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15 de octubre, Día de la Lucha por los DD.HH en Lobos

Los cambios, los años, el paso del tiempo hizo que en 2013 el Concejo Deliberante local votara de manera unánime “El día de los Derechos Humanos en Lobos”, en memoria de Luis Oscar “Pato” Lacoste, lobense desaparecido por la dictadura cívico-militar el 15 de octubre de 1976.
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El acto se desarrolló en el Instituto de Formación Docente Nº 43, donde se recordó la personalidad de Lacoste, hubo testimonios de amigos, autoridades del Concejo, ex alumnos y se proyectó un video realizado en 2009 por alumnos del colegio Nacional.

Así, desde el 15 de octubre de este año, cada 15 de octubre será para recordar, no olvidar y hacer conocer parte de la historia reciente de nuestra comunidad.

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Pato Lacoste, su pluma

Tu muerte

Lento sueño de otoño
en tus rectas manos de rocío
presencia serena y larga
de hojas suaves y grises en tu despertar

Con un manto negro y blanco
sobre tus tiernos ojos de lluvia
y tu boca de horizonte rojo
como un viento de ira
en busca de soledad

Tu cuerpo danza y llora
con tus cabellos ausentes
como un diamante ardiendo
en un día gris de locura
con un río blanco sin tiempo
en el vértice de tu cuello
con una noche de brujas
en una noche sin sol sin luna

Foto de portada, gentileza de Lobosya.com.ar

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El largo adiós

Treinta y siete años después de la noche del 15 de octubre, Mariano Lacoste rememora los días de búsqueda de su hermano, los rastros desencontrados y la memoria como un puente hacia ese pasado distinto desde la ausencia de Pato. 

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Por Félix Mansilla

Ya pasaron más de treinta y cinco años. Treinta y seis cuando pase la medianoche. Mariano revive los hechos como un cuento con final conocido, pero sin bronca. Con impaciencia. No es resignación. “Ese 15 de octubre lo secuestran. Al otro día empezamos a buscarlo. Pasaron dos o tres días y nos enteramos que Pato había estado en la Comisaría de General Belgrano, pero que se había escapado. Nos enteramos por una persona que es la que lo levantó, un amigo conocido de Antonio D’Alessandro que era de Lobos y tenía un restaurant a donde mi viejo solía ir a comer siempre. Tiempo después, este amigo no quiso hablar mucho con nosotros. Eso fue al principio, después con el tiempo nos contó cómo había sido”.

¿Con qué expectativas comenzaron la búsqueda?

Después de que Pato se escapa, salimos a buscarlo, pero siempre llegábamos tarde a donde había estado. Mucha gente no quería hablar, aunque después se animaban cuando veían que éramos hermanos y amigos de él. Siempre llegábamos tarde hasta que de un día para otro le perdimos el rastro. Ahí ya no supimos más nada de él. Comentarios hubo muchos. Unos decían que lo habían agarrado, otros que lo habían atado. Otros decían que en la estancia Los Cerrillos lo mataron junto a un linyera. Escuchamos un montón de casos y cuentos, pero no nos podíamos llevar por esas cosas. Hasta vinieron un par de veces gente de la propia policía, a pedir plata por datos -obviamente- falsos.

A tantos años del hecho ¿Qué analiza de esos momentos tensos?

En esos momentos, llegás a conocer mucha gente que no te imaginás que son amigos tuyos, que están a disposición. Un caso es el de Augusto Spinoza, que era amigo de él y que se movió mucho llamando a diferentes autoridades para ayudarnos (N de la R: como el contacto con Raúl Alfonsín, quien ofreció garantías para sacarlo del país en caso de que apareciese). Y gente que se acercó a la familia, como Hugo Sala, quien nos prestó autos para salir a buscarlo porque teníamos el dato de que estaba escapado en la zona de Belgrano y Gorch. Me olvido de un montón, porque recuerdo más a los que andaban conmigo. Fue una época en la que no era bueno acercarse a una familia con alguien ‘sospechoso’, porque te marcaban y… Así fue pasando el tiempo y no tuvimos más datos de él, no pudimos encontrar más nada.

¿Qué papel juega el tiempo en los recuerdos sobre Pato?

Una de las cosas que me arrepiento es que no guardé muchos datos de las cosas que nos fueron pasando con el tiempo. Así hubiese sido más fácil para mí regresar a datos concretos. Cuando fui a Abuelas, me pidieron que recuerde todo lo mejor posible. Hoy, no espero que me llamen y me digan que lo encontraron, pero uno nunca sabe. Este año comencé a ir a las reuniones de Madres de Plaza de Mayo, porque ya a mi vieja –Lía (falleció en agosto de 2011)– se le hacía muy engorroso viajar. Con mi hermano ya hemos hecho todo lo que podíamos hacer, como registrar las pruebas de ADN para el banco genético de la comisión de DD.HH de Abuelas, y dentro de eso, si se me presenta una oportunidad en la que consigo algún dato, voy y lo averiguo. No voy con la idea de que lo voy a encontrar, sino para que no quede nada en el tintero.

Stella & Pato color

¿Cómo vivieron sus padres ese paso del tiempo?

Yo siempre le hecho la culpa al fallecimiento de mi viejo a una ulcera que padeció, porque él se tragaba todo. Se movía para todos lados, iba para todos lados, sin tener ningún tipo de novedades. Eso lo fue haciendo mierda de a poco, pese a que se despejaba en el banco, donde trabajaba. Mi vieja, en cambio, no, porque largaba todo, era de otro carácter. Ella tuvo siempre una reacción como toda madre. Hasta el día que falleció ella esperó y siempre decía que en cualquier momento Pato aparecería. Fueron treinta y cinco años diciendo que Pato iba a aparecer.

¿En las semanas de búsqueda pudieron perseguir pistas concretas sobre el paradero de Pato?

Hoy recuerdo todas las cosas que hicimos para encontrarlo y pienso que es para hacer una película; con final triste, porque no lo pudimos encontrar. Como estar en la estación de Gorch, en un almacén, y preguntarle al tipo que atendía si lo había visto, mostrándole la libreta de Pato, demostrando que éramos parientes y que después nos cuente que había estado, que le había llamado la atención de que estuviese buscando laburo para irse al sur y le pedía para barrer, ayudarlo con la limpieza. Al tipo le había llamado la atención cómo Pato leía los diarios y las revistas. La búsqueda duró cerca de tres semanas, porque nos decían que lo habían visto en algún lugar, pero siempre llegábamos tarde. Está la posibilidad de haber pasado nosotros con el auto y que él estuviese escondido. Al tipo de la estación, también le había llamado la atención -una o dos veces en la que había comido con Pato- que era un tipo muy leído.

Nadie más se preguntó

“Así como hubo gente que nos ayudó, también hubo gente que me llamó la atención de que se alejara”, pronuncia Mariano con la cabeza de un lado a otro, con resignación. Enseguida reflexiona: “Eso pasa en todos los lugares. En esa época la finalidad del Ejército era meter miedo y no toda la gente estaba en condiciones de poder enfrentar eso. La soberbia de los militares de esa época era muy arrogante, o sea, eran sus métodos: aplicar el miedo para tener a toda la población tranquila y serena para que no puedan hacer nada. Yo nunca tuve miedo, tal vez porque no tenía noción de lo que pasaba. Estaba con bronca e impotencia. Hacíamos cosas hasta no saber qué hacer”.

En el deslizamiento de la reconstrucción de los hechos de ese viernes, el último con Pato, Mariano relata: “En esa época, no podía pasar nadie ni por la vereda de la comisaría, porque estaba toda la cuadra vallada. Cuando fueron mis viejos como a las dos de la mañana, después de que fueron avisados por mi cuñada de que Pato había sido secuestrado en la casa de calle Ameghino, la policía de acá ya sabía todo y los estaban esperando. El comisario estaba con los demás policías tomando mate, a las dos de la mañana”, recuerda.

A partir del secuestro se tejieron dichos e hipótesis falsas: ¿Cómo reaccionó su familia?

Se corrió el comentario de que ‘si se lo llevaron por algo será’ o ‘algo habrá hecho’. Era el famoso dicho de toda esta gente que apoyaba a los militares y que creían que estaba bien lo que hacían. Que creían -y creen- que la única solución es sacar al que está para poner a otro. A veces no sé si lo dicen como parte de la ignorancia general o porque son partidarios de los golpes de Estado. No se bancan al que ejerce de manera diferente el poder. Hoy, toda esa gente no tiene dónde ir a golpear las puertas, porque los militares están deslegitimados.

¿Contaron alguna vez con datos concretos de por qué se llevaron a Pato?

Sí. A partir de datos que surgieron de actos fallidos del coronel Mansilla en las dos o tres oportunidades que viajamos a Azul, porque nos llamaban. Metidas de pata del tipo al mencionar los apellidos de gente que nosotros sabíamos que habían sido los que habían organizado las reuniones, por eso de que mi hermano en el colegio daba clases de política a sus hijos. Yo creo que no midieron las consecuencias o no se dieron cuenta de lo que estaba viviendo la nación en ese momento. No tuvieron idea de lo que estaban haciendo.

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A 37 años de aquel episodio ¿Qué esperanzas tiene de obtener algún dato sobre Pato?

Algún día se va a saber la verdad sobre los motivos de por qué se lo llevaron a Pato: eso tiene que aparecer, para que quede aclarado el tema. Sabemos que hay gente que sabe de eso, pero tampoco podemos culpar a nadie porque no podemos confirmarlo ni probarlo.

¿Cuál es su hipótesis sobre la desaparición, es decir, el lugar donde quizá lo ejecutaron?

Son muchas cosas. Una de las que más lugar da para creer es que a Pato lo mataron en la estancia Los Cerrillos, un campo que fue propiedad de Juan Manuel de Rosas, en San Miguel del Monte. Y los números dan, porque por la fecha que nos dijeron y el lugar, coinciden por donde nosotros le perdimos el rastro. Pero no tenemos certificación de eso, cómo probarlo. Es el lugar donde recorrimos y fuimos de una punta a otra y finalmente desistimos por falta de datos concretos.

(de la edición Nº 12, octubre 2012)

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Pe pe té

Pese a la coincidencia en la ubicación de las letras, no se trata de la misma sigla, sino de dos diferentes maneras de analizar la denominada realidad. En el medio, estamos quiénes tenemos el poder elegir los productos mediatizados.

Por Félix Mansilla

Jorge Lanata del otro PPT

Las coincidencias no existen. Si existieran, se darían por pura suerte y no porque las cosas se sucedieran porque sí. Pero ese no es el tema, sino las significaciones que podemos partir desde una justa relación de similitudes. PPT en la televisión argentina, representa dos siglas relacionadas con labores mediáticas. La primera, productora de contenidos de Diego Gvirtz y la segunda, el programa part time de los domingos a la noche, Periodismo para todos (y todas) a cargo de Jorge Lanata.

Hasta ahí, una mínima serie de letras que se ubican en el mismo lugar, pero que ideológicamente representan dos opuestos bien marcados. PPT es parte de la troupe oficialista que se expande en defensa del gobierno —en lo que sea y como sea— tanto en la TV Pública con “el fenómeno” 678 o en el nueve con Televisión Registrada y el semanal Duro de Domar, que con clara capacidad para los argumentos, convence en su manera de transitar en la vereda de la contra-información, desde el análisis del correr de la agenda mediática realizada por Clarín (los de “la corpo”) y los que le siguen: la tribuna de doctrina La Nación, Perfil y otros con rebote en el espectro periodístico (online, radial, red social, etc.).

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Duro de domar de PPT

El otro en cambio, sale por la pantalla de Canal 13, se vende y divulga en TN, y representa el lado contrario a las emisiones/distinciones que hacen los de la otra sigla. Si bien el juego al que están sometidos representa claramente el transitar de la historia, no existe así una única perspectiva.

La celebración de este tipo de episodios dan cuenta de las polarizaciones necesarias, que hace que, por ejemplo, el domingo por la noche tres programas que —hablan/discuten/falsean/ pero hablan— sobre el acontecer político, estén a mano en el zapping dominguero: Majul – Víctor Hugo – Lanata, más los que van por cable en Canal 26, América 24, CN23 y C5N.

Esto habla a las claras del desarrollo de nuestra época, ya que muy a pesar de los admiradores de dos personajes casi —¿extinguidos?— como son Mariano Grondona y Joaquín Morales Solá, que no pega una sola predicción sobre el pronto caos.

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Así las cosas, ambos Pe pe té existen gracias a los intereses creados desde la conocida batalla presentada por el matrimonio K después de empezado el conflicto con el campo allá en 2008. Por eso, la actualidad está demarcada desde dos ríos del mismo cause, pero con diferentes direcciones.

Este presente quedará para la posteridad, si de saber qué pasó en realidad queremos: una historia dividida y narrada desde más de un cuadro ideológico/intelectual/social —que es positivo— pero que quedará en manos de los futuros manejadores en la comunicación, las ciencias sociales y los dispositivos de cambios en la pertenencia cultural del revisionismo histórico.

Basta solo con observar las miradas que cada uno sortea a la hora de ver/mirar/escuchar los mensajes que cuentan y acomodan la historia. Desde una u otra cerradura, los desarrollos mediáticos apuntan al convencimiento de la población en temas de interés público: economía, seguridad, bienestar, crecimiento, valores y una lista de sustentos conformistas de la clase media, que es aquella que más consume el tejido que derrama el mercado y que más trascendencia política elevó en la última década.

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En desigual sentido, los problemas de las clases con bajos recursos pertenecen a otro tipo de preocupación emergida desde el Estado. De todos modos, el reflejo global, queda impreso desde los hechos y los puntos clave para el cambio y/o evolución de una nación.
Así las cosas, el desarrollo de cada uno de los contenidos esbozados quedan en la libertaria elección de los televidentes y consumidores de programas mediáticos, pero que no deciden los temas, sino sólo los perciben.

A un lado de la forma en que cada sigla o espacio de reflexión, da a conocer sus intenciones, los del medio —entre los medios y la butaca— podemos transcurrir nuestras miradas con ganas de que nos cuenten el mismo cuento o tratar de buscar la otra versión de las cosas.

Por un lado, Lanata hace un programa periodístico basado en meras críticas al empeño de los funcionarios y amigos del gobierno, falto de pruebas certeras del tipo irrefutable. Jamás reside en la autocrítica o propone un lado que se muestre —neutral/aparte— alejado de la polarización.

No hay forma de que esto así sea (fue creado para batallar desde la verdad), lo mismo que los programas de Gvirtz, que antes de 2003 mostraba informes con los archivos condenatorios del matrimonio K, con su pasado menemista de entrega del capital que hoy tanto quiere —intenta/propone/ o dice— proteger.

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Jardines en el aire

El videoclip de Protoplasma obtuvo el primer premio en el Festival Nacional de Cine de Esteban Echeverría 2013, apadrinado por el actor Claudio Rissi y bajo la mirada de Fernando Pazos (jurado, productor del ciclo televisivo ‘Ese Amigo del Alma’, que conduce Lito Vitale en la señal de cable C5N).

Hace casi un año, la banda de rock local lanzaba su primer video clip Jardines de silencio, que en poco menos de un mes recibió miles de visitas y muchas felicitaciones por parte de los usuarios que lo vieron. Los miembros de la banda lo definen como la forma de “saber cómo abrimos el camino desde otro costado que dice quiénes somos y cómo nos identificamos con el mundo”.

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Dicha producción, fue realizada de forma independiente, desde la óptica de Carolina Vinay y Aníbal Lacoste, quienes guionaron las narraciones visuales que transcurren en poco más de cuatro minutos de canción.

La actuación estuvo a cargo de la actriz lobense Belén Gatti y la ayuda de una parte de lo que denominamos “la familia protoplasmática” (Aníbal, Alina y Mariana Lacoste, Guillermo Poyo Gaggiotti, Nicolás Vassaro y Belén Córdoba).
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El trabajo llevó seis días de rodaje —entre julio y agosto de 2011 —, donde lograron capturar diferentes locaciones de la ciudad de Lobos, como la Casa de la Cultura y la plaza Tucumán.

El video clip está inspirado en la canción que forma parte del médium de Energía invisible, el cual invita a conocer una parte de todo aquello que Protoplasma desea comunicar con música.

Más la web de Protoplasma

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Los días por llegar

Por Félix Mansilla

Julio de Julio no quiere hablar. Otro Julio va a contar. Como el amanecer Julio a veces es sereno, pero no faltan esos días en que el sol no sale con la energía calma de todos los amaneceres y su personalidad se vuelve intranquila y revuelta. Revuelta a causa de factores que impiden que amanezca con serenidad y es en esos momentos donde parece ser otro hombre. Pero no.

De pequeño, fue un niño al que todo el mundo hacía pensar. Pensar en cómo un niño puede ser tan paciente y sereno y con formas tan respetuosas de dirigirse y preguntar. El tiempo y los días y los amaneceres cambian y Julio cambió. Y se volvió como el mediodía en las ciudades; con ruidos, dudas, bronca, pero sin perder el control. Se volvió de a poco en un hombre. Sí, un hombre con apenas 12 años.

Al menos él pensaba que la vida ya lo había transformado en un hombre. No era ya el niño. Sus formas, de pensar. Sus formas, de actuar. Seguía siendo el mismo, pero con premeditación y con alguna rebeldía. Pero típica. Él nunca dejó de ser quien era, pero como los amaneceres cambió. Para bien, para mal, para seguir.

Pasaron más de un puñado de albas y la noche fue el lugar en el que Julio se sintió más cómodo. Con amigos, con diálogos, con descubrimientos, con experiencias que él sabía que iban a llegar, pero sin perder la calma. Su vida seguía siendo la misma, pero los cambios la reformaban a cada paso. Con su familia nunca fue desagradecido y hoy agradece sus esfuerzos.

Hizo nuevas personas, conoció, persiguió, se cultivó y también se asustó. Pero no bajó. Siguió, con los cambios y las inseguridades, siendo el mismo. Pero, con algunas cosas más aprendidas y sabidas y esperando que lleguen los tiempos que tienen que llegar. Con menos miedos, con más expectativas. Su vida, su tiempo, sus formas fueron tomando el rumbo de los días de hoy y con la mirada puesta en un mañana.

Las tardes lo caracterizaron. Esas sensaciones de que se deja atrás un turbio y rápido mediodía, con la tensa sensación de que la noche se va a hacer esperar. Y rodó como las bolitas con las que se divertía en el colegio. Y corrió como en las mañanas de actividad física sin guardapolvos. Y caminó, con las ganas de llegar a un lugar. Y se llenó como cuando se almuerza a los apurones. Y descansó como bajo a la sombra. Y se despertó con la rapidez de saber que el tren se va. Y muchos paisajes apreció, como se observan las fotos de aquellos que no están.

Y se abrigó para sentirse seguro. Y se cuidó como de la lluvia. Y luchó como contra el viento. Y hoy espera. Espera ése y esos momentos que van a llegar. Con calma, de tardes de sol. Con angustia, como tardes de abril. Con esperanza, como de fines de octubre. Con alegría, como mañanas de verano. Con tibieza, como hojas del otoño. Con fuerza, como jueves por las noches. Con nostalgia de lunes y con armonía de miércoles. Con intriga de sábados y con espera de domingos.

Y espera. Su misión consiste en la espera. Y desea. Desea siempre tener ese insomnio que desea y que lo inspire para pensar, armar, concluir, desarmar, inventar, recordar, valorar, desechar, añorar, amar, querer, odiar, sentir, continuar, decidir, esperar, reflexionar, intentar, olvidar, extrañar, mirar, seguir, caminar, dormir. Volver, estar. Julio espera.

Hoy, los días de hoy, son los que lo dejan, al menos por instantes, con la impaciencia de un mañana y con el recuerdo de antes de ayer y con los nervios de pasado mañana. Se alentan, se alteran, corren, se estancan, pero siguen. Siguen y dejan que Julio espere. Con los miedos que se ajustan a esperar. Pero con las ganas de las noches por llegar y de los días por disfrutar.

Es difícil hablar de Julio. Es difícil sus días destacar y contar. Y sus pensamientos de amaneceres y de tardes y de noches, a veces quieren cambiar. Desear y cambiar. Con lo bueno y lo malo que envuelve cambiar.

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Segunda Guerra (segunda entrega)

Ponemos segunda (valga la redundancia) para dar cuenta del contexto previo a 1939, intentando entender cómo se llegó a ese cambio de época que la segunda contienda mundial nos propone. El ascenso del hombre en el que el mal deja de ser un mero valor abstracto.

Por Mauricio Villafañe*
“El Tratado [de Versalles] no incluye ninguna disposición para lograr la rehabilitación económica de Europa; nada para colocar a los imperios centrales, derrotados, entre buenos vecinos; nada para estabilidad a los nuevos Estados de Europa (…). El peligro que nos acosa, por tanto, es el descenso rápido del nivel de vida de las poblaciones europeas (…). El hambre, que lleva a algunos al letargo y a la desesperación inerte, lleva a otros temperamentos a la inquietud nerviosa del histerismo…”**

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La gran guerra: de la paz imposible a la muerte en las trincheras

¿Por dónde empezar? Bien, por donde corresponde: por el principio. ¿Cuál es el escenario previo, en el corto y largo plazo, que termina posibilitando el acontecimiento que, en menor tiempo, es el más caro en vidas humanas de toda la historia? Viajamos hasta el siglo XIX para saber que desde la derrota de Napoleón y la consiguiente restauración, se había instalado en Europa un sistema de acuerdos, equilibrios y contrapesos que tendía hacia la “paz”. Ésta puede ser entendida como la ausencia de conflicto pero no impidiendo que las mismas grandes potencias se lanzaran a la conquista y al ensanchamiento de sus imperios ultramarinos por buena parte del globo. De esta manera, las tensiones internas se trasladaban a escenarios extraeuropeos. Desde 1870, la situación entrará en una escalada que desembocará en el estallido de la Gran Guerra de 1914. Los conflictos latentes, la competencia y la desconfianza sumada a la formación de alianzas y acuerdos fueron derivando en el establecimiento de dos bloques claramente delineados y enfrentados. Por un lado, la emergente Alemania de Bismarck y los poderosos imperios austro-húngaro y otomano.

Por otra parte, Francia va confluyendo con Rusia y Gran Bretaña (la llamada Triple Entente). El enfrentamiento entre austro-húngaros y rusos a partir del asesinato del heredero de los primeros arrastró a los bloques a la guerra. El desgaste de una lucha entre el barro de las trincheras, los cañoneos y las bombas fue prolongándose dramáticamente en el tiempo y en el marco de la complejidad de los avances y retrocesos en los frentes de combate. Por una parte, el occidental (respecto a la centralidad geográfica que en el conflicto tiene Alemania) resistió tenazmente aunque a importantes costos humanos.

En el oriental, las potencias centrales asediaban a Rusia hasta que ésta, en 1917, fue obligada a suspender su participación y salirse de la guerra por el estallido de una revolución interna. Así los alemanes podrían lanzarse con todas sus fuerzas a la lucha en Francia. Ésta continuará su resistencia con el ingreso y apoyo de EE.UU a la Entente. La ofensiva fue implacable y llevó a Alemania, a fines de 1918, al armisticio y a la rendición.

Imperialismo y  nuevo orden mundial

En medio de la aceleración de la carrera imperialista, el recurso a la guerra es ciertamente inevitable. La entrada tardía de Alemania en el reparto del mundo (dada su también tardía unificación) contribuyó a la confrontación bélica ¿Qué soluciones podrían vislumbrarse tras este drama? En concreto, los yanquis toman la delantera al proponer el principio de autodeterminación de los pueblos (y así el fin de los imperios multinacionales) y la creación de la Sociedad de las Naciones como instancia arbitral internacional. Estos nobles principios fueron desvirtuados por la voracidad, el revanchismo y la incomprensión de los líderes del tratado de Versalles.

En él se sometió económica, financiera y territorialmente a Alemania. Los otros grandes imperios fueron desintegrados al tiempo que Rusia pone comienzo a una guerra civil entre revolucionarios y contras que terminará estableciendo la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). La disputa, al interior de la flamante Sociedad de las Naciones, entre europeos (ingleses y franceses) y norteamericanos irá minando su capacidad y su rol de garante de la paz, el orden y el progreso mundial.

Lo cual, sin ir más lejos, se agravó con el surgimiento, consolidación y expansión de regimenes que ponían en cuestión el consenso liberal heredado y que se podrían caracterizar como autoritarios y nacionalistas. Sus dos más altas expresiones fueron el fascismo italiano y el nazismo alemán, protagonistas de primer orden en el concierto europeo e internacional del llamado “periodo de entreguerras”.

El ascenso de Hitler y el camino a la segunda Guerra: una explicación

La paz, imprescindible para la reconstrucción y la prosperidad, será capitalizada por EE.UU, que se convertirá en acreedor de los países devastados por la Gran Guerra y, de esta forma, en el beneficiario principal, ascendiendo a la condición de potencia. El siglo XX lo terminará confirmando. La otra cara de la moneda fue Alemania, derrotada en el campo de batalla y humillada en la mesa de negociaciones. Sobrevivió a los tumbos en el marco de lo que se conoció como República de Weimar, una experiencia política duramente asediada por los conflictos entre conservadores, socialdemócratas y comunistas y por crisis económicas (hiperinflación, recesión) que terminarán abonando el terreno para el surgimiento y ascenso del nazismo durante los años ‘20 y ‘30.
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Este camino comenzará con Hitler, fundador, animador y líder indiscutido del Partido Nacional Socialista Alemán, encabezando un golpe de Estado en 1923, en Munich. El fracaso de tal empresa y la prisión lo llevan a cambiar la estrategia: llegar al poder por los medios legales, fortaleciendo al Partido (con las SS, la policía política partidaria) y participando en elecciones que le permitan aumentar las bancas en el Parlamento. Fue haciéndose eco tanto de los afectados por las sucesivas y cada vez más graves crisis económicas (desempleados, clases medias urbanas y rurales empobrecidas) como de sectores sociales conservadores y militares desencantados por la humillación de Versalles, todos atemorizados por una presunta revolución obrera. Finalmente, llegó  a canciller en 1933 (el régimen parlamentarista obligaba al presidente del gobierno a formar gobiernos de coalición entre fuerzas tan irreconciliables que lo volvía imposible).

Se tornaba necesario, a sus fines políticos, eliminar tanto la disidencia externa (expresada en los comunistas y socialdemócratas, a través de la ilegalización de sus partidos y la persecución), como interna, en lo que fue “La noche de los cuchillos largos”, el asesinato de miembros y dirigentes de las SA, la fracción de “izquierda” del nazismo.

La muerte del presidente Hindenburg elevará a Hitler a ese cargo, pero ahora del Tercer Reich, en expansión por toda Europa ante la pasividad y/o el temor de las futuras fuerzas del bloque aliado. Keynes no fue un profeta ni tuvo la bola de cristal, supo leer la clave de la primera posguerra.

Los sucesos posteriores le terminarán dando la razón. Sin embargo, no podemos quedarnos con que Hitler fue un histérico o un loco sino un hombre que encarnó valores e intereses concretos, reales, históricos y que fue parte de una época, actuando en consecuencia. Esto no lo exime ni nos lleva a negar que su cara es uno de los más fuertes e incontrastables símbolos del mal.

*Lobense, estudiante del Profesorado de Historia de la UNLP.
(de la edición Nº 23, septiembre 2013)

Halcones

Los halcones católicos

Por Nicolás Bernal

No quiero ir a misa, mamá.
Este domingo quiero dormir
o quedarme a mirar los Halcones Galácticos.

Déjame elegir.
No quiero rezar.
Ni mirar viejas que se quieren morir en paz.

Hace frío y en la iglesia hace un poco más.
No quiero Dios, quiero Moustron y aprender con Niño de cobre.
Si querés andá vos, yo te espero con la comida.

No quiero arrodillarme como esclavo.
Ni cantar alabanzas a un ser que nació de una paloma y una mina virgen.
Y el tema de la virginidad lo voy resolviendo.

Voy entendiendo poco a poco el misterio.
No es necesario llevar el rosario.
No tengo fe, no voy a misa,
llévalo a Palito Ortega.

Quiero jugar con mis amiguitos,
ellos no rezan y juegan a la bolita.

Dios déjame en paz, déjame crecer sin conocerte,
no seas un dique que me limita.

No pongas mis reglas, no seas tan carcelario.
Después leeré Nietzsche y me contradeciré tranquilo, loco.
No voy a robar, tampoco matar.

Pero tampoco me voy al cielo.
Yo me quedo en la tierra que es un gran lugar para reír,
no sé qué es la resurrección,
yo soy la reencarnación de un vikingo barbudo.

No quiero ir a misa, mamá.
Quiero faltar, no quiero ser monaguillo.

Quiero el family games.
Porque Jesús no entiende la infancia.

No se trata de ser bueno.
Se trata de jugar y jugar,
atrapando langostas,
armando chozitas,
tirando piedras,
riéndose de las viejas conchudas y pintarrajeadas
que andan cerca del cura
para que se le pare y se le para, se le para.

Más en el blog Brevestiemposraros

Por Agustina Furio

La lluvia de los siete días

Por Fernando Negro

Día 1. Hacía tiempo que no pagaba sus cuentas, lo señalaban sus amigos incluso como alguien de no fiar. El cielo se nubló, aparecieron las primeras gotas y con ellas tres muchachos bastante altos que venían a visitarlo. El más canoso, fue el primero en violentar la puerta y cuando lo miró le hizo una mueca.

Después le pidieron el dinero, les dijo que no tenía nada. Sabía después de esa respuesta que iba a morir. No ofreció resistencia, sólo agarró el paquete de cigarrillos antes de irse para siempre. Lo subieron al auto, y cuando pudo levantar la cabeza (solo una vez lo dejaron), vio como el vidrio empezaba a ser marcado por gotitas. Le taparon la cabeza, no veía nada, solo sentía.

El auto se movía, la lluvia era cada vez más fuerte. En el fondo hubiese deseado que fuera lo suficientemente fuerte como para romper el techo del auto y escapar. Había llegado la hora, no había tiempo para las utopías… Llegó al lugar indicado, lo bajaron del auto, y lo primero que sintió es cómo se mojaban sus labios. Entró a un lugar, suelo de barro, paredes de madera, nunca iba a salir de ahí.

Día 2. No sabía nada del exterior, pasó la noche en el barro, ni una cobija, ni un café, ni siquiera el arma en el pecho para darle muerte. Afuera llovía y se tornaba insoportable. No gozaba de mucha paciencia, pensó que su despedida del mundo iba a ser rápida, logró levantarse, sentía un gran dolor en el estómago. Sus manos estaban atadas con precintos. Algún clavo en la pared habrá para cortarlos, dijo en voz alta. Aún teniendo los ojos tapados, apoyaba su sien en la madera, buscaba algún clavo que esté a su altura, pero nunca lo encontró. Probó agachándose, saltando. A las dos horas cayó rendido al suelo. “Dónde diablos estaban”, con todo el ruido que hizo deberían estar cerca, pero nunca fueron. El dolor empezó a retorcerlo en el suelo.

Día 3. “Nunca veré un rayo de sol, nunca parará de llover”, esta vez pensó para sus adentros, y se largó a llorar después. Al mismo tiempo el dolor se le iba a las piernas con tanta fuerza, que sentía como su rodilla latía y latía. Durmió un rato, y cuando despertó, escuchó como el viento traía agua, más agua. El dolor crecía al mismo tiempo que la duda, ¿los habrá ahogado el agua?, pensó. No vinieron a decir adiós, a querer cobrar su deuda, a reírse, a querer perdonarme la vida. Maldijo el hecho de ser un apostador compulsivo.

El dinero como venía, se iba, alcohol, drogas, autos. Nunca se acordó de su madre que lo llamaba todos los días para ver cómo estaba, y él a veces ni atendía. “La vida era demasiado fácil, como para andar preocupándose con cosas de otros. No pedí venir a esta mundo, y si me voy, que sea a mi manera”, dijo una vez después de ganar quince mil dólares en una apuesta. Aunque en el tercer día de encierro quiso disculparse con su conciencia, pero era demasiado tarde. Lloró tanto, que solo lo detuvo una puntada en el estómago, para después seguir llorando.

Ya no le preocupaba que el velo no lo dejara distinguir entre la noche y el día. Se preguntaba por qué no pagó cuando había que pagar. Conoció todos los placeres, los excesos, tuvo sexo con las más hermosa señoritas, pero en ese momento, experimentó la sensación más horrible de todas, el vacío que provenía desde el interior. Estalló nuevamente en llanto, pensó en dios, y lo venció el sueño una vez más.

Día 4. Lo despertó la puntada en el estómago, daría su brazo izquierdo o el derecho para poder tocarse en el lugar, y saber si era una herida lo que había recibido. No sintió cómo las gotas golpeaban el techo de chapa, y le pareció raro ¿Habrá dejado de llover?, dijo con voz suave. Era lo último que le quedaba, tenía sed y la boca tan pastosa que hablaba sin entenderse.

Pasó el tiempo despierto, malgastándolo con teorías absurdas de lo que había pasado con los hombres que fueron a su casa y que lo llevaron a ese lugar. A pesar del dolor que sentía su mente pudo volver al pasado, no mucho tiempo atrás, pero lo suficiente como para acordarse de su mejor amigo. Nacieron el mismo día, vivieron por siempre en el mismo barrio, juntos pensaban ser dueños del mundo, hasta que una bala, a la salida de una disco, terminó con su vida. Recordaba ese día, y sentía cada vez más dolor a la altura del estómago, mucho más cuando una mano apretaba con fuerza en ese lugar.

“Es una herida de cuchillo, te queda poco tiempo, afuera llueve, parece que no frena nunca”. Era Daniel. Su voz era tan familiar, lo regresaba a los quince años, se daba cuenta por su sonrisa; mezcla de muchacho que se sacaba de encima la pelota, para ir tímidamente a hablarle a las chicas. “¿Me llevás con vos?”, suplicaba. “¿Van a venir?”, indagaba. Daniel se puso hablar del amor. “¡Te acordás que nunca le hablaste a la mina que estaba atrás tuyo, boludo!, estaba enamoradísima de vos”. “Decime dónde carajo estoy, por qué no me mataron”, dijo con el último hilo de voz. “Ya estás muerto, solo falta que le avisen a tu conciencia”, dijo con ese tono melancólico que usó para despedirse, aquella vez que murió en sus brazos.

Día 5. Daniel se fue para siempre, la voz también. No le quedaba voz, la conciencia poco a poco se apagaba. Dejó de pensar si venían a buscarlo para matarlo. Lo hirieron para ver cómo se desangraba. Esa fue su conclusión más sensata del asunto. A cada latido le seguía un golpe. Le parecía mentira, pero cada latido era una gota que moría en el techo.

Su vida se apagaba, cada vez tenía menos tiempo. En ese lugar no pasaban autos, no se escuchaban ruidos, los asesinos se tomaban vacaciones, solo hay dolor, dolor, muchísimo dolor. El dolor lo despertaba y lo desmayaba, hacía que llorara, incluso a veces se reía; como buscando acomodarlo para ver si lo aguantaba. Se hacía tedioso, no podía gritar, lloró desconsoladamente, mientras se retorcía en el barro del lugar en donde estaba. El mundo de colores se le había terminado, las mujeres no estaban, la plata se acabó, era hora de rendirle cuentas a la vida. Su cabeza giraba para todos lados, estaba mareado, tenía ganas de vomitar.

Día 6. Lograba moverse, sentía por el techo que cada vez goteaba menos. Pensó cuánto había jodido la lluvia a los que fueron a buscarlo. Empezó a sentirse mejor, incluso lograba moverse, el dolor empezaba a ceder, olía la tierra mojada, escuchaba el sonido de los pájaros ¿Cuántos días eran? ¿Seís?, seguro que sí pensó. Empezó a sentirse satisfecho, no podía volver atrás, pero sentía que había pagado el precio. Todo el dinero mal gastado, toda la gente que usó, y hasta incluso mató, empezaban a irse de la sien. Sólo estaba su cuerpo maltrecho, tirado en ese lugar.

Recordó que de chico quería ser un ave, para volar por el mundo, recordaba a su padre, llamándolo para ir a pasear por el campo en el tractor, recordó su primera vez con la mujer que tanto amó, fue la única por la que sintió algo. Cuando era chico era feliz. “No deberíamos crecer nunca”, pensó para sus adentros. Pensó en las veces que hizo sufrir, en las que sufrió, sonrió y después cesó de respirar.

Día 7. El viento de la tarde despidió la última nube que quedaba, y con ella se fueron las gotas de la lluvia que duró tantos días. Mientras la gente limpiaba lo que la tormenta dejó; se conoció un hecho que llamó la atención de todos, y que fue expuesto en una crónica del diario del pueblo. Los detalles de la historia, fueron los que están a continuación. “Detienen a tres personas y encuentran a un muerto”. Anoche, cuando la policía recorría la ciudad, se encontró con tres personas que estaban en actitud sospechosa dentro de un domicilio. Uno de ellos, quien nunca dijo su nombre, al ser revisado en el bolsillo derecho de su campera de cuero, poseía una navaja que conservaba una mancha roja.

Fue fácil para el joven policía del destacamento, era sangre. “La sangre tiene tres o cuatro días”, dijo mirando a uno de los detenidos. Un hombre, aproximadamente de unos 60 años de edad, confesó que habían llevado a la persona que vivía en ese lugar por una deuda a su guarida, la apuñalaron levemente dejándola encerrada.

“Teníamos una cuenta pendiente, pensábamos venir antes pero no lo hicimos. Cuando íbamos a verlo donde lo teníamos encerrado, nos dimos cuenta que estaba delirando. Por un momento nos divertíamos, nos debía mucha plata, demasiada. En el medio, nos pusimos a planear otros golpes. No sé en qué pensamos cuando decidimos volver, queríamos nuestro dinero, sabíamos que en algún lado había, es un mentiroso, nos estafó”, le habría dicho al Comisario. Le dio la dirección y no habló más.

Con el papel en la mano, la policía montó un operativo. Fue al lugar, una casa antigua, ubicada en el sur, a las afueras de la ciudad. Entraron, revisaron la casa, encontraron dinero, armas, joyas. Cuando llegaron a la puerta trasera, la abrieron. Divisaron un galpón de madera con techo de chapa. Fueron, lo abrieron, y ahí estaba el cuerpo, atado con precintos y sus ojos tapados con un trapo negro. La investigación continúa. La policía no logra saber quién era la persona que murió asesinada. Una fuente de este medio, consultó a los vecinos, pero ninguno se acordaba su nombre. Ni siquiera recuerdan haberlo visto.

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Foto de portada por Agustina Furio

(de la edición Nº 23, septiembre 2013)

Por Félix R. Báez

Archivos

Por FPM

Estaba acostado, el techo era siempre el mismo y leía sin entender. La luz del velador me encandiló y comencé a ver puntos amarillos en la hoja. Eran como pequeñas estrellas con centro amarillo fosforescente, una capa medio azulada pero con bordes verdosos. Cerré y abrí los ojos un par de veces en pocos segundos. Saqué la mirada de la hoja, parpadee como a un muerto al que lo reviven en el amanecer de otro lugar, y en la pared crema los puntos no se parecían más que fuegos de artificio en la lluvia.

Observé desde la ventana. El día parecía verde con sol, los pájaros cantaban como el comienzo de una ópera de pasto recién cortado. Mi día se caía por los rincones. Me paré, recorrí los lomos de mi repisa de libros –por todo lo que me falta leer no llega a biblioteca: será el día que alcance todos los clásicos- giré la cabeza para descontracturarme.

Luego hice el mismo movimiento pero con los pies rígidos. Sonó mi cintura. Exhalé mal aliento. Fui al baño, oriné, me miré al espejo, lavé mi cara, me mentí y volví a la habitación. A un costado del placard, había diarios viejos apilados, algunos libros marcados, un par de zapatillas sin lavar y mil recomendaciones de cómo archivar esa marea de papel impreso.

Me agaché, los acomodé para que no les falte dignidad. Sentí que de gusto amontonarlos, pero confié en la memoria visual que me dice dónde, en qué lugar habitan esas cosas que leí que me servirán para refrescar. Se me ocurrió que sea una caja de parlantes la que almacene ese tesoro por antojo.

Entonces me prometí ir con todo. Ese todo sería así: una consecuencia que se tejiera a cada paso, en el transcurrir de los pasos de ese reloj interno que nos hace pensar. Ese reloj que circula en la mente, que se despierta en salas de espera. Esas salas que no son lugares más que hechos para pasar un rato. Un lugar que ningún ser que sienta en esta tierra planea habitar. Porque esos planes en salas de espera son meros espacios vacíos. Por eso el todo, como un archivo.

(de la edición Nº 23, septiembre 2013)

La partida 1

Reflexión de la partida

Por Nicolás Bernal

Es el honor o la verdad, lo que pesa en la mirada es en realidad que te vas. Logré cambiar un buen abrazo por el orgullo con el que te vas. Ahora ves, lo dije ayer, lo hice bien, pude callar.

El que espera también se fue, pudo mutar en alegrías a medias porque te vas.¿ Y por que te vas? Si solo fueron frases sin terminar, promesas sin cumplir, milagros inexistentes, alturas sin precipicios. Es lo que quedo en el tintero, de la pluma y las palabras, son los ojos tristes que no pegan con una sonrisa dibujada entre tanta tempestad, así te vas.

Así te vas, dejando preguntas sin respuestas, convencida de que tus errores son lineales y no cíclicos como los míos, te vas por no soportar la razón que te invade entre tanta reflexión de noches oscuras, sin luz y sin calor.

El amor deja de ser sentimiento para pasar a ser emoción y de a poco, como las mañanas que fuimos uno, que eran lo último de las largas tardes charlando, se va haciendo una partícula de algo donde la cicatriz volvió a ser herida, que queda abierta por la incertidumbre que deja la duda cuando nunca deja de serlo para llegar al punto común de la verdad.

Te vas y entre tantos lamentos en vano queda lo que pasa cuando aparecen puntos suspensivos y la caricatura no aparece en ningún cuadro, te vas siendo la guionista de tu propia realidad. Pero igual te vas, sin piedad, pero tal vez, tal vez… con un poco de amor.

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