, atrofia a la fantasía y prohíbe la osadía”. Cada nota a Galeano por motivo propio o lanzamiento editorial tiene algo de equipos uruguayos: anécdotas, épica y reconocimiento.

En la revista cultural ADN, en 2008, Galeano expuso que “son los dos milagros: la literatura y el fútbol. ¿Cómo puede ser que un país que tiene la población de un barrio de Buenos Aires o San Pablo haya ganado dos campeonatos olímpicos y dos mundiales y tenga 247 jugadores en distintos países del mundo? Es inexplicable. (…) El jugador uruguayo recibe la pelota y medita, recuerda, piensa en su infancia. Claro, cuando hace el pase es tarde”.

(de la edición Nº 23, septiembre 2013)