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Segunda Guerra (3º entrega)

Sin prisa pero sin pausa, le damos continuidad a la cuestión buscando entender un poco más el escenario bélico. En esta ocasión, el nazismo y el desarrollo y el rol de sus dos más grandes contrincantes: los EE.UU y la URSS.

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Por Mauricio Villafañe*

Lo que pocos años después parecería inverosímil, la Segunda Guerra lo hizo posible: el “enemigo común”, encarnado en los nazis, unió a soviéticos y norteamericanos. Como sostiene el historiador británico Eric Hobsbawm, fue una situación histórica excepcional y relativamente efímera. Ambas futuras superpotencias y referentes ineludibles del escenario de Guerra Fría que anima la segunda mitad del siglo XX, actuaron, durante la guerra, como partes claves del bloque aliado.

En esa actuación acorralarán y derrotarán a los nazis en una maniobra de “pinzas” (del frente oriental, los rusos avanzando y tomando Berlín, y del occidental, a partir del desembarco aliado en Normandía), terminando así con la más cruenta de todas las guerras.

¿Cuáles son las características del nazismo? ¿Cuál fue el recorrido histórico de yanquis y rusos en ese contexto y su actuación durante el conflicto? Ambas preguntas articulan este viaje y esperan, de este viajero, algunas respuestas que serán compartidas con todos y todas.

Antisemitismo, espacio vital y realpolitik

Es harto conocido el perfil criminalmente antisemita de Hitler y el nazismo. La “judeidad” encarnaba los “males” del mundo moderno: el capitalismo financiero y el comunismo. Así, el factor racial tomaba una centralidad política e ideológica a la hora de intentar entender lo que, a primera vista, pueden aparecer como atrocidades, excesos o hechos irracionales. Pero no, son parte de un proyecto de dominación imperialista sostenido en la supuesta superioridad racial aria.

Ésta debía condecirse con una superioridad política en donde las diferentes razas y pueblos debían subordinarse al tiempo que los/as judíos/as directamente exterminados/das. Esta necesidad y vocación de poder del nazismo alimentaba su expansionismo en pos del “espacio vital” que excedía con creces el territorio nacional alemán.

De esta necesidad parten los avances y anexiones territoriales nazis sobre sus vecinos, entendidas como fundamentales para el desarrollo de su estrategia político-militar. En un primer momento negoció con la URSS un pacto de no agresión.

De esta manera, Alemania neutralizaba a un potencial rival mientras que para Stalin significó un poco de tiempo y aire en el frente interno. Alejaba la amenaza nazi para así poder estabilizar la situación soviética, convulsionada desde la Revolución de 1917.

¿La Revolución cumplida y traicionada?

Tras la irrupción revolucionaria y la posterior guerra civil, Rusia pasaría a formar parte de una unión de repúblicas socialistas en lo que fue la primera experiencia socialista triunfante en el mundo. Su indiscutido líder y mentor, Lenin, había muerto en 1924. Se entabla, entonces, la disputa por la sucesión.

En ella se hallaban Stalin, referente del aparato partidario, y Trotsky, dirigente revolucionario de la primera hora, de gran ascendencia política y reputación en las Fuerzas Armadas. La discusión pasaba por el futuro de la revolución: extenderla internacionalmente (Trotsky) o concentrar esfuerzos y recursos en la construcción del socialismo en la URSS (Stalin).

Fue la línea stalinista la que se terminó imponiendo, a costa de la persecución y el sacrificio popular, pero cumpliendo con la transformación económica soviética, concretando al tiempo que clausurando la revolución. A fines de los años ‘20 se pone en marcha el Plan Quinquenal que aspiraba a modernizar la atrasada estructura productiva rusa.

Los puntos salientes del Plan contemplaban la industrialización estratégica (metales, combustibles, electricidad) y, en el campo, la colectivización de la tierra con el establecimiento de granjas. Ambas medidas tenían su eje en la acción y dirección del Estado.

La URSS, a partir de esto, estará en condiciones de resistir el asedio nazi y avanzar después en lo que se conoce como la “Gran Guerra Patria”, donde millones de campesinos y obreros devenidos en soldados dieron su vida en la lucha contra el nazismo.

El poderío yanqui: la clave del Bloque Aliado

En la otra punta de Europa, Inglaterra y Francia. De la pasividad casi cómplice y el temor inicial van a pasar a constituir el bloque aliado frente a alemanes, italianos y japoneses. Hemos comentado ya la importancia y giro que le da a la Segunda Guerra el ingreso de los EE.UU a este bloque. Su ascenso a la condición de gran potencia se basaba en el importante y sostenido crecimiento económico con el que fue beneficiado tras la Primera Guerra.

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Hay que resaltar que fueron los EE.UU financistas de la reconstrucción alemana durante buena parte de los años ‘20. Su superioridad tecnológica y las condiciones productivas y laborales encarnadas en la famosa cadena de montaje fordista que delira a Carlitos Chaplin en “Tiempos Modernos”, le posibilitará consolidar, profundizar y “exportar” el modelo de sociedad de consumo masivo como una nueva etapa en el desarrollo capitalista.

Sin embargo esta situación entrará en un impasse y, finalmente, en recesión tras la crisis del ‘29. El crédito fácil y sin respaldo real junto a la especulación bursátil lleva a la quiebra financiera, productiva y laboral de millones, afectando también a economías y pueblos demasiado dependientes del mercado internacional al que proveen materias primas (“las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas…”, la magistral claridad de Atahualpa Yupanqui).

En este marco de crisis del liberalismo (entendido como libertad de mercado), emerge en el horizonte de un capitalismo en recomposición un nuevo acuerdo, new deal en la lengua imperialista. Se alientan medidas proteccionistas a través de mayores y/o nuevas tasas aduaneras en pos de las industrias nacionales y en contra de la importación irrestricta.

La decaída demanda (por falta de recursos) va a ser estimulada a partir de la intervención del Estado en la economía, reestructurando impuestos que mejoren la recaudación para impulsar políticas sociales o bien impulsando planes de obra pública que generen nuevos y más puestos de trabajo.

Esta situación interna, sumada a la externa (la creciente presencia e intervención imperialista sobre América Latina para la defensa de sus intereses económicos, “reemplazando” a los británicos) van a poner a los EE.UU como un factor ineludible en el desarrollo y desenlace de la Segunda Guerra.

*Estudiante del Profesorado de Historia de la UNLP.

(de la edición Nº 24, octubre 2013)