Detective 1

Como un fantasma

Por Thomas Gianandrea

A veces esto de ser un detective anónimo me resulta extraño y hasta me asusta un poco, debo reconocerlo. Es como si fuera otra persona, una sombra dentro de mí, pero de la que no me puedo separar ni despegar. Una persona, una sombra que de todas maneras necesito. Cuándo me atrapa la acción, la aventura y el misterio, el detective anónimo sale a luz y ya no hay vuelta atrás.

Me volvió a pasar mientras esperaba un chárter. Me puse a observar, investigar, chusmear o como quieran llamarlo, a una señora que también esperaba. Tez blanca, extremadamente blanca. Ojeras que se confundían con los cachetes. Corte rollinga enrulado y una vestimenta de entrecasa de domingo a las seis de la tarde cuando el día está moribundo. Justo; cuándo el día está moribundo. Perdón, pero aquella persona me pareció por demás horrible, desagradable y hasta tenebrosa. Eso, tenebrosa.

En un acto de masoquismo puro continué observándola hasta que el miedo y el pánico se cohibieron de mi persona. En un segundo imaginé miles de secuencias con esa mujer como protagonista de hechos sangrientos y macabros. Estuve a punto del llanto. Tomé fuerza y me levanté de mi asiento. Me juré no volverla a mirar y me encaminé hacia el chárter.

Pero la película continuó; al lado de mi lugar en el bus estaba ella otra vez sentada, con su cara horrible y su corte rollinga. Me ganó el miedo y la desesperación por completo. Esa mujer en ningún momento se había movido de su lugar en la sala ¿Cómo había hecho para llegar al chárter antes que yo?

Sin poder controlar mis sentidos, me desmayé en mi asiento. Cuándo volví abrir los ojos, ya no estaba al lado mío y tampoco esperaba sentada en la sala. Me convencí que sólo había sido una situación fruto de mi imaginación.

Que había sido como un fantasma en mi cabeza. Un fantasma dentro de otro fantasma. Comprendí, que la mente humana es capaz de crear y recrear imágenes y secuencias de cualquier tipo y especia. Incluso mi mente de detective anónimo.