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Segunda Guerra (cuarta entrega)

Cerrando estas entregas viajeras y en un mapa imaginario, ubicamos a los principales protagonistas de la Guerra, trazamos sus movimientos y dejamos establecido como quedó la cosa. Un antes y un después en la Historia: el genocidio.

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Por Mauricio Villafañe

Es un monstruo grande y pisa fuerte: Introducción, nudo y desenlace

El resentimiento, las crisis económicas y políticas, la inestabilidad, la incapacidad del orden mundial vigente y el expansionismo de las grandes potencias (aliadas y no aliadas)* desembocó en la guerra. La invasión nazi a Polonia fue el chispazo que hizo estallar la ya tensa situación. Del ataque sobre Polonia, Alemania pasará a Francia, asaltando y ocupando buena parte de su territorio a mediados de 1940. Estos primeros movimientos se caracterizan por el desarrollo de la blietzrieg o guerra relámpago, una combinada y rápida ofensiva aérea y blindada que rompía con la línea enemiga y ocupaba posiciones claves.

Así, se impedía el retroceso o el abastecimiento del enemigo. Más al oeste, la España de Franco (devolviéndole a Hitler las “gentilezas” del bombardeo a Guernica durante la Guerra Civil Española) permanece neutral, asegurándole al Eje el control de casi toda Europa Occidental y del Mediterráneo. El bastión occidental fue Inglaterra quien resistió, a pesar de las bombas nazis, gracias a su condición insular (que la aislaba) y al apoyo financiero de EE.UU, que por el momento se mantenía fuera del conflicto.

Respecto al frente oriental y para mediados de 1941, Hitler decide invadir la URSS, dando por terminado el pacto de no agresión. La resistencia del Ejército Rojo fue tan heroica como desorganizada. Una de sus claves fue la táctica de “tierra arrasada”: la quema de campos que le negaba el abastecimiento a la extensa línea alemana. Esto, junto a la llegada del invierno, van limando las reservas que le hubieran permitido a los nazis ocupar los puntos urbanos y geopolíticos más importantes de la URSS: Leningrado y Moscú.

El extenso y finalmente fracasado sitio de Leningrado fue desgastante y dramático, con grandes costos humanos. Fue uno de los puntos de inflexión dentro del conflicto: Stalin convocó a la defensa de la “Patria de los trabajadores” y dio inicio así a la ofensiva soviética, haciendo retroceder a los nazis. La posterior persecución y avance ruso aceleró el ritmo de la derrota nazi.

A esta altura la guerra ya era mundial: los Estados Unidos aportaban a los aliados su tecnología y superioridad productiva. En este marco, el bloque aliado invade Italia, derrocando a Mussolini, y Francia, en el famoso “Día D”. El “cerco aliado” estaba tendido y la otrora potencia alemana estaba deshecha desde lo moral, económico y militar. Hitler se suicidó y Berlín fue ocupada.

La guerra siguió en el Pacífico. Los bombardeos yanquis se vuelven indiscriminados ya que un ataque de infantería sobre la isla sería costoso y hasta imposible. En la adopción de esta táctica la que pagó el precio fue la población civil japonesa. Decidido a jugar el todo por el todo y en un hecho sin precedentes, los EE.UU lanzaron dos bombas atómicas y Japón se rindió incondicionalmente.

Estamos hablando, hace unos meses ya, del conflicto armado, ideológico e interimperialista más importante, destructivo y cruento de la historia. El desastre humano y material era su lógico corolario. Incalculables montos de dinero, millones de vida en los frentes de combate o en los campos de concentración.

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Produciendo muerte: el genocidio

Detengámonos un momento en este último punto. En paralelo al desarrollo de la Segunda Guerra, los nazis fueron orquestando diversas medidas de persecución, aislamiento y eliminación de los/as judíos/as. De las leyes se pasó al ghetto y de ahí a la llamada “Solución Final” entendida como el exterminio sistemático, masivo y “racional” de los/as judíos/as. El crimen organizado en torno a la cuestión racial era “producido”; es decir, el exterminio se hallaba unido al progreso industrial del mundo moderno y se desarrollaba como si fuera parte de una cadena de producción (ni más ni menos que la producción de muertes en serie).

El hacinamiento en campos de concentración y exterminio implicaba el despojo y todo tipo de vejaciones, imaginadas o no. En los campos se determinaban los/as aptos/as para el trabajo, a quienes se los/as superexplotaba hasta el agotamiento. Niños/as, viejos/as y muchas mujeres pasaban directamente a las cámaras de gas y a los hornos crematorios. El objetivo nazi era la purga y la remodelación biológica de la humanidad mediante un genocidio.

Como dice Enzo Traverso, esto llevó al desgarro de un tejido histórico sustentado en las relaciones humanas, que es el que permite a hombres y mujeres reconocerse como tales ¿Cómo podría sostenerse eso cuando verdugos y víctimas no se reconocen humanos? Este es el significado profundo del genocidio, un quiebre dentro del quiebre que significó la Segunda Guerra Mundial. Hagamos el amor, no la guerra. Buen viaje para todos y todas.

*No sólo la Alemania nazi se hallaba en una fase de expansión territorial y/o de ampliación de sus imperios. También en esto estaban implicadas todas las grandes potencias; esto llevó a la colisión y a la guerra.

(de la edición Nº 25 Aniversario II, noviembre 2013)