Farol

Farol

Por Félix Mansilla

Farol

Su problema era la herencia. Esa pertenencia, esa parte del ADN que cae limpio ante el final de ese pariente lejano, lo tenía con insomnio irresuelto y las horas cambiadas.

Por la mañana se mantenía a café y ya a la noche el whisky lo terminaba por desvelar y le venía la pensadora. Igual recordaba que el tío le dijo una vez que eso sería de él al momento de su partida.

—Este farol es tuyo. Tiene como cincuenta años, tres manos de pintura y el tapón del kerosene de chapa recién traída de Brasil. Cuidalo, pendejo y no te cagues en la historia familiar.

Así en seco, ese recuerdo se batía lejano en medio de remolinos grises, una ruta con líneas cortantes que marcaban el camino hacia esa parte que tiene un boulevard de eucaliptos y esas voces que repartían como en un laberinto frío y oscuro.

(de la edición Nº 23, septiembre 2013)