Me hundo y vuelvo a empezar

Me hundo y vuelvo a empezar

Los opuestos complementarios y la concepción del tiempo en un disco de rock contemporáneo.

Por Mauricio Villafañe

Voy a dejar a un lado la razón para darle paso al corazón. El disco “Frágilinvencible”, cuarto trabajo de estudio de Pez (Ariel Minimal, Fósforo García y Franco Salvador), así lo dicta. Al escucharlo y buscar desentrañarlo no se puede obviar que busca o intenta explorar el paso de lo frágil a lo invencible. O, mejor dicho, parte de uno para llegar al otro. A primera vista, son como ideas o mundos opuestos, que parecen no posibles de asimilar.

Pez logra, sin embargo, reunir lo invencible en esencia (el amor y la esperanza) bajo una máscara de fragilidad y suaves melodías. A la inversa, lo frágil (la desesperación, el miedo, el Apocalipsis, el odio y la incomprensión) se recubre de invencibilidad a través de potentes rocanroles y toques progresivos, metaleros y hasta punks.

Me hundo y vuelvo a empezar

Cuarta placa de Pez, del año 2000.

La tapa muestra a un frágil-niño sentado sobre un invencible-cañón ¿Le ganará la batalla la inocencia y la felicidad de la infancia al disparo mortal de un arma de guerra? ¿O desiste, se entrega y se hace grande en ese mundo devastador de fines de los años ‘90 y es él quien acciona el cañón? ¿No nos queda nada como para no creer que, en su fragilidad, se hace invencible y continúa sentado, dejando la boca del cañón apuntando hacia el piso? Vamos a recorrer un poco este disco a ver si el tiempo nos deja diez mil preguntas (más) o alguna respuesta como acostumbra. Tal vez de eso se trata a veces.

Haciendo real el sueño imposible

Las “Telarañas” de la introducción nos abren los pulmones, la melodía va rasgándolas y entreabren la puerta para “Phantom power”. La invitación está hecha: ya nada impedirá que se nos vuele el alma ni la cabeza. La liberación/ redención de esos fantasmas que llegan sin buscarlos y nunca pedimos (“y entonces sacudirás las tristes telarañas que fueron atándote al piano de la sala…”) es la primer tarea.

La viola prosigue enloquecida contra esos calmos que, de tan calmos que están, parecen muertos; la desesperación y el dolor afloran (“Yo te amo pero y con eso qué…”) en “Creo que amamos el dolor”. El trasfondo era un tiempo sin certezas, un tiempo de crisis en los valores que eran los ‘90.

La continuidad casi natural de esta postura es “La gota”, un rocanrol que trepida los sesos, al mejor estilo Pappo. El desengaño ante una presunta edad dorada de libertad, donde “la pasión siempre garpaba más”. El paso inclaudicable del tiempo y el desgaste del mismo sobre el valor de las palabras. Al final del tema, una esperanza: las canciones como creadoras de sentido, como las gotas de agua que hacen un mar.

2013_02_09

Pez en el Konex, por Martín Santoro.

No nos dan tregua estos tipos. Arranca “La estética del resentimiento” y cuando termina nos deja pensando. El linyera, prototipo de libertario, frente a nosotros, corridos por el horario y quejosos de la humedad (del frío, del calor, de que ya es fin de año y de tanta pavada en avalancha que nos preocupa…).

Las angustias de la modernidad en tiempos en que se derrite no sólo Buenos Aires sino todo un país al ritmo y por el efecto de su crisis más profunda. Nos deja pensando también ese oscuro punteo en ascenso, esos gritos desesperados y un final abrupto.

Un piano, un hermoso tema de amor. “Hondo II” se pone místico (las estrellas como la versión libre de Dios; esa constante idea de Dios que hay en Pez…) y nos mete para adentro un cachito, un ratito. Vivir y dejar ser o entregarse y morir, un dilema. Descansar esperando el sol, al fin. Luego, retoma la angustia y la rebeldía. Es un grito contra la paz de los cementerios, la duda y el paso de lo correcto a lo incorrecto.

El espíritu inquieto de Pez y su lucha contra el mundo de los hombres como enemigos entre sí continúa y se vuelve más explícito en “Haciendo real el sueño imposible”. El ritmo frenético del tema y una fuga necesaria (“Despierta ya hijo y ponte de pie, es hora de partir”); unas bajadas y unos susurros como ruegos esperanzadores en un más allá con otra idea del mundo.

La bata arranca con todo al grito de “¡Frágil, invencible!” para terminar en un corte que nos deja dudando de nuestra propia capacidad de recuperar el aliento.

Un viaje en “Domando tormentas” y el remedio frente al miedo a volar (“tu miel” frente al “azul que me amenaza”). Al miedo le sigue la resignación pero no tanto, hay una esperanza que se repite (no voy a morir, no voy a morir…al menos hoy). Los cambios de ritmo en la interpretación van llevando el ritmo del tema.

“Malas noticias” es más que una canción de protesta, es una implacable crítica a todo un estado de cosas que desemboca en el hombre, vaciado de sentimientos y pensamientos por tanta telefonía, y en paisajes dantescos. Nos vamos desalmando y la voz en distorsión alerta sobre eso.

Nos pone a afinar el oído, malas noticias: la guerra-purga y sólo unos pocos salen ganando (los mismos de siempre) al tiempo que, derivado de ella tal vez, “cercena el hambre”. La velocidad de la modernidad nos acelera y nos estrella, perdemos el eje junto a los sentimientos.

Concepciones del tiempo

Paraliza el temor en “Supersupersticioso”. Sin embargo, la viola no afloja como tampoco lo hace el ansia de libertad y renovación (“el agua lavará la tierra”/ “el fuego nos consumirá”) del mundo que nos tocó. La concepción del tiempo como una rueda y en él, el hombre que, por sus daños, tiene que morir. El último que apague la luz o, si alguien queda, que empiece de nuevo.

La rompe “Campos de inconsciencia”, que ya había adelantado algo Quemado (1996). El cuerpo por un lado y, por otro, la cabeza, viajando por nuevas dimensiones y tiempos (“traficantes de datos del futuro”). Una experiencia vital, otro viaje. La cosa termina en un pequeño gran tema, llamado “Gala”, que contiene dos versiones en una.

De lo que se borra, alguien o algo queda. Una voz en el cuarto pero de alguien que ya no está. Un mensaje en la arena pero viene una ola y lo borra aunque su esencia se la queda el mar. Terminar un disco así nos devuelve la esperanza en el amor a pesar de tanto mundo desalmado y ese grito en las gargantas que Pez lleva como estandarte.

Bajá éste y todos los discos de Pez en www.pezdebuenosaires.com.ar/audios

(de la edición Nº 24, octubre 2013)