daniel favero

Todavía sus palabras nos hablan

Joaquín Areta y Daniel Favero fueron dos jóvenes poetas y militantes peronistas platenses. El accionar de la última dictadura cívico-militar los desapareció. A su memoria y a su ejemplo dedicamos esta columna.

Por Mauricio Villafañe*

Pasaron muchos años y hoy, mal que le pese a los represores, tanto Joaquín como Daniel viven, persisten: actualmente, en la ciudad de La Plata, un par de centros culturales llevan sus nombres. Sus desapariciones físicas y la enorme tragedia que eso supone nos siguen doliendo a todos (y a sus familias en particular) pero no pudieron con su referencia simbólica, profunda.

Viajamos imaginariamente hasta los años ‘70 platenses para dar cuenta de sus trayectorias de vida, sus militancias revolucionarias y, parte de ellas, sus poesías.

joaquin areta

Joaquín Areta

“Siempre tu palabra cerca/ para que el silencio diga/ te quiero mi amor”

Joaquín Areta nació en 1955 en Monte Caseros, Corrientes, y a los 13 llegó a La Plata. Comenzará el secundario en el Colegio Nacional en una época y un lugar propicio para desarrollar sus primeras incursiones militantes: a los 16 se inicia en el frente secundario de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y, debido a la fusión de esa organización con Montoneros, bien pronto pasa a formar parte de la conducción de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES).

Ingresa a la carrera de Medicina en pleno retorno del peronismo al gobierno: se vivían épocas de febril participación y activo compromiso, más aún en un centro político obrero y estudiantil como La Plata. Ese caldo de cultivo lo lleva a un lugar que asume con todas las convicciones: como trabajador, como montonero, como estudiante y como poeta y escritor de documentos políticos. Joaquín logra advertir y desarrollar los presupuestos básicos de un militante de su tiempo: solidario, serio y aplicado en su formación y en la de sus compañeros, sensible, atento a la idea de que el único héroe es el colectivo, es el otro, es el todos.

Así lo deja bien claro en una de sus poesías: “…grito con furia/ cuando los brazos no alcanzan/ para el lecho y la comida/ grito todos los días/ junto al clamor de mi Patria/ quiero a mi Patria/ como a mi propia vida…”.

Todo parecía suceder a gran velocidad: forma pareja, pasa a la clandestinidad, muere en combate su hermano, nace su hijo y es, el 29 de junio de 1978, detenido-desaparecido en la Capital Federal. Tenía 22 años. Adela, su pareja de entonces, guardó años y años la libreta roja Norte en la cual Joaquín registraba sus poesías, sus pensamientos, ideas, pequeños documentos políticos.

En 2005 el entonces presidente Néstor Kirchner lo reivindicó con la lectura de una de sus poesías, que se volvió, tal vez, la más famosa: “Quisiera que me recuerden”. El centro político y cultural “Joaquín Areta” queda en calle 1 entre 49 y 50, justito enfrente del Nacional, por donde Joaquín anduvo rumiando alguna idea, volanteando alguna actividad, imaginando la métrica imposible de un poema de amor que nunca vio la luz.

Para finalizar esta sección, un fragmento de otra poesía respecto a la cual vale la pena parar, leerla y disfrutarla pensando un poco: “En cada letra de este poema/ quiero que estén presentes todos/ para que quien lo lea/ vea el rostro sufriente y heroico/ de nuestra hermosa revolución/ Y desde allí, desde sus tumbas/ siguen construyendo/ porque su ejemplo da ganas/ su sacrificio abre ojos/ su coraje arma brazos/ y sus errores evitan otros/ A todos, a todos/ este poema los recuerda, compañeros”.

daniel favero

Daniel Favero.

“Estamos construyendo milicias de alegría/ con banderas que tienen el aliento del pueblo…”

Daniel Omar Favero nació en La Plata, en 1957. La humildad de su infancia, calle de tierra y zanja mediante, contribuyó a la formación de un muchacho silencioso, de ojos verdes claros y clarividentes que también pasó por el Nacional. Estudiante de Letras en la UNLP, poeta, músico y militante de la Juventud Universitaria Peronista (JUP), en 1977 fue secuestrado junto a su compañera, Paula Álvarez, por un grupo de tareas al mando del jefe de policía de la provincia, Ramón Camps.

Los mismos patoteros, impunes y asesinos repudiados por el pueblo argentino que, tal vez, se hayan llevado a Pato Lacoste. A Dane le faltaban pocos días para cumplir 20 años.

El tiempo y su ausencia física no lo relegaron al olvido: quedaron de él sus obras póstumas finalmente editadas, “Los últimos poemas” (1992) y “Nosotros, ellos y un grito” (2007). Además se creó, en octubre de 2001, la Asociación Cultural “Daniel Omar Favero”, ubicada en pleno Barrio Hipódromo de La Plata, en la esquina de las calles 117 y 40.

Es uno de los centros culturales más activos del ya por sí activo mundo intelectual y cultural platense. Conmueve entrar al Favero; una gran imagen de Daniel nos mira, nos da la bienvenida a la amplia galería y sus paredes, desde sus poesías, nos hablan. Nos van a decir cosas como estas:

“Vi lejanos patrullajes sigilosos
y esquinas con hombres arraigados.

Al cruzar la avenida me señalaron todas
las luces de mercurio (rutina solamente)

Mis bolsillos estaban vacíos
¡Quién iba a sospechar que el arma subversiva
iba en mi corazón!…”.

“MI guitarra que tiene la misión de ser eco en los barrios
se apaga para que te duermas en mis ojos
musita en nuestra breve fuga
atardece hasta el sueño
contempla nuestra noche…”.

“Yo no quise salvarme sino del egoísmo
quise hacer con mis venas una comunidad de vida y esperanzas
quise amarte, luché para enterrar el odio
y odié como un soldado de la paz que no nace con su libertad única.

Comprobé los engaños fatales donde están
sometidos millones de hermanos, milenarias tristezas
donde muerden los dientes dominantes.

Comprobé la dulzura cuando fuiste mujer de mis combates
cuando vi más allá mirándote, menuda compañera infinita
y descubrí la madre del hombre nuevo, andando.

Yo no quise salvarme sino de la traición
de la cobarde fuga, de la filosofía
de los desentendidos, cómplices del sepulcro
entonces, sus gatillos, sin querer
me salvaron”.

Una baldosa blanca lo recuerda, en calle 57 entre 12 y 13, junto a algún fragmento de una de sus poesías. Tanto él como Joaquín no están pero sí están: esta reflexión va en ese sentido. Hicieron caminos, marcaron un rumbo, emocionan nuestras almas ya que, todavía, sus palabras nos hablan.

*Estudiante del Profesorado de Historia de la UNLP.

(de la edición Nº 26, diciembre 2013)