Por Félix R. Báez

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Por FPM

Estaba acostado, el techo era siempre el mismo y leía sin entender. La luz del velador me encandiló y comencé a ver puntos amarillos en la hoja. Eran como pequeñas estrellas con centro amarillo fosforescente, una capa medio azulada pero con bordes verdosos. Cerré y abrí los ojos un par de veces en pocos segundos. Saqué la mirada de la hoja, parpadee como a un muerto al que lo reviven en el amanecer de otro lugar, y en la pared crema los puntos no se parecían más que fuegos de artificio en la lluvia.

Observé desde la ventana. El día parecía verde con sol, los pájaros cantaban como el comienzo de una ópera de pasto recién cortado. Mi día se caía por los rincones. Me paré, recorrí los lomos de mi repisa de libros –por todo lo que me falta leer no llega a biblioteca: será el día que alcance todos los clásicos- giré la cabeza para descontracturarme.

Luego hice el mismo movimiento pero con los pies rígidos. Sonó mi cintura. Exhalé mal aliento. Fui al baño, oriné, me miré al espejo, lavé mi cara, me mentí y volví a la habitación. A un costado del placard, había diarios viejos apilados, algunos libros marcados, un par de zapatillas sin lavar y mil recomendaciones de cómo archivar esa marea de papel impreso.

Me agaché, los acomodé para que no les falte dignidad. Sentí que de gusto amontonarlos, pero confié en la memoria visual que me dice dónde, en qué lugar habitan esas cosas que leí que me servirán para refrescar. Se me ocurrió que sea una caja de parlantes la que almacene ese tesoro por antojo.

Entonces me prometí ir con todo. Ese todo sería así: una consecuencia que se tejiera a cada paso, en el transcurrir de los pasos de ese reloj interno que nos hace pensar. Ese reloj que circula en la mente, que se despierta en salas de espera. Esas salas que no son lugares más que hechos para pasar un rato. Un lugar que ningún ser que sienta en esta tierra planea habitar. Porque esos planes en salas de espera son meros espacios vacíos. Por eso el todo, como un archivo.

(de la edición Nº 23, septiembre 2013)