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Cabrón: de la euforia al abismo

En poco más de dos años los capítulos de la historieta autobiográfica Cabrón se fueron acumulando en el archivo —personal/público— de su autor, Alan Dimaro. Acá, un repaso del proceso de producción, los deseos y la presentación programada para el 3 de noviembre*.

Alan Dimaro, por Jimena Rodríguez.

Desde (‘¿agosto o septiembre?’) de 2010, semana a semana, los da a conocer en las redes sociales. Todos los capítulos tienen algo de cotidianos, introspectivos —sobre todo algunos del último tiempo— pero en ninguno los desarrollos de las historias parecen comunes o se pueden esclarecer en la primera viñeta. Así, el personaje que cuenta —e ilustra— sus días, deslumbra efímeros aspectos de la personalidad de su creador.

El mundo de la historieta, prologada por Francisco Zuvik, envuelve cada contexto de la vida de Cabrón: plazas, bares, recitales (Bach, Kiss, Michael Monroe) o veredas y verdes lobenses, como en “Céfiro” donde aparece el Monumento al Gaucho en la entrada de Lobos o en “Entrevista a Iggy Pop” conduciendo en los estudios de FM Reencuentro y la caminata en el puente de la vías en el arroyo Las Garzas.

Esa demostración de un marco puntual hace del personaje un antihéroe que se equivoca o acierta atento a su psiquis. De algún modo, esa manera es reflejo oportuno/conceptual de los primeros días en la construcción del género. En 2007, el escritor Pablo de Santis publicó en Clarín “La historieta cuadro a cuadro”, donde repasa el marco histórico haciendo eje en que “emparentada al principio con las novelas populares de aventuras o con los policiales que costaban centavos, la historieta creó su propio personaje original, que acaso hubiera sido imposible dentro de la literatura por su carácter esencialmente visual: el superhéroe”.

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Cabrón no es uno de ellos, aunque muchas veces puede volar con la imaginación, base perfecta de una especie de turismo mental. O ser picado por una araña o correr sin luz de noche en un monte en medio de la ciudad de la furia (resignificada como una jungla). Ése es el lugar donde más camina Cabrón. De Santis, amplía: “Quizás la historieta con sus cuadritos a modo de ventana, y su manía de parcelar el mundo, encontró en la ciudad un semejante, un reflejo especular (…)”.

Muchas calles y edificios de Lobos son perfectamente divisados a simple vista, porque Dimaro transporta datos claves, como en el capítulo “El Altruista” donde aparece el frente de La Casa de la Cultura, o la estación de trenes de Lobos en “Un mal viaje” y “Abuela Pina”. Todo en partes características de las ciudades que pisó con sus borcegos Cabrón. De igual modo, en los tributos a dos películas de Kubrick —La Naranja Mecánica y El resplandor— o la crónica de una madrugada de terror en caminos perdidos cerca de Ezeiza con amigos. Así se maneja Cabrón.

Crónicas desveladas

Este primer libro de Cabrón, contiene más de cien capítulos, algunas versiones de amigos que colaboraron haciendo su propia interpretación del personaje y sobre todo reflexión, ya sea de modo implícito o remarcado a través de cuadros que mezclan humor, música —cada historieta contiene el disco que acompañó la producción— amistad, familia y caras conocidas.

Todos dicen algo, esclarecen el plano humano y no dejan de sorprender, porque en una estalla, en otras piensa o simplemente altera las situaciones que lo desbordan. Con el libro en la mano, se puede certificar que cada título está acompañado de una atmósfera que se amplía y no agota las posibilidades de descubrir algo nuevo, de intentar responder con qué va a salir el quía, si va a estallar o sólo ser el protagonista sin remedio o salvación.

La senda que hoy aparece presente nació en el año 2010. De a poco, el infinito material fue publicado mensualmente en el viaje, en la fan page de Facebook —Cabrón Historieta Autobiográfica—, semanalmente en la página de La Duendes Historieta Patagónica. Algunas colaboraciones hicieron ver a Cabrón en España para la revista Cretino Comic Digital y en la revista de humor tanguero Chamuyando de Mar del Plata.

Sobre el final, aparecen imperdibles capítulos versionados por diversos colegas locales e internacionales. Uno de ellos, es “El cabroncete del padre demonio”, adaptación española de la mano de Chamn (Granada). También aparecen cabrones desde Chile, Perú, donde el personaje principal se ve atravesado por los contextos. A lo largo de la entrevista, la charla giró en base a ese dibujo que tiene vida, que va al frente o reflexiona y lo cuenta. Cabrón es real, todos tenemos uno. Una vez al mes por lo menos.

¿Cuándo se inicia el momento creativo para hacer Cabrón?

Se da cuando vivo una anécdota que merece ser contada a través de una historieta. A uno le pasan muchísimas cosas, pero la idea no es contar ‘me levanté y tomé un té’. No es que todas las semanas me pasa algo para contar, aunque hay algunas que sí, me pasa de todo.

¿Ese “de todo” sugiere que está cercano a lo que realmente te pasó?

Si no te pasa nada demasiado relevante, el plan es darle una vuelta de tuerca para poder contarlo a modo de anécdota y no siempre buscar el final plop! tipo Condorito, con el remate chistoso. A veces sí, pero no hay que forzarlo.

Ahora que Cabrón vive en un libro: ¿cómo definirías el estilo de la historieta?

Es una historieta de humor, básicamente, pero tiene a veces algunos capítulos más introspectivos. La primera vez que hice uno así, fue un desafío porque no sabía cómo lo iban a tomar los lectores de Cabrón. Era uno en el que iba andando en bicicleta por un callejón (en “Sin prisa”) y aparece Gokú de los Dragon Ball Z y mi hermano de pequeño. Fue una especie de flashback de las cosas que me pasaron cuando caminaba por ese callejón, cuando éramos chicos con mi hermano. Estábamos siempre cebados con Dragon Ball y hablábamos de esas cosas y como que veíamos a los personajes. En ese capítulo voy andando en bici y me veo a mí mismo con mi hermano de chicos. El remate es que todo sucedía un domingo, el lunes me iba a trabajar, tenía que viajar en bondi, ver gente con cara de culo y todo lo mismo de siempre, entonces, de alguna manera estaba preparándome para volver a la gran ciudad, como un ‘bienvenido a la jungla’.

Este va porque aparece en entrevista

¿Qué importancia cumple el guión en la historieta?

En la previa de ponerme a dibujar, están las ideas en la cabeza. Antes dibujaba con bocetos como hacen los dibujantes clásicos: un lápiz, boceto, las figuras predispuestas en el papel y con las articulaciones del personaje. Antes se dibujaba así, una forma que utilicé en Valdemar, y es lo que hay que hacer en realidad para tener una buena técnica y ser prolijo y limpio, digamos. El guión está siempre primero en la cabeza. Algunas veces tomo la hoja, presento las figuras, viñeta uno-dos, globito y así cuando son varias viñetas, para no olvidar nada. Cuando dibujo capítulos de una sola viñeta, sé lo que va a decir el personaje, lo que va a pasar.

En la nota anterior con el viaje contaste que proceder así era un modo no-natural en vos.

Siempre lo cuento. Me traumaba tanto todo el proceso que le había perdido el gusto. Entonces, ahora dibujo de una manera más desestructurada, más libre y me divierto.

En ese camino de crecimiento creativo, ¿qué referentes clásicos seguís observando?

Alberto Breccia (Uruguay) siempre fue un referente para mí y honestamente traté de seguir su modelo en Valdemar I y II (2009-10), con ese estilo más oscuro. En cuanto al dibujo que adopté para Cabrón, que es otra cosa, tuvo que ver con lo que estuve leyendo en ese último tiempo, que era Peter Bagge. Después a Robert Cramp. Autores argentinos también.

¿En qué momento pensaste la idea de que Cabrón sea una historieta autobiográfica?

Me pasó de ir a una librería en calle Corrientes y encontrar libros de historietas autobiográficas y los compré. Me pareció muy bueno lo que estaban haciendo esos autores (Ángel Mosquito, Rodrigo terranova, Mr. Excess que colaboró en Cabrón), porque hacía rato que intentaba hacer algo de ese estilo, pero no sabía aún cómo encararlo. Eso de contar en una historieta cosas que me pasaban a mí.

¿La idea del libro de Cabrón surgió tras la acumulación infinita de material?

Primero iba a ser una novela biográfica, pero conocer este tipo de historietas de estilo sencillo pero no por eso menos efectivo, a veces menos es más. Es lo que busco ahora, sin tanto Photoshop y cargados de retoques. Esas cosas me hicieron pensar en que podía encarar algo así.

Ahora que en poco tiempo estará en las calles ¿cómo describirías la labor de hacer Cabrón?
Diría que el libro es casi en un 100%, concebido de modo artesanal. Está todo hecho a mano, hasta la página de legales fue escrita a mano. Ése es el estilo que tiene el libro de Cabrón.

*Cabrón sera presentado el domingo 3 de noviembre a las 20 hs. en la Biblioteca Capponi.

(de la edición Nº 24, octubre 2013).