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El largo adiós

Treinta y siete años después de la noche del 15 de octubre, Mariano Lacoste rememora los días de búsqueda de su hermano, los rastros desencontrados y la memoria como un puente hacia ese pasado distinto desde la ausencia de Pato. 

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Por Félix Mansilla

Ya pasaron más de treinta y cinco años. Treinta y seis cuando pase la medianoche. Mariano revive los hechos como un cuento con final conocido, pero sin bronca. Con impaciencia. No es resignación. “Ese 15 de octubre lo secuestran. Al otro día empezamos a buscarlo. Pasaron dos o tres días y nos enteramos que Pato había estado en la Comisaría de General Belgrano, pero que se había escapado. Nos enteramos por una persona que es la que lo levantó, un amigo conocido de Antonio D’Alessandro que era de Lobos y tenía un restaurant a donde mi viejo solía ir a comer siempre. Tiempo después, este amigo no quiso hablar mucho con nosotros. Eso fue al principio, después con el tiempo nos contó cómo había sido”.

¿Con qué expectativas comenzaron la búsqueda?

Después de que Pato se escapa, salimos a buscarlo, pero siempre llegábamos tarde a donde había estado. Mucha gente no quería hablar, aunque después se animaban cuando veían que éramos hermanos y amigos de él. Siempre llegábamos tarde hasta que de un día para otro le perdimos el rastro. Ahí ya no supimos más nada de él. Comentarios hubo muchos. Unos decían que lo habían agarrado, otros que lo habían atado. Otros decían que en la estancia Los Cerrillos lo mataron junto a un linyera. Escuchamos un montón de casos y cuentos, pero no nos podíamos llevar por esas cosas. Hasta vinieron un par de veces gente de la propia policía, a pedir plata por datos -obviamente- falsos.

A tantos años del hecho ¿Qué analiza de esos momentos tensos?

En esos momentos, llegás a conocer mucha gente que no te imaginás que son amigos tuyos, que están a disposición. Un caso es el de Augusto Spinoza, que era amigo de él y que se movió mucho llamando a diferentes autoridades para ayudarnos (N de la R: como el contacto con Raúl Alfonsín, quien ofreció garantías para sacarlo del país en caso de que apareciese). Y gente que se acercó a la familia, como Hugo Sala, quien nos prestó autos para salir a buscarlo porque teníamos el dato de que estaba escapado en la zona de Belgrano y Gorch. Me olvido de un montón, porque recuerdo más a los que andaban conmigo. Fue una época en la que no era bueno acercarse a una familia con alguien ‘sospechoso’, porque te marcaban y… Así fue pasando el tiempo y no tuvimos más datos de él, no pudimos encontrar más nada.

¿Qué papel juega el tiempo en los recuerdos sobre Pato?

Una de las cosas que me arrepiento es que no guardé muchos datos de las cosas que nos fueron pasando con el tiempo. Así hubiese sido más fácil para mí regresar a datos concretos. Cuando fui a Abuelas, me pidieron que recuerde todo lo mejor posible. Hoy, no espero que me llamen y me digan que lo encontraron, pero uno nunca sabe. Este año comencé a ir a las reuniones de Madres de Plaza de Mayo, porque ya a mi vieja –Lía (falleció en agosto de 2011)– se le hacía muy engorroso viajar. Con mi hermano ya hemos hecho todo lo que podíamos hacer, como registrar las pruebas de ADN para el banco genético de la comisión de DD.HH de Abuelas, y dentro de eso, si se me presenta una oportunidad en la que consigo algún dato, voy y lo averiguo. No voy con la idea de que lo voy a encontrar, sino para que no quede nada en el tintero.

Stella & Pato color

¿Cómo vivieron sus padres ese paso del tiempo?

Yo siempre le hecho la culpa al fallecimiento de mi viejo a una ulcera que padeció, porque él se tragaba todo. Se movía para todos lados, iba para todos lados, sin tener ningún tipo de novedades. Eso lo fue haciendo mierda de a poco, pese a que se despejaba en el banco, donde trabajaba. Mi vieja, en cambio, no, porque largaba todo, era de otro carácter. Ella tuvo siempre una reacción como toda madre. Hasta el día que falleció ella esperó y siempre decía que en cualquier momento Pato aparecería. Fueron treinta y cinco años diciendo que Pato iba a aparecer.

¿En las semanas de búsqueda pudieron perseguir pistas concretas sobre el paradero de Pato?

Hoy recuerdo todas las cosas que hicimos para encontrarlo y pienso que es para hacer una película; con final triste, porque no lo pudimos encontrar. Como estar en la estación de Gorch, en un almacén, y preguntarle al tipo que atendía si lo había visto, mostrándole la libreta de Pato, demostrando que éramos parientes y que después nos cuente que había estado, que le había llamado la atención de que estuviese buscando laburo para irse al sur y le pedía para barrer, ayudarlo con la limpieza. Al tipo le había llamado la atención cómo Pato leía los diarios y las revistas. La búsqueda duró cerca de tres semanas, porque nos decían que lo habían visto en algún lugar, pero siempre llegábamos tarde. Está la posibilidad de haber pasado nosotros con el auto y que él estuviese escondido. Al tipo de la estación, también le había llamado la atención -una o dos veces en la que había comido con Pato- que era un tipo muy leído.

Nadie más se preguntó

“Así como hubo gente que nos ayudó, también hubo gente que me llamó la atención de que se alejara”, pronuncia Mariano con la cabeza de un lado a otro, con resignación. Enseguida reflexiona: “Eso pasa en todos los lugares. En esa época la finalidad del Ejército era meter miedo y no toda la gente estaba en condiciones de poder enfrentar eso. La soberbia de los militares de esa época era muy arrogante, o sea, eran sus métodos: aplicar el miedo para tener a toda la población tranquila y serena para que no puedan hacer nada. Yo nunca tuve miedo, tal vez porque no tenía noción de lo que pasaba. Estaba con bronca e impotencia. Hacíamos cosas hasta no saber qué hacer”.

En el deslizamiento de la reconstrucción de los hechos de ese viernes, el último con Pato, Mariano relata: “En esa época, no podía pasar nadie ni por la vereda de la comisaría, porque estaba toda la cuadra vallada. Cuando fueron mis viejos como a las dos de la mañana, después de que fueron avisados por mi cuñada de que Pato había sido secuestrado en la casa de calle Ameghino, la policía de acá ya sabía todo y los estaban esperando. El comisario estaba con los demás policías tomando mate, a las dos de la mañana”, recuerda.

A partir del secuestro se tejieron dichos e hipótesis falsas: ¿Cómo reaccionó su familia?

Se corrió el comentario de que ‘si se lo llevaron por algo será’ o ‘algo habrá hecho’. Era el famoso dicho de toda esta gente que apoyaba a los militares y que creían que estaba bien lo que hacían. Que creían -y creen- que la única solución es sacar al que está para poner a otro. A veces no sé si lo dicen como parte de la ignorancia general o porque son partidarios de los golpes de Estado. No se bancan al que ejerce de manera diferente el poder. Hoy, toda esa gente no tiene dónde ir a golpear las puertas, porque los militares están deslegitimados.

¿Contaron alguna vez con datos concretos de por qué se llevaron a Pato?

Sí. A partir de datos que surgieron de actos fallidos del coronel Mansilla en las dos o tres oportunidades que viajamos a Azul, porque nos llamaban. Metidas de pata del tipo al mencionar los apellidos de gente que nosotros sabíamos que habían sido los que habían organizado las reuniones, por eso de que mi hermano en el colegio daba clases de política a sus hijos. Yo creo que no midieron las consecuencias o no se dieron cuenta de lo que estaba viviendo la nación en ese momento. No tuvieron idea de lo que estaban haciendo.

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A 37 años de aquel episodio ¿Qué esperanzas tiene de obtener algún dato sobre Pato?

Algún día se va a saber la verdad sobre los motivos de por qué se lo llevaron a Pato: eso tiene que aparecer, para que quede aclarado el tema. Sabemos que hay gente que sabe de eso, pero tampoco podemos culpar a nadie porque no podemos confirmarlo ni probarlo.

¿Cuál es su hipótesis sobre la desaparición, es decir, el lugar donde quizá lo ejecutaron?

Son muchas cosas. Una de las que más lugar da para creer es que a Pato lo mataron en la estancia Los Cerrillos, un campo que fue propiedad de Juan Manuel de Rosas, en San Miguel del Monte. Y los números dan, porque por la fecha que nos dijeron y el lugar, coinciden por donde nosotros le perdimos el rastro. Pero no tenemos certificación de eso, cómo probarlo. Es el lugar donde recorrimos y fuimos de una punta a otra y finalmente desistimos por falta de datos concretos.

(de la edición Nº 12, octubre 2012)