Bellamore

El triple crimen de Bellamore

Por El Negro Sin Techo

In Memorian de H. Quiroga por El triple robo de Bellamore

—Insisto que en este boliche se esconde una de las claves para resolver este caso —le apuntó inquisidoramente el comisario a su propietario—. Le reitero que hace más de cinco años que no veo por estos pagos a la persona por la que usted me indaga. De haberlo visto le reclamaría una deuda. ¡Bueno! ¡Qué más da! Si no le pude cobrar cuando era empleado bancario menos ahora que está sin trabajo. Creo que tiene anotado unos embutidos, escabeches y vinos. Hablamos de poca plata— afirmó minimizando lo ocurrido el propietario del café.

—¿Algo insignificante? Esta fotografía es del finado. Fíjese como le escribieron “pruebas x 3” en el rostro al Sr. Zaninski. Según los peritos sería como un mapa donde se ven claramente los bancos atracados por Sr. Bellamore un lustro atrás. Al parecer, los años de encierro más que disciplinarlo le potenciaron su instinto asesino y despiadado —narró envalentonado el policía.

—¡Lo sé! Por la alevosía con la que se ensañó el muy maldito debería tenerle bastante bronca al ruso.

—¡Ajá! ¡Hábleme de él! ¿Usted conoce al señor que frecuentaba su propiedad junto con el ruso? ¿Recuerda aquella juntada, con café de por medio, que se había formado al tiempo nomás de la encanada de Bellamore en su boliche? Todavía recuerdo la bronca de estos dos sujetos cuando les quiso aplicar el derecho de admisión a su cantina.

—¡Vamos comisario! Está bien que desconfíe de todos pero pretender transformar una causalidad en evidencia… me parece mucho… ¿digo no?.

—¿Por qué lo afirma tan categóricamente? Le hago saber que Bellamore, el ruso y el comensal que frecuentaba estos lugares registraban antecedentes policiales por delitos varios.

—Los tengo bien presente porque he tenido problemas con los tres en al menos una oportunidad. Con Bellamore fue un entrevero nacido de una distracción mía. Debí haber estado más atento en aquella ocasión. Aún hoy no me perdono el error cometido. Pero, es sólo una anécdota para sobremesas. Es más, si la oportunidad hace al ladrón; desde que enrejé el boliche la rapidez de sus manos dejaron de ser un problema.

—Despreocúpese. Ya no serán un problema. Todas las pistas conducen al ex presidiario Bellamore. Efectivamente quedó resentido con el ruso y su amigo porque le atestiguaron en su contra en aquella ocasión. Hombre de manos rápidas para el atraco de bancos y por lo que veo habilidoso para el pillaje de aguardientes en boliches. Pero buscamos a otro hombre. El asesino de su comensal, del ruso y de Bellamore debe andar merodeando por acá; es alguien que los conoce y los estuvo esperando durante mucho tiempo.

—Interrumpiéndolo ¿Cómo que Bellamore está muerto? Vi en el diario de mensajes mafiosos dejados en el cuerpo del ruso; pero nada sabía del sr. Bellamore —exclamó sorprendido el comerciante.

—Lo encontraron el pasado lunes en las proximidades del cruce fronterizo. Lo identificaron por sus pertenencias. Parecía otra persona. En nada se parecía al fichado en Tribunales cuando recuperó su libertad. Su cuerpo fue mutilado por las fieras. Su rosto irreconocible e hinchado por la avanzada podredumbre. Estamos embretados ¿Se entiende por qué buscamos por estos lados? Me están presionando desde Buenos Aires porque el ruso era un anarquista de peso. No tenemos pistas. Solo tres muertos. Uno con un mapa estampado al acero. El otro atragantado por un papel escrito. Y un tercero despellejado por bestias carroñeras ¿Tiene algo para agregar?

Pausa y silencio del bolichero. Últimamente no se ven caras nuevas por el boliche. Por acá todo es más de lo mismo. Siempre los mismos viejos hablando de las mismas pavadas. Hasta los naipes se barajan solos de tanta rutina. Somos pocos y nos conocemos bastante. Y ahora que escasea el laburo hay algunos que pasan por acá cada tanto porque cruzan la frontera temprano para hacer changas en el Paraguay. Son tantos los que van para allá que los lunes cruzan migraciones como alambre caído. El silencio se imponía en el recinto. Los hombres allí presentes mutuamente se observaban y desconfiaban.

—¿En qué piensa?! —rompió el hielo el Comisario.

—Nada importante. Recuerdo a Bellamore por una extraña oferta que me propuso para cancelarme su deuda. Una falsificación burda y vulgar. Él lo denominaba re-etiquetado. El ardid consistía en falsificar minuciosamente la etiqueta de vinos finos para luego estamparlos sobre vinos berretas. El solía decir que la gente elige a los vinos por sus etiquetas y no por sus sabores ¿Se imagina en los problemas que me hubiese metido con mis clientes ante torpe adulteración? Muchos de los que frecuentan este boliche prácticamente desayunan tinto al alba —relató el dueño.

Nuevamente una pausa seguida de un largo silencio. Observaciones de un lado. Suspicacia del otro.
Veo que era idiota para robar bancos como para hacer pequeños fraudes ¿No le parece? —instigó el policía.

—¡Qué se yo! Ese tal Bellamore era muy observador. Se parecía a las lechuzas como miraba todo sin parpadear y sin chistar. Flaco, vestido de negro, callado… ¡Qué bicho raro!… ¿y cuál es el otro mensaje mafioso del que habla el diario? ¿qué tiene de extraño que no pueden descifrado?

Dentro de la boca de su finado comensal había un papel con una leyenda toda baboseada que decía “el silencio condena tanto como las falsas pruebas”. Un señuelo de poca monta. Un trabajo poco profesional, inculto y ordinario. Seguramente escrito por encargue porque todas estas bestias eran analfabetas —vociferó el Comisario.

Días más tarde, el bolichero recibiría una caja de vino con una tarjeta con la silueta de una lechuza negra que rezaba: “Considere la presente como pago por las deudas contraídas años atrás; desde los mejores viñedos del Paraguay. Pd: “Los mejores vinos están detrás de las etiquetas menos llamativas”. El comisario había sido trasladado por la irresolución del resonante caso.

(de la edición Nº 26, diciembre 2013)

Arena

Arena

Por Napagi

¿Cuántas cosas hay en ti?
Qué serán esos secretos que escondes,
que fuiste tapando entre miles de años.

Qué será de ti, arena,
compañera amorosa del mar.

Cuántas cosas él te trajo
y cuántas otras te quito.

Juntos son la piel de un reptil,
esmeralda, dorado.

Tu traes, mar
tu traes y ella te ayuda a tapar
¡Y nos llaman!

Los dos se mesturan y son un deseo de vivir.
Nos acarician suavemente,
luego, nos abrazan, ya casi que sin recelos.

Y nos entregamos a ustedes, llenos de placer.
Cuántas historias de amor tendrán juntos,
viajando con el viento

Al igual que el soL y la luna, el Fuego y el viento,
la tierra y el universo.

Cuántas cosas tienes en ti, arena,
compañera amorosa del mar.

(de la edición Nº 26, diciembre 2013)

Mateo 10.16

Mateo 10:16

Por El Negro Sin Techo

—Usted solicitó decirme unas palabras antes de escuchar su sentencia… ¿es correcto? Pues bien; visto y considerando su ejemplar conducta durante todos estos años de proceso le di lugar a su pedido —se expidió el Juez.

—Por Habacuc 1, por Isaías 41:10 y por Jeremías 1:4-6 —murmuró el reo.
—¡Perdón! ¿Qué ha dicho? —preguntó el Juez algo desconcertado.
—¡Edreas 10: 4, señor Juez! Y en el Salmo 37 están las palabras que tanto deseé decirle para esta ocasión.
—Mire usted, por derecho propio solicitó esta instancia, entonces, ¿para qué? ¿Para citar fragmentos bíblicos? No deje pasar su oportunidad ni malgaste los recursos públicos de la Justicia. Deponga su actitud o daremos por finalizado su petitorio ¿Queda claro?
—Jeremias 33:3 —dijo el Reo para sus adentros y comenzó a recitar el Salmo 91.
—¡Suficiente! Interrumpió tajantemente el Juez. Estoy aquí para darle cumplimiento a la Ley. Hasta el momento el procesado no ha dicho palabra propia alguna conforme a su pedido.
—Jeremias 1:19 —escribió con su dedo anular sobre el polvillo acumulado por la carga eléctrica estática del vidrio del escritorio del Juez que observaba detenidamente. Al instante le retrucó—. ¡En el Salmo 37 está mi verdad, Señor Juez! ¡En el Salmo 119 está la suya!
—¡Señores! Que conste en acta todo lo ocurrido. Completen el procedimiento de rutina con preguntas de rigor para evitar eventuales cuestionamiento de los Organismos de Derechos Humanos. Dejen sentado al pie del acta que me reservo la facultad de librarle orden de peritaje psicológico por eventual delirio místico al imputado.

El Juez se marchó enfadadísimo. Mientras tanto, el Secretario del juzgado continuó con el encargue masticando bronca.

—¿Tiene algo para agregar antes de comenzar con el interrogatorio? —le apuró el Secretario al reo con total desgano después de haberle fraguado las respuestas.
—¡Sí, señor! ¡Lo que ha dicho el Señor Juez pertenece al II Corintios 5:13.
—¡Así! ¡A mí no me vas a tomar el pelo! ¡Vamos a hacerla corta! Dictame un par citas bíblicas y hacemos como que te dimos el derecho a réplica… y todos contentos.
—II Timoteo capítulo 2 —exclamó.
—¡Muy bien! Así se hace. Dale que transcribo un par más en el escrito y nos vamos a casa tempranito.
—Filipense 4:13 —le dictó.
—¡Perfecto! Pásame una o dos citas más para impresionar a alguna rata de biblioteca, por si el día de mañana se le da por leer estas cosas…
—Lucas 8:40. Pausa. Silencio. Y observando fijamente al Secretario II Corintios 5:12.-
—¡Eso es, campeón! Una o dos más para rematarlo y que quede bien prolijito.
—Hechos, 16:30-32 e Isaias 60:1-11.
—¡Suficiente! —le toreó—. Ahí nomás que no soy escriba ni monjecito de la edad media como para andar transcribiendo biblias enteras. Así que vamos cerrando porque esto se hizo más largo de lo esperado.

Pero cuando el Secretario se disponía a cerrar el Acta el reo le interrumpió pidiendo que consten los siguientes pasajes con la advertencia: “Y para el Señor Juez, que seguramente lo leerá antes del fallo, le recomiendo Mateo 6:3; Mateo 6: 24 y Salmo 4:5.
—¡Perfecto! Será justicia. Mañana tendrás tu sentencia firme a primera hora. Más que recomendarte un buen abogado te sugiero un gran teólogo. Creo que será mejor un psiquiatra idóneo —le advirtió el Secretario al reo bastante molesto por el caso que le delegaron. Debido a que no pudo conciliar sueño, durante toda la noche el Juez estudió el caso. Citó a su empleado para las primeras horas de la madrugada. Después de un fuerte intercambio de opiniones entre ambos, se redactó la sentencia final.

Al día siguiente; a continuación de escuchar su absolución, mientras se marchaba de los Tribunales, dirigió su mirada hacia el Secretario del Juzgado que atónito contemplaba la medida tomada por su superior. Con un gesto irónico le balbuceó al pasar en los pasillos del Palacio de Justicia. En II Corintios 12:16, encontrará muchas respuestas. Un hombre libre circulaba por las calles. Un juez había hecho justicia. Un Secretario de Justicia, contra su voluntad, debía guardar celosamente secreto de todo lo presenciado.

Tu en la eternidad

Tu en la eternidad

Por Fabiana Rocha

Tu transgresión me puede, me tienta, me sobrecoge,
tu devenir me juzga, me pretende, me condena,
tu sinsentido me cubre, me excita, me desconcentra.

Tu soledad no me asusta, me desafía, la venzo
tu parquedad me atesora, en tu febrero un deseo
tus aguas me dan la paz, acuario, cuando te encuentro

Tus arrullos me calman, me alimentan, me agigantan
tu voz almendro en tu rezo
Me devora, me transforma, me aprisiona

En la bondad de este invierno
tu desazón patriarcal me estremece
hasta el viento, que la lleve

Sobre la proa del tiempo
tú, maravilla y desconcierto
a ti te veo, aquí, eternidad, etéreo

Elemento en tu barrica
roble puro, emborracharte en mi cuello

(de la edición Nº 26, diciembre 2013)

daniel favero

Todavía sus palabras nos hablan

Joaquín Areta y Daniel Favero fueron dos jóvenes poetas y militantes peronistas platenses. El accionar de la última dictadura cívico-militar los desapareció. A su memoria y a su ejemplo dedicamos esta columna.

Por Mauricio Villafañe*

Pasaron muchos años y hoy, mal que le pese a los represores, tanto Joaquín como Daniel viven, persisten: actualmente, en la ciudad de La Plata, un par de centros culturales llevan sus nombres. Sus desapariciones físicas y la enorme tragedia que eso supone nos siguen doliendo a todos (y a sus familias en particular) pero no pudieron con su referencia simbólica, profunda.

Viajamos imaginariamente hasta los años ‘70 platenses para dar cuenta de sus trayectorias de vida, sus militancias revolucionarias y, parte de ellas, sus poesías.

joaquin areta

Joaquín Areta

“Siempre tu palabra cerca/ para que el silencio diga/ te quiero mi amor”

Joaquín Areta nació en 1955 en Monte Caseros, Corrientes, y a los 13 llegó a La Plata. Comenzará el secundario en el Colegio Nacional en una época y un lugar propicio para desarrollar sus primeras incursiones militantes: a los 16 se inicia en el frente secundario de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y, debido a la fusión de esa organización con Montoneros, bien pronto pasa a formar parte de la conducción de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES).

Ingresa a la carrera de Medicina en pleno retorno del peronismo al gobierno: se vivían épocas de febril participación y activo compromiso, más aún en un centro político obrero y estudiantil como La Plata. Ese caldo de cultivo lo lleva a un lugar que asume con todas las convicciones: como trabajador, como montonero, como estudiante y como poeta y escritor de documentos políticos. Joaquín logra advertir y desarrollar los presupuestos básicos de un militante de su tiempo: solidario, serio y aplicado en su formación y en la de sus compañeros, sensible, atento a la idea de que el único héroe es el colectivo, es el otro, es el todos.

Así lo deja bien claro en una de sus poesías: “…grito con furia/ cuando los brazos no alcanzan/ para el lecho y la comida/ grito todos los días/ junto al clamor de mi Patria/ quiero a mi Patria/ como a mi propia vida…”.

Todo parecía suceder a gran velocidad: forma pareja, pasa a la clandestinidad, muere en combate su hermano, nace su hijo y es, el 29 de junio de 1978, detenido-desaparecido en la Capital Federal. Tenía 22 años. Adela, su pareja de entonces, guardó años y años la libreta roja Norte en la cual Joaquín registraba sus poesías, sus pensamientos, ideas, pequeños documentos políticos.

En 2005 el entonces presidente Néstor Kirchner lo reivindicó con la lectura de una de sus poesías, que se volvió, tal vez, la más famosa: “Quisiera que me recuerden”. El centro político y cultural “Joaquín Areta” queda en calle 1 entre 49 y 50, justito enfrente del Nacional, por donde Joaquín anduvo rumiando alguna idea, volanteando alguna actividad, imaginando la métrica imposible de un poema de amor que nunca vio la luz.

Para finalizar esta sección, un fragmento de otra poesía respecto a la cual vale la pena parar, leerla y disfrutarla pensando un poco: “En cada letra de este poema/ quiero que estén presentes todos/ para que quien lo lea/ vea el rostro sufriente y heroico/ de nuestra hermosa revolución/ Y desde allí, desde sus tumbas/ siguen construyendo/ porque su ejemplo da ganas/ su sacrificio abre ojos/ su coraje arma brazos/ y sus errores evitan otros/ A todos, a todos/ este poema los recuerda, compañeros”.

daniel favero

Daniel Favero.

“Estamos construyendo milicias de alegría/ con banderas que tienen el aliento del pueblo…”

Daniel Omar Favero nació en La Plata, en 1957. La humildad de su infancia, calle de tierra y zanja mediante, contribuyó a la formación de un muchacho silencioso, de ojos verdes claros y clarividentes que también pasó por el Nacional. Estudiante de Letras en la UNLP, poeta, músico y militante de la Juventud Universitaria Peronista (JUP), en 1977 fue secuestrado junto a su compañera, Paula Álvarez, por un grupo de tareas al mando del jefe de policía de la provincia, Ramón Camps.

Los mismos patoteros, impunes y asesinos repudiados por el pueblo argentino que, tal vez, se hayan llevado a Pato Lacoste. A Dane le faltaban pocos días para cumplir 20 años.

El tiempo y su ausencia física no lo relegaron al olvido: quedaron de él sus obras póstumas finalmente editadas, “Los últimos poemas” (1992) y “Nosotros, ellos y un grito” (2007). Además se creó, en octubre de 2001, la Asociación Cultural “Daniel Omar Favero”, ubicada en pleno Barrio Hipódromo de La Plata, en la esquina de las calles 117 y 40.

Es uno de los centros culturales más activos del ya por sí activo mundo intelectual y cultural platense. Conmueve entrar al Favero; una gran imagen de Daniel nos mira, nos da la bienvenida a la amplia galería y sus paredes, desde sus poesías, nos hablan. Nos van a decir cosas como estas:

“Vi lejanos patrullajes sigilosos
y esquinas con hombres arraigados.

Al cruzar la avenida me señalaron todas
las luces de mercurio (rutina solamente)

Mis bolsillos estaban vacíos
¡Quién iba a sospechar que el arma subversiva
iba en mi corazón!…”.

“MI guitarra que tiene la misión de ser eco en los barrios
se apaga para que te duermas en mis ojos
musita en nuestra breve fuga
atardece hasta el sueño
contempla nuestra noche…”.

“Yo no quise salvarme sino del egoísmo
quise hacer con mis venas una comunidad de vida y esperanzas
quise amarte, luché para enterrar el odio
y odié como un soldado de la paz que no nace con su libertad única.

Comprobé los engaños fatales donde están
sometidos millones de hermanos, milenarias tristezas
donde muerden los dientes dominantes.

Comprobé la dulzura cuando fuiste mujer de mis combates
cuando vi más allá mirándote, menuda compañera infinita
y descubrí la madre del hombre nuevo, andando.

Yo no quise salvarme sino de la traición
de la cobarde fuga, de la filosofía
de los desentendidos, cómplices del sepulcro
entonces, sus gatillos, sin querer
me salvaron”.

Una baldosa blanca lo recuerda, en calle 57 entre 12 y 13, junto a algún fragmento de una de sus poesías. Tanto él como Joaquín no están pero sí están: esta reflexión va en ese sentido. Hicieron caminos, marcaron un rumbo, emocionan nuestras almas ya que, todavía, sus palabras nos hablan.

*Estudiante del Profesorado de Historia de la UNLP.

(de la edición Nº 26, diciembre 2013)

Atardecer rosado, por Benito Quinquela Martín

Silbador del arrabal

Por Poyodelobos@

Por las tardeagua en Buenos Aires, se va al club
a romper las bolas de billar

Silbando atiza la punta del taco
vel taco aguja ve nel altar,

Ciclista silbador del arrabal
quemaste un poncho allá en el penao 14

Entre valles y autopistas cimitarras
el pedal al rojo toro se mantiene

Te fue llevando el alma ocheando rostros
en el empedrado sin chistar

Rumbeando al barrio
A dónde está el cotorro

A dónde está bella
a donde su maizal

Le silbará su melodía e caburé,
bajo el farol del balcón mas junao

Media noche de verano otra vez
como Quinquela, su silbido quedará pintado

(de la edición Nº 26, diciembre 2013)