OPCION 3

Rosso: “Spinetta es un gigantesco grito de libertad”

A dos años de la despedida de uno de los músicos argentinos que llenó de poesía el aire, dejó mensajes siempre eternos y jamás relajó sus búsquedas, el “decano del rock” charló con el Mono Tremendo sobre los conceptos y los cielos del Flaco.

Por Félix Mansilla

Un diálogo sobre cualquier aspecto de la vida y la obra de Luis Alberto Spinetta, también es un viaje. Comenzar una y otra vez a descubrir ese universo, es una tarea larga/sinuosa/impredecible —al menos apuntada desde una perspectiva aproximada a lo concreto— o una forma de contención que se eterniza en cada escucha o en sus lecturas agudas o impresionistas. El legado es infinito, transparente, solo hasta llegar a encontrar los retazos de un tiempo que no se pierde, porque flota en presente la obra de Spinetta.

Cada línea de armonía que se asimila en ese cuerpo poético —belleza inagotable— es inseparable de su música, claro, pero a su vez despega, subyace en las superficies de los sentimientos. En Por del disco Artaud (1973), no se explica de modo alguno en cómo las palabras —carentes de sintaxis plena, a modo de cadáver exquisito experimental— se arremeten en su voz cuando pronuncia ‘gesticulador’ (donde parece que lo canta pujando la palabra: ges-ti-cu-la-dor).

Cómo se explica que al escuchar los acentos no podamos dudar de sus convicciones volcadas al papel. El mismo Flaco, trasciende el contexto de su obra, porque viaja a un más allá desde ese horizonte poco retornable, puesto que la perspectiva no es ubicable sólo desde las aristas de las formas que conocemos de vivir este mundo —presumibles como reales— y cada historia que nos conecta tan bien con eso que es “la condición de sentir casi todo sin decir”.

Ese descubrimiento, o todos los que un día aparecen, se arrojan a un río regado de valles interiores, que son, en fin, la búsqueda (una de las tantas) de su obra en la inmensidad de las palabras, que sin dudas forman una creación superior, desde el amor. Por eso, es menester revisarlo, descubrirlo, más, desde las palabras de quienes lo conocieron en sus momentos creativos.

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Después de navidad: Gillespi, el Flaco y Rosso.

Mágico corazón radiofónico

El conductor de los programas Figuración (sábados de 12 a 14 hs. por Nacional Rock) y La Trama Celeste (sábados de 18 a 21 hs. por AM 750), que surcó el rock nacional escribiendo en el Expreso Imaginario, Peces y Cerdos, que codirigió junto a Petinatto revista La Mano y le puso la voz al mítico programa de la Rock & Pop “La casa del rock naciente”, fue hacia los detalles y destellos de los discos fundamentales de Luis. Las memorables entrevistas que le realizó —como la última junto a Guillespi en 2008— y el significado cultural, de apertura que vivió en Spinetta: la poesía, sus formas, los alcances, las luchas y las sinrazones.

En ese recorrido, Rosso atraviesa los elementos que desde las medianías de la década del setenta viene construyendo de forma fiel como un verdadero puente entre el arte, sus autores y un público anhelante en aprender un poco más.

Todos podemos ser

El día de la entrevista, ocurrió una nueva tragedia en las rutas argentinas. Esta vez, en Mendoza, lo que derivó que el principio de la conversación torne en la memoria sobre la lucha del Flaco por una nueva ley de tránsito, tras el accidente donde fallecieron nueve alumnos y una profesora del colegio Ecos, el 8 de octubre del año 2006. A partir de ese momento —su hija menor Vera iba al mismo colegio— cada vez que apareció en los medios, Spinetta no dejó de mencionar el hecho, a sus responsables y recomendar las formas de ser más prudentes en las rutas desde la ONG Conduciendo a Conciencia. En uno de sus últimos comunicados sobre su estado de salud, del 23 de diciembre de 2011, expresó: “Pertenezco a Conduciendo a Conciencia, y les recuerdo que ahora en las fiestas, si van a conducir, no deben beber”.

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Rosso conduce los programas Figuración y La Trama Celeste.

Siempre así. Como en la dedicatoria de su disco de estudio, nunca mejor intitulado “Un mañana” (2008), donde se pregunta: “¿No podemos mover a fondo nada en nosotros hasta que, súbitamente, estamos frente a los hechos irreversibles?”. En amplio sentido solidario, su reflexión lo lleva a pronunciar que “he tratado de corregir lo irreparable en forma de canciones predestinadas al silencio y uno nunca lo consigue por completo. Y allí, donde se decae, surge la inspiración de todas las almas” —para comenzar a conformar su predestino— “(…) almas que un mañana abrazaré con todo lejos de éste mundo que a veces luce ridículo”. Acá, la entrevista completa en el Especial Spinetta del Mono Tremendo*.

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Se cumplieron dos años de la partida de Spinetta: ¿Cómo se describe ese alejamiento físico?

Lo primero que se siente es una gran ausencia. Es una sensación de gran vacío que es imposible de olvidar. Yo creo que se trata de una persona que ha significado mucho para tantas personas con su obra y por su sensibilidad.

En ese recuerdo, vive su abrazo a las víctimas del choque en la Ruta 11.

Creo también que con su caridad y todo lo que significó el fatídico accidente del colegio Ecos y todo los esfuerzos que hizo Luis Alberto para generar una conducta de tránsito coherente, es imposible no hacer memoria. Lo lindo es recordarlo como una fuerza positiva, como esa, y además, como una fuerza que nos dio música, que nos dio poesía, que nos dio alegría durante cuatro décadas y media.

¿Qué significa hoy Spinetta para nuestro rock?

Yendo más concretamente a su obra a lo largo de tantos años, uno siente que él fue como uno de los pilares de esta cosa que es el rock nacional y que representó para nosotros, para mi generación y no me cabe la menor duda que para la de ustedes también, como un gigantesco grito de libertad, como una reafirmación de la propia identidad, de la sensación de que queríamos hacer algo diferente, que no queríamos ser una réplica de la generación de nuestros mayores. El rock nacional lo logró a partir de una obra que es coherente, de una obra que es afirmativa de lo humano y también afirmativa de lo que es la paz y lo que son los sentimientos que nos enaltecen. En ese sentido, Luis Alberto fue uno de los puntales de todo eso. Eso sería desde el punto de vista del mensaje, del símbolo.

También desde lo conceptual: su sonido, su poesía, siguen de algún modo presentes.

Desde el punto de vista de lo estético, su obra poética y musical, a través de todas las décadas, desde Almendra, Pescado Rabioso, Invisible, de Jade, de sus enormes discos solistas, lógicamente, cuando una persona así se va físicamente, deja un vacío. Por supuesto está su obra y en ese sentido, en su obra, Spinetta logró lo que tantas veces le gritábamos en los recitales: “No te mueras nunca, Flaco”.

Puntos poéticos donde además confluye un lado social, que a su vez es individual.

Yo creo que a Luis lo que más lo confundía era la sinrazón. Por eso, de repente en el medio de una obra como la del disco doble con los Socios del Desierto (1997) hace un tema como ‘Bosnia’, que uno podría pensar ‘estamos tan lejos de Bosnia, pero al mismo tiempo estamos tan cerca’, en el sentido de que las luchas fratricidas son las que terminan comiéndose a los países o comiéndose a las regiones. Él lo tenía muy claro a eso. Tenía muy claro el absurdo de la agresión de la gente contra otra gente. Recuerden la famosa canción ‘La bengala perdida’ —en Téster de violencia, 1988: «la bengala perdida se le posó allí donde se dice gol (…) por un color, sólo por un color» — con lo que sucedió en la cancha de Racing en un clásico (donde falleció un niño de 9 años). Esas son cosas que lo mortificaban profundamente.

De allí, el nombre “Un mañana”, su última producción de estudio.

Yo creo que cuando él decía ‘un mañana’, en vez de ‘el mañana’, entiendo perfectamente que tuviera miedo de sonar arrogante, porque él pensaba en un mañana posible. Un mañana que nos puede encontrar, si tenemos la sensatez, de alguna manera, de luchar por ese mañana con otras coordenadas que las que estamos manejando. Lo mortificaba mucho la sinrazón de que la gente se llevase mal, sea agresiva o fuese así completamente suicida, como en el accidente de Santa Fe.

¿Qué recordás hoy de aquella entrevista junto a Gillespi para Falso impostor (Rock & Pop)?

Yo puedo decir que en aquel mediodía (el 26 de diciembre de 2008) que se hizo tarde, en su casa-estudio La Diosa Salvaje, de alguna manera, me sentí un poco como la primera vez que lo escuché en un programa que había en los 60’s que se llamaba Modart en la noche (conducido por Pedro Aníbal Mansilla), en donde escuché Tema de Pototo (para saber cómo es la soledad), sentí esa profunda emoción de estar con una persona a la cual uno considera un compañero de ruta, la verdad.

En el especial de el viaje Todo Spinetta (febrero 2013), Rosso escribió sobre esa revelación al escuchar Almendra por primera vez en la radio: “Me hizo ver la dimensión de lo mágico en la vida de todos los días (…) Entendí la sonrisa del arte, la sensación de que la vida puede ser más liviana y a la vez dulcemente compleja (…) El rock en general —y Spinetta en particular— vinieron a romper con ese gris de tedio, de ebriedad mesiánica, de argumentos de vida planificados por otros. La música, la letra, la vibración de Spinetta ponían color allí donde había tonos de gris. Siempre amé su integridad, la forma en que vivió su vida como vivió su arte: sin resignar, sin renunciar, mirando hacia adelante”.

Un compañero de ruta que además era alguien admirado…

Claro. De todos modos, para mí, Spinetta no es un ídolo, yo no tengo ídolos, tengo personas que quiero mucho, que siento que estamos en una misma ruta, en un mismo camino, buscando las mismas cosas. Por supuesto que algunos tienen más habilidades que otros para expresarlas desde el punto de vista artístico.

¿Se puede decir que tu misión es ser un puente de expresión de sus obras?

Personalmente, estoy contento con ser un nexo, por poder conectar esa obra con los receptores. Para mí es un orgullo poder hacerlo y espero poder hacerlo durante mucho tiempo más. Luis Alberto Spinetta te hace las cosas fáciles. Siempre poner un tema de Spinetta tiene buena recepción, necesariamente, porque todo el mundo quiere escucharlo.

¿Lo entrevistaste muchas veces a Spinetta?

Tuve la suerte de entrevistar a Spinetta unas cuatro o cinco veces, no fueron muchísimas si pensamos que fueron cuarenta y pico años de carrera. Pero todas las entrevistas tuvieron algún elemento de luz, algún elemento que me dejó distinto a la persona que era antes.

OPCION 2

“Todas las entrevistas tuvieron algún elemento de luz que me dejaron distinto a lo que era antes”.

¿Recordás alguna en especial?

Hay una en particular que recuerdo con mucho cariño que fue en el año ‘82 en su casa, en aquel entonces, en el barrio de Florida en el Gran Buenos Aires. Dante era muy chiquito en aquella época, y recuerdo que estábamos en plena guerra de Malvinas, o sea, la situación del país era realmente deplorable en más de un sentido y él acababa de sacar el disco Kamikaze. Recuerdo que fue una cosa balsámica, tanto el disco como la charla que tuve con Luis acerca de Kamikaze y que después derivó a una charla sobre otro disco de él, que admiro profundamente, que fue Spinettalandia y sus amigos (1971). Un disco que en su amplia discografía es muchas veces pasado por alto porque fue una placa prácticamente boicoteada por su grabadora, en más de un sentido: salió con una tapa espantosa y sin ninguna data en su momento y pasaron muchos años antes de que la gente pudiese ‘alcanzar ese disco’, en todo el sentido de la palabra. Es como si fuese un disco que salió rápido de las gateras y había que alcanzarlo, había que comprenderlo. Una obra que coqueteó con la música étnica mucho antes de que eso estuviese de moda, coqueteó con los juegos de voces, con la música tribal mucho antes que David Birne y Brian Eno.

Una obra también recordada, en parte, por sus mensajes en aquellos años.

Además, Spinettalandia… tenía unas poesías maravillosas y algunas de esas frases de Luis Alberto que uno recuerda, como: “Después de todo tu eres la única muralla, si no te saltas nunca darás ni un solo paso” (en la canción La búsqueda de la estrella). Toda una declaración.

¿Qué nos podés contar de su etapa en Invisible?

Con Invisible tuve la suerte, como me pasó con Pescado Rabioso, de ver su primer recital. De hecho, me fui con un grabador a cassette y grabé el show, que a esta altura ya lo tengo digitalizado y todo, una grabación bastante decente, de noviembre del ‘73 en el teatro Astral, en la calle Corrientes. Fue un show en donde la gente empezó diciendo: “Flaco no te vemos. La luz, la luz”, porque, claro, era Invisible el grupo y salieron a oscuras (risas).

Toda una propuesta estética, sumado a lo musical…

Para mí, Invisible fue magnífico porque ahí Luis volvía al formato de trío que había tenido al principio de Pescado Rabioso. Pero este era un trío muy ambicioso desde lo musical, o sea, con músicos que conocían muy bien los secretos del jazz, además de conocer los secretos del rock. Trabajó con tipos como Machi Rufino (bajo) y Pomo Lorenzo (batería), entonces, se dio una simbiosis muy especial porque todos sabemos que en un trío hay que llenar muchos espacios y las de Invisible eran composiciones muy complejas. Basta con pensar en La azafata del tren fantasma o El diluvio y la pasajera o La llave del mandala (de Invisible 1974), es decir, eran composiciones que tenían como muchos vericuetos, muchas vueltas y una poesía muy elaborada.

Eterno recuerdo haber escuchado a Invisible en vivo, ¿no?

La sensación de un recital de Invisible era como la de entrar en una especie de trance. La propuesta estética, de representación, es algo a lo que no siempre se le da crédito, porque Luis fue uno de los tipos que acá luchó por el espectáculo con coreografía. “La azafata del tren fantasma” era una canción actuada en escena. Había una chica, disfrazada como de una azafata fantasmagórica, un rey con corona y todo y los súbditos que lo apuñalan (la canción dice, “hasta que lentamente/uno de ellos se acerca/y le clava una daga por la espalda”), y la azafata que bailaba alrededor, como diciendo ‘yo soy el elemento demoníaco que tira de los hilos para que pase todo esto’.

Siempre negó que “La azafata… se tratase de una alegoría al momento político de esos años.

Spinetta iba mucho más lejos que eso. A veces, uno se ha visto tentado de restringir la poesía de Luis a un tema en particular. Hay canciones que tienen como una resonancia muy particular porque fueron escritas en un momento muy dramático del país, como fue, por ejemplo, con Las golondrinas de Plaza de Mayo (en El jardín de los presentes) que dice algo así como “ellas vuelan en libertad” y uno puede pensar que tiene algo que ver con las Madres o que tiene algo que ver con la metáfora de que lo único que volaba en libertad en el año ‘76 eran las golondrinas o las palomas.

Una poesía que por momentos esconde cientos de significados apelando a un lenguaje abierto…

Yo siempre creo que cuando hablamos de un poeta de la estatura de Luis Alberto Spinetta, del Indio Solari o de Charly, sus letras siempre tienen algo más de lo que se ve en la superficie. Incluso García, es alguien que siempre tiene más de una dimensión, como que siempre tiene un elemento que te permite jugar con la musicalidad de las palabras. Eso, con Spinetta es mucho más evidente porque muchas de sus letras pueden resultar herméticas si uno hace un análisis muy superficial, pero también hay que entender que cuando uno lee poesía o cuando uno lee prosa también, no es solamente el significado cutáneo de las cosas. También está lo que se encuentra entre las palabras y las aliteraciones y las pausas y las rimas o la ausencia de las mismas. Es decir, es tan rico el vocabulario, es tan rico el idioma que… ¿por qué reducirse a una sola expresión del mismo?

¿Podemos decir que existe un «código Spinetta» o un lenguaje donde es reconocible?

Sí, aunque él era muy crítico de su propia obra. Recuerdo que en la última entrevista dijo (pone voz de Spinetta): “Yo alguna vez escribí (en Laura va de Almendra) ‘él la ayuda a entrar en el tren’ y es ‘al tren’”, y le dije ‘pero, Luis, suena fantástico, no está mal porque da una dimensión de que el tren es como un continente que va ayudar a que esa chica, que ha vivido en un pueblo sin amor, se escape. Es como una habitación, o sea, tiene sentido decir ‘en el tren’. En él, vemos cómo a los poetas también les gusta revisar su obra de forma crítica.

Guitarra Negra

En el comienzo de su libro de poemas, editado en 1977, Spinetta arroja una “Advertencia”, que habla de su opinión sobre aquello manifestado desde las vísceras del sentimiento devenido en clímax existencial, cuando exhorta: “Propongo que se olvide cada palabra a medida que ella se lea”. En ese proceso, sus lecturas se delimitan en confines que van desde “Una temporada en el infierno” de Rimbaud hacia el grito del Dante —“Y si del humo fuego se deduce, de este olvido se concluye claramente culpa en tu voluntad”— en la Divina comedia, desde donde parten paralelos de poesía maldita, recobrada en su valor estético aplicable. Es un andar continuo en ese joven Luis: “Pero no pido disculpas/por la alegría que tuve/sin saber por qué”.

Así, corren las palabras en Guitarra Negra, donde expresa, en clara connivencia con los vuelos de J.P Sartre, su encuentro individual con el ser imbuido en un pasado sobre la nada: “(…) sé quien soy ahora/Y soy un corazón/una boca/y un espíritu”. Otra forma de encontrarse con sus pasos, que al rebobinar acude a las incógnitas: “Nada, ¿dónde estás tú en medio de esta nada?/y de la nada se sugirió su impulso/que incumbía todo lo inexistente”.

En su esencia, Spinetta siempre deslizó sus inquietudes por el mañana, un punto de referencia en toda su obra. Es el despertar, renacer como meta, donde le habla a una mujer: “Abre la ventana que te acechaba/que miraba hacia adentro/y cubría tus ojos de deseos ignotos/La virtud asomará como una seña en los vitrales/y al olvidar, al volver/serás la misma”.

Años más tarde, con el lanzamiento de un disco introvertido-maquinoso como Privé (1986), el Flaco le contaba sus lecturas a la periodista de rock Gloria Guerrero: “(…) estuve leyendo a Foucault, a Bataille, a Guattai, a Baudrillard (…) quienes me han dado una visión filosófica tremenda que no tenía desde Antonin Artaud. En parte, son continuadores de una línea existencial cuya base es ‘vivir, y luego tratar de ver qué pasa con eso’, sin la vieja filosofía clásica de ‘pensar, y luego vivir’” (La historia del palo, 2º edición, 1995).

¿Cómo definirías a una banda tan ecléctica como Spinetta Jade, la más difícil de explicar?

Spinetta Jade tenía muchos virtuosos, pensemos en Leo Sujatovich (piano), Diego Rapoport (teclados), Pomo Lorenzo y todos los que pasaron y no se quedaron, como Pedro Aznar o Juan del Barrio (piano), Frank Ojstersek (bajo)… o sea, había una banda con muchos creadores. Luis fue el creador de las canciones en un principio, pero cuando vos tenés una banda con semejantes músicos, todos los temas sufren las transformaciones que le dan todos los que participan. Sobre todo, porque Spinetta no era un tipo de escribir partituras y ponerlas en un atril. En una banda como Jade, en donde todos aportan lo suyo y con tipos que tienen muchas inquietudes, te vas a encontrar, evidentemente, con un producto final que no se puede encasillar. En realidad, ninguna de las bandas de Spinetta se pueden poner exactamente en un casillero.

OPCION 1

Mis tres discos de cabecera de Luisen su última etapa son: Pan (2006), Un mañana (2008) y Silver Sorgo (2001).

En cada una de las bandas, Spinetta fue desde y hacia diferentes estilos.

Recuerdo, por ejemplo, el Almendra 68/69 que grabó el primer disco, donde uno puede decir, bueno, acá se detecta algún tufillo piazzoleano, que por otra parte fue alguien absolutamente pionero en esa época. Por otro, se puede detectar algo del rock de la costa oeste de los Estados Unidos en las improvisaciones largas o cosas que tienen que ver con la música folklórica vocal que se hacía en aquella época, como Buenos Aires Ocho, Cuarteto Supay, pero el punto es que es absolutamente personal, desde una personalidad que trasciende esos elementos. Eso era Almendra.

¿Qué discos de su última etapa solista preferís?

Mis tres discos de cabecera de Luis Alberto en su última etapa son: Pan (2006), Un mañana (2008) y Silver Sorgo (2001). Son tres discos fundamentales. Es más, en este momento estoy programando y pensando en poner algún tema de Luis (el sábado 9 comenzó la 2º temporada de Figuración). Si bien yo no soy de festejar y hacerme eco de los aniversarios, éste no es un aniversario cualquiera, es demasiado especial y uno sería conspicuo si lo ignora, tanto como si lo exagera.

¿Cuáles fueron y son los deseos de Alfredo Rosso?

Lo que siempre desee es ser una conexión entre los artistas, los que tienen ese don especial de producir obras de arte, no solamente musicales sino en todos los rubros, y que la gente las reciba, las procese, las haga sentir mejor y vivir así mejor la vida. Si uno puede lograr ese nexo, creo que es bastante.

*Va los viernes de 21 a 24 por FM Reencuentro 102.7. Hacen el Mono: Félix (conducción) y Nico B Mansilla, Jimena Rodríguez (operación, producción), Alan Dimaro y Gastón Colombo (colaboración).

Patti junto a Francisco

Houellebecq, Patti Smith, Bergoglio y los adolescentes disminuidos

Por Paz Azcárate*

Hace unos días viajé a Lobos a pasar el fin de semana. Salía de mi casa con un bolso chiquito y el tiempo justo para tomar la combi cuando me di cuenta que mi mp3 no tenía batería. Fui hasta el escritorio y agarré un libro. Lo que metía en la cartera era Ampliación del campo de batalla”, posiblemente la mejor novela que leí hasta el momento. Excepto la receta de la Coca-Cola y la fórmula de la vacuna contra el VIH, todas las postas del mundo las tira Houellebecq en ese libro.

Patti

Patti Smith junto a Francisco I.

Cuando se publica esta novela, el autor tenía 36 años. El protagonista de su libro, que narra en primera persona, tiene algunos años menos, aunque atraviesa una fuerte crisis de se-me-acabó-la-juventud, seguramente la misma crisis que atravesaba Houellebecq cuando lo escribía. No es casualidad que una de las mejores páginas de Ampliación… —o al menos mi favorita por lejos— sea la que dedica a hablar de la adolescencia y la adultez. Para este narrador, un ingeniero informático de 30 años, la adolescencia no es sólo la mejor etapa de la vida, sino que es la única etapa en la que se puede hablar de vida en el verdadero sentido del término. Así, habría una explosión inicial durante la pubertad, un estallido que se resuelve en modelos de comportamiento que conducen hacia la etapa adulta. Como resultado, el hombre no sería más que un adolescente disminuido.

Lo dice Orwell en 1984: «Los mejores libros son los que nos dicen lo que ya sabemos». Todo esto que me dijo Houellebecq en el capítulo 7 de Ampliación del campo de batalla es lo que pensé cuando vi las fotos de Patti Smith abrazando al Papa Francisco. Bueno, él lo dijo con palabras mucho más bonitas pero eso fue lo que tenía en mente: Patricia reverenciando al obispo de Roma es solo la joven que compuso temas geniales como Free Money a mediados de los ‘70. Es la misma joven que compartió el escenario del CBGB con los Ramones, Television, Talking Heads, Blondie e Iggy Pop. Es la misma joven, pero disminuida. Y nos va a pasar a todos. Y por eso la disculpamos. Y porque al menos no nos quiere vender perfumes como Iggy Pop.

*Estudiante de Ciencias de la Comunicación UBA.

Viajá más en lahoradelasiesta.com

(de la edición Nº 28, febrero 2014)

Quedándote o yéndote

Editorial Nº 28: Quedándote o yéndote

“De tí saldrá la luz, tan sólo así serás feliz. Y deberás luchar, si quieres descubrir la fe”.

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Portada el viaje Nº 28, febrero 2014.

Volvemos al universo Spinetta a dos años de su partida física. Continuamos con la búsqueda de la estrella, con el acento sobre una memoria que vuela sobre mensajes de puertas que se abren, todo el tiempo.

Por eso, la oportunidad de transmitir —apenas un intento— aquello que resignificamos como una manera de sentir el tiempo que nos surca, que no siempre va de la mano con lo majestuoso, pero que es mejor con música.

Listos para emprender un nuevo desplazamiento en forma de papel, te invitamos a visitar la propuesta Nº 28 de este viaje que continúa. Bienvenido seas a este despertar.

Barro tal vez

Si no canto lo que siento me voy a morir por dentro
he de gritarle a los vientos hasta reventar
aunque sólo quede tiempo en mi lugar

Si quiero me toco el alma, pues mi carne ya no es nada
he de fusionar mi resto con el despertar
aunque se pudra mi boca por callar

Ya lo estoy queriendo
ya me estoy volviendo canción
barro tal vez

Y es que esta es mi corteza donde el hacha golpeará
donde el río secará para callar

Ya me apuran los momentos, ya mi sien es un lamento
mi cerebro escupe ya el final del historial
del comienzo que tal vez reemprenderá

Si quiero me toco el alma, pues mi carne ya no es nada
he de fusionar mi resto con el despertar
aunque se pudra mi boca por callar

Ya lo estoy queriendo
ya me estoy volviendo canción
barro tal vez

(Kamikaze, 1982)

(de la edición Nº 28, febrero 2014)

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Comenzá teatro en Lobos

La propuesta del Taller de Actuación está destinada tanto para principiantes como a personas con conocimientos previos sobre el mundo del teatro. En 2014, el objetivo es sumar nuevos grupos y dividir el trabajo en dos niveles: inicial y avanzado.

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El taller está a cargo de Sabrina Frontera (con formación en el prestigioso Instituto de Entrenamiento Actoral Julio Chávez), quien cuenta que “en el nivel inicial, comenzamos con juegos teatrales que tienen que ver con la desinhibición y la integración grupal, para poder conocernos paulatinamente entre los integrantes del grupo”.

Luego, “continuamos realizando ejercicios de improvisación con consignas. Al igual que en 2013, nos proponemos montar una obra o ejercicio teatral hacia fin de año, para mostrar en sociedad el trabajo realizado por docentes y alumnos. Además, durante el transcurso del taller, contamos con la participación de docentes y profesionales invitados que brindan sesiones (teórico-prácticas) y/o seminarios de técnica vocal, expresión corporal, esceno-técnica y otras disciplinas vinculadas al teatro”.

Ambos niveles del taller comienzan en marzo. Los encuentros serán los miércoles y/o viernes, en horarios a confirmar próximamente.
La sede del Taller de Actuación Lobos es la sala “Homero César Del Buono” del Teatro Parroquial. El arancel mensual es de $250.

Contactos:

Teléfono: (02227) 431316 | (011) 15 3898 5777
Correo electrónico: tallerdeactuacion.lobos@gmail.com
Facebook: TallerActuacionLobos

Portada de Media hora de felicidad.

Media hora de felicidad

El segundo libro de Mariano Contrera recibió una mención de honor en el certamen literario internacional “Palabras sin fronteras”, con su cuento “Ivair Snocksovich”.  Media hora de felicidad, refleja eso que alguna vez vimos y pensamos al observar el paso de las horas.

FOTO MARIANO

Media hora de felicidad fue editado por Cien Kilómentros.

Quien haya leído el primer libro de Mariano Contrera (29) —La idea fija (2010)— puede notar que tiene humor sobre todo, humor negro y sarcasmo, excusas que disimulan historias no tan risueñas. Casi tres años después, con la salida de Media hora de felicidad, Mariano explica que “no es que me planteé ir para un lado concreto. No es que uno lo planea para decir ‘va a salir así’. Fue saliendo y como que a lo último supe bien qué rumbo empezó a tomar y lo terminé”.

A través de quince relatos concretos, certeros en su prosa, el nuevo libro se despeja un tanto inmerso en la diferencia de lo que anteriormente fue el motivo. Un cambio de frente desde el humor para no agotar las tramas en los dramas, una forma de ver distinto lo cotidiano, de hacer historias que serán recordadas por el lector como parte de la memoria descriptiva y acentar la pluma sobre los detalles que hacen a cada cuento.

En sus narraciones, aparecen personajes que son parte de un tema en concreto o la resolución de finales abiertos para dejar masticando la continuación en la recepción. Un hombre divorciado que se entrega a la bebida junto a un perro fiel como Demóstenes en A la sombra, que abre Media hora de felicidad. Alcides Zamudio, un psicólogo y psiquiatra jubilado, vicioso, picaron que cuenta anécdotas de su labor en el pasado, al que Contrera rescató con un café en Pink Freud.

Así, cada producción es la continuación no caprichosa de una línea de relato renovado. Un puchero con Don Juan Manuel de Rosas, fruto de la imaginación entre el presente y pasado, capaz de conducir a ciertos momentos donde aparecen mitos locales, árboles sin olvido, la vastedad en la siesta del campo —donde siempre pasan cosas— la promiscuidad entre parientes y finales infelices, como el del pobre Esteban, un ladrón diagnosticado con el Trastorno Obsesivo Compulsivo (T.O.C), que lo hace víctima en sus andanzas porque al robar no puede evitar quedarse a ordenar cada casa que visita con intenciones sucias, pero con una Limpieza profunda como meta incondicional que lo lleva a terminar con su obsesión en la cárcel, mirando un partido de Boca en la televisión con “una mancha en la pantalla”.

Los sueños reales después aparecen en Central Disco, relatos de un DJ que cumple su anhelo de vida al montar una cabina en los patios de comidas en el Mercado Central, “donde todo es posible”. Allí, el narrador contempla que “hay que buscarle la vuelta a las ambiciones, quizá se cumplan de la manera en que menos esperamos, o tal vez recién una vez plasmados podemos conocer nuestra verdadera pasión”.

La mayor parte de los cuentos del libro forman un inconsciente reflexivo en sus costados entre líneas: sobre la vida, sobre las derrotas, sobre antihéroes de barrio, locos o simplemente personas que son retratadas en eso que mejor les sale, ser personajes desviados, con comportamientos simples pero raros al ser parte de su propio guión. La Playa, —quizá el relato que mejor define el por qué todos los personajes tienen/buscan/van hacia media hora de felicidad— desanda mediante el pesar de un hombre que espera el fin de sus días junto al mar, que fracasó en el negocio del cine, de las trampas, en ser por un rato detective y quiere terminar así, solitario, escribiendo su propio final, consciente de ello.

Trasmutan citas de Balzac, de “El viejo y el mar” de Ernest Hemingway y la clara visión sobre las conclusiones del paso por la tierra. Trago mediante, el hombre mira a su espectador, con ‘cara de viento en contra’: “La vida no nos tiene sucesos fantásticos preparados en cada esquina y heroísmo. Llegué a la triste conclusión de que la vida es solo un drama, una tragedia, ya que al personaje principal lo espera siempre el inevitable final de su muerte. (…) la única manera de luchar contra eso es saber cuándo darle un cierre dramático a la historia”.

Media horita —que inspira el título del libro— revuelve el pasado en común de un puñado de abuelos en el Hogar de ancianos de la ciudad, a los que se le hace vicio una dosis diaria de caramelos Media hora, porque es el dulce amargo que los vuelve a sus años jóvenes. En dicho cuento, el Dr. Zamudio es el protagonista que se encarga de salir a buscar el elixir de los viejos, un objeto de culto en el rubro golosinas por su escasa presencia en los kioscos de cualquier lugar.

Media hora de felicidad amplía la perspectiva en el temple de Contrera, quien da cuenta de que el paso del tiempo, la experiencia y seguir, logran un resultado eficaz, el de contar historias que superan la ficción, con personajes que aparecen como reales, sin ser más que los que si observamos bien están, pero no se dejan ver.

Después de La idea fija, aparece Media hora de felicidad ¿Cómo viviste el proceso creativo?

Se fue desarrollando con menos humor, siendo un poco más serio, por ahí como fruto de los cambios que sufre uno. Escribir Media hora… estuvo en el medio de los cambios, irme a vivir en pareja, tener un hijo. Eso hace que por ahí tenga menos tiempo para dedicarme, pero es parte del proceso, que es que sin duda algo que influyó en la escritura o en las temáticas del libro. La idea fija lo escribí estando soltero y ni bien salió comencé a escribir éste, a la otra semana, sin ninguna ambición, digamos, sin apuro.

¿Publicar hace que vivas el compromiso personal de empezar a escribir nuevas historias?

Estoy siempre escribiendo, menos en los espacios restantes a la publicación, brindando tiempo a los detalles, a la relectura, a las correcciones, cuando empiezan las dudas, cuando se toman las últimas decisiones. Las preguntas: ¿para qué mierda hago esto? Esos son los únicos espacios que no escribo. Todo es esperar cómo queda la tapa, en esa parte es cuando me dedico a eso solamente.

¿El gusto de narrar viene con vos desde chico?

Siempre me gustó escribir, pero lo hacía en ámbito del colegio. Después empecé a estudiar en el Instituto el Profesorado de Inglés. En la materia Lengua Escrita hacíamos muchos ejercicios de escritura, por ejemplo, mediante el uso de temáticas para elaborar narraciones, continuar producciones de los inicios de otros textos, cosas así, que siempre hacían que estuviera en ejercicio. Me sirvió, está bueno eso, aunque todo en inglés.

¿Cuándo comenzaste a volcar al papel?

Las ganas de escribir se dieron, además, cuando Alan Dimaro lanzó la editorial Cien Kilómetros (ver el viaje Nº 10, agosto 2012) cuando empezó a estudiar edición. Uno de los primeros libros que editó fue “Carne y sangre” (NdR: de Diego Gainza, lanzado en 2010). Todos estuvimos un poco metidos con eso. Tiempo después, Alan me dice ‘a ver cuándo te publicás uno vos’, pero sin saber que yo escribía. No sé si fue en joda o lo planteó como un desafío. Ahí, de inmediato me puse a escribir para el libro que luego sería “La idea fija”. Unos meses después le mostré el material. No se lo esperaba.

En La idea fija se anuncia una forma muy, digamos, Fontanarrosa de contar ¿A qué apunta lo nuevo?

Ese acercamiento a Fontanarrosa se da más que nada en el tipo temáticas con humor en La idea fija, no en el estilo precisamente que en el Negro está bien definido en lo que escribió, que es entretenido, accesible. A lo que apunto es lo que se puede leer en las historias, que las pueda leer cualquiera, sin niveles complejos en la escritura, es decir, historias digeribles.

¿Qué tipo de literatura alimenta tus gustos por la escritura?

Leí y leo de todo. Ahora pienso en Freud, “La interpretación de los sueños”, Darwin “El origen de las especies”, también libros de política: El Manifiesto Comunista, libros de autores liberales, novelas de John Grisham, quien habla del mundo de los abogados, del derecho. Frank Kafka, Edgar Allan Poe… Creo que lo importante es no perder ritmo con la lectura.

¿Qué podés contar de Media hora de felicidad?

Está compuesto por quince cuentos, con historias de amor, de relaciones personales, reflexiones.
Hay un cuento de un director de cine que está medio desquiciado, que transcurre en Mar del Plata. Él quería que la película de su vida transcurriera allí, quiso que su vida fuera una película. En La playa, me pasó de intentar incluir el humor pero desde un lugar más tragicómico. Quedó así.

(de la edición Nº 18, abril 2013)

OLMEDO

Olmedo, un Borges de la calle

Hace 26 años Argentina lloraba a uno de los actores populares del cine y la tevé abierta. Hoy, el recuerdo hace justicia con el único capocómico que entró en todas las mesas de cualquier familia tipo. Alberto, volar al más allá.

Por Félix Mansilla

Para mí las películas de Olmedo eran la excusa perfecta para querer crecer como sea, ser mayor, no tener más once o doce años. De muchos modos cultivaron esas ganas de tener una mujer, de verle las tetas, de abrazarlas, de besarlas de forma desgarradora, nerviosa. Recuerdo hoy esas películas con las anécdotas de mi viejo sobre la colimba, cuando soñábamos esos años en blanco y negro alrededor del fuego en tardenoches de verano en el barrio, el arroz con leche después y saber con la panza llena cuáles de las películas junto al Gordo Porcel pasarían a las diez en el canal del Un sol para los chicos.

Ese humor fácil, con parlamentos re-anticipables y mujeres blancas rellenas se mezclaba con erecciones prematuras, avergonzadas por la edad del aún no, porque ese mirar tetas y escuchar gritos histéricos de Moria, Susana o la Alfano —qué buenas que estaban— crecían con mi crecer y mis pelos. Cada viernes esperaba esas películas que hoy colan —como desde hace por lo menos quince años— en las tardes domingueras del Trece. Eran para reír, para esperar las escenas de humor, los desnudos que nunca llegaban a ser —o que eran cuando se cerraba la puerta—, para comentar escondidos en un cañaveral con Maycoco, Guido y el Vasco, los sábados a la siesta:

—¿Vieron la escena cuando Moria se está bañando?
—Sí, y cuándo Susana se viste de enfermera…
—O cuando…

Ahí está el primer paso de nuestras pubertades. No había internet, las revistas porno no las conseguía nadie y los ratones se armaban con la luz apagada o en experiencias amigocolectivas, recordando las tangas de Rompeportones. Esa fantasía era la misma magia que la de El Zorro, que vivía en un pueblo de morondanga en Los Ángeles y nadie sabía quién carajo era. Uno es chico y piensa: “¿Ninguno se da cuenta que es el manteca de Diego de la Vega? Ese paralelo, equivale a preguntas tan justas como inlogrables, pero con una verdad: el Coyote nunca va a agarrar al Correcaminos. Esa es la enseñanza posta. Esa revelación necesaria marca Acme, imprimía esos mensajes: a pesar de que la corras, puede que no llegues en tu puta vida. Lo demás era una cuestión de esperanza revuelta con experiencia y valor: ¿Cómo hace el Gordo Porcel para agarrarse tantas minas?

Por ese tránsito mezcla de fama, trolas, merca, champán y dólares, surcamos de pendejos el imaginario popular inspirado en las películas del Negro Olmedo: que uno del barrio se gane a la rubia, que mienta, pero se la gane. Autos, ruidos, luces. Desde acá, a cien kilómetros, Capital era eso: mujeres bellas, vestidos brillantes, cabarutes, autos caros. Como canta Fito Páez en Instantáneas (del disco La la la, junto a Spinetta, 1986): “(…) Después no hay retorno ni tiempo mi amor y el circo se va de la city, y Olmedo se ríe de todo”. Vacío. Cuentan mis viejos que eso sintieron cuando se enteraron de su muerte, un 5 de marzo de 1988. Después crecí, pero esos films de Aries con esas músicas melosas a lo New York con las luces, el obelisco y la buena vida, me seguían —siguen— gustando para pasar el rato, cagarme de la risa con partes que puedo relatar de memoria.

Sus amigos terminaron. Porcel evangelista en Miami, gagá. Portales todo baboso, sin poder hablar claro sin que le tiemble la voz. El Facha Martel aniquilado por la mandanga, contando la abstinencia a Chice Gelblung, solo. Mucho/as acabaron así, fueron cayendo en la desgracias o en el charco de lo bizarro. No sé si Olmedo es un capo de la actuación, un genio como dicen. De no haber saltado por ese balcón: ¿cómo hubiera sobrevivido a la máquina de picar carne? Lo que sí sé, es que parte de la obra que dejó nadie dejó de verla, ni de obviarla, porque el Negro está ahí y siempre queremos que se agarre a las minas, que juegue a ese loser con el que todos soñamos porque de alguna manera ganaba los partidos con hacha y tiza, con barrio, fingiendo, vestido de mina o haciendo el papel de amanerado. Pero siempre con sed.

Los recuerdos hoy se cruzan con todo ese matete de andar de a poco en la vida. Grabada me quedó esa escena de Expertos en pinchazos, cuando con el Gordo buscan a la chica que se llevó un veneno por equivocación de la farmacia donde laburaban a desgano, obvio. Van al departamento de Moria y cuando ella se va a bañar para luego continuar con la búsqueda, se sirven un whisky y el Negro dice:

—Qué bien está esta mina, Gordo.
—Es un despelote. Qué lindo bulín, eh.
—Bastante lindo, sí ¿Te diste cuenta? todas estas minas que andan en la onda cheta son bastante fáciles.
—Son re fáciles, qué fáciles ¿No viste que todos estos chetitos que andan en moto se las pasan los unos a los otros? Y eso que no tienen experiencia como nosotros.
—Uh, si tuvieran la nuestra…gran piola…
—Hombres de la noche, como nosotros…
—Nosotros las reventamos bien. Es experiencia, son años de luchar, de patear la calle…
—Las noches de villar que tenemos nosotros…
—¿Y de dados?
—¿Te acordás cuando me dormí de seis aquella vez? ¿qué saben estos? ¿por qué te crees que esta mina viene con nosotros? ¿para ayudarnos, para colaborar? No ¿sabés por qué vino? Porque está caliente. Está caliente con nosotros
—Tenés razón, claro que está caliente. Me di cuenta cuando nos manoteó ¿no viste? Lo noté: los dedos sexuales, no sé, tiene algo especial.
—Sexo en los dedos, eso es lo que tiene: sexo…
—Debe estar tirada en la cama esperando que vaya alguno de nosotros, seguro, seguro…
—¿Y nosotros por qué no vamos?
—Porque somos dos guachos…
—¿Y por qué somos dos guachos?
—Porque nos gusta verlas sufrir…
—Y no vamos nada. No, no vamos (risas, silencio).
—No sé gordo, pero queda mal, tendríamos que ir. Uno tiene que ir…
—Y…sí. El prestigio es el prestigio.

Esta cita no representa ni a palos la esencia autoral del Negro, pero deja a las claras ese reguero de una parte del sueño del pibe: de llegar a agarrarse una mina con la mochila de la calle, chamuyando, haciendo alharacas baratas, queriendo llegar al objetivo, aunque no se pueda más que por revancha o de prepo, con ese aire de guión del ruso Sofovich, con aroma a café, con mozos, mansiones y pizzas con fainá.

Nunca un personaje de Olmedo luchó por comprarse un auto, una casa. Todos apuntaban a un querer ser, lograr la pertenencia de aquello que se muestra como inalcanzable, lejano. Quizá la formación, condujo a que su peculiar forma de darse a conocer encandile ese híbrido entre un Rosario pobre, la fama después y la soledad de sentirse solo. Muchos afirman que era un tipo serio en la intimidad, nada parecido a ese que se veía a través de sus personajes en la tele: el dictador Costa Pobre (¿un posible Galtieri?), Perkins (reciclado por Francella), el Manosanta, Rucucu, Rogelio Roldán, todos populares (grasa para la época, hay que reconocerlo), pero convocante, que reflejaba una parte devenida en busca de la vida. Queda así hoy, con esa risa clavada en los ojos, los dientes blancos, la boca fina, el peluquín canchero, la estatua en Rosario y la pose picarona de Borges en calle Corrientes.

 

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A mar abierto, mujeres que respiran

Es una idea que contendrá música en vivo, poesía, danza, expo visual y otras delicias. Será este sábado en el Espacio Mirar! (Rauch 155) desde las 20.30 hs. 

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La invitación, como anunciaron quienes idearon la muestra, “es compartir una velada para disfrutar del arte desde la mirada de distintas mujeres que, de una u otra manera, viven o frecuentan nuestro pueblo”.

El precio de las entradas anticipadas es de $25 (se consiguen Colombo diarios y en Mirar!) y $30 el día de la muestra.

En caso de lluvia, pasa al domingo 16, en el mismo horario

 

 

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Las concepciones

Por Nicolás Bernal

Otra vez, esa gente es…
la que habla por vos.
No sabés muy bien por qué
las cosas sabias son de un don.

Guerrero con suerte
a las lanzas del sol,
vas buscando todo
mientras el mundo se rinde a tus pies.

No voy a buscar entenderte una vez más.
Sos lo que siempre pensaste
que no serías.
Y yo elijo mi camino.

Los chicos ríen sobre la plaza Moreno.
Les contás a tus rehenes
la vida es sencilla desde tu perspectiva.

Todo lo que ves
se hace brillar en la sensatez.
Qué fragilidad caer así,
entre tus manos se produce el entierro.

Y por ahí, nada es lo que decís,
capaz que entendés
otro tipo de sensibilidad
aunque juzguen sin mirar atrás.

Más en el blog Breves tiempos raros

(de la edición Nº 27, enero 2014)

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Para vos

Por Fabiana Rocha

Retazos de plegarias que
elevadas al viento
cobijaron mi seno, mi sed y mi concierto.

De voces, estruendosas, sonidos en bemoles
sostenido en escalas de los albores de Venus,
escalonando ficciones, que imaginaba sin miedo.

Persecuciones del alma, devenir de tu lienzo
para cubrir la locura de mi borrachera mora,
temer en sus escaladas, moradas mi nave al río.

Balbuceando en barricada, cuanto,
tanto te he querido
atravesar la hondonada, cañones con mis suspiros

Ay de mi en esta balsa, huyendo
de aquel, tu nido.

(de la edición Nº 27, enero 2014)

MONO PROMO FLACO PUCHO

Especial Spinetta en el Mono Tremendo

Esta noche desde las 21 hs. el Mono Tremendo dedicará 3 horas a las diversas etapas de las obra del músico argentino, a dos años de su partida. Será la segunda parte, donde repasarán canciones de todas sus bandas.

Argentinian singer Spinetta plays in con

Spinetta o las músicas eternas.

A través de una mirada que analiza la obra de Spinetta, la idea del programa es acercar a modo de homenaje un giro por todas las músicas de todas sus bandas, entre ellas: Almendra, Pescado Rabioso, Invisible, Banda Spinetta, Jade, Los Socios del Desierto y sus discos como solista.

Además, informes con declaraciones del músico, de quienes lo conocieron y el legado sobre el rock nacional de un artista conceptual, único en sus formas.

El Mono Tremendo, va todos los viernes de 21 a 24 hs., por FM Reencuentro 102.7. Se puede escuchar online en www.fmreencuentro.com.ar

Hacen el Mono Tremendo: Félix Mansilla (conducción), Nico B Mansilla y Jimena Rodriguez (operación/producción), Alan Dimaro Gastón Colombo (colaboración).